Spanish Women of Wonder

Hoy me enorgullece presentar un proyecto en el que llevo trabajando bastante tiempo, una aventura que en realidad comenzó hace algo más de un año, y que ha permitido dar a conocer el trabajo de 10 autoras de ciencia ficción en español. Me refiero a Spanish Women of Wonder, el proyecto de crowfunding para traducir al inglés los relatos comprendidos en la antología Alucinadas, de la editorial Palabaristas.

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Meses después de la publicación de esta obra en español, hemos organizado una iniciativa de micro-mecemazgo en la plataforma Kickstarter para lograr traducir los relatos al inglés.

Necesitamos la máxima difusión, de manera que Spanish Women of Wonder sea conocida por el mayor número posible de personas. Queremos que las voces de las autoras de ciencia ficción en español, procedentes de ambos lados del Atlántico, se oigan en todo el mundo y eso será posible si conseguimos publicar las historias en el mercado de habla inglesa, el mayoritario en estos momentos.

Os recordamos que la antología cuenta con la participación de la extraordinaria Angélica Gorodischer, que amablemente participa con la historia “A la luz de la casta luna electrónica”. Asimismo, la obra cuenta con un prólogo de excepción de la mano de la editora norteamericana Ann VanderMeer, y con las historias de Nieves Delgado (España), Yolanda Espiñeira (España), Felicidad Martínez (España), Layla Martínez (España), Laura Ponce (Argentina), Teresa P. Mira de Echeverría (Argentina), Sofía Rhei (España), Lola Robles (España), Carme Torras (España), y Marian Womack (España).

Hemos contactado con una traductora especializada en traducciones de ciencia ficción y fantasía para llevar a cabo este proyecto que, si todo sale como esperamos, verá la luz en Noviembre de 2016.

¡Os pedimos que nos ayudéis a dar difusión a este kickstarter, para hacer realidad este sueño!

¡Gracias!
https://www.kickstarter.com/projects/1815756115/spanish-women-of-wonder

 

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Prólogo para “Diez Variaciones sobre el Amor” de Teresa P. Mira de Echeverría

(Hace un tiempo la escritora argentina Teresa P. Mira de Echeverría me pidió que escribiera el prólogo de su primera antología de relatos de ciencia ficción, publicada por Ediciones Ayarmanot. No pude negarme porque siento un gran interés por la manera de entender la ciencia ficción de Teresa. Hoy 12 de septiembre se presenta el libro en Buenos Aires y yo, desde aquí, me sumo a este evento publicando el prólogo.)

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La literatura es un juego de identidades: si el autor hace de divinidad creadora y destructora que inventa personajes, y genera escenarios e historias que los interrelacionen, el lector adopta el papel de espectador, pudiendo o no identificarse con alguna de las personalidades que habitan la narración. Tú, que lees estas palabras, habrás querido traspasar con Alicia el espejo, ayudar a Robinson Crusoe a descubrir las huellas de Viernes o luchar junto a Paul Atreides en Arrakis. Quizás hayas querido “ser” Alicia, Crusoe o Atreides, subirte como Atreyu a la grupa de Fújur, consultar los volúmenes de la Gran Biblioteca de Trántor, pasear por las arenas marcianas imaginadas por Bradbury o contemplar los cielos desde el USS Discovery One de Clarke.

Cada una de esas historias, y muchas más dentro y fuera de la literatura de género, siguen manipulando nuestras mentes y nuestros sentidos, sumergiéndonos en otros mundos sin necesidad de implantes neuronales o de sistemas de realidad virtual. Una historia es algo más un viaje, es aceptar que uno puede llegar a adoptar personalidades distintas y experimentar “ser el otro” por unos instantes.

Los cuentos que vas a leer proceden de la habilidad creativa de Teresa P. Mira de Echeverría, una hechicera de las palabras que investiga a través de sus ficciones la dimensión afectiva de ese “otro”. Diez Variaciones sobre el Amor recorre una gradación de afectos, desde la amistad a la pasión, pasando por el cariño fraternal y paternal, y llegando hasta su ausencia.

El interés de Teresa por los sentimientos en el marco de la temática fantástica y de ciencia ficción está relacionado sin duda con sus tempranos estudios científicos, que dejó de lado para lanzarse hacia su auténtica vocación: el análisis del conocimiento humano a través de la filosofía. Todas las obras que he leído de esta escritora, desde “Memoria” de la antología Terranova (Sportula) –traducida recientemente al inglés- hasta “La Terpsícore” (Palabaristas en ebook y Sportula en rústica) giran entorno a las relaciones personales en situaciones extraordinarias. ¿De qué manera se desarrolla el idilio de un humano enamorarse con el miembro de otra especie? ¿Puede una mujer sobrevivir a un desdoblamiento múltiple de su personalidad, ser testigo de la muerte de las diferentes versiones de sí misma y caer en los brazos de una IA omnipotente?

La habilidad con la que autora teje situaciones fantásticas en escenarios insólitos es asombrosa y sin, embargo, habla de cuestiones vitales intemporales, como la percepción de uno mismo en el conjunto del universo desde la perspectiva del amor, tomada en el sentido filosófico del término: una virtud que, en el ser humano, implica desplegar bondad de diversas maneras y hacia distintas entidades.

Esto me hace pensar en “Dextrógiro”, un cuento repleto de referencias a Borges y a su minotauro, un viaje a la singularidad que centra la galaxia, en la que el protagonista vive una experiencia sublime de autoconocimiento, entendido como un acto de amor hacia sí mismo.

Lentamente repitió el poderoso mantra de su propio nombre, pugnando por mantenerse uno, por no desencarnarse otra vez; y, en el instante final, cuando su mente estaba siendo separada de su cerebro y la última neurona estiraba inútilmente sus dendritas –al como un niño estira sus brazos hacia la madre del que lo están alejando–, Ariadnoo comprendió ¾tarde, como siempre– lo que le sucedía.

Varios de los relatos de esta antología indagan sobre el amor inter-especies: no se trata de explorar si es posible enamorarse de una criatura de otra especie, algo que se acepta con naturalidad, sino especular sobre cómo se desenvolvería una relación semejante. En “Pterhumano” resuenan algunas de las referencias que impregnan la bibliografía de la autora: me refiero a la influencia recurrente de China Miéville, de sus paisajes urbanos y orgánicos, repletos de criaturas variadas, inmersas en profundos conflictos personales. Las normas sociales imponen una exclusividad sentimental que entra en contradicción con las ansias de libertad del protagonista, un ave antropoide sin alas.

—Algún día voy a volar, ¿sabes? —el tono de Jeroen no tenía convicción alguna. Allí no había más que la declamación de lo que se suponía que tenía que decir.

Shauna se enojó de verdad y escupió con rencor:

—Los pterhumanos no vuelan. Son como los avestruces o los pingüinos, cuyas alas son una farsa. Y tú ni siquiera tienes unas.

La autora ahonda en esta temática en “La poética de la sirenas”, en la que utiliza la historia de amor entre Eleazar Rickman, poeta genético, y Ada Blenders, una mujer construida en base a un poema, para reflexionar sobre los lazos que unen a la obra con su creador. ¿No es todo acto artístico un ejercicio de sublimación de la que devoción que el artista experimenta hacia la belleza?

Y entonces me contó cómo usted lo ayudó a construirme inspirándose en “She walks in beauty”, el poema de Byron. Cómo me llamó Ada por su amor a aquel poeta. Cómo él me dedicó a usted, tal como se dedica un libro…

¿Podría considerarse como una relación entre tales personajes una suerte de incesto? El mayor atractivo de la ciencia ficción, la fantasía y el terror es precisamente su fuerza especulativa, su capacidad para proponer nuevas convenciones sociales, su valentía para desafiar los principios y valores establecidos, y componer nuevos usos y costumbres inter-relacionales.

El mismo tema, desde una perspectiva diferente, se contempla en “El obsequio”. Hamabost Astigar, un pintor de cuadros químicos del planeta Ataun, ofrece su obra cumbre –una nueva forma de vida- a un mundo que necesita liberarse de sus imperfecciones. Parir vida y ofrendarla, como acto supremo de amor hacia el universo, la creación artística como actividad demiúrgica última y reproductiva: el artista infiltra parte de su ser en cada obra y, de alguna manera, se da al universo en el acto creativo.

Y, desenvolviendo el papel de regalo, entregaron a la Tierra el obsequio que habían atesorado durante tanto tiempo.

Dicen que, algunas semanas después—tras una breve campaña que abarcó todos sus territorios conocidos—, la raza humana pereció pulverizada en su más íntima esencia. La victoria de los invasores siempre había sido segura, nada hubiera podido evitarla.

De la premisa anterior parte “Como a sí mismo”, relato en el que la autora ahonda en la relación sentimental de dos clones. La reflexión ética sobre las consecuencias prácticas de la ingeniería genética presenta escenarios desconocidos que atormentan física y espiritualmente el alma de Gastón de Quincey. ¿Se pueden imponer límites morales al afecto entre seres inteligentes y autoconscientes que actúan con libertad?

Se miraron azorados; no era común que dos clones se encontraran en el mismo planeta. Por lo general, los embriones clonados a partir de un donante anónimo, se esparcían por las diversas colonias humanas que necesitaban elevar su población drásticamente. Todo un sistema creado en aras de facilitar la variedad de expresiones de cada individuo sin perder por ello la sagrada “variación genética”.

El amor inter-especie puede comenzar como cariño paterno-filial para transcender y convertirse en un afecto sensual y sexual, transgrediendo las reglas básicas de comportamiento en la civilización humana. Así ocurre en “Otoño”, que es un crítica a la unidad familiar convencional, y que reivindica nuevas fórmulas de organización social y de reproducción. Una de las características más aplaudidas de la literatura de género es la de asumir sin lastres morales conductas inaceptables a los ojos del s. XXI.

Extendió sus cuatro brazos, arropando en sus volutas a la madre y a la niña, uniéndolas y uniéndose a ellas en éxtasis; entonces, de un modo aterrador y sublime, abrió una boca imposible y las tragó mientras aún estaban con vida, y las asimiló lentamente en su ser.

Cualquier relación inter-especies aborda el choque de culturas, el momento en el que cada grupo de seres inteligentes y auto-conscientes se enfrenta con su interlocutor. “A su imagen” examina la conexión de dependencia afectiva y sexual entre un ser humano y otro mitótico, capaz de mudar de cuerpo para rejuvenecer. No puedo dejar de comentar, llegados a este punto, las magníficas frases iniciales, uno de los mejores principios que he leído:

La cosa es así: hay que colonizar.

Y RR/1.111 parecía tan bueno (o tan malo) como cualquier otro sitio. Lo que le llamó la atención fue, simplemente, el número; y el número no decía mucho.

Decía que estaba cerca del borde exterior galáctico, decía que era un planeta no gaseoso, y no decía nada más. Sólo que el azar había combinado el mismo dígito cuatro veces.

Es posible abordar el afecto desde el ángulo de la amistad en un decorado de ciencia ficción, como en “Spider”. Se trata de un auténtico relato de iniciación que reúne elementos de la cultura indígena rioplatense con una conciencia cyborg, que recuerda de nuevo a la Tejedora de Miéville en La Estación de la Calle Perdido, al monstruo Ygramul en La Historia Interminable de Michael Ende, a La Metamorfosis de Ovidio y la mitológica Aracné.

“¿Quién podrá tendernos un puente entre el cielo y la tierra?”, preguntaron los dos hermanos.

“Yo lo haré”, contestó la araña.

“¿Tú?”, dijeron ellos, “¿cómo es posible que tejas una cuerda tan larga y resistente? ¿Y qué nos pedirás a cambio?”

La araña sonrió con su sonrisa tan antigua como el mismísimo universo, y respondió con dulzura: “¿Quién dijo que he de tender una cuerda? Haré que el cielo baje a la tierra. Y sólo pediré a cambio lo que es mío: todo”.

 

Teresa no solo trata el amor inter-especies en esta antología sino que es capaz de elucubrar sobre sus efectos en un viaje temporal, como en “Vidrio Líquido”, al más puro estilo Wells. Una viajera contratada por un retroartista debe descubrir el secreto de las vidrieras de la catedral de Chartres en el siglo XIV, en una ciudad destrozada por la peste negra y por la intolerancia religiosa. ¿Es lícito intervenir en el curso de la historia para proteger el objeto de nuestros afectos?

¿El vidrio es un líquido? ¡Sí…! ¡No…! ¿Y por qué otra cosa estaría sino yo aquí?

Y aquí es más bien “cuándo” que “dónde”.

Dónde, es un sitio particular que me taladra la conciencia: Chartres.

Y cuándo, es el año mil trescientos cincuenta y algo. Después de Cristo… creo.

No sería posible dedicar una antología de relatos al afecto en varias de sus modalidades sin plantear la exploración de su ausencia. “La lámpara de Diógenes” utiliza el análisis clínico de un Femtomívero para poner de manifiesto la falta de empatía en el ser humano, consumido por su propio egoísmo y desafiado por la naturaleza.

El femtomívero volvió a quedarse solo sobre su placa de estudio. No dormía porque no vivía ninguna continuidad. Tampoco descansaba ni moría, porque lo hacía constantemente. Un filósofo se hubiese preguntado si el femtomívero era en verdad uno solo, si no eran, más bien, millones de sucesivos seres. Pero no quedaban ya en la Tierra filósofos humanos. Ni pintores, ni futbolistas, ni ninguna otra cosa que no fueran genetistas.

Leer es un acto de confianza hacia el autor y la función del prologuista es la de asegurar al lector que su elección es acertada, que la obra que se expone a posteriori responde a sus expectativas. No tengo manera de garantizarte que los cuentos de Teresa serán de tu gusto porque te desconozco, lector. Pero, si has llegado a leer hasta aquí, es porque la curiosidad forma parte intrínseca de tu personalidad, porque buscas modos nuevos de abordar las cuestiones que preocupan al ser humano desde su despertar en esta Tierra, porque quieres disfrutar de mundos nuevos, de civilizaciones alienígenas con otras formas de entender la convivencia, porque te interesa saber de qué manera otros seres inteligentes aman.

Te animo a que descubras la propuesta narrativa de Teresa P. Mira de Echeverría, que te dejes llevar de la mano por sus protagonistas, que consientas transmigrar su cuerpo y adoptar alguna de las personalidades que se dibujan a continuación. Porque, al final, Diez variaciones sobre el amor es una declaración de afecto hacia el arte por parte de su autora y tú, lector, formas sin quererlo parte de ella.

 

Cristina Jurado

Dubai, agosto de 2015

Nace SuperSonic

Es un cliché comenzar un post como este con una cita, pero no se me ocurre mejor manera de hacerlo que tomando prestadas las palabras de un tipo que, guste más o menos, dejó huella de su paso por este planeta.

“Things don´t have to change the world to be important”

La frase es de Steve Jobs, odiado y admirado, incomprendido e idolatrado al mismo tiempo, un hombre que nunca fue modelo de virtud pero cuyas ideas han transformado la manera en la que accedemos a la información. Como inspiración, me parece la más adecuada para dar a conocer un nuevo proyecto en el que algunos blogueros nos hemos embarcado: SuperSonic.

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SuperSonic es una publicación digital de carácter cuatrimestral que proporcionará contenidos en español de ficción (relatos, novelas cortas y extractos de novelas), así como de no ficción (artículos, columnas de opinión, reseñas, entrevistas y noticias). Confeccionada por blogueros, traductores, ilustradores, autores, reseñadores, periodistas, expertos y lectores, también ofrecerá la posibilidad de acceder a contenidos en inglés, generados por autores anglófonos que desean ser más conocidos en el mercado de habla española o por escritores que –teniendo como idioma nativo el español- escriben en inglés.

Esta iniciativa quiere ser una plataforma para dar a conocer autores noveles, otros que empiezan a despuntar y aquellos con una trayectoria ya consolidada. Además, quiere ofrecer un foro para debatir todo tipo de cuestiones relacionadas con la ciencia ficción, la fantasía y el terror en todas sus formas y tamaños, más allá de los 140 caracteres o de los muros de ciertas redes sociales.

La revista se publicará en formato epub y será comercializada a un precio asequible. Los fondos recaudados servirán para remunerar a los colaboradores, porque pensamos que la cultura no es un bien gratuito sino que merece ser valorado para fomentar la reflexión y el intercambio de ideas.

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El equipo editorial está formado por Miquel Codony (blog La Biblioteca de Ilium, podcast Los VerdHugos), videopodcast The Spoiler Club) , Elías Combarro (blog Sense of Wonder, podcast Los VerdHugos), Yolanda Espiñeira (escritora blog El Almohadón de Plumas), Felix García (blog El Almohadón de Plumas) Leti Lara(blog Fantástica Ficción, editora, podcast Los VerdHugos),), Alexander Páez (blog Donde Acaba el Infinito, videopodcast The Spoiler Club), Josep María Oriol (blog Voracilector, podcast Los VerdHugos),), Manuel de los Reyes García (traductor y blog Reyes y Truenos), Mariano Villareal (editor y blog Literfan), Xavi (blog Dreams of Elvex) y servidora (editora, escritora y blog Más Ficción que Ciencia). A estos se les unirán colaboradores puntuales y, por supuesto, aquellos escritores cuyo trabajo de ficción sea publicado en cada número.

La recepción de manuscritos o artículos comenzará después de la salida de la publicación en abril: al tratarse del número inaugural, hemos solicitado textos directamente a sus autores. Para cualquier consulta podéis contactar con por email con el equipo de SuperSónicos en supersonicmag@gmail.com

Para terminar, solo queda decir:

Baja tu escudo y rinde sus nave.
Sumaremos tus características técnicas y biológicas a las nuestras.
Tu cultura será adaptada para servirnos.
¡La resistencia es fútil!

Alucinemos

alucinadas-finalHoy sale a la venta la antología de relatos de ciencia ficción en español escritos por mujeres Alucinadas, de la editorial Palabaristas, disponible como ebook mediante la plataforma de venta online Lektu. Durante las próximas 48 horas el libro podrá adquirirse a través de pago social y, del 30 de noviembre al 6 de diciembre (fecha de inauguración de la MIRCon) podrá comprarse por 1€. A partir del 6 de diciembre, el precio quedará fijado en 1,99€.

El próximo 7 de diciembre, a las 13:00, tendrá lugar la presentación oficial de la antología en el seno de la MIRCon. El evento contará con la presencia de Cristina Macía, de parte de Palabaristas, y de Leti Lara Palomino, como representante del equipo editor. Además, varias autoras participarán en la presentación: Nieves Delgado, Yolanda Espiñeira, Sofía Rhei, Lola Robles y Carme Torras.

Laura Ponce

Laura Ponce

La mejor manera de presentar la antología es dejar que cada una de las escritoras explique qué le llevó a componer cada historia. En este sentido, Laura Ponce nos dijo: La idea para escribir “La tormenta” se me ocurrió después de ver un documental sobre un río de África que se seca por completo durante buena parte del año, pero cierto día se presenta una tormenta, una gran tormenta, y el cauce seco comienza a inundarse y los peces que se habían mantenido enterrados van saliendo, boqueando, abriéndose paso en el barro. Me pregunté qué pasaría si no fueran sólo peces, y para contarlo quise armar un relato que fuera el relato de un relato de un relato.”

Teresa P. Mira de Echeverría

Teresa P. Mira de Echeverría

Teresa P. Mira de Echevarría explica así el germen de su historia: En esencia las 9 versiones de la protagonista, cada una relacionada con un animal, son en realidad, los 9 animales con los que yo me siento relacionada o “identificada”. Me di cuenta que era como partirme en distintas versiones de mí pero que era necesario reintegrarlas.  Pensando en eso —y con el querido gatito de Schrödinger siempre dándome vueltas por la cabeza—, se me ocurrió que la mente humana, la persona en sí, podrían ser una caja donde lo múltiple se vuelve uno y viceversa, como un microcosmos cuántico. Además está esa cosa zenoniana de moverse en la inmovilidad, el pasaje heraclíteo entre opuestos que siempre me gustó.”

Layla Martínez

Layla Martínez

En palabras de Layla Martínez: “Me obsesionaba la idea de la historia de Croatoan desde que la descubrí, porque siempre me ha llamado la atención el hecho de abandonar la civilización y las historias que giran en torno a eso, desde los ascetas y santos medievales a las actuales. De alguna manera en el relato los que deciden vivir (o se ven obligados a ello) en la colonia subterránea también han abandonado la civilización porque ésta ya no tiene nada más que ofrecer. De alguna manea también se han hecho salvajes e incivilizados”

Marian Womack

Marian Womack

Marian Womack se basó en una experiencia muy personal para escribir su cuento: “Este verano descansamos unos días en Black Isle, y nos alojamos en Pier Cottage. Visitamos las ruinas del castillo, recorrimos el embarcadero, paseamos por la llanura de marea, espiamos a las aves desde los ventanales de la casa. Es un entorno hermosísimo, pero incierto, frágil. En los últimos años, cada vez que hemos vuelto a calzarnos las botas de montaña para salir al campo, un entorno que añoramos desde la gran ciudad, ha sido para volver a escuchar las mismas palabras, casi siempre referidas a la pérdida: del número de aves, del frágil ecosistema, de especies conocidas. Esto está ocurriendo muy rápido, y sólo ahora empezamos a ser conscientes de ello. Creo que se trata de un tema del que necesitamos con urgencia iniciar una conversación, también desde la literatura.”

Yolanda Espiñeira

Yolanda Espiñeira

A la hora de concebir su relato, Yolanda Espiñeira explica: “’El método Schiwoll’ trata de la traición. La traición personal y profesional, que es algo presente en la vida de todo el mundo tarde o temprano, así como los modos en que los humanos transigimos con ella para poder seguir viviendo.  Personalmente, me interesaba tratar este tema, pero el hacerlo en forma de literatura especulativa, me permitió tratar también, aunque tangencialmente, otros temas como el problema de las relaciones entre la mente y el cuerpo, y el estatus de la humanidad como especie.”

Carme Torras

Carme Torras

“Memoria de equipo” de Carme Torras surge de la relación entre la autora y el deporte: “Empecé a jugar a básquet a los ocho años y sigo jugando. La compenetración que llega a alcanzarse dentro de un equipo siempre me ha parecido algo mágico. No es que el equipo sea más que la suma de sus miembros, es que es otra entidad, con memoria y consciencia propias. Un referente de mi relato es la consciencia colectiva descrita en “Más que humano” de Theodore Sturgeon que, trasladada al terreno de básquet y aderezada con las increíbles prestaciones que ofrecerá la tecnología en un futuro próximo, abre un sinfín de posibilidades.”

Nieves Delgado

Nieves Delgado

Sobre su cuento “Casas Rojas”, Nieves Delgado aclara: “Pensé en cuáles serían los límites de “humanidad” que se le impondrían a una máquina, es decir, en qué momento el ser humano se plantearía si una inteligencia artificial es algo más que una máquina. Busqué una situación límite, y se me ocurrió la esclavitud sexual. Porque busco una definición de la cualidad de “humanidad” que sea externa a la propia biología. En realidad, creo que indago en eso que místicamente se conoce como “alma”.”

Felicidad Martínez

Felicidad Martínez

Para Felicidad Martínez: “Tres cosas me sirvieron de inspiración para escribir “La plaga”. La chispa fue un artículo científico que me dejó flipando. Desde entonces leo todo lo que cae en mis manos sobre plantas y debo decir que son unos seres vivos muy infravalorados. En segundo lugar, la película Starship Troopers; cada vez que la veo disfruto de esa mala baba, ese humor negro que destila en cada detalle en apariencia trivial. Para mí, el humor no es solo un alivio, sino una sátira. Nada, absolutamente nada en mi relato está puesto porque sí. Todo tiene una intención a la espera de una reacción. Unas veces de forma sutil, otra de manera más evidente. Por último, el relato “Maleficio” de Juan Miguel Aguilera. Un Doom, como el propio título indica, que te tiene enganchado de principio a fin, y no solo por la acción, sino porque además está cargado de pequeños detalles que le dan profundidad y originalidad.”

Lola Robles

Lola Robles

Cuando le preguntamos a Lola Robles, nos contestó: “Al empezar a escribir “Mares que cambian” imaginé un planeta, Jalawdri, donde había cinco sexos y géneros considerados “naturales” en lugar de dos, y donde irían personas de otros mundos para transformar su cuerpo y convertirse en quien siempre habían deseado ser. He intentado adecuar el lenguaje a las personas de ese mundo y a los visitantes. Finalmente creo que he escrito también un relato sobre la necesidad de pertenencia a un lugar, a un grupo, a unos afectos.”

Sofía Rhei

Sofía Rhei

La autora de “Techt” es Sofía Rhei, a la que: “La idea se me ocurrió al ver cómo en los libros estilo “best-seller” el vocabulario es cada vez más reducido y, al mismo tiempo, tras mi experiencia como profesora en la que muchos adolescentes sustituían palabras enteras por signos, contaminados por los SMS. Vi a un chico japonés pulsando teclas de su móvil sin mirarlo, mientras mantenía otra conversación hablando y pensé que las posibilidades de marcación estaban en pañales. Al introducir en los teclados una variable tan frecuente en videojuegos como la marcación simultánea, se multiplican literalmente las posibilidades.”

“Mobymelville” y “14 maneras de describir la lluvia” de Daniel Pérez Navarro

No recuerdo cuándo fue la última vez que me leí una novela en un solo día. Me refiero a una de esas historias en las que lees unas líneas y te quedas atrapado sin poder despegar la nariz de las páginas hasta que no encuentras la palabra “fin”. No es que creas perder el hilo de la trama si te alejas, sino que temes que cualquier pausa demasiado prologada romperá la magia que te hacía permanecer enganchado. A mí me acaba de suceder con 14 maneras de describir la lluvia del cordobés Daniel Pérez Navarro. Tengo que agradecer a mi amigo Félix García del blog El Almohadón de Plumas el descubrimiento de este autor, del que solo unos días antes había leído Mobymelville, una obra sorprendente me había gustado bastante.

Daniel Pérez Navarro

14 maneras de describir la lluvia no tiene nada que ver con Mobymelville (publicadas por Sportula) que es un canto cósmico de ballenas, aunque comparten la buena factura de su autor. Vayamos por partes.

Maldad acuática

Mobymelville se me antoja a veces como un experimento por parte de Pérez Navarro, que no es exactamente lo mismo que decir que se trata de un texto experimental entendido como rompedor absoluto y consciente de las reglas estilísticas clásicas. Quiero decir que no percibo ánimo de utilizar un andamio diferente al habitual como un capricho: hay una pretensión más profunda, una auténtica búsqueda por decir lo máximo con la expresión mínima posible. La estructura no clásica -hay fragmentación al modo post-modernista, apelación directa al lector, encadenamiento de ideas aparentemente sin relación alguna- trata, bajo mi punto de vista, de desplegar un proyecto muy íntimo, una suerte de concatenación de escenas con diferentes personajes unidos por un mismo monstruo, que representan algunas de las ideas existenciales del escritor. Puedo equivocarme, probablemente así sea, y yo esté haciendo conjeturas de humo, pero es la impresión que me llevé.

La prosa está exquisitamente cuidada, y es uno de los puntos fuertes de la obra del cordobés: frases contundentes pero desprovistas de altisonancia efectista, imágenes potentes y relaciones inesperadas entre conceptos.

Cada vez que mis aminoácidos se encienden, comprendo que ha llegado la hora de embarcar, antes de que la secuencia de bases se descomponga y mis fragmentos caigan desperdigados en un inabarcable vacío, entre nebulosas distanciadas en un universo que ahora se dilata. Antes de que el malestar me resulte insoportable y me abandone a la nostalgia, debo subir a bordo.

Hay ecos borgianos en toda la obra –las referencias a la biblioteca infinita y los capítulos en primer persona- y llama la atención la estructura fraccionada de la historias que avanzan gracias a pequeños textos. Son como pellizcos cuidadosamente colocados, a veces brevísimos, que descolocan, desazonan y pueden llegar a confundir al lector creyendo que la acción va por un camino para dirigirse en un cruce de palabras hacia la dirección opuesta. Los capítulos centrales –Dominó: seis cinco, Dominó: cinco blanca y Dominó: blanca seis y Cáscara de nuez– son los mejores para mí, historias melancólicas con ecos de tragedia griega en la que el destino es la locomotora de la existencia de unos personajes atrapados. Mobymelville representa aquello que el lector más teme, un poco como los Boggarts de Harry Potter, es maldad que cambia de forma según quién lo piense y, en el caso de Pérez Navarro, es una ballena blanca torturadora de almas, que condena a una nada obligatoria, una especie de inmortalidad impuesta y dirigida. No sé si el miedo del autor se encarna en un cetáceo sádico por algún motivo en concreto, quizás sea como imagen mental contrapuesta al clásico monstruo primigenio que suele ser físicamente más amenazador. ¿Quién sospecharía de una mamífero acuático aparentemente pacífico?

Aunque quizás Mobymelville sea la historia de una obsesión que, tomando como excusa la novela de Melville, persigue ideas que nadan en el subconsciente del autor. Hay referencias a la Biblia (la nave Nimrod, con el nombre del famoso cazador nieto de Noé), a la paradoja de Olbers, hay un tal Daniel Hessman –posible trasunto del propio escritor- que inventa historias en un punto indeterminado del tiempo-espacio. Los primeros y últimos capítulos a veces pierden la atención del lector cuando se adentran en descripciones un tanto repetitivas de los conceptos cosmogónicos que obsesionan a Pérez Navarro. Esta es una obra para el lector que busque un texto alejado de los cánones habituales pero que desee recrearse en un lenguaje rico, con ideas interesantes y distintos niveles de interpretación.

14 maneras de describir la lluvia

La novela toma prestado el nombre de la obra homónima del compositor austríaco Hanns Eisler, demostrando la vena mitómana de Pérez Navarro. El cordobés admite que su estructura reproduce, dicho en palabras propias “un movimiento lento de la Música para percusión, cuerda y celesta del húngaro Béla Bartók, es decir lento-crescendo-climax-lento, o de cine (la estructura de Pulp Fiction)”.

La primera parte propone una aproximación circular a un crimen, a través de saltos temporales y con un narrador omnisciente desapasionado, que da cuenta de los acontecimientos intentando dejar a un lado cualquier observación emocional, casi como si de una crónica científica se tratara. También admite el autor la influencia de El Jarama de Sánchez Ferlosio, muy marcada creo yo que en la primera parte, sobre todo cuando los eventos se van narrando desde distintos escenarios, puntos temporales y siguiendo a varios personajes, en su mayoría jóvenes. Hay algunas escenas gloriosas, como la del “Hacedor de Burbujas”, que son casi anodinas pero que esconden una importante carga simbólica, o el diálogo del “Hombre de Negro” ante uno de sus prisioneros, que hace pensar inmediatamente en alguno de Taratino.

—­El primer hombre en asesinar nunca soñó con el primer muerto.

Recitó como un sacerdote en un funeral. Aquel por quien se celebraban las exequias aun respiraba.

—No manches. ¿Quieres callarte?

—Soñaba con flores. Y con tierra de la que brotaba sin esfuerzo la comida —siguió el Señor de Negro, estirado y hablando como un profeta—. Fue el primero en erguirse. El que antes se inclinó sobre la piedra para afilar una hoja de acero. El primero en apuntar a la nuca de otro hombre.

La prosa de Pérez Navarro está mucho más depurada que en Mobymelville, contando pesadillas, crímenes o acciones cotidianas con las palabras justas. “Mínimo de palabras, máximo de contenido son las dos reglas básicas”, dice el cordobés. Se nota, además que ha logrado mayor soltura en los diálogos, consiguiendo dotar de una voz propia a los personajes juveniles, aunque los adultos sigan a veces sonando demasiado parecido, para mi gusto. Es muy complicado dar una voz distintiva a cada uno, lo sé, se trata de una de las labores más difíciles del oficio, pero en lo que se refiere a los jóvenes, Pérez Navarro lo consigue.

La segunda parte muestra un esquema narrativo más clásico, lineal, que deja para el final –a modo de epílogo- un capítulo desechado por el autor en el corte final de la novela. Para mí el final es más flojo que el inicio, no cierra realmente la historia sino que la deja rodando, algo más lentamente eso sí, sin ahondar demasiado en las heridas expuestas, en los conflictos aireados. Es una conclusión inconclusa.

Mobymelville es una tragedia cósmica en la que confluyen la ciencia ficción, la fantasía y el terror, un ejemplo de New Weird, aunque sé de buena tinta que a Pérez Navarro no le interesan las etiquetas. En 14 maneras de describir la lluvia los elementos ciencia-ficcioneros desaparecen para dar mayor protagonismo al terror y a la fantasía.

Lo cierto es que el cordobés no es un autor convencional, ni lo son sus obras, ni su manera de narrar, ni sus personajes. Creo que entiende la literatura como un vehículo de expresión artística que uno personaliza sin atender a los llamados del marketing, aceptando influencias de todo tipo, sin marginarlas ni juzgarlas. Comparto esa actitud y recomiendo las obras de Pérez Navarro a aquel lector que aprecie ese tipo de esfuerzo creativo, dispuesto a dejarse sorprender, apostando por formas diferentes de ficcionar. He disfrutado enormemente con ambas novelas, sobre todo con 14 maneras de describir la lluvia, y espero leer muchas invenciones más de este escritor.

“Principito debe morir” de Carmen Moreno en Lapsus Calami: “Escribo porque no tengo más remedio”

¡Cómo fatiga luchar contra las normas impuestas por la sociedad! ¡Cómo cansa levantarte cada mañana recordándote que lo que haces importa, que no estás creando en vano, porque te llamas Carmen y has decidido escribir obras en un género en el que las mujeres apenas tienen repercusión! Cuando escribías poesía, oías a otros quejarse de lo difícil que es que reparen en ti, que te hagan caso, que te den una oportunidad. Entonces se te ocurre forjar con palabras las historias que se pelean por salir de tu imaginación, que es como una enfermedad infecciosa y crónica porque, cuando te contagia, caes enfermo y nunca te recuperas. Historias de ciencia ficción y fantasía, de posibles e imposibles, de lo cercano insólito y lo lejano más habitual. Y te ponen etiquetas que tu te despegas, y te dicen que escribas otros géneros, que venden más, pero a ti solo te importa ser fiel a tus historias.

Carmen Moreno

Eres gaditana, nacida en la primera mitad de esa década convulsa que fueron los ´70, filóloga de formación y escritora por vocación. Te interesa tanto el mundo de la literatura que te especializaste en conocerle las tripas al monstruo y sabes de edición, de finanzas y de contabilidad para domarlo. Las letras te persiguen desde pequeña o quizás, seas tú quien las persigas por senderos de locuras poéticas, de revistas “Prometeo-doras”, de antologías relatoras, de innumerables iniciativas culturales en las que dejaste tu entusiasmo, tus valores y tu aliento. Llevas el escribir en el flujo sanguíneo: sangras palabras. No sabes qué otra cosa te podría hacer vibrar como el cabo de un velero, porque vives esas historias, vives en Como el agua a tu cuerpo (Vitrubio), Cuando Dios se equivoca (EH editores) o la primera edición de Principito debe morir (Sportula). A lo mejor es que te bautizaron con el salitre de las aguas de la bahía, o que las olas te enseñaron a reír con su espuma infinita. Quizás es porque tu nombre significa “poema” en Latín y solo podías estar destinada a contar mentiras sinceras. Ahora publicas la nueva versión de Principito debe morir en Lapsus Calami, ampliando la historia porque decidiste cebar al monstruo, y dotarlo de cuernos y escamas.

Aquí no hay reglas, Carmen: respondes lo que quieres, con la profundidad y longitud que te parezca. Después de todo, el monstruo es tuyo.

Cristina Jurado: Principito debe morir está basada en una historia infantil pero es un libro para adultos. ¿Por qué revisitar un icono de la literatura para niños y proyectarlo al mundo adulto?

Carmen Moreno: Te voy a dar dos respuestas. La primera es la que debería darte a nivel profesional y es la siguiente: 1.- Porque creo que el Principito original no era tan para niños. Es una gran alegoría, lo que ocurre es que, como siempre que a los adultos nos cuesta entender algo, decimos que es para niños. De hecho, Saint Exupéry, le dedica el libro a su gran amigo, León Werth. La revisión es porque me divertía manipular a Principito, un niño extraterrestre que ya dibujó así el escritor francés.  2.- La de verdad es que en 2011 conocí a Alberto López Aroca en Semana Negra. Hablamos mucho de pastiches, le leí lo indecible y no sólo aprendí mucho de él, sino que me dio la confianza que yo no tenía. López Aroca para mí es un referente en lo personal y en lo profesional. Después de nuestras larguísimas charlas sobre el asunto, pensé que no podía ser cierto que sólo se hicieran pastiches sobre Sherlock Holmes y decidí buscar una obra absolutamente significativa para la historia de la literatura y que a mí me hubiese gustado. Reconozco que “Principito” me da un poco igual, pero su autor… Saint Exupéry me fascina, así que me puse manos a la obra. Decidí no cortarme, no ponerme cortapisas, no ser formalista, ni políticamente correcta. Vengo de la poesía, donde el encorsetamiento es mucho. E imaginé… De ahí salieron los monos Timothy y el pato en helicóptero de combate. También tenía claro que mi entrada en el mundo de la ciencia ficción tenía que ser dando las gracias a todos los referentes que he tenido, que han sido más cinematográficos que literarios (debo confesar). Se agita todo y…: Principito debe morir. Bueno, esa es la parte frívola, pero también quise dar mi versión sobre la humanidad. Y, sinceramente, no sale muy bien parada.

 

CJ: ¿Qué ofrece de novedoso “Principito debe morir, versión ampliada”?

CM: Ofrece un fragmento del Libro de los Walkers a la espera de la precuela. Hay que contar todavía muchas cosas de Principito. Y me lo ha pedido mucha gente. También ha habido una pequeña relectura para perfilar algunas cosas y un trabajo de edición por parte de Lapsus, increíble. Es una versión bastante mejorada de la primera.

 

CJ:¿Por qué te fascina Saint Exúpery?

CM: Cuando conoces la vida de Saint Exupery no te queda más remedio que convertirte en fan. Un hombre, de buena posición social, de una familia bien de París, que sólo quiere volar. Amaba la aviación por encima de todas las cosas. Dejó a su novia, sus padres poco menos que le desheredaron. Pero, y aquí está lo que más me enamora de él, era un poco torpe, sobre todo tomando tierra y tuvo más de un accidente. Me siento muy identificada con la torpeza de Exupéry y con aquella foca que se llevó de Argentina a su casa de París. Por otra parte, sólo se le recuerda por Principito, pero escribió bastante más. Su mejor amigo, León Werth, era un novelista anarquista. No murió como todo el mundo, sino que desapareció y esa desaparición ha creado mil historias. Saint Exupéry es de esos escritores que hace de su vida literatura. ¿A que es para quererle?

 

Sólo la novela negra y la ciencia ficción tienen los medios y la fuerza suficiente porque siempre se han movido fuera de los baremos de lo comercial”

CJ: En Principito debe morir te apropias de un icono de la literatura universal para contar una historia con muchas capas. Todas tienden hacia un tema común, que es la preocupación por el futuro de la sociedad, bien sea desde su vertiente política, económica, científica, o incluso familiar. ¿Cuáles son las ventajas de la literatura de ciencia ficción para abordar temas sociales? 

CM: Creo que la ciencia ficción es la única que puede contar la verdad de lo que está pasando de manera creíble. Sólo la novela negra y la ciencia ficción tienen los medios y la fuerza suficiente porque siempre se han movido fuera de los baremos de lo comercial. Al ser géneros “menores”, según la crítica más serie y concienzuda que sólo lee a Mishima y Tolstoi, permiten desenvolverte en terrenos farragosos sin que nadie se asuste demasiado. Además, la ciencia ficción te deja crear mundos que están igual de corruptos que el nuestro, pero como no son el nuestro, parece que nosotros somos mejores. Si unos alienígenas raptan seres humanos y los torturan brutalmente hasta la muerte, es mucho mejor que si lo hace un ejército de cualquier país que están legitimados por sus respectivos estados. Esto nos permite sentirnos a salvo, pero al escritor también le permite que no le cierren twitter, o le encarcelen por dar su opinión porque los poderes fácticos no son los humanos, sino de otros mundos que, por supuesto, son peores. Cuando hablo de poderes fácticos me da igual la tendencia política que tenga. (Esta respuesta podría haberla dado The Boss).

 

CJ: Dejar de lado lo que es socialmente aceptable y financieramente ventajoso parece ser el leiv motiv de los escritores de género en este país (quizás, de los autores de cualquier tipo de literatura). En un momento en que cada vez más editoriales apuestan por lo fantástico ¿qué crees que pueden aportar al género los escritores de nuestro país?

CM: Creo que los escritores españoles son mucho más irónicos, más frescos. Se encorsetan menos en lo que es el género puro. Por ejemplo, pienso en dos amigos míos a los que admiro y adoro: Alberto López Aroca y Jesús Cañadas. El género en este país ha ganado mucho con ellos dos. Son, no sólo dos imprescindibles, dos miradas lúcidas, dos escritores absolutamente brillantes y humildes. La separación con el mundo sajón es necesario y nosotros somos capaces de hacerlo porque somos lo menos europeo de Europa. En el caso de los dos escritores que te he dicho uno es de Albacete y otro de Cádiz, ¿tú crees que Stephen King no les tendría miedo?

 

CJ:¿De qué manera influye tu labor como poeta en la forma en la que afrontas una obra en prosa?

CM: Influye mucho. Tengo tendencia a primar la forma sobre el fondo. Por suerte tengo a gente a mi alrededor que me equilibra. He tenido problemas de adaptación porque no entendía que debiera contarlo todo, sin dar opción al lector a que complete. Poco a poco me voy dando cuenta de que se trata de quedarte en tierra media (que diría George R.R. Martin). Aún así, le doy mucha importancia a la palabra exacta y al ritmo. Sí, taras de haberme dedicado durante tanto tiempo a la poesía. Pero, como diría Billy Wilder en aquel guión: “Nobody is perfect”.

 

CJ: ¿Qué autores (españoles y extranjeros) fuera del género son tus referentes y por qué?

CM: Fuera del género… Te va a parecer un poco increíble porque de tan realistas se salen: Galdós, Dostoievski, Josefina Aldecoa, Juan Marsé. Sobre todo, Juan Marsé, un tipo al que admiro en lo personal y en lo profesional. Otra línea que me encanta Julio Cortázar, la suma de Bioy Casares con Borges, el mismísimo Bioy Casares. Gabriel García Márquez en sus inicios… Y una mujer que me sobrecoge lea lo que lea de ella, Elia Barceló. Creo que es el ejemplo de lo que es una magnífica escritora y una mejor persona.

 

CJ: ¿Podrías contar cómo afrontas el proceso creativo, desde la idea hasta la entrega final del manuscrito a la imprenta?

CM: Es un poco extraño porque desde que se me ocurre la idea hasta que me siento a escribirla pueden pasar meses. Meses en los que voy dándole vueltas a lo que quiero contar, meses en los que no veo nada más allá de la historia que me traigo entre manos. Cuando me siento a escribir, soy bastante rápida, pero luego necesito, al menos, cuatro procesos de relecturas: yo, una lectora cero (siempre más de una), un lector cero nuevo y que cambia con cada libro y de nuevo yo. El resultado es que nunca me siento 100% satisfecha. Siempre creo que se puede mejorar, pero también sé que, en algún momento, debo dejar de corregir. Suelo escuchar y aceptar bien las críticas que me hacen las personas que elijo para que me lean. Y ni te cuento el caso que le hago a los editores que, en general, saben más que yo de todo esto. Creo que si no eres capaz de aceptar que alguien sepa más que tú, es mejor que te metas a charcutero, donde, por cierto, habrá alguien que corte el salami mejor que tú.

 

CJ: Graham Greene decía: “Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana”. ¿Qué es para ti escribir? Imagínate que se lo cuentas a un alien venido del espacio que no sabe nada de la Tierra.

CM: Esta respuesta es muy sencilla y muy complicada de contestar: escribo porque no tengo más remedio. No puedo dejar de es escribir porque sería como dejar de vivir. Tuve un psicólogo que me dijo: la gente que crea es infeliz por naturaleza. Y siguió: si quieres ser feliz tendrás que renunciar a crear. Imagino que él se refería a la felicidad de los idiotas. A la de esa gente que pasa por el mundo sin enterarse de qué va esto. Asumo que la vida es felicidad e infelicidad al mismo tiempo. No aspiro a ser más feliz que nadie, pero, desde luego, si no escribiera no podría ser feliz. No comparto las palabras de Green. Creo que la gente que no escribe se enfrenta a la vida de otras maneras que no son ni mejores, ni peores, sólo diferentes. Y ni tengo nada mitificado al escritor. De hecho, creo que los que más daño han hecho a la literatura son algunos escritores con su falta de humildad y su incapacidad para la autocrítica.

 

CJ: Hace poco la editorial Lapsus Calami te fichó como editora de su colección de novela negra. ¿Podrías hablarnos de este proyecto?

CM: El proyecto de Lapsus es un proyecto emocionante porque me permite investigar y aprender más sobre el género que más amo: el negro. Vamos a intentar dar voz a escritores magníficos como Kike Ferrari, o Rodolfo Santullo que por estar al otro lado del Atlántico pueden tener algo más de problemas para publicar en España. Y, por supuesto, autores españoles de primer nivel que van a dejarnos completamente enganchados a su historia.

Poco a poco iré contando más cosas. En cuanto pueda, en cuanto sean proyectos en firme.

Entrevista al chileno Jorge Baradit: Organizando la locura

En Chile vive, trabaja y escribe un tipo llamado Jorge Baradit. En 2005 la casualidad hizo que su primera obra Ygdrasil llegara a las manos de Ediciones B Chile. Al año siguiente la precuela de aquella historia, titulada Trinidad, ganó el primer premio UPC a la mejor novela corta de ciencia ficción y pasó a ser editada en España en 2007. De esta forma germinó la trayectoria literaria del chileno que, desde entonces, ha publicado Synco (2008), la obra juvenil Kalfukura (2009), CHIL3: Relación del Reyno (2010), la novela gráfica La policía del Karma (2011), y Lluscuma (2012).

El escritor chileno Jorge Baradit

Este diseñador gráfico vinculado al mundo de la publicidad y la comunicación, antiguo integrante de una banda de punk rock, Baradit entiende el lenguaje como una enfermedad de transmisión oral que lo posee y lo convierte en una energía creativa en estado puro. De este modo erige mundos alternativos, como un arquitecto cosmopolita programado por una tradición oral antigua, incrustada en la médula del continente que lo vio nacer, y regurgitado al calor de los tiempos modernos, contradictorios y mareantes. Profundamente comprometido con la realidad social del país que lo parió, Baradit es un ser hiperactivo, una anomalía ocurrente, un demiurgo freelancer, un espíritu terabyte, un jongleur de la vida que nunca cesa de concebir y contar lo concebido, porque no hay nada más sublime que crear algo de la nada. Después de todo, y como dijo el argentino Isidoro Blastein, A lo mejor escribir no sea más que una de las formas de organizar la locura”.

Podéis disfrutar de esta entrevista en el lenguaje de Shakespeare en el magnífico blog Sense of Wonder de Elías Combarro, incansable compañero de fatigas.

“Soy un monstruo en resistencia”

Cristina Jurado: ¿Qué hizo que te engancharas a la ciencia ficción, la fantasía y el terror?

Jorge Baradit: No me interesa lo cotidiano. Hay otros mundos. Mis ojos miran más hacia adentro, ¿para qué intentar replicar lo que ya veo si hay otros mundos, explosiones de supernova y civilizaciones completas intentando salir a empujones por todos lados? Hay universos completos esperando allá afuera a ser descubiertos o sencillamente creados, no me interesa esta realidad descafeinada de borregos que la mente, ese gran fascista, intenta convencernos de habitar. Soy un monstruo en resistencia.

CJ: En tu blog dices: “Hace tiempo que andaba buscando que pescaran esa definición de lo que pretendo: la recuperación de nuestras raíces a la luz de la tecnología, la reinvención, no el parricidio. La tecnología como esa otra forma de magia que nos llega sin ningún esfuerzo desde otros mundos, que a veces se sienten tan lejanos como el mismo Júpiter. No podemos prescindir de Macondo porque estamos en Macondo, la diferencia es que ahora llegó el Wi Fi y la fibra óptica. Mucho psilocibe en el aire, mucha machi, mucho iPod. Un continente completo en estado alterado de consciencia.” ¿Qué es el realismo mágico 2.0?

JB: En Chile se hacen intentos constantes por sacarse de encima el estereotipo y la caricatura de “lo latinoamericano”, el mexicano sucio sentado en el suelo de la estación de trenes, la inoperancia de los servicios y la inestabilidad política. Hubo incluso un movimiento literario a fines de los ’90, llamado McOndo que buscaba “dar vuelta la página” sobre el asunto y declararnos fuera del estereotipo, nos gusta vernos más urbanos, más cercanos a New York, menos indígenas, menos “izquierdosos”, liberales pero evitando la imaginería popular latinoamericana. Todo es una soberana porquería porque ni somos gringos, ni Santiago es Manhattan, ni podemos esconder a nuestros indios bajo la alfombra. Entonces, quise decir que no es que hayamos superado nuestro mestizaje como una etapa de transición poco deseable, sino que nada se ha superado, todo sigue presente y no hemos salido de Macondo, quizá le hemos puesto fibra óptica y mejorado las carreteras, quizá tengamos cajeros automáticos funcionales y nuestros servicios estén a la altura de cualquier país desarrollado, pero la ayahuasca, las extensiones inexploradas, los pueblos originarios siguen acá, para mayor riqueza de nuestro territorio físico y mental.

CJ: Si como decía William Burroughs, el lenguaje es un virus. ¿Es todo escritor un propagador empedernido?

JB: Prefiero la definición del lenguaje como enfermedad de transmisión oral. Una enfermedad rara porque permite sanar. El lenguaje es un tipo de cirugía. La posibilidad de visualizar las intervenciones de las palabras en nuestro cuerpo mental es atroz. El daño mental que podemos producir con una frase mal ubicada, la inoculación diaria de gérmenes a través de lo que nos decimos, gritamos y susurramos. La completa irresponsabilidad con que manejamos la gramática, la radioactividad a la que nos sometemos cuando abrimos y leemos ciertos libros infecciosos. Un escritor es alguien que fabrica cócteles molotov de 300 páginas que la gente se traga, máquinas de tortura sináptica y órganos infestados de bacterias que manipulamos con irresponsabilidad. No vemos el daño, la fiebre, la hemorragia. Nos inyectamos venenos que nos deforman el alma, la mente, que nos hacen estallar felices el hígado, drogados y alucinados, vemos a dios. Me imagino cómo nos veremos realmente si tuviéramos los instrumentos apropiados. Yo, al menos, apuesto por tentáculos y cabeza muertas colgando de mi zona lumbar, por lo menos.

CJ: Eres publicitario y esa formación hace que seas muy cuidadoso a la hora de diseñar los mensajes creativos que desarrollas. ¿Crees que tu profesión influye en tu obra? ¿de qué manera?

JB: Muchísimo y en los dos aspectos en que manejo su obra: su producción y su difusión. Me manejo como la clásica dupla del diseño: el de los piercings y el de corbata, el creador y el administrador. Son compartimentos estancos que no se filtran. El creador explota y deja las paredes manchadas con sangre y luego entra el administrador y ve qué puede hacer con eso, no hay comercio entre ellos.

Por mi educación en diseño y arquitectura trato de visualizar y hacer visualizar el entorno y lo que ocurre quizá con más interés y detalle que si no la tuviera. Hay interés en el objeto, su textura, su brillo; goce en la consistencia del tipo de metal que atraviesa cierto tipo de órgano, la manera en que se sostiene la estructura ósea del pabellón donde ocurren los eventos. Y como soy escritor me agrada proyectar ese espesor de realidad hacia la gramática, haciendo continuar la materia hacia la poesía, donde se pierde y se hace ininteligible. Mi educación en comunicación también ha resultado imprescindible para sentir esa necesaria responsabilidad de hacer ver, sentir y oler “específicamente” lo que quiero comunicar al lector, ni más, ni menos, ni otra cosa, sino lo que quiero con todo detalle y justeza hacer sentir a quien lee.

Por otra parte, mi educación en las artes visuales me hace sentir con fuerza que la literatura es solo un aspecto de la narración, que existen muchas plataformas desde donde enriquecer el relato: videos, música, ilustraciones, comic, transmedia, redes, gaming. Y que finalmente la gran narración puede surgir de la interacción de todos estos elementos, donde el libro funcione como una parte de un universo que se complementa en base a múltiples estímulos, pero no a la manera en que se practica hoy en cine y gaming, donde hay un elemento central poderoso y satélites que agregan color nada más, me interesa la conformación no de un sistema solar sino de una molécula donde las partes sumadas generen “la obra”, suspendida en la iNet y con patas en el mundo físico, en el softworld y en el hardworld.
Una última cuestión tiene que ver con la difusión. Como un obrero de las comunicaciones, me interesa conseguir que lo que hago llegue a la mayor cantidad de gente posible. Considero esa interacción con el lector como parte de la obra. Pero más allá de la simple publicidad, me interesa la creación de comunidades activas en torno a mundos creados, me interesa la inteligencia colaborativa. Mucho de la obra en torno a mis libros ha nacido de la colaboración con músicos, cineastas, ilustradores, ingenieros, programadores, videístas y personas sin oficio artístico que aporta solo por la inspiración que le produce el mundo creado. En la comunidad en torno a lo que hago me gusta que se hable de fantasía, pero también de política, me importa la participación ciudadana. La ciencia ficción es sin duda el género más político de todos, la necesaria creación de un modelo de sociedad para escenificar las historias hace necesario el ejercicio del músculo político del escritor con o sin su participación consciente, y es lugar común decir que la ciencia ficción ha sido el mejor reflejo de la sociedad a lo largo de su historia.
Los libros, son solo un aspecto de la obra toda.

La Policía del Karma

“Mi labor es recoger estos fragmentos radioactivos, estas singularidades y construir un golem con ellos”

CJ: ¿De qué manera afrontas el desarrollo de una historia? Cuéntanos tu proceso de concepción, desarrollo y parto de tus obras

JB: Durante el día la cabeza funciona y produce muchas imágenes basura, la mente genera millones de aproximaciones aleatorias que el consciente desecha o utiliza como palanca para otras ideas o herramientas más “útiles”. Hay un nivel en el que la consciencia trabaja para establecer un puente con el mundo donde se eligen velozmente las formas que calzan con lo que estoy construyendo, como quién dispara millones de piezas de rompecabezas por agujeros y solo las que coinciden pasan, son aprobadas y utilizadas para construir la estructura que deviene idea. Pero por debajo de ese puente corre un río de materia prima intocada, de embriones deformes, de fetos no viables, trozos de máquinas, cables y fragmentos de ideas sin sentido. Trabajo con ese low level de la mente. Me gusta coleccionar esos pedazos de esquirlas, experimentos fallidos, prototipos feos.
Además, cuando vivimos, intentamos mantener en un punto ciego todo aquello que ocurre y que el censor interno prefiere ignorar para no volvernos locos, como saber que en pocos años más muchos de los que leen estas líneas estarán bajo tierra y su mente dispersa en la nada, que nuestro planeta viaja a 107.000 kmh junto al sistema solar, seguramente girando como el resumidero de una tina de baño hacia el agujero negro en el centro de nuestra galaxia, que vivimos aferrados a una de las esquirlas de una gran explosión que no termina de expandirse, que tenemos en nuestro interior colonias de virus y bacterias asesinas, toxinas y venenos que no nos destruyen porque un delicado equilibrio las mantiene a raya. En mi país, en el lapso de una semana hubo un terremoto, una ciudad se movió 8 centímetros, una mujer cortó a su marido y lo cocinó en una olla y un rayo mató a cuarenta vacas. Son peaks de realidad, como beats de latidos. Es nuestra responsabilidad trabajar en una cota de realidad baja e ignorar estos hechos o elevar nuestra cota de percepción y trabajar con estos fenómenos, encontrarles lugar, estructura y conexión para relatar otra forma de realidad, una hiperrealidad que no extirpe cada fenómeno extraño para sentirnos más seguros.
Mi labor es recoger estos fragmentos radioactivos, estas singularidades y construir un golem con ellos. Los escribo a mano, los corto, los armo en páginas armadas con cinta adhesiva, los tipeo en laptop y se imprimen como fragmentos en Times cuerpo 12, los recorto y los voy pegando en pliegos de papel en mi pared. Algo empieza a armarse en la oscuridad, hay que tener cojones para andar por esos bosques, a veces. Se vuelve doloroso, no sabes si vas a llegar a puerto, si hay algo realmente ahí, pero siempre aparece el arquetipo, Ariadna, el hilo dorado. Los contenidos maceran en mi cabeza, sueño con ellos, se van buscando y establecen vínculos, comienzan a dialogar y comienzo a cortar y volver a pegar, a ordenar, a volver a cortar. Hay costras de papel en mi pared, a veces sigo escribiendo fuera. Me voy a ver libros de Roberto Matta, el Bosco, Doré. Pasan los días. Organismos unicelulares empiezan a nadar en la pared, copulan, se unen, aparecen pluricelulares, de pronto un crustáceo y al rato tengo un reptil hecho de una lista más o menos ordenada de eventos. Vuelvo a tipear en el laptop en la forma de escaletas, en paralelo desarrollo una historia donde montar-cruzar este reptil. La escaleta debe estar clara, precisa y definida, la novela debe estar escrita antes de tipear la primera palabra. Después, puedo hacer caso omiso del orden y moverme como danzando entre las escaletas, pero el esqueleto está ahí, pero no sabemos si será la Scarleth Johansson o John Merrick, o el hijo de ambos. Eso viene después.

 

CJ: Ygdrasil, Trinidad y Lluscuma conforman un tríptico de una realidad alternativa de Chile, contada del final hacia el principio. ¿Cómo se te ocurrió la idea para esta tríada? ¿Por qué vas contando la historia hacia atrás? ¿Qué tiene este proyecto que ver con Ucroníachile?

JB: “Do I really look like a guy with a plan? You know what I am? I’m a dog chasing cars. I wouldn’t know what to do with one if I caught it! You know, I just… *do* things.”The Joker (Dark knight, 2008).

El crecimiento de lo que hago es rizomático. Hay días en que descubro qué es lo que va a hacer tal o cuál personaje y sospecho que otro trata de sabotear la historia, y lo digo en término efectivos, ocurre así. Las paredes son frágiles e irrumpe un sueño a veces, o el personaje de otra historia, un recuerdo. Tengo que buscarles un lugar como quien interpreta una tirada de tarot. Las cosas simplemente ocurren en la vida, solo cuando se mira hacia atrás se puede ejercer el oficio de historiador e inventar las conexiones, ver que hay un hilo de plata que convierte 20 sucesos aleatorios en una historia en virtud de la paranoia de intuir que están de algún modo entrelazados. El autor tiene que ser un un paranoico con fe, un lector de vísceras, un psíquico que conecta las símbolos del cielo con los de la tierra a medida que lo ametrallan. Descubrir trozos de un cadáver y creer, porque un escritor es un creyente, que hay una manera elegante de relacionar cada parte y levantar una estructura bella con los pedazos, no con los que quiero que haya, sino con los que están. Porque si manejas todas las variables el producto queda feo, predecible, común. El auto-sabotaje, la guerrilla, la carencia y el asalto de factores internos inmanejables es imprescindible. Un médium porque no controla lo que dice, solo lo articula de formas bellas, le da el espacio que las cosas quieren, pone su oficio al servicio de su veneno. Soy un adivino al que lanzan de un avión y lee los paisajes como una tirada de tarot antes de estrellarse contra el suelo.

UcroníaChile fue un sabotaje contra un país enfermo de realismo. La necesidad de romper la represa que contiene las pulsiones de nuestro inconsciente colectivo. Reivindicar la historia y nuestros mitos como algo que le pertenece a la gente, a los escritores, no al ministerio de educación. El ejercicio diario de reconstruir nuestra historia mítica para revitalizar los mitos. Los mitos son los sueños de un pueblo y necesitan un update o se anquilosan en las esquinas de los museos, hay que romperlos, torcerlos, agredirlos. Todo lo que hagamos estará bien porque somos los soñantes de esos sueños y lo que hagamos será lo que debíamos hacer, no podremos hacer ni más ni menos.

Esos materiales quieren comportarse como ellos quieren, ¿quién soy yo para forzarlos a actuar como yo quiera? Eso me viene de la arquitectura. Las artes visuales aún se expresan antes de saber dónde van, solo así abren caminos nuevos. El territorio se expresa a través de su arte. Y es en ese avanzar en la cuerda floja, equilibrándose con estructuras febles en las manos, ciego y sordo, atacado y atacando, que se entra en las espléndidas ciudades. Arrojarse al fondo de uno mismo, sin saber si hay piedras o agua, tan al fondo, que lo que sea que salga de ahí será único no por novedoso, sino por propio; todo lo otros es comodidad, artilugio, comercio y malabarismo.

CJ: En el tráiler promocional de Lluscuma dices que “Chile es una serpiente con pesadillas”. ¿Qué crees tú que sueña Chile?

JB: El primer escudo de Chile fue un volcán. Los chilenos somos así, callados, tranquilos, hasta que la presión se hace insostenibles y estallamos. Desgraciadamente no conocemos muchos estados intermedios. La cordillera de los Andes es la columna vertebral de una serpiente hecha de volcanes. Una serpiente de fuego acostada sobre la grieta planetaria más explosiva de todas. Vivimos al borde del terremoto y el tsunami, serpiente de fuego y agua. La serpiente nos sueña, no existimos todavía como país, nos está pensando.

 

CJ:¿Qué es SYNCO? ¿Por qué convertirla en una novela gráfica? ¿Qué aporta la parte gráfica a una historia?

JB: Soy de los que creen que el asunto es al revés: una palabra vale por mil imágenes. Cuando uno muestra la foto de un árbol todos vemos el mismo; cuando leemos árbol, todos vemos uno diferente. Pero es simplemente divertido intentar hacer parir eso que la literatura permite vivir en la vaguedad. Trabajar en novelas gráficas permite, además, el trabajo colaborativo que abre la mente, la interacción, el esfuerzo, el pie forzado. Es otro tipo de ejercicio, son otros músculos, y a mi no me interesa tener brazo de tenista.
Creo sinceramente que una novela gráfica limita el Universo de cualquier relato, lo concreta, lo define a través de los ojos de alguien específico, lo pre-digiere; es, en ese sentido, egoico, no comparte la decodificación con el lector, se la impone bastante más que en lenguaje escrito, esa herramienta tan pobre que debe hacer maravillas para hacer maravillas. Pero, por otro lado, la novela gráfica es un ejercicio de arte alucinante.

 

CJ: La Policía del Karma trata de un servicio que castiga en el presente por crímenes cometidos en el pasado. ¿Por qué de nuevo el formato de novela gráfica? ¿Cuál es para ti la diferencia entre cómic y novela gráfica?

JB: Siempre las etiquetas son flexibles, no son alambradas, más bien letreros vagos. Una novela gráfica tendería más a la búsqueda de un lenguaje propio (que eso es arte en mayor o menor medida para mí), un hito, una tesis, más que un sendero sin fin, como son regularmente los cómics. Un objeto auto-conclusivo, autónomo, una obra sin cálculo, un gesto que se abandona luego para ir en busca de otra cosa. “Abandonar la obra terminada, ese es el camino del cielo”, dice el Tao Te King.

CJ: ¿Te consideras un escritor experimental?

JB: Me considero un artista que hace todo lo posible por estallar para buscar entre los pedazos algo que me ayude a resolver el enigma. Soy un terrorista, un ejército de liberación de algo que está atrapado en el sótano de mi sótano y que necesito conocer. No es la experimentación por la experimentación, es que para buscar el Grial, dice la tradición, los caballeros entraron al bosque de Logres por lugares no conocido, jamás por los senderos trazados.
Para qué hacer algo que ya está hecho, para qué repetir fórmulas, cómo no quemar todas las naves cada vez ¿Hay gloria en algo así?

 

CJ:¿Qué pe parecen las nuevas formas de publicación tales como el crowfunding, la auto-publicación y la co-publicación?

JB: Todas las formas de lucha son válidas, compañera. Del crowdfunding me interesa la inteligencia colaborativa, la posibilidad de convertirlo en un proceso social, un experimento de participación, hive mind, un acto poético realizado por la mente que se construye cuando hay muchas mentes conectadas, la manera como funcionan los cardúmenes de peces o las bandadas de pájaros. Esa cuestión meditativa detrás del gesto y que nos hace uno, como bailar, o cuando éramos bacantes y comíamos jóvenes en el bosque. Perderse y ser océanos de nuevo. Me encantaría que algún día nuestras mentes viajaran por un tipo de ciberespacio y se fundieran en dos, tres o cinco mil mentes líquidas, a veces perdiéndose en multitudes, volviendo a ser uno, o dos, u otro.

 

CJ: ¿Qué artistas (y no me refiero solo a escritores) te inspiran?

JB: Roberto Matta, Jorge Luis Borges, Gottfried Helnwein, C.G. Jung, Trent Reznor, Emanuelle Swedenborg, Coré, Gunther Brüs, David Cronenberg, Antonin Artaud, y mil de monstruos más que viven y se golpean dentro en mi cabeza. Son sombras, son yo mismo en disputa intentando copular uno con el otro, desgarrándose a dentelladas por un pedazo de luz, por una línea en alguna historia. Tienen hambre.

 

“América Latina es pura confusión, el boceto salvaje de un mundo nuevo del que aún no sabemos nada”

CJ: ¿Qué crees que puede aportar al género la ficción especulativa que se está haciendo actualmente en América del Sur y Centroamérica?

JB: América es un continente en formación. No creo que seamos capaces de aportar ciencia ficción como la entienden los europeos. Fue en ese continente donde se produjo la dicotomía religión e iluminismo, fue en Inglaterra y Francia donde la Revolución Industrial levantó la fe en la tecnología como promotora del bienestar humano, la idea del progreso sin fin y el futuro radiante de sociedades libres, sin enfermedades ni ataduras. En la literatura fantástica se puso de un lado a fantasmas y magos, y en otro a aliens y naves espaciales. Se intentó una literatura realista en tanto levantada sobre las bases de la ciencia dura. En América fue la propia Iglesia la que trajo la ciencia, no hubo enfrentamiento. En América existen guerrillas cristianas, las supersticiones son fuertes, la magia opera social y políticamente. Seguimos siendo cultos cargo, la tecnología no es algo que se produce acá, sino que llega en cajas a bordo de grandes pájaros de metal. Mi abuela me daba una pastilla producto de la última tecnología médica pero se persignaba y me encomendaba a la virgen como si me estuviera dando una hostia. América no desecha nada, todo se acumula, nada se destruye, es el patio trasero donde occidente echa su basura, sus productos descontinuados, sus medicamentos fuera de norma, sus experimentos ideológicos y todo se acumula. Acá siguen vivos nuestros pueblos originarios, sus religiones ancestrales, modos de vida de la edad de piedra conviviendo con el high tech más cutting edge, megabytes y ayahuasca, santería y sushi de serpiente. En el zócalo de ciudad de México está la catedral colonial, el templo azteca y el edificio de cristal juntos, las épocas chocan, todo fracasa: la búsqueda de El Dorado fracasa, Almagro y Pizarro fracasan, Fidel Castro fracasa, Salvador Allende fracasa, Las FARC fracasan. América ensaya utopías cada década, lanza su sueño descabellado hacia el futuro y es aplastado una y otra vez, como Alvar Núñez Cabeza de Vaca, como Lope de Aguirre, como Ponce de León, como el Che Guevara muerto en Bolivia.
América vive en la Edad de oro donde los dioses, los héroes y las maravillas viven entre los humanos y el tiempo está suspendido en un eterno presente, nada avanza, todo se acumula. En Europa hay que desenterrar las ciudades que se construyen una arriba de otra, hay que ir a ver a los indígenas a los museos, hay que revisar la tecnología obsoleta en los archivos. Acá una red de computadores Apple de última generación se conectan con routers chinos de mala calidad a una red 10 base T en cascada desde un firewall PC con sistema operativo pirata enlazado a un backup PC 286 lleno de tierra perdido en un closet lleno de cableados de varias generaciones de redes descontinuadas, con cables quemados, cajas de centrales telefónicas en desuso por años, el transformador del télex y el fax aún enchufados a la red eléctrica pero conectados a nada, alambres de teléfonos mimetizados debajo de la cuarta capa de pintura, y así estratos y estratos de tecnología que se parecen a la mente de América, alucinada, en peyote, contemplando a la madre tierra y sus dioses convertidos al cristianismo a través de los GPS.
América es una vorágine de disonancias espacio temporales en ebullición, América Latina es confusión ¿Qué podemos ofrecer? Pura confusión, el boceto salvaje de un mundo nuevo del que aún no sabemos nada. Torbellino de razas, religiones, sectas, ideologías y dudas. Puro caos, desdibujamiento de los límites, irrespeto por las formas, todo un continente joven, desordenado y lleno de libido buscando a dios en las líneas de código de programación.

 

CJ: Eres un comentarista implacable de la realidad social y política de tu país y del continente en el que vives. En tus obras se reflejan tus preocupaciones por los desequilibrios sociales, la corrupción gubernamental y el ansia de poder de las grandes corporaciones ¿De qué manera crees que puede la ciencia ficción y la fantasía abordar esos temas? ¿Defiendes el género especulativo como una forma de denuncia?

JB: No creo en las agendas artísticas. Creo que uno debe entrar tanto en lo que uno es que las implicancias personales y sociales se dan solas. El único criterio posible en el arte hoy es la honestidad, de las más torcidas formas. Cuando comento mi circunstancia es un acto de coherencia, nada más. Vengo de una familia de clase media baja, fui tirapiedras contra Pinochet, vivo y soy testigo de la opresión y la desigualdad en que nada Latinoamérica; me alimento del resentimiento que todos los días las elites que viven en reductos que parecen Suiza arrojan desde sus mesas repletas al resto del país que parece vivir en Ruanda. Nuestras sociedades son ollas a presión, lo que hago es usar el vapor que expulsan para mover máquinas mentales coherentes, nada más. No hay discusión ética-estética en el arte de verdad, creo yo, solo un resultado coherente (ni siquiera la palabra honesto viene lugar, la honestidad es producto de acuerdo, educación y voluntad; yo hablo de ser coherente como lo sería un tiburón con su naturales y su medio).

 

CJ: Háblanos de tus planes futuros, ¿qué será lo próximo que publicarás?

Jorge Baradit: No lo sé. Lo que saldrá este 2014 es un cuento mío en la antología Terranova de Penguin Random House, España. Es un honor haber sido elegido para participar en un proyecto tan prestigioso. Además de eso, estoy cerrando un ciclo físico y mental que me tiene hecho pedazos.

 

Y ahora, solo hay tiempo para un quiz rápido de preguntas y respuestas breves:

 

CJ: ¿Star Wars o Star Trek?

JB: Star Wars, Star Trek se toma demasiado en serio.

CJ: ¿Comida rápida o casera?

JB: Casera, en casa cuidamos lo que entra a nuestros organismos.

CJ: Si tuvieras que ser el personaje de una película ¿cuál elegirías?

JB: Bowman, el astronauta de 2011 que entra al wormhole.

CJ: ¿Puedes decirnos el título del peor libro que hayas leído?

JB: Se me viene a la memoria El Mío Cid, que, créanlo o no, es lectura escolar obligatoria en Chile. Es un crimen hacérselo leer a niños. Está completamente fuera de código, es una tortura.

CJ: ¿Cuál es el mejor libro que has leído?

JB: Ficciones, de Jorge Luis Borges. Lo leería mil veces mil.

CJ: ¿Qué tipo de música sueles escuchar?

JB: Entre las sonatas de Bach, NIN y el harsh electrónico, el ruido de las radio de onda corta.

CJ: Cine 3D ¿sí o no?

JB: El cine es una página en movimiento. Hasta que el 3D no desaparezca como espectáculo en sí mismo y encuentre su real expresión, preferiré el 2D, un arte maduro

CJ: Si tuvieras que elegir poseer un súper-poder ¿cuál elegirías?

JB: Cocinar rico, soy un desastre en la cocina.