Inchworm

Inchworm

Cristina Jurado

 

El vídeo de la canción “Ashes to Ashes” me persigue desde que lo vi por primera vez, con ocho años. Me fascinaba y me daba miedo por igual. Hay una imagen que se repite dos veces durante el vídeo (en 2:17 y 3:23): es la de David Bowie colgado en una pared, en una especie de sistema de soporte vital, con un montón de tubos que salen de su traje. Cuando investigué, encontré que Bowie se había basado para la tonada final en una canción infantil que interpretaba el actor Danny Kaye en Hans Christian Andersen (1952), una de sus películas favoritas. Este relato es una exploración de mi obsesión con la canción de Bowie.screen-shot-2016-01-11-at-16-57-14

 

“Something like ‘Ashes to Ashes’ wouldn’t have happened if it hadn’t have been for ‘Inchworm.’ There’s a child’s nursery rhyme element in it, and there’s something so sad and mournful and poignant about it. It kept bringing me back to the feelings of those pure thoughts of sadness that you have as a child, and how they’re so identifiable even when you’re an adult.” 

“David Bowie: Interview”, en la revista Performing Songwriter, 2003

 

La madre, una nave globular. Cordones umbilicales que alimentan, evacúan, hidratan, calientan y monitorizan. Un hijo en el seno materno de un embarazo ectópico, pasajero de un útero de fibra exótica, viajando por las entrañas del universo, a una de esas velocidades teorizadas por científicos sin dinero para investigar, que substituyen la falta de medios con imaginación.

Está colgado a una pared que puede ser el suelo, o quizás el techo, porque no hay arriba ni abajo, izquierda o derecha, centro o extremos. La gravedad cero es una manta que lo arropa, una sensación familiar y tranquilizadora que mantiene su cerebro a flote. Siente fluidos entrar y salir de su cuerpo, oye un ruido, como el de una tetera que borbotea, y recuerda unas tazas de porcelana inglesa con rosas pintadas a mano y bordes dorados sobre un mantel de flores marrones y naranjas. Fuera hace frío y llueve, pero dentro el ambiente era cálido y acogedor, y Peggy retira la tetera del fuego y vierte el agua humeante en las tazas. Hay un plato de galletas de jengibre, y mientras su madre añade leche a las tazas, él tomaba una y la mordisquea a la espera de que el té se enfríe un poco. También hay un hermano mayor y un padre en alguna parte, pero no en este recuerdo.

La nave cuida de él, le aporta los nutrientes que necesita, realiza ajustes en su cuerpo. Él siente dilataciones y contracciones pero no puede localizarlas en ninguna parte concreta de su anatomía. Ahora mismo se sentaría a tomar una taza de té en la cocina de Bromley. Si se esfuerza, hasta puede sentir el jengibre en la boca, el mismo de las galletas que tanto le gustaban. Pero no hace falta porque, al poco de pensarlo, siente el sabor rascándole la lengua. Y se relame.

“Gracias Peggy”.

Todavía no le sale llamarla “madre”.

Cada vez que piensa en Houston le entra la risa y las paredes se ríen con él, proyectando en todas direcciones el eco de la carcajada. ¡Cuánto desearían aquellos cabrones que estuviera retransmitiendo lo que ve! En Control deben haberlo dado por muerto y en el informe se referirán a él como “fallecido en acto de servicio”. Pero él está vivo, sintiéndose mejor que nunca, y puede reírse de ellos desde su privilegiada matriz.

Abrió la escotilla y se lanzó a las estrellas. Tuvo cojones para hacerlo.

Nunca hubiera muerto en directo, como Houston quería, su agonía retransmitida a todos los televisores del planeta rompiendo la barrera de los datos de audiencia. “Si algo va mal”, le dijeron, “mantente dentro del plano para que podamos grabarlo”. Con fines estrictamente científicos, no se cansaban de repetirle, pero el cohete estaba repleto de productos que él tenía que enseñar a cámara en momentos precisos: la camiseta de los Miami Gators en el momento en que llegase a la órbita nominal programada; los refrescos de Landa al menos tres veces al día; el reloj Cosmos cada vez que Houston entablaba una conversación, o la gorra de AirAmericana en cuanto la maniobra de despegue hubiera concluido. Apuesta cualquier cosa a que habrían utilizado su muerte para vender pólizas de seguro, automóviles o champán de nombre francés. Se imagina al agregado del Departamento de Defensa frotándose las manos con el nuevo drama nacional, y a los ejecutivos de la cadena GNN, que poseía en exclusiva los derechos de emisión, haciendo proyecciones de los ingresos en publicidad.

Los ha jodido, pero no siente ninguna pena. De todas formas, el que está vagando por los intestinos del espacio, lejos de Bromley, es él. Los de Houston, con todos sus agregados, ejecutivos, directores, doctores e ingenieros, están ahora en sus casas, retozando con sus esposas unos, peleando con ellas otros, ignorándolas los más.

(El resto de “Inchworm”, junto con muchos muchos más relatos, se pueden leer en la antología de relatos WhiteStar  en la plataforma Lektu. Todos los beneficios de esta obra están destinados a la Asociación Española Contra el Cancer AECC) #WhiteStar

La fantasía española se une bajo la sombra de David Bowie con fines solidarios

Esta es la introducción de WhiteStar, la antología de textos fantásticos que Palabaristas acaba de publicar como ebook a través de la plataforma Lektu y cuyos beneficios irán íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Introducción

Supongo que, si eliminamos toda la teatralidad, el vestuario y las capas externas de lo que hago, soy un escritor… yo escribo.

(David Bowie)

El 10 de enero de 2016 David Robert Jones, más conocido como David Bowie, fallecía en Nueva York víctima del cáncer. Tenía 69 años. Dos días antes había celebrado su cumpleaños, un hecho que hizo coincidir con la publicación del que sería su último trabajo musical, Blackstar, un álbum al que daba título el símbolo de una estrella negra. Era su álbum número veinticinco y el primero en el que no aparecía en la portada (a excepción de su segundo disco con Tin Machine, Bowie siempre se mostraba de alguna manera en las carátulas de sus trabajos). En noviembre y diciembre del año anterior, el público había podido disfrutar de dos singles, “Blackstar” y “Lazarus”, que aparecieron con sendos videoclips muy elaborados y repletos de una rica simbología.

Ahora sabemos que Bowie se estaba despidiendo.whitestar1-2-baja

En las horas posteriores al fallecimiento del cantante las redes sociales se encargaron de amplificar su vida y obra a través de mensajes, recordatorios, vídeos, entrevistas antiguas, fan art… El ciberespacio resultó ser un escenario ideal para recordar la figura de un artista integral que se definía así mismo como narrador de historias que, las más de las veces, cantaba, pero que también pintó e interpretó. Lector ávido y confeso, utilizaba técnicas como el cut up para elaborar las letras de sus canciones.

¿Cómo no se nos iba a ocurrir organizar una antología de historias basadas en su exuberante universo? Él, que representó al alien visitante de la Tierra varias veces durante su vida, que encarnó a varios monstruos porque fue vampiro, Hombre Elefante y rey de los goblins, que se lanzó a las estrellas para iniciar y terminar su carrera, ha logrado crear tantos alias, tantas historias y tantas tramas tan íntimamente relacionadas con la fantasía y la ciencia ficción, que explorarlas era casi una obligación para quienes lo admiraban, por alguna razón o por muchas.

La antología que tienes entre tus manos no está compuesta por relatos convencionales porque Bowie tampoco fue un tipo convencional. Siguiendo su estela, los autores y autoras que se sumaron a la llamada que realicé, allá por enero del 2016, han tenido total libertad para imaginar mundos más allá de este que nos contempla. La premisa era sencilla: cada autor debía escoger una canción o un personaje del panteón del cantante británico en el que basar su creación. Vas a encontrar poemas, relatos de corte clásico y otros que alternan varios puntos de vista, artefactos que aúnan la imagen y el texto, y hasta singularidades, todos ellos en orden cronológico según la fecha de salida de la canción, película u obra de teatro en la que se inspiran. Vas a medirte con Ziggy, Jerome Newton, Aladdin Sane, Lazarus, Tesla y con el Comandante Tom, buscarás en el laberinto a Jareth, soportarás la inmortalidad con John Blaylock, acamparás en Marte, verás caer muros, contemplarás un desfile de seres mutantes y navegarás por las estrellas -¡Oh, sí, lo harás!- en las naves imaginarias creadas por escritores y escritoras de España, Uruguay, Argentina, Colombia y México.

Quiero agradecer a Cristina Macía por poner a nuestra disposición su casa, que es la editorial Palabaristas, y por traducir de manera magnífica el cuento que el autor británico-israelí Lavie Tidhar escribió especialmente para este proyecto. No tengo palabras con las que expresar mi gratitud hacia Lavie que ha demostrado que, además de un extraordinario escritor, es una persona con un gran corazón. Thank you, Lavie! Ana Díaz Eiriz, fiel diseñadora, ha conseguido crear una portada espectacular que captura la esencia del Bowie camaleónico que todos admiramos. Quiero agradecer también a mi compañera María Leticia Lara Palomino por su trabajo incansable en las labores de edición, y a Israel Alonso por ayudarnos cuando nos faltaban ojos e ir más allá. Sin ellos, este libro nunca hubiera sido posible.

Rafael Cervera no lo dudó cuando le propuse escribir un prólogo que estuviera a la altura de nuestra empresa. Su profundo conocimiento sobre la obra y la figura de Bowie es el ingrediente que faltaba para que este libro cumpliera su cometido y fuese un hermoso tributo a su legado.

Si Blackstar es el testamento musical de David Bowie, WhiteStar quiere ser una celebración de su trayectoria como artista. De ahí el nombre, una imagen en positivo del título de su último álbum. Por ello, todos los beneficios que se obtengan con la venta de este libro irán a parar a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC): ninguno de los que estamos involucrados entenderíamos nuestra participación de otra manera que no fuera solidaria ya que, desafortunadamente, todos hemos sentido en nuestras familias, grupo de amigos y conocidos, o incluso en nuestras propias carnes, el ensañamiento de esta enfermedad.

Por eso, este libro está dedicado a Pat Cadigan, una de las autoras más importantes de ciencia ficción en la actualidad y alguien que conoce muy de cerca la lucha contra esta dolencia. La forma valiente y llena de sentido del humor con la que afronta su lucha difícil y dolorosa nos enseña que el verdadero super-poder está en mantener una actitud positiva ante las circunstancias más adversas. ¡Y ella tiene super-poderes, damos fe!

Transformemos, pues, como ella el dolor y los sentimientos negativos en algo positivo y constructivo: imaginemos historias.

Estoy segura de que a David le hubiera gustado así.

Cristina Jurado

Dubai, septiembre de 2016