La fantasía española se une bajo la sombra de David Bowie con fines solidarios

Esta es la introducción de WhiteStar, la antología de textos fantásticos que Palabaristas acaba de publicar como ebook a través de la plataforma Lektu y cuyos beneficios irán íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Introducción

Supongo que, si eliminamos toda la teatralidad, el vestuario y las capas externas de lo que hago, soy un escritor… yo escribo.

(David Bowie)

El 10 de enero de 2016 David Robert Jones, más conocido como David Bowie, fallecía en Nueva York víctima del cáncer. Tenía 69 años. Dos días antes había celebrado su cumpleaños, un hecho que hizo coincidir con la publicación del que sería su último trabajo musical, Blackstar, un álbum al que daba título el símbolo de una estrella negra. Era su álbum número veinticinco y el primero en el que no aparecía en la portada (a excepción de su segundo disco con Tin Machine, Bowie siempre se mostraba de alguna manera en las carátulas de sus trabajos). En noviembre y diciembre del año anterior, el público había podido disfrutar de dos singles, “Blackstar” y “Lazarus”, que aparecieron con sendos videoclips muy elaborados y repletos de una rica simbología.

Ahora sabemos que Bowie se estaba despidiendo.whitestar1-2-baja

En las horas posteriores al fallecimiento del cantante las redes sociales se encargaron de amplificar su vida y obra a través de mensajes, recordatorios, vídeos, entrevistas antiguas, fan art… El ciberespacio resultó ser un escenario ideal para recordar la figura de un artista integral que se definía así mismo como narrador de historias que, las más de las veces, cantaba, pero que también pintó e interpretó. Lector ávido y confeso, utilizaba técnicas como el cut up para elaborar las letras de sus canciones.

¿Cómo no se nos iba a ocurrir organizar una antología de historias basadas en su exuberante universo? Él, que representó al alien visitante de la Tierra varias veces durante su vida, que encarnó a varios monstruos porque fue vampiro, Hombre Elefante y rey de los goblins, que se lanzó a las estrellas para iniciar y terminar su carrera, ha logrado crear tantos alias, tantas historias y tantas tramas tan íntimamente relacionadas con la fantasía y la ciencia ficción, que explorarlas era casi una obligación para quienes lo admiraban, por alguna razón o por muchas.

La antología que tienes entre tus manos no está compuesta por relatos convencionales porque Bowie tampoco fue un tipo convencional. Siguiendo su estela, los autores y autoras que se sumaron a la llamada que realicé, allá por enero del 2016, han tenido total libertad para imaginar mundos más allá de este que nos contempla. La premisa era sencilla: cada autor debía escoger una canción o un personaje del panteón del cantante británico en el que basar su creación. Vas a encontrar poemas, relatos de corte clásico y otros que alternan varios puntos de vista, artefactos que aúnan la imagen y el texto, y hasta singularidades, todos ellos en orden cronológico según la fecha de salida de la canción, película u obra de teatro en la que se inspiran. Vas a medirte con Ziggy, Jerome Newton, Aladdin Sane, Lazarus, Tesla y con el Comandante Tom, buscarás en el laberinto a Jareth, soportarás la inmortalidad con John Blaylock, acamparás en Marte, verás caer muros, contemplarás un desfile de seres mutantes y navegarás por las estrellas -¡Oh, sí, lo harás!- en las naves imaginarias creadas por escritores y escritoras de España, Uruguay, Argentina, Colombia y México.

Quiero agradecer a Cristina Macía por poner a nuestra disposición su casa, que es la editorial Palabaristas, y por traducir de manera magnífica el cuento que el autor británico-israelí Lavie Tidhar escribió especialmente para este proyecto. No tengo palabras con las que expresar mi gratitud hacia Lavie que ha demostrado que, además de un extraordinario escritor, es una persona con un gran corazón. Thank you, Lavie! Ana Díaz Eiriz, fiel diseñadora, ha conseguido crear una portada espectacular que captura la esencia del Bowie camaleónico que todos admiramos. Quiero agradecer también a mi compañera María Leticia Lara Palomino por su trabajo incansable en las labores de edición, y a Israel Alonso por ayudarnos cuando nos faltaban ojos e ir más allá. Sin ellos, este libro nunca hubiera sido posible.

Rafael Cervera no lo dudó cuando le propuse escribir un prólogo que estuviera a la altura de nuestra empresa. Su profundo conocimiento sobre la obra y la figura de Bowie es el ingrediente que faltaba para que este libro cumpliera su cometido y fuese un hermoso tributo a su legado.

Si Blackstar es el testamento musical de David Bowie, WhiteStar quiere ser una celebración de su trayectoria como artista. De ahí el nombre, una imagen en positivo del título de su último álbum. Por ello, todos los beneficios que se obtengan con la venta de este libro irán a parar a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC): ninguno de los que estamos involucrados entenderíamos nuestra participación de otra manera que no fuera solidaria ya que, desafortunadamente, todos hemos sentido en nuestras familias, grupo de amigos y conocidos, o incluso en nuestras propias carnes, el ensañamiento de esta enfermedad.

Por eso, este libro está dedicado a Pat Cadigan, una de las autoras más importantes de ciencia ficción en la actualidad y alguien que conoce muy de cerca la lucha contra esta dolencia. La forma valiente y llena de sentido del humor con la que afronta su lucha difícil y dolorosa nos enseña que el verdadero super-poder está en mantener una actitud positiva ante las circunstancias más adversas. ¡Y ella tiene super-poderes, damos fe!

Transformemos, pues, como ella el dolor y los sentimientos negativos en algo positivo y constructivo: imaginemos historias.

Estoy segura de que a David le hubiera gustado así.

Cristina Jurado

Dubai, septiembre de 2016

Reseña: “Pronto será de noche” de Jesús Cañadas

Esto no es una reseña: es la crónica de una lectura.

El libro descansa encima de la mesa. Su cubierta es sombría y desestabilizante, solo un par de símbolos en tonos oscuros, casi goyescos. Abres y el negro se traga tus ojos: hay un toro blanco en campo de noche con una cruz grabada a hierro. Paso la página y sigue la oscuridad.

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Foto de MeetMr.Campbell http://meetmrcampbell.com

Ahora es la osamenta de un carnero.

Arriba, la palabra “Insomnia”. Abajo, “Valdemar”.

Llega la historia y empieza la sed que me acompañará todo el camino. El papel irradia un calor infernal que me quema la glotis y araña mis cuerdas vocales: descubro la anatomía de mi propia garganta desde la primera página.

Intento salivar para aliviar la sensación de deshidratación.

No lo consigo y me dirijo a la cocina.

Me paro delante del congelador y meto la mano en el recipiente que mantengo lleno de cubitos de hielo. Tomo un par de ellos y me humedezco los labios. Sitúo los hielos sobre la lengua y dejo que se vayan deshaciendo, saboreando el agua fría que desprenden, dejando que los hilos de plata enjuaguen mi garganta sedienta.

Leo nombres: Samuel, Ruth, Alicia, Abreu, Alfonso, “el hippie”, Tote, David, Inés, el médico, Cándido, Gzhala.

Son los personajes.

Hay una carretera infinita.

El calor aplasta varias filas de coches contra el asfalto durante decenas de kilómetros, como una inmensa cremallera que rompe la tierra en dos y deja ver sus entrañas.

Puedo oír a las moscas sobrevolando las escenas de día, y a las cigarras estridulando desde los márgenes cuando la acción sucede de noche.

La muerte es la autoestopista de este viaje estático, una presencia inmanente que arropa a cada personaje con el amor de una madre entregada. Cada uno de los personajes tiene su infierno personal, que es su coche, en el que permanecen encerrados con una obstinación inexplicable.

Huele a neumático recalentado, a alquitrán derretido, a gasolina quemada, a orines y a sudor. La humanidad y el paisaje se van licuando en este corredor de la muerte a cielo abierto.

Se dejan sentir Cortázar y Rulfo, pero el drama podría ser también lorquiano, uno de esas tragedias que inciden en la raíz de nuestro inconsciente colectivo.

Cada noche trae un asesinato, y cada día, nuevos sospechosos.

Este thriller ibérico va dejando un reguero de cadáveres que empieza a apestar y yo solo quiero saber quién va a seguir vivo mañana. A veces parece que los personajes me estén gritando desde las páginas para que les ayude, para que les pase unos buches de agua, para que corra a la página 253 y les diga si Cañadas los ha indultado.

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Ninguno quiere morir, a pesar de estar sumergidos en un mal sueño, pegajoso, que no parece terminar nunca.

Voy contando esqueletos. Uno a uno, los personajes van cayendo, a veces solos… otras, viajan con más muertos en el maletero.

Hacia el final, hay un momento en que algunos abandonan sus coches y se adentran en la cuneta, recorriendo varios kilómetros para encontrar la locura bailando en unas ruinas cercanas. Los locos no tienen miedo a morir, como si eso les sirviera de amuleto contra la muerte.

Pero en esta historia nadie está a salvo.

Me pregunto si yo lo estoy.

Entonces escucho quejidos infantiles: uno, tres, quince… cincuenta y dos y, de pronto, las llamas envuelven la escena. El fuego me quema las pestañas si me acerco demasiado a las páginas, y huele a piel abrasada, a huesos calcinados, a grasa asada. Piras de cuerpos que se retuercen entre los naranjas y los amarillos, aullidos de dolor que rompen el silencio de la noche.

Quiero que el atasco termine de una vez, que los motores arranquen y me saquen de este tanatorio.

Quiero, necesito, me urge un final, aunque no sea feliz.

No me interesa que el protagonista encuentre el amor, o que alguna ayuda llegue. Solo quiero que esto termine, que la sed me abandone y que el dolor cese para los personajes.

Morir es hermoso, cuando la vida implica un sufrimiento inhumano.

Maldigo a Cañadas y los personajes lo maldicen conmigo. ¿No podías haber escrito una de aventuras? Sí, hombre, una de esas historias donde el bueno se redime después de pasar por incontables pruebas y los villanos se reconocen por su maldad cáustica.

En esta novela, todos pierden. Quizás lleven muertos mucho tiempo y este sea el limbo donde los has llevado para volverme loca, autor.

Llego a la última página.

La historia concluye en letras impresas, pero sigue desarrollándose en los recovecos más ocultos de mi mente.

¿Qué me has hecho, Cañadas?

¿A dónde me han llevado tus palabras?

He aprendido que el fin del mundo está a la vuelta de cualquier curva, que no hace falta castillos embrujados o casas encantadas para que el mal se ponga al volante de la realidad.

La realidad es el mal, Cañadas, y tú, su escribiente.

Afuera, las sombras se dilatan y devoran los contornos de mi campo de visión. Permanezco acurrucada algún tiempo, en el suelo de la cocina, cerca de mis reservas de agua. Si me muevo, sé que los muertos del libro vendrán a visitarme, estoy segura. Sus figuras se recortarán contra la luz mortecina de este atardecer y me pedirán explicaciones ¿por qué no nos ayudaste? ¿por qué seguiste leyendo?

Resistiré aquí hasta que la luz desaparezca y no puedan formarse ante mis ojos, por eso los mantengo cerrados.

Cuento los minutos para poder entrar en la seguridad que proporciona la oscuridad.

El libro me acompaña en este suelo, objeto repulsivo del que no puedo desprenderme.

Entreabro los párpados y empiezo a calmarme.

Parece que, pronto, será de noche.

“La polilla en la casa del humo” de Guillem López

Esto no es una reseña, es una experiencia lectora.

Foto por Meetmrcampbell ( http://meetmrcampbell.com )

Guillem López – Foto por Meetmrcampbell ( http://meetmrcampbell.com )

He terminado La polilla en la casa del humo de Guillem López (editorial Aristas Martínez) y las manos se me han quedado pegadas al libro.

Mis yemas se han ido derritiendo conforme leía y ya no recuerdo cuándo se fusionaron con las cubiertas de la novela. Las extrañas formas que aparecen en la portada las están devorando y, muy pronto, mi espíritu terminará en el estómago metálico de alguna criatura del inframundo.

No recuerdo haber leído un western subterráneo antes, una historia en plan Solo ante el peligro bajo tierra, aunque el peligro sea el protagonista. Sí, ese que tiene nombre de número.

Veintiuno.

21.

Siento debilidad por los personajes despreciables, qué le voy a hacer.

Veintiuno es lo peor de cada casa, la cicatriz de todas las familias, la sal que se vierte sobre la herida recién hecha, la alucinación que te monta un oasis donde solo hay desierto, el correveidile, el alcahuete, el Judas adolescente, el Holden Caufield que guarda los campos de centeno.

Es tan canalla, tan lógicamente ruin que quieres hacerte una camiseta que diga “Todos somos Veintiuno”.

Es el lugarteniente del malvado, resentido por carecer de protagonismo, que quiere quitar al jefe de en medio.

Es el chaval del que han abusado en su juventud y que se endurece a fuerza de palos.

Es el segundón, el eterno Nº2 que quiere ser el Nº1. Tal vez el nombre se componga de ambos números por eso.

Podría sentir simpatía por él y todo.

Solo que su perversidad es tan sólida como los muros que lo rodean y entre los que se ha criado, un mundo ciego, sin horizonte, un mundo donde cualquier punto de luz es un milagro, donde la vida es casi una anomalía porque el entorno es tan hostil que, apenas sin darte cuenta, te curte hasta que te conviertes en un muro de piedra.

Podría sentir simpatía por él y todo.

Solo que puedo olerlo desde aquí, y aunque mis yemas están pegadas al libro y no puedo taparme la nariz, la arrugo con la esperanza de que la hediondez que emana de Veintiuno pase de largo.

Cuanto más leía, más me atrapaban las arenas movedizas que son sus páginas. El mundo de los topos humanos, o los humanos topos, se cierra como un cepo sobre mis carnes.

Y ya no sé si leo sobre Veintiuno o sobre mí.

Y desconozco si la polilla soy yo o si alguna vez lo fui.

Quiero arrastrarme hacia la luz que hay al final de este túnel sinuoso y eterno que esta novela.

No quiero acabar enterrada viva.

O, quizás, la polilla ¿eres tú?

 

Literatura pulp feminista: “Vanth”, primer título de la colección Pulpería

Rara es la ocasión en la que publico un post sobre alguno de mis trabajos como autora. Me cuesta aún reconocerme como una, y no por falsa modestia, sino porque escribir es una actividad que me impone mucho respeto. Va siendo hora de que eso cambie. Por eso no voy a hablar de una novela o antología de otro: voy a hablar de Vanth.Portada Vanth

Hace unos meses el colectivo Sisterhood Madrid y la editorial Ofegabous se pusieron en contacto conmigo porque se traían entre manos organizar una nueva colección. “Pulpería. Literatura popular feminista” es una colección de historias ilustradas auto-conclusivas de temática pulp y feminista, al modo de los fanzines que el colectivo ya edita. El objetivo era llenar un “vacío existente dentro de la ficción feminista en lengua castellana y la necesidad de inyectar en el imaginario colectivo referentes que faltan, porque la representación es importante para el empoderamiento”, en palabras de mi editor Curro Esbrí.

Pensé inmediatamente en Vanth y les envié una breve sinopsis de la historia. Les gustó y le siguió el relato completo. En poco tiempo me comunicaron que ya tenían a una ilustradora en mente para traducir a dibujos mi cuento: era Ana Galvañ. Como admiradora de la obra de Ana, casi no podía creerlo, y aún sigo repitiéndome de vez en cuando que no se trata de algo soñado, que las ilustraciones existen y están publicadas en el libro.

Escribí Vanth para explorar una temática con sabor Lovecraftiano pero como contrapunto a la ficción del de Providence: si Lovecraft era un reconocido misógino y apenas había mujeres en sus historias, y si todo lo que tuviera que ver con el sexo le producía repulsión, yo iba a escribir una historia con una protagonista femenina y en el que el acto sexual fuera fundamental para la trama. Vanth es una criatura primigenia que se nutre del dolor de sus víctimas, una especie de vampira del padecimiento ajeno. No se la puede juzgar con las leyes morales de los hombres porque ni siquiera es humana. Simplemente, ES. Utiliza la prostitución como una estrategia para acercarse a sus presas y cazarlas. De esta manera se invierten los roles tradicionales de esta práctica y la víctima tradicional se transforma en depredadora, mientras que el cliente se convierte en la captura.

Contra Vanth

 

Irónicamente se da la circunstancia de que su víctima es un candidato en plena campaña electoral, un tema muy en consonancia con el actual clima político que se respira en España. El nombre de “Vanth” proviene de una demonio de la mitología etrusca, a la que se representaba alada y con el  pecho descubierto, y que acompañaba a las almas en su viaje al submundo junto al primitivo Carun (Caronte).

Espero que disfrutéis con esta historia inquietante o que, al menos, no os deje indiferente. Podéis haceros con ella en la web http://sisterhoodmadrid.bigcartel.com/product/vanth-cristina-jurado-y-ana-galvan-pulperia-2016, así como en librerías de las principales ciudades del territorio, que os iré detallado por aquí.

La presentación tendrá lugar mañana, día 3 de junio, en la librería MOLAR C/Ruda, 19 Madrid (Metro: Puerta de Toledo) a las 7:30 pm en el que intentaré estar vía satélite (¡siempre quise decir esto!) y contará con un estupendo concierto de Abigail y la Cosa del Pantano.

Aquí os dejo un extracto, para abrir boca.

 

“Ella se relame. Él interpreta el gesto como una provocación excitada y la agarra del pelo hasta levantarle la barbilla. Ella ríe al sentir sus embestidas y murmulla una cancioncilla en un lenguaje que él no entiende, seguramente alguna tonada procaz del rincón mísero del que proviene. Sube el tono y él se excita aún más imaginando las fantasías procaces que ella le canta.

Su interior es viscoso y templado. No encuentra el fondo y eso le extraña. Normalmente, cuando empuja, suele sentir el glande contra el cuello de la matriz, pero ahora no percibe nada al final.

Esa vagina es una mina ciega excavada en la carne.

Sigue bombeando con el apetito que despierta el cántico que ella entona. Se plantea darle una hostia para exigirle que se calle, pero duda de que lo entienda y probablemente esté acostumbrada al abuso.

Estos pensamientos preorgásmicos electrizan su cuerpo y lo mantienen en una especie de efervescencia sensorial. Pero tanta dilatación interna, en vez de excitarlo más, lo turba, no encuentra normal esa desproporción en una hembra de curvas escuetas, no hay formas voluptuosas en ese cuerpo que justifiquen esa caverna.

Algo no va bien. Se angustia y la golpea. Un revés sonoro y contundente, como una buena promesa electoral. La expresión de la joven no cambia, sigue anclada en algún lugar lejano del interior del tipo que se la trajina.

Ella canturrea sin detenerse en aquel idioma desconocido que ahora le suena a la estridulación de cien chicharras, abriéndose camino entre las circunvoluciones de su cerebro para tomar posesión de él. Una vez instalado el ruido infernal, el pánico no tarda en aparecer, atraído por las perturbaciones que comienzan a producirse en su cuerpo, el del copulador.”

(Vanth, Pulpería, 2016)

 

 

Alucinadas II: las autoras a la conquista de un lugar propio en la ciencia ficción en español

La espera por fin ha terminado y tengo entre mis manos Alucinadas II, la segunda antología de relatos de ciencia ficción escritos por mujeres en español que Palabaristas y Sportula publicarán esta misma semana. Siento emoción al comenzar a leer y recuerdo aquella primera antología, la que apareció en diciembre del 2014, que ayudé a editar y que tantas alegrías nos ha dado. Me maravilla que la máquina siga en marcha, que más autoras hayan acudido a la llamada, y que nuevas voces —y otras no tan nuevas— nos descubran historias tan originales como bien escritas.alucinadas_ii_4985_txZZt4fR

Las editoras de esta obra, Sara Antuña y Ana Díaz Eiriz, han seleccionado relatos de gran calidad, que trasportan al lector a distopías, a Tierras futuras, a planetas alejados pero extraordinariamente parecidos al nuestro, a siglos pasados alternativos, y a lugares fuera del espacio y el tiempo. La estupenda portada, obra de Díaz Eiriz, representa un rostro alienígena que contempla a quien tiene enfrente, desde el infinito de sus ojos, y que intuimos es de un ser femenino. Esta ilustración representa perfectamente la idea de la femineidad como pilar del universo (nótese la torre en la que aparece que reposan los nombres de las autoras).

Después de una introducción ingeniosa y muy esclarecedora de parte de las editoras, Susana Arroyo y Silvia Schettin —FataLibelli— desarrollan uno de los mejores prólogos que he leído en mucho tiempo. No es raro, puesto que tienen práctica con los estupendos textos con los que introducen las obras que publican. En este ahondan en la dinámica histórica del negocio literario, concretamente en el papel fundamental de las narradoras a la hora de establecer un género como el de la novela en el siglo XIX. Arroyo y Schettin explican cómo la popularidad que fue adquiriendo este género implicó su progresiva “masculinación”, y los nombres y esfuerzos de las escritoras comenzaron a verse relegados hasta ser casi completamente ensombrecidos por el de los escritores.

La antología se abre con el relato ganador del premio de esta edición: “Historia y cronología del universo” de la granadina Almijara Barbero Carvajal. Con un estilo preciso y valiente, y sabor a Bradbury, a Pratchett y a Cortázar, la autora crea una cosmogonía que a veces es sueño, otras, un espectáculo de sombras chinescas, a ratos, fábula y siempre, un relato weird. Esta es una narradora a quien conviene seguir la pista.

“Wirik Es” es el cuento de la argentina Alejandra Decurgez, que ya se quedó a las puertas de entrar en la antología anterior con una historia ambientada en el mismo universo de seres híbridos creados para satisfacer las necesidades de los humanos. La escritora demuestra que sabe crear una atmósfera inquietante mediante personajes que, a pesar de no ser humanos, despliegan las mismas emociones y miedos: El Otro, a fin de cuentas, no es tan diferente. Y ¿no seremos nosotros el Otro?

“Las dos puertas de Tebas” de MA Astrid es una historia ciberpunk en la que la trama avanza a través de un potente flash back. Genios de la programación, poderosas corporaciones, conspiraciones para controlar recursos poderosos, asesinatos, mentiras y una acción vertiginosos son los ingredientes de esta historia.

La autora cubana Maileis González Fernández firma “Seudo”. En este relato se adivinan ecos de Borges (ese mundo lleno de niveles, como aquella otra biblioteca infinita) y de Aldous Huxley, y se describe una sociedad distópica que habita el Gran Edificio, compuesto por un número indeterminado de pisos a los que se accede a través del Ascensor. En esta civilización la biotecnología consigue modificar la fisiología humana para crear seres que no necesitan comer o dormir, inhibidos sexualmente para realizar tareas perennes.

“Francine (borrador para la conferencia de setiembre)” de María Antonia Martí Escayol es una deliciosa historia que rezuma Steampunk y especulación filosófica, una de las señas de identidad de la ciencia ficción más comprometida. Como el título indica, la historia se despliega en forma de borrador de un texto divulgativo, con voluntad y estilo objetivos. Sin embargo, esa objetividad formal no impide a la autora abordar en profundidad temas de antropología filosófica con una delicadeza admirable.

Laura Fernández en “¿Acaso soy una especie de monstruo, señor Pallcker?” es capaz de hacer una de las cosas más difíciles en ciencia ficción: utilizar el humor como instrumento de crítica social y cultural sin caer en fórmulas agotadas. La catalana construye una aventura detectivesca delirante, plagada de estereotipos y situaciones surrealistas, que demuestra que es posible contar historias ocurrentes sobre planetas lejanos con originalidad e inteligencia.

“El ídolo de Marte” de la mallorquina Julia Sauleda Surís explora el sentimiento de soledad y aislamiento del ser humano. Se trata de narrar la historia de seres humanos inadaptados, gentes que después de una larga trayectoria lejos de sus hogares se transforman de tal manera que, una vez de vuelta, son incapaces de asumir sus vidas antiguas, todo ello aderezado con las notas de xenofobia ante otra especie inteligente diferente.

“¿Quieres jugar?” de Verónica Barrasa Ramos sumerge al lector en una historia ciberpunk con referencias a Matrix o Mr. Robot, donde las apariencias engañan y la realidad puede ser mucho más compleja de lo que parece en un principio. De nuevo, como en los otros cuentos ciberpunk de la antología, las relaciones personales son el desencadenante de los conflictos que cuestionan esa realidad.

La madrileña Sofía Rhei es la única autora incluida en la anterior antología de Alucinadas que suscribe un cuento en esta: “Informe de aprendizaje”. De nuevo encontramos un interés por el lenguaje, esta vez aplicado al mundo de la traducción inter-especies. Contada con humor y con el buen hacer de la autora, como si de un informe se tratara, consigue desmenuzar las particularidades culturales de una raza alienígena inteligente, desde el punto de vista de las relaciones sentimentales y sociales que se forman en el proceso de aprendizaje de un idioma altamente complejo.

La antología se cierra con “Cuestión de tiempo” de Susana Vallejo. El monólogo trastornado de una persona torturada nos introduce en las vidas de un grupo de hackers hasta descubrir una red de intereses creados para controlar tecnologías capaces de manipular y controlar a las masas. Es una narración valiente, muy bien contada, en primera persona, y sin pausas que atrapa al lector, y es capaz de transmitir el delirio de una persona bajos los efectos del dolor y las sustancias químicas.

En resumen, Alucinadas II es una magnífica playlist de historias con temáticas de plena actualidad en la que los lectores encontrarán buen hacer de la mano de un puñado de autoras de ambos lados del Atlántico. No os la podéis perder en su versión digital a través de Lektu o en papel en la editorial Sportula.

 

 

 

 

 

 

 

Crowfunding para la edición argentina de”Alucinadas”

La antología Alucinadas (Palabaristas), editada originalmente en diciembre de 2014, sigue cosechando éxitos: no solo las ventas y las críticas demostraron que el nivel de los relatos seleccionados era muy alto, sino que la nominación a mejor antología en los pasados Ignotus y la concesión del premio en la categoría de mejor relato al escrito por una de las “alucinadas” (“Casas Rojas” de Nieves Delgado), propiciaron que la editorial Sportula se lanzara a su edición en papel. El año pasado, una campaña de crowfunding consiguió los fondos suficientes para que la obra esté siendo traducida al inglés por Sue Burke y Lawrence Schimel, y se espera su lanzamiento eslora en la próxima convención internacional, la BCon 2016, que se celebrará en Barcelona el próximo mes de diciembre.

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Con estos antecedentes, la editorial argentina Ayarmanot, dirigida por otra de las autoras de la antología -Laura Ponce-, se ha decidido a abordar su publicación en Argentina. Los elevados precios de una tirada en formato físico en aquel país han obligado al sello a buscar financiamiento mediante una iniciativa de micromecenazgo, través de la plataforma Panal de Ideas.

Desde aquí queremos apoyar esta iniciativa que está dando la vuelta al mundo: podéis ayudar a que esta antología sea conocida en uno de los países latinoamericanos con más tradición de literatura fantástica, además de apoyar a la visibilidad de las autoras de ciencia ficción en español.

Cualquier contribución será bienvenida, así como su máxima difusión. ¡Vosotros, también podéis ser “alucinados”!

 

Fade Out

“The Bowie will never be gone” son las palabras que llevo repitiendo como un mantra desde que la noticia me aplastó contra el suelo hace dos días.

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Como dice una amiga mía, es muy difícil explicar para los que no lo entienden, por qué estamos tan tristes con el fade out elegante de Bowie: tendríamos que educarlos y eso deberían haberlo hecho sus padres.

Bowie es admirado y reverenciado porque encarna al artista total que, al final, es con lo que sueñan (en mayor o menor grado) todos lo que tienen un mínimo de sensibilidad hacia la cultura.

Que era una ser creativo que habitaba su imaginación, es constatar lo obvio. Solo hay que pasar revista a sus continuas puestas en escena: Mayor Tom, Ziggy Stardust, Saladdin Zane, the Thin White Duke (un trasunto de The Man Who Fell to Earth), el Pierrot de Scary Monsters, el Hombre Elefante, el Rey de los Goblins, Buddha of Suburbia, el vampiro en The Hunger, Poncio Pilato de La Última Tentación de Cristo, Nikola Tesla en The Prestige, Andy Warhol en Basquiat, y hasta Maltazard en Arthur and the Minimoys.

Porque David Bowie era una continua puesta en escena de David Jones, un reinventarse siempre respaldado por un sólido proceso creativo, una actividad que no dejó de estar salpicada por las drogas y los excesos en muchos momentos de su carrera, pero que se mantuvo fiel a su esencia: rock, soul, psicodelia y pop.

“The Bowie” nunca dejó de probar maneras alternativas de apelar a la sensibilidad del prójimo a través de su música, de sus manierismos estéticos, de álbumes diseñados al milímetro con un desprecio hacia lo manido, lo ya explotado, lo que olía a rancio. Era espectáculo en estado puro y, como tal, necesariamente popular en lo práctico, aunque en lo teórico insistiera en distanciarse de la comercialidad uniformadora que arruina muchas veces el arte. Era un lector compulsivo, cultivaba la pintura y las artes gráfica, y escribía. Sorprendía con canciones elaboradas, utilizando técnicas como el cut-up para escribir las letras o experimentando con sonidos inesperados e inquietantes.

Con dieciséis años le dijo a sus padres que quería ser una estrella pop: no se convirtió en una, lo fue. Y consiguió ser y no pretender, sin dejarse manipular en exceso por los intereses de las discográficas, absorbiendo formas de expresión poéticas (visuales o musicales) y regurgitando criaturas igualmente líricas, que alguna vez conocieron el éxito comercial, pero que casi siempre contaron con la bendición de la crítica.

Lo anterior no quiere decir que los críticos siempre se pusiera de su parte, que no obedeciera alguna vez en los dictados mercantiles de la industria, o que le hiciera ascos al dinero y al éxito empresarial: consiguió amasar una importante fortuna gracias a la gestión inteligente de su producción musical y a inversiones que, aunque a veces no fructificaran a corto plazo, consiguieron reportarle jugosos beneficios a la larga. Se convirtió voluntariamente en un producto eficaz. No en vano, en el famoso cuestionario de Proust que contestó para Vanity Fair, a la pregunta “¿quiénes son tus héroes en la vida real?” él contesto “El consumidor”.

Lo que le hacía especial es que conseguía, de una manera extraña e inexplicable, que quienes escuchábamos su música nos sintiéramos especiales, porque conectaba con aspectos marginales de nuestras personalidades en momentos clave. Bowie ponía letra a nuestras obsesiones, encarnaba nuestros miedos, desenterraba a nuestros fantasmas en sus vídeos, ponía a bailar nuestros delirios, nos hacía desearlo como alienígena, vampiro o rey de los goblins.

Era todo lo que se proponía, porque se soñó a sí mismo y el sueño se hizo real. Quienes no tememos los excesos sugeridos por la imaginación, le comprendimos y nos sentimos comprendidos por él. Esa bilateralidad formaba parte de su encanto y de su poder de atracción sobre el consumidor.

Y no soy la única que pensaba que, no es que él fuera especial, es que nos hacía sentir especiales. Aquí va este maravilloso post del blog de Susana Vallejo.

“The Bowie will never be gone”