Hambre

Este cuento apareció publicado por primera vez en la Revista SuperSonic #1, dentro de la iniciativa «Desahucio en Marte» en la que participaron Santiago Eximeno, Ricardo Montesinos, Juanfran Jiménez y una servidora. Ahora podréis encontrarlo en breve en la antología Distópicas (y su melliza, Posthumanas), ambas seleccionadas por Lola Robles y Teresa López-Pellisa en la editorial Eolas.

Ilustración de Marina Vidal @marimbavidal

Alabama había ido a morir a Marte. Alguna vez, imaginando cómo serían sus instantes finales, se veía flotando en la tranquilidad artificial que las drogas le proporcionarían. No habría dolor, estaría relativamente cómodo en su cabina, quizás ya sin movilidad, y tendría la conciencia tranquila al saber que su familia estaba disfrutando de una situación desahogada. Los visualizaría en Orbis, la isla flotante patrocinada por la Entente Euro Rusa, con vivienda propia y sin estar sujetos al racionamiento forzoso para la mayoría de la población de la Tierra continental.

Recordó que tenía hambre. No se trataba de ganas de comer o necesidad de llevarse algo a la boca por sentir cierta debilidad. Era un apetito desmesurado, infinito, una sensación primaria que lo hacía aferrarse a la vida de cualquier manera, y que le había hecho llegar a reconocer cada milímetro de las paredes de su estómago. 

La ventana, estrecha y larga, que recorría el muro izquierdo de la sala común mostraba el arenal de la pradera marciana. Las formaciones rocosas encarnadas que les habían dado la bienvenida durante el amartizaje seguían en sus mismas posiciones, acechando desde la distancia, espectadoras del proceso de deterioro de la tripulación desde el otro lado de los cristales.

Mirar por la ventana era como asomarse a sus propias vísceras rojizas y yermas. El desierto estaba dentro de él, y sus entrañas no eran sino un páramo descolorido de materia orgánica en descomposición que le producía mal aliento y constantes espasmos abdominales.

El panel LCD de recreo mostraba un musical, un género que ya no estaba de moda pero que entusiasmaba a Alabama y lo único que conseguía calmar su hambruna. Además, le divertía ver sobreactuar a los actores cuando empezaban sus canciones en medio de la trama. A Tenerife no le gustaban y, cada vez que los programaba, se pasaba un buen rato burlándose de él. Ella prefería los documentales sobre la historia antigua de la Tierra, que solo conseguían aburrir a Alabama. 

Se dirigió hacia la minúscula cocina de la sala común y llenó un par de cuencos con la sopa que esperaba entre trozos de carne en una pequeña cazuela de acero inoxidable. Los puso encima de la bandeja quirúrgica que había tomado prestada del laboratorio y añadió un vaso medio lleno de agua, canturreando la canción del número principal del musical. 

Entró en la cabina de Tenerife y la vio tumbada sobre su litera, con la espalda contra el cabecero, estudiando el techo corrugado.

—¡Hora de almorzar!

Ella negó con la cabeza.

—No seas cabezota. Tienes que comer.

La voz de ella era un susurro enfermizo que no entendió. Él se sentó junto a ella con la bandeja sobre las rodillas, tomó uno de los cuencos y empezó a sorber la sopa. 

Tenerife se llamaba Ana, pero en la misión todos se conocían por la ciudad que los había visto nacer, aunque Alabama nunca había revelado su verdadero nombre y nadie había conseguido descubrirlo en los archivos del viaje. Cracovia presumía de haber iniciado la tradición, pero ninguno de ellos lo recordaba, a pesar de que insistía en que le reconocieran aquel honor. 

Cracovia “Crack” era ingeniero de algo, como la práctica totalidad de los miembros de la tripulación. También lo eran Tenerife, Alabama, Vorónezh, Caen y Upsala, pero Cracovia era además el jefe de la expedición, como a él le gustaba apuntar. Triste gloria, solía pensar Alabama. 

—La cámara frigorífica no ha vuelto a dar problemas desde que reparé la fuga de gas. Creo que aguantará. 

Ella permanecía con la mirada perdida en lo alto. Llevaba varios días en aquel estado de somnolencia, abandonada a los delirios de una mente que ya no se encontraba en Marte, sino reparando paneles solares en una colonia con forma de criatura alada.

Él terminó y arrimó el otro cuenco a la mujer, que apartó la cara. Insistió e inclinó el recipiente ligeramente a la altura de los labios para que el líquido entrase en la boca.

—No tienes que comer los tropezones, pero necesitas beber el caldo para mantenerte fuerte. Has pedido mucho peso. 

Las lágrimas resbalaron por las mejillas de Tenerife y cayeron en el mismo cuenco. 

Alabama pensó que aquello era un desperdicio. Cazó con los dedos los tropezones que flotaban a la deriva y los engulló. Mientras masticaba recorrió el cuerpo de la mujer. Sus ojos viajaron por la curva de los glúteos en busca de las últimas reservas de grasa. Se entretuvo en las arrugas del pantalón de deporte, fantaseando que hubiera piel y músculo detrás y no solo un frunce traicionero de la tela. Había perdido la esperanza de rescatar las lorzas de la cintura. Las había saboreado en sueños cientos de veces, acompañadas de una pizca de sal que Leverkusen había logrado sintetizar en el laboratorio.

—Alabama no es una ciudad de Euro Rusia—, le había dicho ella cuando los presentaron en la base de entrenamiento de la misión. 

—Nací en el “USS Alabama”.

Por aquel entonces, antes de emprender el viaje, la canaria no tenía aspecto de estar muriéndose. Su piel aún mostraba el lustre de un bronceado reciente y el síndrome se mantenía casi invisible. 

—¿Un portaaviones norteamericano?

—Era un montón de chatarra que los de la Entente compraron en el mercado negro. Nunca alcanzaba la velocidad de crucero oficial— contestó él tendiéndole la mano—. Por eso no llegamos a tiempo a Orbis y mi madre parió a bordo. 

La mano paliducha de Alabama contrastaba con el color canela de la de ella. Esa misma noche durmieron juntos por primera vez, faltándoles el tiempo para darse placer. Tenerife no era guapa, ni siquiera atractiva. Tampoco podía decirse que fuera excesivamente simpática o inteligente. No llamaba la atención por ningún aspecto de su físico o de su personalidad, pero a él le volvía loco. Desde el instante que la conoció, no volvió a acordarse de su mujer y las imágenes de su hijos se le presentaban en sueños disociadas de las de su madre. Los sentimientos, al fin y al cabo, no eran más que el resultado perceptible de una reacción química a nivel molecular.

A la canaria le habían detectado el síndrome en el Consulado Chino, cuando intentaba obtener un visado para llegar a Lóng, la colonia flotante china más próspera de la Tierra. 

Era una dolencia rara que afectaba únicamente a quienes habían seguido el programa masivo de entrenamiento espacial, diseñado para preparar a los habitantes de las futuras colonias. Se desconocía su origen, aunque las investigaciones preliminares apuntaban a una mutación genética que, en las condiciones de gravedad artificial de las instalaciones espaciales de entrenamiento, desencadenaba una cascada fisiológica que producía la degeneración acelerada del organismo. La esperanza de vida era de dos años terrestres desde la aparición de los primeros síntomas. La lotería de la muerte, la llamaban.

Upsala le había contado, en su tosco ruso, que se había hecho hipnotizar para poder sobrellevar la noticia. Tenerife nunca se creyó a la sueca, aunque Alabama sospechaba que simplemente sentía celos. Upsala era alta, rubia y tenía aspecto de poder correr triatlones todos los días. Había sido la primera en morir y, desde su desaparición, el carácter de Tenerife se volvió agrio y distante con la mayoría, aunque seguía accediendo a acostarse con él.

Continúa en «Hambre», SuperSonic #1, disponible en Lektu o en Amazon

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#LeeOrgullo

La iniciativa #LeeOrgullo tiene por objetivo promover la lectura de autoras y autores LGTBI+ y de libros con temática y personajes del colectivo durante el mes de junio (de este junio y todos los junios).

¿Por qué el mes de junio?

Porque junio es el mes del Pride, donde conmemoramos en 2019 los 50 años de los disturbios de Stonewall (28/6/1969), el día en el que, desde entonces, enarbolamos nuestras banderas de diversidad con orgullo. También porque en junio se produjo la masacre en la discoteca Pulse (12/6/2016) de Orlando, donde fueron asesinadas 50 personas.

¿Por qué ahora un #LeeOrgullo?

Porque la comunidad LGTBI+ continúa oprimida, porque aunque en España vivimos en una casi igualdad legal, esta es aún una quimera en la realidad. Un par de datos: en 2018, solo en la Comunidad de Madrid se registró, casi una denuncia al día por delitos de odio por orientación sexual, identidad de género o expresión de género. En el primer trimestre de 2019, en Barcelona se recogieron el doble de agresiones que el mismo período del año anterior. Y esto son solo las agresiones que se han denunciado.

Pensemos en los casos de acoso en las escuelas a jóvenes por ser «maricas» o «bollos» que cada año se salda con varios suicidios de adolescentes. Pensemos en los graves problemas de inserción social y laboral de las personas trans, en especial las mujeres, que acaban, demasiadas veces, en la marginalidad y la prostitución.

Pero si abrimos la mirada al resto del mundo, vemos que en al menos 80 países es delito tener sexo con personas del mismo sexo y que en 8 de ellos se paga con castigos físicos y pena de muerte, como por ejemplo la lapidación. En el continente americano han sido asesinadas cerca de mil personas trans desde 2015. En Europa, la situación empeora en países como República Checa, Polonia, Hungría o Rusia. En Chechenia existen campos de concentración para homosexuales, donde fue torturado y asesinado, por ejemplo, el cantante ruso Zelimkhan Bakaev.

La igualdad de derechos es un hito que muy pocos países han conseguido y la opresión sobre el colectivo sigue viva y en aumento. Por todo ello debemos continuar luchando y visibilizando. Junio es nuestro mes, el mes en el que nos sentimos más orgullosas/es/os que nunca de ser como somos, de luchar por nosotras/es/os y por los que no pueden luchar por sí mismas/es/os. Es por eso que arranca #LeeOrgullo, para poner otro grano de arena a la lucha desde la literatura.

Proponemos

Os proponemos leer autoras y autores LGTBI+ y libros con temática y personajes que den visibilidad a la diversidad al colectivo. Os proponemos hablar de todo ello en redes, en medios, en blogs, en podcasts y videos. Os proponemos difundir  #LeeOrgullo.

Proponemos a las editoriales que durante este junio, y todos los junios, promocionen la diversidad desde sus catálogos.

El movimiento arranca aquí, pero queremos que sea vuestro. Nos gustaría que lo hicierais vuestro y desarrollarais aquellos aspectos que os atañen o interesan más.

La diversidad

Queremos que sea un movimiento abierto, donde puedan encontrar sitio todas aquellas visiones que escapen de la heteronormatividad. Queremos leer sobre la diversidad, conocerla y profundizar en ella.

Somos una comunidad compleja, incluso con visiones contrapuestas de lo que somos o debemos ser. Si crees que nuestro discurso no te incluye, escríbenos y lo mejoraremos.


Elio, Maya y Hugo y el inicio de su aventura

Quienes han leído Bionautas, publicado por la editorial Cerbero, me han preguntado por algunos de los personajes que parecen en la novela. Y como existe una precuela, Del Naranja al Azul, hoy descatalogada, he pensado que podría interesar poner cara a los personajes y conocer el inicio de su historia. Por eso, os presento a Maya, Elio y Hugo, y os dejo el primer capítulo de Del Naranja al Azul (2012).

Maya
Elio
Hugo


DEL NARANZA AL AZUL

Capítulo I

El reencuentro

–Yo, con este tío, no trabajo- dijo Maya mirando nerviosa al suelo. Hugo la observaba fijamente mientras el capitán Gross doblaba los mapas y el resto de documentos esparcidos desordenadamente sobre la mesa. Gross dejó las hojas y se dirigió a ella con vehemencia.

–No le estoy pidiendo que trabaje con él ¡se lo estoy ordenando, teniente! Hugo es probablemente el mejor rastreador del Sector 8. Tiene muchos contactos entre los bionautas y no podemos desperdiciar esta oportunidad para poder infiltrarnos y desmantelar sus redes de suministro en la zona.

El capitán la miraba con expresión tensa mientras hablaba. Se trataba de un tipo bien entrado en la cincuentena que un día fue de complexión atlética pero que ahora ocultaba su abultado vientre en unos pantalones de deporte y una sudadera. Llevaba el cráneo rapado para disimular un avanzado estado de calvicie y su piel curtida por cientos de horas jugando al golf a pleno sol le daba aspecto de un veterano lobo de mar. Acostumbraba a aguzar la mirada con impaciencia, como si siempre tuviera algo mejor que hacer que escuchar, un hábito que solía generar nerviosismo en los demás.

Finalmente Maya levantó la mirada. Seguía sintiendo la intensidad de los ojos de Hugo, el Rastreador y la tercera persona en el cuarto, fijos sobre ella. Notaba que el rubor empezaba a extenderse por sus mejillas y no podía dejar de odiarse por permitir que aquella presencia la perturbase tanto.

Hacía años que no se veían y no sabía nada de él. Aunque regularmente le llegaban noticias sobre los rastreadores que operaban en aquel sector, y entre ellos se mencionaba el nombre de Hugo, nunca se le había ocurrido asociar aquel nombre con el de quien había sido su pareja. Su sorpresa cuando lo tuvo frente a ella casi le había impedido reaccionar.

Él seguía siendo alto, fibroso y de tez pálida, y su cabello ofrecía la misma tonalidad negra de la obsidiana, tal y como ella lo recordaba. Impecablemente vestido con unos pantalones negros y una camisa gris oscuro, parecía un personaje sacado de una película en blanco y negro, a no ser por el toque de color de sus ojos azules.

Bien pensado no le extrañaba que fuese uno de los rastreadores más prósperos del sector. El informe que tenía entre sus manos confirmaba que Hugo se ocupaba, como todos los de su gremio, de organizar cargamentos de materias primas y recursos terrestres a cambio de retribuciones de distinto tipo. Se había especializado en abastecer a los bionautas, obteniendo importantes cantidades de generadores portátiles.

Pero ¿qué se podía esperar de un ser tan despreciable? Y ahora tenía que trabajar con él. ¡Qué ironía del destino! O más bien, qué jugarreta, porque de todos los rastreadores del sector había tenido que ser él quien se cruzara de nuevo en su camino. ¡Después de lo que le costó deshacerse de su recuerdo!

Maya podía sentir que él estaba disfrutando con aquella situación y que, sin duda, la había anticipado en cuanto descubrió que ella era la especialista en comunicaciones de la resistencia.

De reojo sentía cómo continuaba mirándola, intimidándola aún más. Mientras escuchaba con disgusto al capitán, esperaba que Hugo no estuviera notando su nerviosismo.

No podía pensar con claridad pero comprendía que debía hacer o decir algo para poder salir de aquella situación tan incómoda. Solo estaba segura de que no quería trabajar con él o, más bien, de que no podía.

–Perdone capitán, pero yo no puedo trabajar con este … rastreador. No es de confianza– aseguró Maya.

Oírse decir aquellas palabras casi la sorprendió. Por un momento había sentido como si otra persona las hubiese pronunciado.

Al capitán Gross no le gustó aquella interrupción. Estaba cansado de dar más explicaciones de las necesarias, de ser siempre políticamente correcto y de tener que preocuparse por no herir los sentimientos de sus suboficiales. ¿A dónde había ido a parar la antigua disciplina militar? Antes los sentimientos no contaban en la tropa, solo las órdenes. Pero ahora todo era diferente y cada decisión tenía que ser justificada sin fin, de forma que era cada vez más difícil actuar de manera productiva.

Se estaba haciendo tarde y, si no se daba prisa, no dispondría de luz suficiente para golpear algunas bolas antes de la cena. Lo único a lo que no se sentía dispuesto a renunciar era a sus prácticas de golf, por encima incluso de su labor de liderazgo en la Resistencia.

El capitán enarcó las cejas y procurando que su voz sonara lo menos contrariada posible le preguntó.

–Y…  ¿puedo conocer la razón de su desconfianza, teniente?

Los miró sucesivamente y de inmediato pudo percibir la tensión entre ellos.

 –¡Un momento!– exclamó Gross mientras reunía más papeles entre sus manos–. Ustedes ya se conocían, ¿no es cierto?

–¡Escuchen los dos!– prosiguió mientras introducía con gesto exasperado el montón de hojas en su desgastada cartera negra–. No me importa si son primos lejanos, si le debe dinero o si la dejó plantada en la iglesia el día de la boda. No podemos permitirnos el lujo de elegir con quién trabajamos. Bastante suerte tenemos de que un rastreador quiera ayudarnos y de que, además, sea uno de los más influyentes del sector. Gross le entregó una abultada carpeta roja mientras se dirigía a la puerta.

–Aquí tiene todos los detalles de nuestro, llamémoslo, acuerdo de colaboración con Hugo. Les aconsejo que comiencen a planificar la estrategia de infiltración para que mañana podamos ultimar los detalles con los responsables de Inteligencia y Comandos. Teniente, espero que haga un esfuerzo por dejar a un lado sus prejuicios porque van a pasar bastante tiempo juntos– añadió mientras les lanzaba una última mirada–. ¡Y no me mire con esa cara! Son tiempos duros y el deber nos impide anteponer nuestras preferencias personales al trabajo.

La puerta quedó entreabierta, lo mismo que la boca de Maya que no podía creer las palabras del capitán. Mientras éste se alejaba apresuradamente por el pasillo, una pelota de golf se cayó de uno de sus bolsillos y rodó hacia la pared produciendo un sonido hueco.

Con la carpeta que Gross le había entregado entre las manos, Maya se volvió y empezó a hablar sin mirar a Hugo.

–Me gustaría saber qué has hecho para que el capitán te crea, pero quiero que sepas que yo no me trago esa historia de que quieres ayudarnos– dijo ella mientras comenzaba a hojear el expediente.

Él dejó escapar una risa con cierto tono triunfalista y, entonces, le oyó hablar por primera vez desde hacía años.

–No puedo creer que no te alegres de verme. Yo pensé que no te vería nunca más.

Su voz había sonado más grave de lo que ella la recordaba. Hugo se acercó lentamente sin dejar de mirarla. Estaba tan cerca que podía sentir su aliento en el rostro. Ella levantó la vista y le sostuvo la mirada.

–Estás loco si crees que vamos a trabajar juntos. Sospecho que estás tramando algo y pienso probárselo al capitán. A mí no me puedes engañar– apuntó de la forma más amenazadora que pudo.

Maya confiaba en que su forzado aplomo se hubiera manifestado de una forma convincente, teniendo en cuenta que Hugo estaba a menos de dos palmos. Casi podía sentir el calor de su cuerpo y sus ojos azul acero clavados en los de ella con una actitud entre desafiante y complacida.

La sonrisa de Hugo se dilató y sus ojos le devolvieron una mirada aún más fría y profunda.

–Ya lo hice una vez. ¿Por qué no podría volver a hacerlo?– respondió él con suavidad.

Al oírlo, Maya había dejado casi de respirar. Sentía que la sangre se le agolpaba en la cabeza y que su ira aumentaba a cada latido del corazón. En un nanosegundo se dijo que no podía permitir que la sacara de sus casillas. Hugo sabía muy bien cómo conseguirlo, a pesar del tiempo transcurrido desde su último encuentro.

Él esperaba que lo abofetease, que le gritase, que le reprochase su comportamiento. Casi lo prefería así. Anticipaba una reacción violenta y contundente porque sabía que sus palabras habían supuesto un golpe bajo. Era una sensación extraña. Tenía que admitir que le entretenía atormentarla pero que, por otro lado, no podía apartar sus ojos de ella.

Maya siguió manteniendo la mirada. En un instante se amontonaron en su mente recuerdos dolorosos, imágenes del pasado y un cúmulo de sensaciones antiguas que creía suprimidas desde hacía tiempo. Consiguió volver a respirar y se tomó cierto tiempo para responder.

–No soy la misma. No es tan fácil engañarme ahora. Y tengo que pedirte que te mantengas a distancia. Soy una teniente de la resistencia y aquí debes mostrar el debido respeto a mi cargo. No estás en los bajos fondos.

Intentó que sus palabras sonaran de la manera más indiferente que pudo. Un sudor frío comenzaba a recorrerle la nuca y sentía chispas de electricidad formándose entre ellos.

Hugo retrocedió un par de pasos mientras colocaba las manos detrás de la espalda sin dejar de sonreír. Se sentía  algo decepcionado ante el autocontrol que ella estaba demostrando. La chica que él recordaba lo habría arañado sin cesar de increparle, pero la que tenía enfrente se limitaba a dirigirle una mirada resentida. 

–Perdone, mi teniente– exclamó con sorna–. Se presenta Hugo, rastreador del Sector 8. He llegado a un provechoso acuerdo con el capitán y estoy aquí para asistirle sobre el terreno. Conozco cada tugurio, cada antro del sector y a la mayor parte de los traficantes- añadió dedicándole un saludo militar.

Maya se sintió más cómoda cuando la distancia entre ellos aumentó. Era como si el aire entrara de nuevo sin dificultad en sus pulmones y se alegró de haber dejado de transpirar. Volvió de nuevo la vista hacia el pliego de folios impresos en el papel reciclado de la resistencia. Los datos sobre Hugo se sucedían sin orden. Se notaba que nadie se había tomado el tiempo necesario para organizarlos y dudaba que se hubieran molestado en verificarlos.

Sabía que su trabajo consistía en repasar aquella información con Hugo para preparar la reunión del día siguiente. Estaba segura de que el rastreador les mentía y creía que, con un poco de suerte, podría desenmascararlo y deshacerse de él. La perspectiva no le agradaba en absoluto pero se consoló pensando que tal vez solo tendría que soportar su presencia unas cuantas horas.

Ella conocía parte de los datos que se recogían en aquellas páginas sin saber que se referían a Hugo, pero tenía que admitir que sentía curiosidad por ahondar en sus últimas andanzas. Sin embargo, la sola idea de que algo sobre él le interesara conseguía sacarla de quicio. Maya agitó la cabeza como queriendo disipar aquellos pensamientos.

–¿Puedo sentarme, mi teniente?– preguntó Hugo con voz socarrona. Sin esperar su respuesta, y sin dejar de mirarla, ocupó la silla más cercana. Aquella situación le divertía y tenerla cerca no dejaba de complacerle. A pesar de su proximidad física la sentía muy lejos, como si un gran abismo se extendiera entre ellos. Sabía cuánto le desagradaba su presencia y eso aumentaba su satisfacción. Estaba claro que él no le era indiferente.

Hacía tiempo que nada entretenía a Hugo de aquel modo. Era extraño sentirse así. No recordaba bien aquella sensación que él creía olvidada hacía tiempo. Un torrente de emociones le sobrevino de repente y entonces desvió los ojos hacia el manojo de llaves que sostenía. Por un momento dejó de sonreír y se concentró en leer la marca borrosa del llavero para ganar tiempo. Una vez que obtuvo de nuevo el control de sus emociones, levantó la mirada, buscándola.

Maya se había dejado crecer el cabello que ahora le caía desordenadamente en una cascada castaña por la espalda. Como era de mediana estatura, aquella melena le hacía parecer un poco más baja. Sus ojos marrones parecían haberse oscurecido, pero pensó que seguramente se trataba del efecto producido por la dureza que ella insistía en imprimir a su mirada. Su habitual delgadez se había acentuado para dotar a su semblante de un aspecto mucho más anguloso. Él la recordaba vivaracha, aunque ahora su rostro reflejaba la misma melancolía que se había adueñado de la mayoría de los supervivientes. Lo que no parecía haber cambiado era el magnetismo que desprendía y que él encontraba, como antaño, difícil de resistir.

 –¿Por dónde empezamos?– preguntó él.

Ella dudó unos segundos mientras ordenaba sus ideas. Decidió que debía, al menos por el momento, intentar concentrarse en su trabajo a la espera de que se revelase algún error para poner sobre aviso al capitán.

Finalmente se sentó en la segunda silla del cuarto, directamente frente a él. Solo la mesa los separaba y sobre ella colocó el expediente.

–Así que rastreador… ¡qué otra cosa se podía esperar de ti!– exclamó como si pensara en voz alta.

Hugo ni siquiera se inmutó.

-Renovarse o morir, mi teniente. Y ya que los Males no acabaron conmigo, pensé que lo más ventajoso sería aprovecharse de esta situación para hacer negocio.

Maya se había olvidado por unos momentos de los bionautas después del torbellino de emociones que había vivido desde que el capitán Gross la citara en aquella sala y se encontrara cara a cara con Hugo.

Los bionautas era el nombre que se daban a sí mismos los seres humanos que habían desembarcado hacía un par de años en la Tierra. Su llegada había supuesto la aparición de nuevos gérmenes que habían propiciado el desarrollo de enfermedades contra las que los humanos terrestres no poseían defensa alguna.

En cuestión de meses casi la totalidad de la población mundial había desaparecido por un grupo de dolencias, conocidas popularmente como los Males a falta de un nombre más concreto. Nadie sabía con exactitud de cuántas enfermedades nuevas se trataba, por qué afectaban a algunos y perdonaban a otros, ni siquiera si había alguna nueva que aún no se había manifestado.

Tampoco se disponía de cifras oficiales sobre el número de supervivientes. Solo en aquella parte del continente, conocida como el Sector 8, sumaban varias decenas de miles aunque existían fuertes indicios de que se habían formado grupos nómadas en el norte. Si se añadían los rudimentarios censos realizados en los sectores con los que se había podido establecer contacto, la cantidad ascendía a casi medio millón de personas en todo el planeta, descontando los grupos errantes.

Lo que sí se sabía es que los bios, como todo el mundo los llamaba habitualmente, nunca se habían demostrado agresivos contra los habitantes de la Tierra. Tampoco habían compartido sus avanzados conocimientos tecnológicos, ni siquiera para procurar vacunas o remedios que hubieran podido salvar millones de vidas.

Maya frunció el ceño pensando en la enorme cantidad de cadáveres que había visto durante las semanas posteriores a la llegada de los bionautas y su evidente pasividad ante los acontecimientos.

Hugo pensó que aquel gesto le estaba destinado. Seguramente Maya desaprobaba sus ocupaciones empresariales, pero eso era algo con lo que ya contaba. Le encantaba ponerla nerviosa y sentir como sus palabras le hacían montar en cólera.

Con un suspiro Maya desvió su mirada de los documentos y la fijó de nuevo en la de Hugo. Siempre había sido un tipo con mucha sangre fría y no le extrañó que navegase tan cómodamente por aquella situación.

–Ya nos conocemos, así no que trates de sacarme de mis casillas. Y, por cierto, no soy «tu teniente». «Teniente» a secas es lo correcto. Tampoco me interesan las razones por las que te dedicas a trabajar para el enemigo. Y aunque sigo sin creerme que quieras ayudarnos, no voy a desperdiciar esta oportunidad para obtener información sobre el sistema de suministro de los bios– declaró Maya en tono firme.

Él siguió sonriendo.

–Lo que usted diga, teniente. Soy todo suyo.

Maya empezaba a impacientarse. Cogió el bolígrafo del bolsillo superior de su ajada chaqueta y comenzó a escribir en los márgenes de las hojas impresas.

–¿Cuánto tiempo llevas trabajando para ellos?– preguntó sin rodeos.

–Prácticamente desde que llegaron, hará un par de años. Sé sacar tajada cuando se presenta una oportunidad, teniente– replicó Hugo–. A usted parece que, a juzgar por la ropa, no le ha ido demasiado bien.

Maya saltó en su silla.

–No estamos aquí para hablar de mí y además creo que tú deberías ser la última persona en pronunciarte sobre mi situación personal. Sé de sobra que solo te preocupa tu propio pellejo. Únicamente tú podrías pensar en aprovecharte de un momento tan dramático como el que vivimos.

En cuanto terminó de hablar sabía que había caído de nuevo en un perverso juego que únicamente buscaba enojarla. Apretó los puños y lo miró con descaro. Por primera vez se fijó en que él llevaba ropa nueva, a diferencia de las prendas usadas que la mayoría de supervivientes solía utilizar.

Hugo ni se inmutó.

–Si me vas a tutear, lo justo es que yo también te tutee, ¿no?

–Como quieras, pero guárdate tus comentarios sobre mi guardarropa. Deja de hacerme perder el tiempo. Esto es serio, por lo menos para mí– Maya no podía creer que se hubiera lanzado a atacarlo con aquella sarta de frases sacadas de la propaganda de la resistencia.

Inspiró profundamente y, tomando aire, bajó los ojos.

–Exactamente ¿en qué zonas del sector desarrollas tus actividades?–. Mientras hablaba no dejaba de tomar notas, como para demostrarse a sí misma que estaba totalmente dedicada a preparar la dichosa reunión del día siguiente.

–Después de todo, parece que la suerte ha empezado a sonreírte, teniente. Me muevo por todo el sector. ¿Quieres que te haga una lista de los traficantes que trabajan conmigo?- la irónica respuesta hizo que Maya fijara nuevamente sus ojos en los de Hugo.

–¿Por qué quieres ayudarnos?– ahora ella había dejado de escribir.

Él no le quitaba los ojos de encima pero, en vez de contestarle se tomó cierto tiempo para pensar. Dejando de sonreír, se dedicó a clavarle durante unos segundos su infinita mirada azul.

–¿Por qué crees tú?– pronunció aquellas palabras acercando sus manos a las de ella sobre la mesa.

Hugo saboreaba la situación. Sabía que la posibilidad de cualquier contacto físico entre ambos conseguiría enojarla en extremo. Y eso le gustaba.

Maya estaba paralizada. No contaba con aquel gesto. Casi de forma automática, retiró sus manos para que las de Hugo no las tocaran. Las entrelazó en su regazo y siguió mirándolo con una mezcla de incredulidad, furia y desprecio.

Era muy propio de él jugar con los sentimientos de los demás, pero ella no dejaba de sorprenderse de su frialdad. Era como si el desastre planetario en el que estaban sumergidos no le hubiera afectado. Parecía que no le importaba la situación de la Tierra. Maya sabía que Hugo había perdido a su familia y amigos. Como le había ocurrido a ella misma. Como le había sucedido a todos los supervivientes. Era prácticamente un milagro que ambos estuvieran vivos. Sin embargo, él seguía desplegando su egoísmo sin ningún tipo de escrúpulo.

Después del brusco gesto de Maya, Hugo volvió a sonreír.

–Ni idea. De ti, se puede esperar cualquier cosa- contestó ella sin desviar la mirada.

Hugo sabía que cuanto más dilatara aquella conversación, más tiempo tendría para controlarla. De esta manera, le sería fácil acabar con los nervios de Maya.

–Vamos, no me decepciones. ¡Seguro que tienes alguna teoría!

Ella no dudó en responder.

–No creo que te hayas levantado hoy convencido de que nuestra causa es justa. Si estás aquí es porque has hecho un trato con el capitán Gross y debe ser bastante jugoso porque, de otro modo, ni te habrías molestado. Tú nunca has hecho nada desinteresadamente. Hasta creo que podrías ser un agente doble y que, en realidad, estás pasando a los bios información sobre la resistencia. Es más tu estilo.

Las manos de Hugo jugueteaban con su llavero.

–¿No te han dicho nunca que tienes una gran imaginación? Debes aburrirte mucho en este agujero.

En ese momento alguien golpeó suavemente la puerta, y una cabeza de rizos rubios y despeinados se deslizó entre la hoja y el umbral.

–¿Podemos hablar un segundo? ¡Hola, Hugo!– exclamó Alex.

Hugo le devolvió el saludo con desgana.

–¡Hola, tío!

Maya no podía dar crédito.

–¿Lo conoces?– preguntó en voz baja a Alex tras levantarse y acercarse a la puerta.

La cara de su compañero mostraba una expresión entre sorprendida y paternalista.

 –Y quién no lo conoce. No hay mercancía que no se mueva en este sector sin que él se lleve una comisión. Te he dicho mil veces que te leas la letra pequeña de los informes, que es donde hay más sustancia. Así, estarías más enterada. No me explico que no lo hayas visto por el centro. Es muy popular.

Como era normal Alex estaba al corriente de todo lo que ocurría en el centro del Sector 8. Maya nunca había conocido a nadie más cotilla ni más entregado a la causa de la resistencia. Ella suponía que era por eso por lo que estaba a cargo del departamento de inteligencia.

-Necesito saber qué te ha contado. Estoy tras la pista de un cargamento de cereales que teníamos que haber interceptado hace días, pero parece que se lo ha tragado la tierra- declaró su compañero mientras la empujaba fuera del cuarto dejando a Hugo solo en el cuarto.

–¡Ya! ¡O sea que aún no ha soltado prenda! Pues ponte las pilas y dale caña, que los de la Junta están bastante impacientes. Quieren ver algún resultado pronto, ya sabes, algo vistoso. Bueno… ya me contarás luego. ¡Nos vemos!– apremió Alex ante la mirada exasperada de Maya.

Cuando entró de nuevo en la oficina, se sorprendió de ver a Hugo fumando.

–No sabía que aún quedaran cigarrillos. Hace meses que no veo a nadie fumando. ¿Cómo los has conseguido?– preguntó Maya con desdén mientras se sentaba.

–Uno encuentra de todo si sabe dónde buscarlo–. Hugo no pudo resistir la tentación de exhalar el humo directamente frente ella.

Maya ni siquiera se inmutó. Había llegado a la conclusión de que no obtendría ningún  resultado productivo de aquel encuentro que, además, se le estaba haciendo eterno.

–Aquí no está permitido fumar.

Hugo continuó fumando. Tras una honda calada, Maya lo vio negar con la cabeza.

–Eso es imposible– replicó él expulsando de nuevo el humo violentamente–.  Tú  mismo  has  dicho  que nadie fuma ya…  ¿cómo voy a creer que esta prohibido consumir algo de lo que se carece? Si es cierto lo que dices, muéstrame el reglamento.

Maya se sintió atrapada entre el humo y la lógica aplastante de la situación. Realmente no veía el momento de salir de allí y perderlo de vista.

–Mira … estás aquí para pasarnos información así que te agradecería que colaborases. ¿Qué puedes decirme de la próxima partida de cereales que han pedido los Bionautas?– demandó con impaciencia.

Él apagó el pitillo y tiró la colilla al suelo.

–Puedo decirte que estoy seguro que los Bios van a darse un atracón de pan y bollos. Lo siento pero ese cargamento ya ha sido enviado. Me temo que ya no podéis interceptarlo- dijo levantándose.

 Maya lo imitó y cerró la carpeta de un violento manotazo.

–¿Y no será que se trata de uno de tus negocios y no quieres que peligre tu comisión? Según nuestras noticias, ni siquiera ha sido procesado.

Hugo se dirigió hacia la única ventana de la habitación. Mientras se tomaba varios segundos en contestar, contempló tras los barrotes las decenas de bicicletas aparcadas en el callejón.

–Estáis equivocados. Para tu información el trigo se procesó en el Sector 2 y la cebada en el Sector 3. De eso hace ya un par de días. Los derivados ya están a bordo de un trasbordador. Esta vez, no podéis hacer nada.

Cuando se volvió, ella tenía la cabeza ligeramente inclinada hacia  la  derecha  y  la  vista  perdida,  como  le  ocurría siempre que trataba de concentrarse en algo concreto. Hugo no pudo dejar de emitir una risa callada al reconocer uno de los gestos que más recordaba en ella.

–Pero los Bios siempre procesan los productos en el mismo sector en el que los recolectan– la oyó decir.

Maya había enfocado de nuevo su mirada sobre él y ahora mordisqueaba un extremo del bolígrafo. Tenía que admitir que aquella conversación empezaba a interesarle más de lo que hubiera estado dispuesta a admitir en un primer momento.

Hugo apoyó su espalda contra el marco de la ventana. Su silueta alta y desgarbada se perfilaba a contraluz y ella tuvo que inclinar la cabeza para poder mirarlo sin entornar los ojos.

Él no tardó en contestar.

–Se están cansando de vuestros continuos sabotajes, así que han empezado a transportar los productos alimenticios a otros sectores para procesarlos allí y evitar más perdidas. Está previsto que pronto hagan lo mismo con el resto de sus suministros.

–¿Cómo piensas infiltrarnos en tu organización para llegar hasta ellos?

La luz que penetraba por la raquítica ventana empezaba a desaparecer y, súbitamente, la única bombilla que pendía del techo se encendió. Ambos miraron al mismo tiempo la luz artificial, anaranjada y débil, que desprendía.

–Si no estoy equivocado, tu especialidad son los idiomas. Con la afluencia al sector de gentes de todo el continente, no me vendría mal contar con una intérprete. La verdad es que a la mayoría de los traficantes no hay quien los entienda y tardo horas en cerrar cada negocio. Nadie sospechará que te he contratado para que me asistas como traductora- ahora Hugo hablaba en voz baja, casi como en un susurro.

Maya tenía que reconocer que aquellos argumentos sonaban convincentes. No sabía con qué clase de calaña se relacionaba Hugo, pero suponía que debían ser traficantes procedentes del norte y este. Tras haber viajando por aquellas regiones durante sus años de formación, ella se había familiarizado con las lenguas que allí se hablaban y estaba segura de que no le sería difícil entenderlos.

Irónicamente había sido su ruptura con Hugo lo que la había animado a viajar para conocer otros países y aprender nuevos idiomas. Y había sido precisamente aquella circunstancia la que hoy les reunía para trabajar juntos.

Con gesto impaciente, Maya se apartó un mechón de cabello rebelde que le bloqueaba la vista. Sus miradas se encontraron de nuevo.

–Aún no me has dicho qué ganas tú con todo esto.

Él seguía con la espalda apoyada contra la ventana. La oscuridad que ya se advertía en el callejón se confundía con su camisa, sus vaqueros y sus cabellos negros, desdibujando el contorno de su figura. Lo único que se destacaba a la tenue luz de la bombilla era su tez clara y la absoluta frialdad de su mirada azulada.

–Si yo os ayudo es para que hagáis la vista gorda sobre ciertas entregas que necesito que se efectúen sin problemas. ¿Por qué otra cosa lo haría?– la voz de Hugo se había convertido en un susurro.

El silencio se instaló entre ellos. Era extraño pero le tranquilizaba constatar que Hugo seguía siendo un canalla. Al fin y al cabo ciertas cosas no habían cambiado, a pesar de las desgracias que se habían abatido sobre el planeta. Aquel razonamiento absurdo le devolvió la confianza en sí misma y, por un momento, dejó de sentirse intimidada por la presencia de Hugo.

–Bueno pues …, si eso es todo, creo que podemos dar por terminada esta reunión. Te esperamos mañana a primera hora para concretar los detalles de la operación– Maya se volvió, abrió la puerta y le indicó con la carpeta el camino que le llevaría a la salida.

Hugo se le acercó con las manos en los bolsillos. Una vez en la puerta se paró y se quedó mirándola durante varios segundos, como si esperase que ella añadiera algo.

Ante el silencio de Maya, a él se le escapó una leve risa.

–Solo quería que supieras que el papel de ‘ex’ despechada te sienta de maravilla. ¡Hasta mañana!– exclamó el rastreador en voz baja, casi imperceptible.

Furiosa y contrariada lo vio alejarse por el pasillo con las manos en los bolsillos y el gesto impertinente. Maya sintió un pinchazo agudo en el centro del pecho y un nudo en el estómago. En ese momento, tuvo la certeza de que su vida acaba de dar un giro insospechado. Solo consiguió ahogar a medias un suspiro.

Revistas de literatura de ciencia ficción, fantasía y terror en España

Más ficción que ciencia

La ciencia ficción, tal y como la conocemos hoy en día, surgió gracias a las revistas de papel barato, las pulp, que comenzaron a publicarse en EE.UU a principios del pasado siglo. Eran publicaciones que aglutinaban en un primer momento artículos divulgativos y ficción, y fueron los lectores quienes hicieron que la balanza se decantara del lado de las historias. Debido a la propia naturaleza de las revistas, se trataba de narrativa breve o, en todo caso, de novelas seriadas. R

La ciencia ficción no se entiende,
por tanto, sin los relatos, ya que ha estado ligada a ellos desde su
concepción. Muchos de ellos han servido como germen de novelas e incluso de
sagas y han actuado como elemento dinamizador para que los autores se dieran a
conocer. Además históricamente el cuento siempre ha estado vinculado al pueblo,
dentro de la tradición cultural universal, al tratarse de la…

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Revistas de literatura de ciencia ficción, fantasía y terror en España

La ciencia ficción, tal y como la conocemos hoy en día, surgió gracias a las revistas de papel barato, las pulp, que comenzaron a publicarse en EE.UU a principios del pasado siglo. Eran publicaciones que aglutinaban en un primer momento artículos divulgativos y ficción, y fueron los lectores quienes hicieron que la balanza se decantara del lado de las historias. Debido a la propia naturaleza de las revistas, se trataba de narrativa breve o, en todo caso, de novelas seriadas. R

La ciencia ficción no se entiende, por tanto, sin los relatos, ya que ha estado ligada a ellos desde su concepción. Muchos de ellos han servido como germen de novelas e incluso de sagas y han actuado como elemento dinamizador para que los autores se dieran a conocer. Además históricamente el cuento siempre ha estado vinculado al pueblo, dentro de la tradición cultural universal, al tratarse de la primera forma de narrativa creada para transmitir los mitos y las tradiciones, en contraposición a la novela que surgiría mucho más tarde.

Pero el género tampoco se entiende actualmente sin el ejercicio reflexivo y divulgativo de reseñas, críticas, artículos y entrevistas que completan las páginas de las publicaciones y que han servido, al menos en nuestro país, para acercar esta literatura al ámbito académico. En su afán por responder a los intereses de los apasionados por la ciencia ficción, fantasía, terror y demás híbridos, las revistas de género han servido para desarrollar esta parcela de la narrativa moderna en España, un país sin tradición arraigada de lo fantástico o cienciaficcionero, al hacer suyas las premisas de los formatos norteamericanos que apostaban por un producción en la que se minimizan los costes y se maximiza la creatividad.

En los últimos años se ha producido una proliferación de iniciativas con distinto formato, precio, periodicidad y contenidos, que ha dado lugar a un circuito multi-mediático en el que la industria admira su reflejo e intenta proyectarse. No es extraño, pues, que hayan surgido revistas online que intenten aprovechar el tirón de las nuevas tecnologías para acercar al público este tipo de literatura que, desde sus orígenes, era de corte popular (entendiendo «popular» como un producto editorial concebido para el gran público). Se trata de espacios en los que los lectores encuentran los contenidos que ansían, los creadores presentan su trabajo, los editores descubren tendencias y promocionan sus catálogos, los libreros toman el pulso al mercado y, en definitiva, unos y otros conectan y se nutren mutuamente.

Porque, cuando no hace tanto, las antologías temáticas en España no despertaban el interés de las editoriales porque la narrativa breve se consideraba un producto sin atractivo para la comunidad lectora, sin posibilidad de continuación, las revistas han servido como semillero de historias y escaparate de ideas. Eran los tiempos de revistas que hoy ya son míticas (Luis Pestarini en el blog de Cuásar realiza un repaso muy interesante por las publicaciones en español que aparecieron a ambos lados del Atlántico: desde la mítica Minotauro, que inició su andadura en 1964, hasta las que funcionan en la actualidad, pasando por Zikkurath, Nueva Dimensión, BEM, Artifex, Gigamesh), turbinas todas ellas que impulsaron al género en nuestro país y lo llevaron por nuevos caminos. A través de traducciones de los clásicos, y publicando a autores consolidados o desconocidos, las revistas de género han ido desarrollar el tejido conectivo necesario para que surgiera una demanda dentro de nuestras fronteras. 

Prácticamente todas se declaran proyectos sin ánimo de lucro cuyo principal interés es apoyar y promocionar la ciencia ficción, fantasía y el terror en España, y cuya financiación se realiza a través de los ingresos por ventas, de sistemas de micro-mecenazgo como Patreon o de una combinación de ambos. Desde la más veterana, miNatura, hasta la más reciente, Hyperspace, pasando por Delirio, Barsoom, Vuelo de Cuervos, Calabazas en el Trastero, Hélice, Presencia Humana, SuperSonic, Windumanoth, Tártarus, Ulthar o Tantrum, todas se baten en mayor o medida contra la precariedad que domina la producción de contenidos buscando, a base de imaginación, los medios para mantenerse. Es por ello que las labores de coordinación, maquetación, edición, corrección, difusión y promoción recaen en equipos pequeños en los que con frecuencia  la misma persona es responsable de múltiples tareas que, como viene siendo tristemente habitual en el mundo de la cultura, debe compaginar con su profesión para poder subsistir. El objetivo es, en la mayoría de los casos, cubrir los costes y reinvertir cualquier recurso en la producción de los siguientes números.

Otro de los desafíos que deben enfrentar es salir al encuentro del lector, explorando maneras de llegar al mayor número de personas posible con unos medios limitados. Ante la cantidad de ofertas literarias, en soportes distintos, resulta complicado lograr no ya el favor de la audiencia, tan voluble algunas veces, sino su atención, lo que complica afianzar un seguimiento estable y un flujo de financiación constante.  

Las revistas que se mantienen actualmente en activo en España, ya sean impresas o en formato digital, demuestran con su labor constante y a prueba de obstáculos que forman parte clave del tejido conectivo de la literatura de género en nuestro país. Vamos a realizar un repaso por el panorama actual.


Tártarushttps://revistatartarus.wordpress.com

La revista Tártarus lleva desde 2015 ofreciendo contenidos relacionados con la literatura de género escrita en español. Según su directora Verónica Cervilla, el principal objetivo de la publicación es «descubrir nuevos talentos y dar oportunidad a escritores noveles o poco conocidos en España y Latinoamérica». Una de las líneas de contenido que caracteriza a esta publicación es su interés por explorar la relación entre el medio audiovisual y la literatura, ofreciendo ficciones contadas a través de la ilustración y el séptimo arte.

Los contenidos de ficción son seleccionados por el equipo editorial a través de dos vías: los escritores invitados y el concurso que se convoca en cada número. La vocación divulgativa de la revista se orienta en conocer la teoría de la literatura y el proceso de creación desde el punto de vista de todos aquellos que intervienen en él, ya sean traductores, editores, correctores, autores, etc.

En relación a la situación de la literatura de género Cervilla explica que: «Tanto en España como a nivel mundial, la literatura de género comienza a encontrar su sitio y cada vez menos lectores se avergüenzan de admitir que la consumen, como ocurría hace unos años. Posiblemente el boom de contenido audiovisual de género ha contribuido en este sentido. En otros países, sobre todo en países anglosajones, esta literatura ya tenía cierto prestigio (aunque siempre separada de la «alta literatura»)».

Mamut https://revistamamut.com

«Genealogía de la ciencia ficción y lo fantástico en las artes» es el subtítulo que sucede a la cabecera de Mamut, la revista capitaneada por Maria Antònia Martí  Escayol  y Raúl Ciannella. Con periodicidad semestral, esta publicación inició su andadura en 2015 con la intención de ofrecer información historiográfica sobre los diversos géneros que se tratan, a través de números con una temática definida, priorizando aquellos escritores y escritoras emergentes, y empleando un diseño y una estética muy cuidados. Actualmente, además, a esta declaración de intenciones se une una  vocación cosmopolita que intenta dar a conocer en nuestro idioma literaturas de otros países y culturas. Tal como explican los directores, la temática de cada número vertebra los contenidos, con narrativa breve relacionada, y artículos y entrevistas que profundicen en algún aspecto. Aproximadamente la mitad del material está dedicado a textos de autoría española, reservándose un apartado «Salen de la oscuridad» para autores  noveles de nuestro país o Hispanoamérica.

Inspirados en un primer momento por el diseño de las publicaciones pulp estadounidenses, los responsables de Mamut han apostado por la versatilidad del formato epub para, recientemente, dar el salto al papel con un número de dimensiones reducidas, a una sola columna para relatos y artículos, pero con el mismo cuidado mantenemos en los elementos gráficos.

La multiplicación de revistas, fanzines y micro-editoriales ha provocado una saturación del mercado a nivel de producción lo que, a juicio de Martí  Escayol  y Ciannella, se encuentra con problemas para llegar a un público numeroso. «Faltan ideas, iniciativas y voluntad (a parte de unas pocas excepciones)» explica los responsables de Mamut «para hacer que las muchas realidades antes mencionadas creen redes de colaboración entre sí, en lugar de actuar individualmente, lo que podría significar la creación de proyectos más amplios, más creativos, más remunerados y que podrían llegar a mucha más gente. A parte algunos (pocos) éxitos, se produce muchísimo más de lo que se lee y parece que cada una de esta extensa red de iniciativas, publicaciones y editoriales cuenta con su pequeño grupo de lectores fieles, pero es incapaz de llegar a un público más amplio. En nuestra opinión esto se debe, por un lado, a una reticencia crónica de los lectores de literatura de género hacia la producción autóctona, favoreciendo, como siempre ha sido, la anglosajona, que dispone de un arsenal poco contrastable: una tradición consolidada, una hegemonía en el mercado internacional, inversiones de capital que no podemos ni soñar.»

Tantrum https://impresionesprivadas.com

2018 vio el nacimiento de Tantrum, una publicación singular por varias razones. La primera, su formato y precio compactos, lo que la convierte en la versión «de bolsillo» de una revista tradicional de literatura de género. En segundo lugar, su contenido, centrado en tres autores (Sam G. C., Santiago Eximeno y Tomás Rivera) y que, según defienden, es una fórmula que permite dar a conocer su labor creativa en profundidad.

Tantrum enfoca sus esfuerzos en ofrecer textos de ficción de su equipo, complementados por autores y autoras invitadas a los que se entrevista. Esta es la única concesión al contenido de no ficción. Si bien sus relatos huyen de las etiquetas, hay algo en ellos que los vincula entre sí, una querencia por lo extraordinario en todas sus formas y, no en vano se conocen como la «revista de relatos extraordinarios». Su fuente de inspiración son las publicaciones pulp y su adaptación al mercado español, los bolsilibros, actualizados con un diseño más contemporáneo, juegos en la contraportada (brillante idea de Santi Eximeno) y audiorelatos de la mano de Noviembre Nocturno (noviembrenocturno.es).

Con respecto a la situación del género en España, Sam G. C explica que «la ola de nuevas autoras y autores está dando mucho de qué hablar. Y hay pequeñas editoriales que empiezan a vivir de esto y a pagar a sus autores. ¡Ése es el camino y la base! Creo que algo está cambiando y que se está gestando algo grande. En Tantrum no nos queríamos quedar atrás, y queríamos poner nuestro granito de arena.»

Vuelo de cuervos http://vuelodecuervos.blogspot.com

La vocación de Vuelo de Cuervos es la de especializar cada número en una temática concreta. Por ello, todos los contenidos que propone la revista, ya sean de ficción como de no ficción, se organizan alrededor de esta premisa, desplegando un espacio que favorece oportunidades para los creadores habitualmente soslayados, como los jóvenes valores en el ámbito de la ilustración, o los autores auto-publicados. En ese mismo espíritu se enmarca su decisión de abrir la recepción de relatos a cualquiera que quiera colaborar, además de prestar una atención especial a la maquetación de sus páginas, que se caracteriza por unificar tipografías y colores en cada sección. La revista digital, nacida en 2015, es gratuita gracias al equipo formado por Lorena Gil Rey, Aitor Heras Rodríguez y Jesús Mesado Sánchez.

A pesar de orientarse principalmente hacia la literatura de terror, Vuelo de Cuervos no descarta otro tipo de género en sus páginas e intenta ofrecer contenidos que aporten valor y nuevos puntos de vista de autores e ilustradores de dentro y fuera de nuestras fronteras. La revista no se siente especialmente influida por otras publicaciones y, según sus responsables, se apoyan en la retro-alimentación de sus propios seguidores para resolver problemas.

En palabras de Lorena Gil: «el panorama español es muy rico, solo hay que creer en él. Pensamos que hace falta pelear más por nuestra cultura literaria y eso que ya se está haciendo en algunas convenciones y eventos. Tenemos grandes escritores y muchas «plumas» nuevas que merecen reconocimientos, es por ello que nosotros como revista también trabajamos. Fomentar todo esto es una responsabilidad también por nuestra parte, por todas las revistas que tenemos esa suerte de poder ayudar. A nivel mundial (…) todavía queda mucho camino, muchos mundos que conocer y  muchas voces de las que aprender; que si se deja de escribir o de publicar podemos perder una parte importante de lo que somos.»

Hyperspace http://pulpture.com/hyperspace-no1/

Con solo unos meses de vida, Hyperspace surge vinculada a la editorial Pulpture para ofrecer una reinterpretación moderna de las revistas pulp: esta es la razón por la que la portada de su número inaugural se encargó a José Luis Macías. En su interior el lector puede encontrar artículos y reportajes científicos con textos de carácter divulgativo, tales como reseñas o críticas literarias. Para el equipo de Hyperspace es importante mostrar pluralidad de voces y facturas, incluyendo el trabajo de los autores internacionales, por lo que cada número incluye dos relatos, uno contemporáneo y otro clásico, vertidos a nuestro idioma. El resto de la ficción propuesta se circunscribe a firmas nacionales o hispanoparlantes en las que, según sus responsables, la calidad de las propuestas prime por encima de la originalidad y que se traduzca en una buena estructura narrativa, y en estilo y personajes sólidos.

Tal y como explica Cristina M. Caladia, miembro del equipo editorial, «notamos una tendencia en la que va mejorando la percepción del género. En nuestro país lo notamos en las ferias: aunque sigue habiendo barreras, se va perdiendo un poco el miedo a estos temas, los superhéroes y lo fantástico que les rodea han ayudado a que cambie un poco el imaginario estándar del público generalista, y ahora da menos miedo leer space opera si les ha gustado Guardianes de la Galaxia, por poner un ejemplo. A nivel mundial creemos que el panorama no ha cambiado tanto, lo más significativo es que ahora se ven más nombres de autoras entre los más vendidos. Esa guerra también debemos trasladarla a nuestro país, es evidente.»

Windumanoth http://windumanoth.com

Desde su aparición en julio de 2017, Windumanoth (nombre de uno de los personajes de Olvidado rey Gudú, de Ana María Matute) ha apostado por ofrecer un espacio físico de calidad que vehicule la actualidad nacional e internacional de la literatura de género. La revista presta especial atención al diseño, con una cuidada maquetación en papel que, además, sirve de escaparate al trabajo de los ilustradores.

Por esta razón en cada número se incluye el portafolio de un ilustrador relevante a nivel mundial, acompañado de un entrevista en profundidad, y una selección de dos relatos procedentes de su convocatoria abierta de manuscritos, que comparten páginas con una figura invitada de primera línea. El equipo editorial está formado por Alex Sebastián (director de arte y editor), Víctor Blanco (director), David Tourón (editor Jefe), Jorge Fernández (editor y traductor), el ilustrador Marcos Raya Delgado y Jaume Vicent (community manager y redactor), y los redactores Alister Mairon, Laura S. Maquilón, Daniel Garrido, Tomás Rivera, Isa J. González, Javier Alemán, Antonio Míguez, Cristina Bracho, Daniel Pérez Castrillón, Javier Miró y Elías Combarro. Windumanoth aspira a ofrecer un mezcla equilibrada de contenidos que, además de la ficción, incluye entrevistas, artículos y reseñas sobre novedades destacadas.

«A nivel mundial se dice mucho que estamos en una edad de oro del género desde el triunfo de las películas de El señor de los anillos y la serie de Juego de tronos y hay algo de verdad en ello», afirma Alex Sebastián, quien añade que «aunque estos triunfos son audiovisuales, no dejan de ser adaptaciones de literatura y parte de su éxito se ha transmitido en cascada a esta. En España han surgido y surgen continuamente gran cantidad de small press del género, pero también se caen muchas por el camino, mientras que los grandes sellos sacan muchas novedades cada mes en busca del bestseller. Sin duda la afición ha crecido y el género se ha hecho más mainstream, pero aún sigue siendo, en nuestro país, un nicho más o menos pequeño. Sería bueno que se apostase mucho más por el autor nacional de lo que se hace ahora, especialmente por parte de los sellos más importantes, eso hace mucha falta.»

miNatura http://servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/

La revista digital miNatura está dirigida por Ricardo Acevedo Esplugas y Carmen Rosa Signes Urrea, y lleva desde 1999 sirviendo como plataforma gratuita para la promoción del microcuento en nuestro idioma, a través de números que abordan lo fantástico en todas sus manifestaciones. En cada publicación, de carácter bimensual y formato electrónico, se sientan las bases temáticas de la siguiente y se solicitan colaboraciones, que son seleccionadas en función de su calidad.

Aunque miNatura se ha centrado tradicionalmente en el microcuento en español, en los últimos años se ha abierto a publicar textos en inglés, ampliando así su radio de acción y recibiendo el interés de numerosos autores de Europa del este. Acevedo y Signes Urrea señalan a la argentina Axxón como referente editorial, un modelo que les ha hecho ser especialmente receptivos a los autores de Latinoamérica, una constante en sus números. El año pasado se convocó miNatura XL,  un número especial en el que los textos solicitados dejaban de tener una longitud máxima de 25 líneas para alcanzar hasta las diez páginas. Asimismo, en su trayectoria destacan sus concursos de micropoesía y microcuentos, y sus antologías dedicadas a la narrativa desarrollada por autores de un determinado país de Latinoamérica.

Sobre el estado del género en la actualidad, Ricardo Acevedo señala que, «el surgimiento de nuevas editoriales y publicaciones ha permitido una mejor oferta al lector. La incorporación de nuevas tendencias y la entrada al mercado de autores de precedencia asiática, africana o latinoamericana (se ve en los premios obtenidos por estos) son una nueva inyección al género.»

Barsoom https://sites.google.com/site/revistabarsoom/

El primer número de Barsoom apareció en diciembre de 2006 cuando apenas existían publicaciones de género en nuestro país. La revista nació con la voluntad clara de mantener viva la llama de los clásicos del género, el folletín y la literatura popular,  por lo que apenas publica material nuevo. Sus páginas recuerdan a las revistas pulp, gracias a textos raros e inéditos de autores clásicos, y a contenido de investigación sobre sagas y escritores que, de otra manera, sería fácil olvidar.

Javier Jiménez Barco, director y editor, señala a la norteamericana Pulp Vault como a revista de referencia de Barsoom, con la que también coincide en el formato A4 y doble columna. Para incluir el máximo de contenido a un coste de producción razonable, se ha optado por una tipografía minúscula, mientras que la variedad temática está garantizada gracias a zonas diferenciadas dedicadas a la literatura criminal, al género de aventuras, al weird (tanto en fantasía como en terror) y a la ciencia ficción clásica. En los últimos números los textos de autores nacionales se limitan a la parte de no ficción, con artículos que cubren con rigor y profundidad la antigua novela popular española, de fantasía o ciencia ficción, para atender al elevado nivel de exigencia de sus lectores . El próximo número, que saldrá en diciembre de 2018, estará consagrado al recientemente desaparecido Domingo Santos.

Para Jiménez Barco: «El panorama general resulta abrumador, y lo comento más como lector que como editor. […] Pero, en general, pienso que esa enorme variedad resulta de lo más enriquecedora y hace pensar que estamos viviendo un momento muy importante en la literatura de género. Es precisamente en esas épocas –y estoy pensando en otras, de tiempos pasados-, en las que se escribe y se publica muchísimo, cuando suelen surgir una serie de nombres fundamentales, que, al amparo de ese “boom”, logran su oportunidad de ser leídos y apreciados, y que acaban pasando a la posteridad. Así que, por mucho que el tiempo pueda terminar filtrando a unos o a otros, creo que en general vivimos tiempos excitantes y que vamos a ver cómo surgen una serie de firmas de gran talento y que nos van a deparar muchas alegrías.»

Ulthar https://ultharmagazine.blogspot.com/?fbclid=IwAR3sVID3rpWWpPhJ98ef8AYjyVKxrSBVW9vJ9xNrlie0EafjYqQTFntr6-0

Esta publicación de carácter trimestral, que vio la luz en junio de 2017, cuenta en su equipo editorial con Alberto López Aroca en labores de edición, edición y maquetación, Ana Colchero como correctora y José Manuel de Cárdenas, José Luis González Martín y Javier Vidiella en calidad de consejeros literarios. Disponible únicamente en papel, el contenido de Ulthar combina relatos de autores españoles que se codean con, al menos, una traducción de un relato de un escritor clásico, un par de artículos, algunos de los cuales pueden ser también traducciones, y una historia serializada.

Las portadas a color están a cargo de Sergio Blesa, al igual que las numerosas ilustraciones interiores en blanco y negro, reflejan el espíritu «retro» que impregna las páginas, diseñadas a dos columnas como las revistas antiguas pulp. Preguntado sobre la situación del panorama literario, López Aroca explica que «al margen de los títulos patrocinados por editoriales grandes, el grueso de la literatura de género está circunscrita a microeditoriales, (…) cuya capacidad para llegar más allá del millar de lectores es prácticamente nula. La literatura de género (…) forma parte del entramado editorial; que la industria editorial ha sufrido una interesante mutación extraterrestre con la llegada de las nuevas tecnologías (tiradas mucho menores en papel, incremento exponencial de títulos y de autores); por tanto, la oferta es mayor que nunca. De las cosas que suceden allá, lejos, parece que (de nuevo) gracias a Internet estamos al tanto, al día, al loro; pero en realidad no tenemos ni la más ligera idea de lo que está pasando ni de lo que están haciendo allí. Más o menos como sucede con las cosas que se están haciendo aquí: tantas obras, tantas tendencias, tantos autores, que el conjunto es inabarcable.»

Delirio https://www.facebook.com/Delirio-Revista-305361482707/

Paco Arellano, editor de la editorial La biblioteca del Laberinto, es el alma máter de Delirio, una revista dedicada a la literatura de ciencia ficción, fantasía con una  sólida trayectoria desde hace once años. Premiada en 2013 y 2016 con el Premio Ignotus a la Mejor Revista, su impresionante catálogo ofrece una interesante cantidad de textos firmados por referentes del género, desde Lovecraft y Burroughs a Howard, que aparecen junto a las obras y relatos desconocidos para la mayoría del público.

El propio Arellano, que recibió el Premio Gabriel 2016 a toda una vida dedicada al género, es el responsable de la traducción de una gran parte de los textos, así como el autor de numerosos ensayos sobre autores, obras y cuestiones de fondo relacionadas con el tipo de literatura que tanto apoya. Para evitar comparaciones con otras revistas españolas seguidoras del modelo pulp, Delirio se ha centrado en narrativa fantástica para dejar de lado el género policíaco y romántico, además de buscar una periodicidad semestral.

Como reconocía el propio Arellano en el primer número, «en Delirio no tenemos complejos y sacamos lo que nos gusta. (…) Son textos de calidad, creemos que de alta calidad, casi todos ellos olvidados (aunque pueden haber aparecido ya en castellano) y su ámbito geográfico es muy amplio. La extensión varía mucho: desde la novela al cuento corto. La idea general es preparar una antología semestral que reúna grandes clásicos de la literatura fantástica en todas sus facetas (esas facetas y esos clásicos estarán en perpetuo cambio, porque variarán con lo que vayamos encontrando o con lo que queramos hacer con lo que ya tenemos.)»

Calabazas en el Trasterohttp://sacodehuesos.com/calabazas-en-el-trastero/1-entierros

De la mano de Saco de huesos Ediciones y La Biblioteca Fosca, nace en 2008 Calabazas en el Trastero, con la intención de especializarse en narrativa breve fantástica y de terror de factura nacional. La Biblioteca Fosca, asociación cultural sin ánimo de lucro consagrada a apoyar la literatura fosca, define este género como aquellas historias con elementos siniestros que provocan suspense, inseguridad, temor, depresión, incertidumbre, en las que, en definitiva, se anticipan peligros, apelando a los sentimientos de conservación del ser humano. La revista cuenta en su haber con dos premios Ignotus a la Mejor Revista, concedidos en 2010 y 2012.

Cada número está definido por una temática diferente que marca las coordenadas de los contenidos, formados en su totalidad por ficción en la forma de trece relatos (como no podía ser de otra manera). Seleccionados mediante una convocatoria abierta y por un jurado formado por miembros de La Biblioteca Fosca, Calabazas en el Trastero ofrece la posibilidad a autores noveles de medirse con otros veteranos en las mismas condiciones y así publicar sus obras para llegar a un público especializado. Los lectores participan, además, en una votación que tiene como objetivo otorgar el Premio Nosferatum al mejor relato.

Hélice https://www.revistahelice.com

Bajo el subtítulo «Reflexiones críticas sobre la ficción especulativa», Hélice aparece en 2006 de la mano de la Asociación Cultural Xatafi, y más concretamente de Fernando Ángel Moreno y Alberto García-Teresa, con el objetivo de brindar un espacio dedicado a la crítica literaria sobre literatura fantástica y especulativa.

Apoyándose en un formato digital de fácil descarga y lectura, esta publicación se especializa en textos ensayísticos de carácter divulgativo, en los que priman el rigor y la crítica constructiva por parte de lectores y expertos. Ganadora en los años 2008 y 2009 del Premio Ignotus a la Mejor Revista, su diseño digital imitaba las dos columnas de las revistas tradicionales con secciones dedicadas al análisis en profundidad sobre autores o aspectos variados de los géneros no realistas (reflexiones), opiniones sobre títulos puntuales (críticas) y una icónico espacio que presenta un análisis enfrentado de la misma obra (doble hélice) por parte de dos personas.

Una de los mayores logros de esta revista ha sido la de servir de puente entre el mundo académico y el literario, acercando el estudio y la reflexión sobre este tipo de obras a las instituciones educativas que, hasta hace relativamente poco tiempo, apenas mostraban interés por la literatura de género.

Presencia Humanahttp://www.aristasmartinez.com/producto/presencia-humana-6

Con una periodicidad variable, Presencia Humana es una revista vinculada a la editorial extremeña Aristas Martínez, que, tal y como declaran el equipo editor, la consideran «un proyecto mutante que reivindica nuevas fórmulas dentro del panorama de la literatura de género en español. (…) Una propuesta dirigida tanto a los amantes de la literatura de género más popular, como a los que buscan nuevos referentes de la ciencia ficción de autor, presentadas en un formato vintage, diseñado para coleccionar.»

Esta publicación surge en 2013 a partir de una antología homónima y bajo la rúbrica «Revista de creación extraña», con la intención de ofrecer un vehículo cuidado y relevante, destinado a la literatura de lo inclasificable y lo desconocido, un tipo de narrativa  generada por un grupo de autores conocidos como los «nuevos extraños» y que represa la  contrapartida española del new weird anglosajón. 

A medio camino entre la revista de creación y la antología poética, y con números dedicados a editoriales emblemáticas como Valdemar o Salto de Página, Presencia Humana presta especial atención al diseño editorial, empleando materiales de calidad – como papel de alto gramaje- y un estilo a medio camino entre los referentes visuales del pulp y las vanguardias artísticas. La revista adquiere así la condición de objeto de coleccionismo, un dispositivo cuyo valor se extiende al continente mismo, y que se deja sentir en la textura de las páginas y la impecable factura interior.

SuperSonichttps://www.supersonicmagazine.com

Resulta extraño escribir sobre una revista dentro de la propia revista. Sin embargo, en un artículo que aborda las publicaciones españolas de este tipo, no podíamos dejar de mencionar a SuperSonic. Es en 2015 cuando muestra su cara por primera vez, un semblante digital que solo se ha encarnado en papel en una ocasión: con motivo del número especial dedicado a Ursula K. Le Guin en julio de 2018. Deudora de revistas anglosajonas de cuidada factura y probado reconocimiento de la crítica y el público como Clarkesworld, LightSpeed, o Apex, se trata de un publicación digital con periodicidad cuatrimestral que reúne ficción y no ficción en español y en inglés.

Su contenido de ficción se estructura en relatos de autores nacionales o latinoamericanos, y en traducciones de cuentos de escritores internacionales. En cuanto a la parte de no ficción recoge entrevistas, reseñas y secciones sobre traducción, semblanzas de autores, narrativa breve, cómics, etc. Aunque en los primeros números los contenidos en inglés y español compartían páginas, a partir del #8 la revista decidió consagrar enteramente un número más compacto a los textos escritos directamente en inglés o traducidos.

Con dos Premios Ignotus en su haber (2017 y 2018) SuperSonic  apuesta por voces jóvenes y reconocidas del panorama internacional, dando una gran importancia a las portadas que reflejan el talento de ilustradores y artistas en distintas fases de sus carreras profesionales.

Según sus responsables, «hoy en día es relativamente fácil llegar a una gran cantidad de personas a través de las redes sociales y los foros existentes en Internet, lo que favorece iniciativas creativas de todo tipo, pero dificulta la fidelización de los seguidores, porque hay una saturación evidente de propuestas. Por otra parte, es necesario profesionalizar todo el circuito cultural, empezando por los creadores de contenidos –los autores- que se ven abocados a trabajar en condiciones muy precarias, así como buscar oportunidades para crear vínculos de colaboración con otros mercados.»

Publicaciones de 2018

Hace unos días dio comienzo esa etapa trepidante en la que se abren las nominaciones a los premios literarios relacionados con la literatura de ciencia ficción, fantasía y terror. Como más de una persona me ha preguntado si tenía alguna obra nominable -hay tantas propuestas distintas que es complicado acordarse de todo-, paso a dejar un lista de mis trabajos aparecidos el año pasado.

Recordad que este es un apunte meramente informativo, y votad vuestras obras y autoras o autores favoritos, sean quienes sean.

Novela: Bionautas (Editorial Cerbero)

Ilustración: Portada de Bionautas (Editorial Cerbero) de Mariana Palova

Revista: SuperSonic

Cuento: “Rojo” en la antología El Viento Soñador y Otros Relatos (Sportula), seleccionada por Mariano Villarreal.

Cuento: “Huevos” en la antología ProyEctogénesis: relatos de la matriz artificial (Enclave de Libros), coordinada por Lola Robles.

Cuento: “Repro” en la antología Cuadernos de Medusa vol.II (Amor de Madre)

Antología: El Viento Soñador y Otros Relatos (Sportula), seleccionada por Mariano Villarreal.

Antología: ProyEctogénesis: relatos de la matriz artificial (Enclave de Libros), coordinada por Lola Robles.

Antología: Cuadernos de Medusa vol.II (Amor de Madre)

Articulo: “Dibujando contracorriente: ilustradoras arbo-musulmanas de cómic” (Tebeosfera)

Artículo: “Revistas de literatura de ciencia ficción, fantasía y terror en España” (SuperSonic #12)

Bionautas

Bionautas es una novela de ciencia ficción sobre qué significa ser «humano», sobre la familia, sobre el choque de culturas, sobre la maternidad, y sobre la supervivencia. Editada por Cerbero, con portada de Mariana Palova y un prólogo fantástico de Teresa P. Mira de Echeverría, es una historia que pone punto y final a una obsesión que se inició cuando yo tenía trece años. A continuación, y con permiso de la editorial, podéis leer los primeros párrafos.

Portada de Mariana Palova

« The nature of life on Earth and the search for life
elsewhere are two sides of the same question—the search for who we are.» 
  Carl Sagan (Cosmos, 1985)


La adolescente se los imaginaba descendiendo del cielo en enormes cuervos metálicos. Dibujó las alas, capaces de plegarse y extenderse según lo requiriese la maniobra, y a ellos, los bionautas, todos versiones mudas de un mismo cuerpo: personas con el mismo color de ojos y de cabello, misma altura, misma complexión delgada, misma falta de expresión en el rostro y mismo silencio. ¿Cómo se dibuja el silencio? Lo dejaría para más adelante.

La adolescente se los imaginaba descendiendo del cielo en enormes cuervos metálicos. Dibujó las alas, capaces de plegarse y extenderse según lo requiriese la maniobra, y a ellos, los bionautas, todos versiones mudas de un mismo cuerpo: personas con el mismo color de ojos y de cabello, misma altura, misma complexión delgada, misma falta de expresión en el rostro y mismo silencio. ¿Cómo se dibuja el silencio? Lo dejaría para más adelante.

La adolescente se los imaginaba descendiendo del cielo en enormes cuervos metálicos. Dibujó las alas, capaces de plegarse y extenderse según lo requiriese la maniobra, y a ellos, los bionautas, todos versiones mudas de un mismo cuerpo: personas con el mismo color de ojos y de cabello, misma altura, misma complexión delgada, misma falta de expresión en el rostro y mismo silencio. ¿Cómo se dibuja el silencio? Lo dejaría para más adelante.

  Acarició las letras que aparecían en la cubierta del cuaderno. Formaban la palabra «Lily» en un estilo sencillo de  tonos plateados. Su padre Hugo había añadido a mano el nombre. Pero ella tenía cuatro nombres más.

  En la siguiente viñeta esbozó un montículo de cadáveres. Dejó vacías las expresiones de los rostros para concentrarse en el paisaje, delineando los edificios y entreteniéndose en los detalles arquitectónicos. La luz proyectaba sombras violetas en la página y la chica, cuando se dio cuenta, dejó de dibujar para contemplar el efecto echando hacia atrás la cabeza.

  Envidiaba a quienes escribían diarios para desahogarse. Ella tenía que dibujar. Cuando traducía sus pensamientos a composiciones de formas y colores, conseguía calmar la ansiedad que la acompañaba desde hacía meses, desde que descubrió las voces que la hablaban. En los peores días se trataba de lamentos apagados aunque la mayoría de las veces eran murmullos que la perseguían allí donde iba.

  Trató de ignorarlas pero, al final, cayó enferma porque no la dejaban descansar por las noches e interferían en todos los instantes su vida. Todo era confusión y caos, y pensó que estaba volviéndose loca.

  Elio, su padre bionauta, la instaló en su propia habitación, aquella construida con materia inteligente y que le había estado vetada siempre. La cuidó durante días y noches, y le enseñó a controlar el ruido incesante.

  Pero aquello no era suficiente. Ella necesitaba respuestas. Suplicó una explicación y su padre Elio se la dio de la única manera que un bionauta podía hacerlo de manera eficiente: en forma de grabación.

  Mientras seguía dibujando, Lily dio mentalmente la orden de iniciar la reproducción.

Uno por ciento

«Qué es lo primero que harías en un planeta viable si pudieras salir sin traje ni máscara, Elio?», me preguntó una vez Siry.

«Correr. Correr sin detenerme» le respondí. «Pisar algo distinto al suelo de esta asquerosa nave, o al manto rocoso de un mundo envenenado a través del traje.»

Nos lo dijimos con el ruido de las demás conversaciones de fondo, aquel sonido familiar que significaba que todo cuanto decíamos era público, el mismo ruido que tanto te ha perturbado en los últimos ciclos. En realidad no hablábamos o por lo menos, no como se hablaba en la Tierra. Disponíamos de un lenguaje propio muy rico, ahora lo sabes, porque te he enseñado sus rudimentos para que puedas filtrar las conversaciones del neurotema y controles las voces que escuchas.

Sé que buscas respuestas, que hay cosas ocultas en tu pasado que necesitas descubrir. Me hubiera gustado poder contártelas cara a cara pero tu historia, que es la mía, la de Padre Hugo y la de Madre Maya, es demasiado larga y dolorosa. Son demasiadas palabras vocalizadas, demasiado esfuerzo para mí, que crecí mudo. Esta grabación, configurada a través del neurotema, es la mejor manera y la más eficaz para revelártelas.

Pero me he remontado a cuando aún vivíamos en el espacio y todo estaba limitado, o prohibido, o controlado. Aquello era malvivir. Porque el espacio está diseñado para acabar con uno y no hay nada hermoso entre las estrellas. Parecen muy bellas desde aquí abajo, brillos delicados que iluminan la noche eterna que es el espacio, pero te aseguro que esa imagen es engañosa. Nada ni nadie nos quiere por allí, viajando de un punto al otro del universo, moviendo nuestros hogares nómadas con infinito esfuerzo, dejando nuestros deshechos desperdigados por el vacío, esa misma mierda que algún día encontrará la manera de volver a nosotros porque se haya acoplado a algún cometa o asteroide, que golpeará las mismas unidades navegadoras desde las que alguna vez salió, o caerá en los jardines de las colonias que construiremos, allí donde los elementos y la gravedad nos lo permitan.

No me gusta hablar de cuando vivíamos en el espacio, en aquellas unidades navegadoras que no olían a nada. Es difícil imaginar un sitio así, lo sé, cuando aquí hay tantos aromas diferentes y sabores y colores. Ni siquiera teníamos palabras para designar «dulce» o «agrio». Es una de las cosas que más me costó entender cuando llegamos y aprendimos los lenguajes de la Tierra. Es curioso: hay decenas de ellos. Nosotros solo teníamos uno y ni siquiera estábamos autorizados a hablarlo, solo a transmitirlo mediante el neurotema.  

Podría contarte mil cosas sobre el idioma de los Alqilaq. Ellos también articulan expulsando el aire a través de la parte anterior de su sistema respiratorio. Las distintas combinaciones en la intensidad, duración y dirección de dichos soplos les permiten comunicarse, pero el esfuerzo que tienen que realizar para emitir tan solo una bocanada de aire los agota. Por ello son una de las formas de vida más tristes y que más se deprimen en el universo. Los recuerdo y su meras imágenes mentales me ahogan la garganta.

Como te digo, prefiero no desvelarte mucho sobre aquellos ciclos, pero los rumores son ciertos: las unidades navegadoras eran iguales a los trasbordadores, solo que cientos de veces más grandes. Si consiguieras ponerte en órbita, podrías verlas.

Si tuviera que definirlas con una sola palabra, sería… «blanco». Todo era blanco. Bueno, en realidad también podía ser negro, como la imagen del exterior que entraba por las escotillas y los miradores. Blanco y negro, como una de esas películas antiguas que Padre nos ha enseñado alguna vez y que me horrorizan. Ahora supongo que entiendes por qué no me gustan. Le pedí que no las vuelva a poner. Es doloroso.

«Los recuerdos duelen» decía Siry. La hecho mucho de menos. Cada día imagino que llama a la puerta y abro, y me abraza y trae una caja con algún liquen alienígena de no sé dónde. La recuerdo con un contenedor en las manos, con especímenes del módulo biosfera. Siempre le gustaron las formas de vida que encontrábamos y tenía facilidad para hacerse cargo de ellas. Les hablaba. Aquí eso es normal; he visto gente cantándole a los girasoles o dando discursos a campos de trigo, pero en las unidades navegadoras aquello era ilegal. […]