Stross y el rap

Y vino el rap y arrasó con su llegada la frágil armonía de mi hogar. El blog ha decidido que ese género musical es el que mejor lo define y se dedica a inundar la casa con ecos de canciones habladas. Una pequeña dosis no molesta pero, el día entero, agota. Mis martirizados oídos se pasean vestidos con tapones para poder soportar la tracción de tanto ritmo multi-silábico, pero no puedo taparme los ojos. La visión del blog -pantalón descolgado, camiseta XXXL, pañuelo atado a la frente, deportivas con lengüetas hormonadas y andar de mandril- me persigue.

Dice el blog que no somos tan diferentes, yo con mi querencia por la literatura de sci-fi  y él con su interés por el rap. Le pido explicaciones y me señala la novela The Jennifer Morgue del británico Charles Stross. Entramos en esa parte de la conversación en la que ninguno escucha verdaderamente al otro, pero ambos lo pretendemos.

Me suelta el rollo del mestizaje de estilos (¡cómo odio que se utilice la genética como argumento!) y menciona un montón de artistas con nombres de doble sentido. Dejo que se desahogue y comienzo mi exposición strossiana, aunque a los veinte segundos me encuentro hablando sola. El blog se ha largado con el rap a otra parte. Sospecho que no me aguanta.

Estaba yo diciéndole que The Jennifer Morgue, y la trilogía de Stross en la que se inscribe, puede ser considerada también como una obra cuatricolor porque combina ciberpunk, zombis, magia y espionaje cuando me dejó con la palabra en la boca. Él se lo pierde. Esta novela, que hace poco he releído, me ha hecho sonreír en las mismas escenas de siempre. Los que la conocéis sabréis a lo me refiero: Smarts “gadgetizados”, PowerPoint Z y monólogos de villanos con camisa de cuello neru.

El mismo Stross http://www.antipope.org/charlie/blog-static/fiction/faq.html define en su blog la serie que inició con The Atrocitty Archives como una novela multi-referencial en la que la ciencia ficción, el horror victoriano tardío (no utilizaré el nombre de Lovecraft en vano) y los thrillers de espionaje británicos se salpimentaban con su poquito de género Z. Como veis, yo no he inventado nada sino que cito al autor que no tiene reparo alguno en enumerar sus fuentes.

Los puristas de los géneros, los mismos que se echan las manos a la cabeza cuando uno se sale de la fila pero que te bailan el Harlem Shake para demostrar que son modernos, desinhibidos y chupi-guays, no me entenderán.  Porque The Jennifer Morgue, que por cierto aún no se encuentra publicada en español, no es quizá la mejor de las novelas de Stross. Sé que ahora mismo los aficionados estarán pensando en Accelerando y yo, que soy muy sensible a sus necesidades, les recomiendo esta interesante entrada de mi Twitt-amigo Félix García http://elalmohadondeplumas.wordpress.com/2013/03/24/accelerando-ancho-de-banda-y-libertad/ que rebosa enjundia y savoir faire.

Confieso que esta segunda entrega de la saga The Laundry, el servicio más-que-secreto británico para combatir el crimen inhumano –los hombres de negro de toda la vida- no será ninguna obra cumbre de la literatura contemporánea, pero consigue entretener y hacer reír, que ya de por sí tiene mérito. La hace a través de las aventuras ciber-mágicas de Bob Howard, el anti-héroe por excelencia, el geek metido a espía accidental.

En mi opinión, el primer acierto de Stross es precisamente la elección del protagonista, cargado de todos los tics del informático empollón e inseguro, pero cuya falta de presunción le confiere credibilidad. El autor introduce inmediatamente al lector en el libro al colocarlo al mismo nivel que Bob, haciendo que ambos vayan descubriendo la trama al mismo tiempo.

Otro acierto consiste en utilizar fantasía urbana para explicar todo aquello que la ciencia ficción no puede. Las ecuaciones matemáticas como fórmulas mágicas, los programas matemáticos que canibalizan mentes, los demonios-parásitos y mi favorita, los cosmeto-zombis, quedarían totalmente ridículos en una obra de ciencia ficción, o incluso weird. Stross sabe cuándo debe recurrir a la fantasía que todo lo puede y, además, lo hace con soltura y sortea con agudeza los obstáculos.

El tercer éxito del británico es su apuesta por la broma como forma de homenajear el género de espías de sus paisanos y no me refiero a las novelas de John Le Carré sino a las Ian Fleming. La referencia es concretamente con las películas de James Bond, cuyos recursos absurdos –millonarios megalo-maniáticos, bellezas letales y armas de destrucción masiva a gogó- son aprovechados como excusa para armar una historia en las que las aventuras cunden y mucho. Es ahí donde funcionan los personajes secundarios, una prolongación del autor porque parecen saber siempre más que Bob y que los que leemos.

En definitiva The Jennifer Morgue consigue entretener de manera eficaz, tratando al lector casi como si fuera un personaje y haciéndole vivir de la mano de Bob un cadena de situaciones peligrosas y, al mismo tiempo, cómicas.

El blog está de juerga con sus colegas. Veo un mar de gorras de beisbol con la visera coleando, prendas con marcas deportivas descomunales y un tipo con un peine viviendo en su cardado. La música suena a lo lejos. Nadie la escucha aunque todos la corean.

Definitivamente, el rap se ha interpuesto entre el blog y yo. Seguiremos informando.

 

 

Erick Mota: ucronía con sabor cubano

Hace unos meses dábamos cuenta en este blog de Terra Nova, Antología de ciencia ficción contemporánea, publicada por Sportula, y cuya reseña podéis consultar aquí http://blogs.libros.com/literatura-ciencia-ficcion/2013/01/09/terra-innova/. Al blog le entusiasmó uno de los relatos recogidos, Recuerdos de un país zombi de Erick Mota, y no ha dejado de relatar desde entonces sobre su posible adaptación cinematográfica. En su momento dijo que sería visualmente impactante, que el escenario atraería la atención del público urbanita y que la temática Z está de moda.

El otro día se presenta armado con guión, story-board a carboncillo, plan de rodaje, memoria de producción, lista de casting, permisos de rodaje, claqueta y hasta silla de director con la palabra “BLOG” escrita a rotulador. Le digo que me impresiona su capacidad de trabajo pero que con qué va a rodar el cortometraje. Me mira resignado y deja caer en mi regazo una factura de compra de una cámara semi-profesional.

Después de ver la cifra e hiperventilar varios minutos, llamé al psicólogo del blog, que me aseguró que esto es solo es una fase pasajera de su adolescencia dirigida a reafirmar su identidad. Me animó a interesarme genuinamente por el proyecto y yo, que soy sensible a sus necesidades y a mi bolsillo, me puse en contacto con el inventor de la historia, el propio Erick Mota.

Lo que viene a continuación es la entrevista que mantuve con Erick, publicada la semana pasada en la revista digital miNatura, y que podéis disfrutar gratuitamente aquí http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/. Quiero agradecer a su director Ricardo Acevedo su gentileza a la hora de autorizarme a reproducir esta conversación. Además, en un ejercicio bloguero políglota simultáneo, mi amigo Elías -conocido como @odo en Twitter- está teniendo la amabilidad de difundir en este mismo momento el artículo en inglés en su blog Sense of Wonder http://sentidodelamaravilla.blogspot.com/2013/03/cristina-jurado-interviews-erick-j-mota.html . Esta web es un espacio de información  y opinión bilingüe sobre literatura sci-fi que se actualiza diariamente y que no podéis dejar de consultar pues avisa sobre e-books gratuitos, publica entrevistas con autores del género y aporta reseñas relevantes sobre los últimos títulos aparecidos en el mercado.

¿Qué hace un físico escribiendo ucronías?

El cubano Erick Mota es licenciado en Física Pura por la Universidad de La Habana y cuenta en su haber con un curso de técnicas narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Con motivo de la publicación de su primer libro Bajo Presión (Editorial Gente Nueva, 2007), gana el certamen literario La Edad de Oro de Ciencia Ficción para jóvenes. Muchas de sus historias aparecerán recogidas en diversas antologías y publicaciones. En 2010 publica en Casa Editora Abril un recopilatorio de cuentos, Algunos recuerdos que valen la penaLa Habana Underguater -como colección de relatos- sale a la luz ese mismo año en la editorial Atom Press, para posteriormente publicarse como novela con el mismo título. Erick ha sido reconocido con el premio TauZero de Novela Corta de Fantasía y Ciencia Ficción ( Chile, 2008) y Calendario de Ciencia Ficción (Cuba, 2009). Como ya hemos mencionado, su relato Memorias de un país zombi acaba de aparecer en España en Terra Nova: la Antología de Ciencia Ficción Contemporánea de la editorial Sportula.

 

Cristina Jurado: ¿Qué atrae a un licenciado en Física a probar suerte en el mundo literario? Tu formación académica ¿fue el motivo por el que elegiste escribir ciencia ficción?

Erick Mota: Para poder contestar a eso, primero debo explicar por qué estudié Física siendo un lector empedernido. La respuesta es: porque la investigación científica es emocionante. Sobre todo por lo de indagar en la búsqueda de la verdad y hacerte una idea de cómo funciona el mundo. A medida que avanzaba la carrera, me di cuenta que  pasaba más tiempo creando historias que estudiando. Finalmente me gradué y comencé a escribir ciencia ficción.

El verdadero motivo por el que elegí escribir ciencia ficción tiene que ver con la forma en la que veo el mundo. Yo veo toda mi vida diaria en términos fantásticos y voy creando historias a cada paso que doy. Mi formación académica ayuda… y mi ciudad también.

 

CJ: He leído en alguna entrevista que citas a Robert Heinlein y Stanisław Lem como influencias tempranas en tu obra. ¿Qué hay de los autores de habla española? ¿Cuáles son tus referentes?

EM: En mi formación como escritor tuve pocos referentes de habla hispana en lo relativo a la ciencia ficción. Los que tuve fueron de mi propio país y estoy orgulloso que sean ellos y no otros. Sin pensarlo dos veces debo hablar de Agustín de Rojas y su maravillosa utopía/distopía “El año 200” y Daína Chaviano, quien con sus “Fábulas de una abuela extraterrestre” me dio una lección de humildad. Ha pasado el tiempo y he leído a otros autores en español, pero esos dos son indudablemente los que más forjaron mis ideas sobre el género en mi lengua materna.

 

CJ: Sientes predilección por la historia alternativa ya que muchas de tus obras abordan ucronías. ¿Consideras que la realidad es demasiado descorazonadora como para tener que re-describirla?

EM: No, para nada. Lo que pasa es que todos estamos demasiado próximos a la realidad y entonces los árboles nos impiden ver el bosque. Sólo cuando partimos de una historia re-escrita y ponemos en ella los elementos de nuestra realidad actual, es que podemos realmente reflexionar adecuadamente sobre nuestra vida. La ucronía es dentro de la ciencia ficción la manera más efectiva de poner a la gente a pensar sobre sí misma y el mundo en que vive. Si hacemos una historia que se desarrolla en el futuro, los lectores tienden a ver esto como una realidad ajena, dado que está por venir. Si hacemos una historia que se desarrolle en el espacio o en un planeta alienígena, tanto las características propias del universo que se crea como la tecnología futura crean una cierta distancia entre el lector y la historia. Pero si les contamos algo en un universo que pudo ser posible, en otro presente, la cosa cambia.

No es lo mismo que yo cuente una historia que cuestione (y esto es sólo un ejemplo hipotético) y hable de las raíces del patriotismo en mi país y cómo esto se ha manipulado a favor de unos cuantos. Si narro este relato, la Historia que cada cubano ha dado en la escuela lo condiciona desfavorablemente para asimilar mi relato, puesto que cada uno de nosotros se encuentra ligado al simbolismo patriótico y las historias épicas de nuestras guerras de independencia contra el colonialismo español. Pero si en cambio yo hablo, y cuestiono, los sentimientos patrióticos en un mundo alternativo resultado de la victoria de los ingleses al tomar La Habana en 1572 y cuento sobre una Habana perteneciente a East Cuba donde hay un movimiento de independencia llamado West Cuba Republican Army WCRA y se cree una situación semejante a la de Irlanda -pero con las mismas relaciones de manipulación patriótica de la Cuba actual- entonces los lectores pueden comprender y reflexionar mejor sobre cómo son manipulados en su realidad. Pueden poner en tela de juicio las raíces del patriotismo, y la manipulación política relacionada con el concepto de nación, sin estar prejuiciados por la historia que han aprendido en la escuela. Así pasa con cada país y cada temática. Mi ejemplo es sólo ilustrativo porque es la realidad y el país que tengo cerca. Simplemente la ucronía ofrece infinitas posibilidades para analizar/cuestionar nuestra realidad presente.

También es algo que debe saber manejarse bien en función de los lectores. Si yo escribo una historia alternativa donde nunca existió el 9/11, puede ser interesante si la desarrollo en Estados Unidos o en Irak, pero en Cuba o en Miami no tendrá tanto impacto como una historia alternativa donde el cambio ocurriera en 1959 o en 1962.

 

CJ: ¿Cuáles son los elementos que diferencian y caracterizan la ciencia ficción y la fantasía de Latinoamérica?

EM: En mi corta experiencia, pues me queda mucho por leer, Latinoamérica posee una perspectiva diferente del mundo y la tecnología. Por tanto, su ciencia ficción es de manera natural diferente. El cyberpunk que se hace en países como México tiene una mirada desde la pobreza ajena a ese alienamiento anglosajón de sus primeros autores o ese entusiasmo por las tecnologías informáticas de los últimos. Son historias escritas desde el fondo de una botella llena de violencia y desesperanzas. Es ciberpunk con “i” latina como yo le llamo.

Otra característica es que Latinoamérica posee una historia política muy convulsa y llena de dictadores, guerrillas y escuadrones de la muerte. Cuando un héroe clásico Heimleniano desembarca en un planeta selvático, si el autor es anglosajón, uno puede imaginarse a los marines cargados de alta tecnología caminando por la selva sub tropical al estilo Vietnam. En América los soldados guardan sus armas y sacan sendos machetes. El uso de semejante herramienta/arma viene cargada de un tanto de falta de estética CF, pero indudablemente todos en América sabemos que esta terrible arma en manos de militares, paramilitares, guerrilleros o fanáticos puede ser más terrorífica que cualquier láser de pulso.

Otro punto interesante es que la ciencia ficción de Latinoamérica usa el elemento religioso y teosófico como elemento científico en la ciencia ficción. Mientras en la ciencia ficción anglosajona los elementos mágico-religiosos son simples piezas de tecnologías mal interpretadas, en América los espíritus son reales o están hackeados por operadores a través de teclados-ouija como sucede en la obra de Jorge Baradit, por sólo poner un ejemplo.

En lo personal pienso que no se ha dicho todo respecto a la CF de Latinoamérica. Poseemos una cultura fruto de la intersección de, al menos, tres culturas (la indígena, la europea y la africana) que a su vez se subdividen en muchas más. Creo que si los autores aplican sólo un 3% de la cultura de sus países (que marca una radical diferencia con Norteamérica y Europa), tendremos una ciencia ficción mucho más novedosa que la que se ha escrito.

 

CJ: En España se van conociendo poco a poco más autores de sci-fi procedentes del otro lado del Atlántico y, concretamente de Cuba. ¿Cuál es el panorama actual del género en la isla?

EM: La ciencia ficción en Cuba ha avanzado un gran trecho en lo referente a temáticas y estilo. Cuando hablo de este asunto, me gusta referirme a ella como una épica batalla. Tuvimos una Primera Gloriosa Edad en los años 60 cuando nació nuestro movimiento de CF, tuvimos una Edad de Oro en los 80 y una Edad Oscura en los 90. Creo que la ciencia ficción de la Isla ha derrotado muchos demonios y le quedan otros tantos por vencer. Hemos conseguido separarnos del lado oscuro de la ciencia ficción soviética que se basaba en hacer una especie de literatura pulp centrada en la moral y en la política. Demoró años que nuestras editoriales aceptaran historias asociadas a futuros poco optimistas y desesperanzadores. En la primera década de este siglo se han publicado relatos y novelas con una diversidad temática asombrosa. También hemos captado la atención de nuestras editoriales y, pese a que no estamos en un mercado competitivo, poco a poco puede notarse una evolución tanto temática como estilística. Hemos dejado atrás tanto la utopía socialista como los OVNIS, cosa que ya es un logro.

 

Orisha-Punk

CJ: En un artículo tuyo sobre Unicómix 2011 analizabas la intervención de la escritora argentina Angélica Gorodischer que hablaba de un agotamiento de la ciencia ficción, opinión de la que también se hacía eco Ursula Le Guin. Es un tema muy debatido en los foros de aficionados al género. ¿Podrías compartir con nosotros tu posición al respecto?

EM: Como ya dije una vez, la primera vez que leí este criterio, me sentí insultado. Después hice un recuento de cuántas historias con temáticas verdaderamente originales había leído en la última década. Tuve que darle la razón a la Gorodischer. Pero mi análisis de la situación dio otros resultados. Casi todo lo que había leído era ciencia ficción norteamericana/inglesa o sus copias al español. Entonces comprobé que lo que llamamos, alegre y festivamente, ciencia ficción es sólo un tipo de literatura de ciencia ficción que resultó popular en Norteamérica y se extendió al resto del mundo como fórmula de éxito. La mayoría de las temáticas, estereotipos y conflictos de la ciencia ficción francesa, alemana, checa o rusa anterior a la II guerra mundial no se han agotado. Lo que sucede es que nos hemos concentrado en los últimos 40, 50 años en repetir la formula de la ciencia ficción norteamericana (Campbell, hard-cf, new wave, cyberpunk) hasta la saciedad y esa ciencia ficción ya está agotada por ellos y por nosotros. El mundo mismo ha cambiado y la manera en la que interactuamos es radicalmente diferente. Que yo esté en la Cuba socialista y me hagan una entrevista en España a través de una interconexión de redes informáticas conectadas a un arreglo de satélites y que eso pueda descargarse desde un teléfono de bolsillo. ¡Por favor, eso SI es ciencia ficción! Si partimos de ahí, no hay un límite temático, y el futuro de este tipo de literatura se nos vuelve ilimitado y esperanzador.

Sólo si nos estancamos en repetir una fórmula (que creo que es lo que ha pasado tanto a autores angloparlantes como hispanohablantes), entonces sí es cierto que se han agotado los temas en la ciencia ficción.

 

CJ: En el estupendo relato Memorias de un país zombi, incluido en la antología Terra Nova, eres capaz de dar un aire nuevo y fresco a una temática muy desgastada. ¿Cómo surgió la idea para este relato? ¿Crees que la denuncia social es uno de los caminos de futuro de la sci-fi?

EM: La responsabilidad moral de este relato la tiene mi amigo y hermano Ricardo Acevedo. Él me pidió un cuento con temática zombi para una antología. Eso solo se hace por un amigo, me dije: ¿Cómo hago yo un relato de ciencia ficción sobre zombis? Salí a la calle y me puse a mirar la gente, encontré un viejo letrero de una propaganda vieja pintado en una pared al final de una calle. “Esta calle es de Fidel” decía, y enseguida mi mente se llenó de consignas: “Este Zombi es de Fidel”, “Nuestros Zombis son revolucionarios”, “Junto a los Zombis por el socialismo”, “el Zombi que no salte es yanqui”. Y así seguí caminando y leyendo cada letrero de propaganda política revolucionaria y viendo zombis por todas partes y policías parándote en la calle y pidiéndote los papeles del zombi. El resto fue escribir primero un relato corto que se llamó Secreto a vocesporque tenía que cumplir con Acevedo y después escribir con calma y sin límites de formato la historia que tenía delante. Así nació Memorias de un país zombi.

Y sí, creo que la denuncia social es uno de los caminos. Por una sola razón: la denuncia social hay que hacerla de una u otra forma, y la ciencia ficción no puede estar ajena a ello. De hecho, la ciencia ficción nos permite exagerar sin perder el tino y eso es muy importante.

 

CJ: ¿Cómo definirías tu último libro La Habana underguater?

EM: Esa pregunta es bien difícil de responder porque en Habana Underguater hay muchas cosas. Trata de una ucronía pero no es una ucronía y tampoco es un futuro cercano. Asume que la URSS derrotó a los norteamericanos en la guerra fría pero la historia se desarrolla mucho después del 2016, luego que un mega ciclón desolase la Habana. Es un futuro ucrónico si se mira desde una óptica ortodoxa. Pero si añadimos que la “internet” de este mundo usa servidores soviéticos desde estaciones espaciales tipo Mir en lugar de satélites y estaciones terrenas y que los orishas de la religión Yoruba (originaria de Nigeria pero muy popular en Cuba y en Brasil) tienen una presencia virtual en esta Red Global… bueno imagino que es muy difícil de clasificar. Algunos por aquí le llaman Orisha-Punk pero no es una clasificación en serio.

Underguater es la novela (y saga de novelas pues recién termino la segunda parte, que aún no publico) que más me ha divertido hacer. Está pensada para un lector que le guste esa tosquedad ciclópea y eficiente que poseía la tecnología de la antigua Unión Soviética. Es una extrapolación moderna de aquel modo de hacerlo todo igual, desde un tanque hasta una lavadora. Las personas de mi edad que vivieron en Cuba saben de lo que hablo.

 

CJ: En tu opinión ¿qué ingredientes debe incluir una historia de ciencia ficción de calidad?

EM: No hay una receta para esto. Una historia debe sorprender, estar bien anclada en el universo propuesto, y al mismo tiempo debe hacer pensar al lector sobre el mundo fuera de la ciencia ficción. No puede ser aburrida pero no puede ser del todo entretenimiento o peripecia. Y debe tocar el alma, ser desgarradora de ser posible, pero tampoco puede ser una tragedia como las del realismo soviético. Debe estar en un punto medio difícil de obtener. Es como la alta cocina, hay recetas y cada chef tiene su punto. Y claro, hay muchos paladares.

 

CJ: El mundo editorial está sufriendo una importante transformación a raíz de la proliferación de las plataformas de auto-publicación. Además,  los modelos tradicionales de negocio están sufriendo los efectos de la crisis económica generalizada. ¿Cómo ves la situación a corto y largo plazo? ¿Qué te parece la auto-publicación?

EM: Es un hecho que está ocurriendo un cambio en el mundo editorial es. En mi opinión todo cambio es a largo plazo bueno, no soy partidario de mantener por mucho tiempo un mismo estado de cosas. También es justo decir que yo vivo en un país donde ni siquiera se aplican correctamente los métodos tradicionales del libro, por lo que puedo caer fácilmente en hablar de un tema que desconozco. En lo personal, pienso que para autores como los cubanos, que dependen de un solo criterio editorial válido para todas las editoriales de la isla, la auto publicación me parece la única tabla a la cual asirnos para no hundirnos. Claro, también existe la preocupación acerca de que sólo publicarían entonces los que tengan el dinero suficiente para hacerlo. Mi pregunta es: ¿Acaso no sucedía igual con el método tradicional de las editoriales? ¿Daba el método anterior realmente oportunidades de imponerse en el mercado a los jóvenes escritores de países pobres? Si me lo preguntan, todos los métodos tienen sus defectos y sus virtudes. En mi opinión, mientras más oportunidades tengan los que normalmente no las tienen, pues mejor.

 

CJ: Eres un autor reconocido en numerosos certámenes: el premio Juventud Técnica 2004, el premio La Edad de Oro de Ciencia Ficción para jóvenes 2007, el TauZero de Novela Corta de Fantasía y Ciencia Ficción de Chile 2008 y el Calendario de Ciencia Ficción de 2009. ¿Qué consejos das a los escritores noveles?

EM: Que sean ellos mismos. Es el único consejo que creo que sirve. Que traten de ser auténticos y no copien o pretendan ser nadie. Uno se inspira en los grandes escritores del pasado pero no puede dejar de ser uno. Esa es la clave. Que salgan a la calle y lo miren todo y a todos: después sabrán qué hacer. Y divertirse, claro. Sólo si te diviertes escribiendo esto funciona, en caso contrario siempre hay mejores formas de ganar dinero.Bukowski decía algo sobre tomar mucha cerveza, no es un mal consejo tampoco.

 

Estamos de rodaje. En casa. Que ya no es mi casa sino una casa de La Habana. El blog es el director. Al resto del equipo que ha invadido mi hogar, no lo conozco.

Hoy me siento como un extra de mi propia vida.

 

 

 

Beta-readers, lectores cero y otras criaturas raras del ecosistema literario

El blog es un ser curioso. Nada escapa a su capacidad de observación y no duda en cuestionar lo que desconoce o mal-conoce. Su apetito de conocimiento desafía muchas veces la lógica de la convivencia doméstica y no me queda más remedio que intentar responder a sus preguntas a horas intempestivas. Él es así.

2:36 am.

Me sacuden con vigor mientras soñaba con un tipo de mirada penetrante y tatuaje tentacular que me susurraba invenciones al oído. Despierto en medio de la agitación que provoca la vigilia forzosa. El blog quiere saber qué es un beta-reader.

¿A estas horas?

Le digo que mañana se lo cuento y él insiste, cabezota… cabezón. Dice que es la actividad clandestina de moda en las redes sociales y que necesita recabar toda la información posible.

¿Clandestina?

¿De moda?

Por alguna razón ambos conceptos no parecen ajustarse a la idea que yo tengo de un beta-reader. Cierto es que se trata de una actividad poco conocida pero no creo que pudiera definirse como furtiva. Por otro lado, cualquier moda en literatura suele levantar suspicacias. Aparte de los best-sellers ocasionales, a hostias con la calidad muchas veces, hoy en día lo popular se manifiesta en las temáticas más que en cualquier otro aspecto.

Como no tengo todas las respuestas y sí muchas preguntas, me dirijo a esa red de entendidos en la materia que habitan los capilares de Internet y les pido ayuda. Quiero agradecer a ElíasPedroMiquelCarlosLuisSergiAthman Fernando que se hayan tomado la molestia de iluminar mi ignorancia con sus respuestas.

Muchos nombres para una función

Vamos a definir el objeto de estudio para situarnos. ¿Qué demonios es un beta-reader? Hago un rápido barrido en Internet y saltan de la pantalla otras acepciones que se pelean por la misma función: alpha-reader, lector cero o lector de pruebas son algunas de los nombres con los que se conoce a esta criatura del ecosistema literario. Elías, que publica http://sentidodelamaravilla.blogspot.com, me ha enviado una definición concisa y precisa que comparto con vosotros: un beta-reader es una persona que lee una primera versión de una historia (puede ser una novela o un relato de menor longitud) y da su opinión al escritor para que éste pueda ver la impresión que causa en los lectores y pueda modificar aspectos que ayuden a mejorar el resultado final

Es una rara avis, hay incluso quién ignora totalmente su existencia, pero los escritores son quizás los seres que más de cerca la conocen. El beta-reader es un lector por encima de todo, pero lo es con premeditación y alevosía. Para él o ella, la lectura es un placer, muchas veces una necesidad cotidiana, un deleite para los sentidos. En algunas latitudes son conocidos como devoradores de letras; se les reconoce por tener a mano un libro o un e-reader casi en cualquier situación. Han leído durante sus vidas muy por encima de ninguna media nacional y los libros suelen tener para ellos un valor que nos se corresponde con su importe monetario. Como dice Sergi: Es mejor si es un lector con experiencia, atento a los detalles (muchas veces la labor del beta-reader puede solaparse un poco con la del corrector de estilo) y capaz de analizar, aunque sea someramente, por qué una obra funciona o no.

Hay muchos lectores, no nos confundamos, y solo un puñado de beta-readers. Lo que los diferencia y hace únicos es la finalidad de su lectura. Cuando actúan en modo “beta-reader” es a petición del escritor, que les invoca en las horas postreras de sus obras. O sea, no es un lector involuntario sino intencionado. No lee por accidente sino porque la instancia creativa -el autor de la obra- le propone ejercer una actividad leyente que se aleja del mero deleite despreocupado. Pedro, artífice de  http://www.leemaslibros.com, lo explica con gran acierto: No es el beta-reader quién impone el proceso, sino el escritor. Cada autor debe remitir el trabajo que quiere que se evalúe (no tiene por qué ser un texto completo, puede ser un capítulo, por ejemplo) y solicitar qué tipo de lectura requiere. Es decir, el escritor indica al lector sobre qué quiere que focalice su atención durante la lectura: ritmo, prosa, personajes, diálogos, claridad, credibilidad, etc.

Porque la lectura realizada por un beta-reader debe ser de tipo asistencial. Quiere esto decir que tiene que servir para que el escritor que la ha reclamado la utilice como instrumento para mejorar su obra. Es por tanto el escritor quien marca el ritmo e impone los objetivos. De nuevo nos remitimos a las sabias palabras de PedroSi el escritor no matiza lo que busca, es posible que no le sirva de nada un beta-reader. Idealmente debería proporcionar un cuestionario breve al lector para que responda a preguntas concretas.

Por estos motivos no valen las palmaditas en el hombro, los comentarios genéricos y generales o el peloteo “reseñil”. El beta-reader debe pringarse, otro modo de decir que debe implicarse tanto en su lectura como en su reflexión sobre la obra degustada. Según Elíaspuede ofrecer información interesante al escritor, sobre todo para saber si la historia provoca las reacciones que está buscando. No creo que sea una labor imprescindible, como puede ser la de un editor o la de un corrector, pero sí que creo que puede ser una herramienta más para que el escritor consiga pulir su obra.

Actuar como beta-reader no es un tarea fácil pues requiere un ejercicio de análisis objetivo aplicado a una labor tan subjetiva como es la lectura. Luis, uno de los cerebros detrás de http://milinviernos.com, indica que es fundamental conocer el estilo del autor y no pretender que el gusto literario personal sea la medida para el trabajo que está leyendo [y] tener un compromiso de ayuda y un grado de afecto al texto para ayudarlo a mejorar.

No se le pide que tase con infalibilidad papal ni mucho menos, sino que se apoye en su trayectoria lectora para valorar la obra aplicando un mínimo distanciamiento para con el escritor. Miquel, a quién podéis seguir en http://www.qdony.net, señala que el beta-reader debe ser capaz de valorar la narración en función de sus posibilidades, no en función de lo que a él o ella le hubiera gustado leer. También debe combinar la visión de conjunto del relato con la atención al detalle y escribir su opinión como si no conocieras al autor o autora y no te importaran sus sentimientos.

La multi-dimensionalidad del trabajo analítico es una de las principales dificultades a las que se enfrenta el oficio, tal como lo pone de manifiesto Carlos, bloguero desde http://sinsolapas.blogspot.comEs básico que los [beta-readers] sepan juzgar el texto en su intención misma. También tienen que ser capaz de leer a distintos niveles, tanto desde el formal, como el de la arquitectura o la intención. Un buen lector beta debe ver cosas que te has pasado, no solo en el lenguaje, sino huecos en la trama o fallos de continuidad globales.

El respeto a la audiencia, al público al que va dirigida la obra, al lector-tipo para el que el escritor desarrolla su historia, juega un papel esencial en su labor y se convierte en condicionante implícito. Athman -no dejéis de visitarle en http://athnecdotario.com– señala la importancia de intentar ponerse en la piel del futuro lector, alguien que puede tener unos gustos diametralmente opuestos a los tuyos, o mil diferencias más y aun así, obviando esos detalles, que se encuentre con una obra impecable, a nivel ortográfico, gramatical y de estilo. Otra cosa será que le interese o no, pero que de entrada, esté impecable.

El beta-reader no es un crítico literario, ni un escritor profesional, ni un corrector editorial, aunque el escritor acuda en numerosas ocasiones a alguno de los mencionados para tantear su obra. Así lo entiende de nuevo LuisNo creo que críticos o enemigos sean las personas indicadas como beta-readers, lo que de pronto sí serviría para la labor de corrección de estilo, siempre y cuando sea profesional: porque un corrector de estilo poco profesional no separará su desagrado con el texto con su trabajo y tratará de perjudicarlo (por lo que no cumple con su trabajo).

Asumir el papel de evaluador consciente y diligente implica también la aceptación de las limitaciones propias y de las fronteras que marcan la opinión, como apunta MiquelSer consciente de que la opinión que se da no es más que una opinión de las muchas posibles. Los lectores son tan diversos como los textos, lo que no funciona para uno puede funcionar para otro. Eso no le resta ninguna legitimidad a la propia opinión, pero cualquiera puede equivocarse.

Una lectura atenta y meticulosa es la norma que se impone a la hora de afrontar una nueva misión como beta-reader. En el caso de Fernando, curtido en numerosas batallas como podéis comprobar en http://deprisa-deprisa.blogspot.com, el proceso implica al menos dos lecturas: En mi caso, leo una primera vez el texto, para ver por dónde me sorprende la historia, cuál es su ritmo de lectura, voy anotando las primeras cosas que me “chocan”, etc. Dejo dos días de reposo, para ver qué me queda de esa primera lectura. Luego ya voy a una segunda lectura más pausada, en la que terminas de perfilar los personajes (su tratamiento) y demás asuntos que se puedan haber pasado. Después ya es comentarlo con el autor.

Carlos, como el resto de colaboradores de este artículo, ha actuado como beta-reader en algún momento y su experiencia no es muy diferente de cualquier otra lectura. La diferencia es cómo afrontar la valoración. Si es cara a cara es más fácil, porque delante de una cerveza se pueden decir las verdades ebrio, y eso relaja un montón. Lo mismo si hay una relación de amistad, que permite decir burradas sin ofender -demasiado-. Aunque con un amigo, en un momento dado, sales a la calle, te partes la cara y luego tan contentos. Cuando es por escrito hay que ser más cuidadoso, y saber cómo afrontar los puntos peliagudos. Que los hay, supongo que siempre. Aunque Borges no me pidió nunca opinión y no le ha ido mal.

La contribución del beta-reader en la puesta a punto de una obra literaria, sea del género que sea, constituye un paso necesario pero no inevitable. Se enmarca en el servicio post-creativo que la mayoría de autores realiza una vez escrita la palabra “fin” y suele reconocerse en el apartado de agradecimientos del libro. Sergi lo resume: Es bastante importante, porque aporta una distancia crítica con el texto que al autor le cuesta tener. Además le permite ver si funciona y si aquello que quería destacar realmente destaca, o si ese detalle aparentemente sin importancia que luego se revela fundamental no resulta evidente desde el principio. Creo, y es algo que bastantes escritores comparten, que todo autor necesita un lector cero de confianza. Alguien en cuyo criterio confíen y que no se corte a la hora de decir que un texto es malo.

Ante la dificultad que para el autor entraña juzgarse a sí mismo, se recurre al beta-reader para mirarse en su sensibilidad apreciada y admirada. En este sentido, Athman reconoce que es fundamental para el autor el tener un punto de vista ajeno a la obra. Él está demasiado implicado y que alguien ajeno la vea con perspectiva, fresco y sin ningún tipo de condicionante, le permite detectar errores que a él se le habían pasado, frases mal construidas o que se pueden mejorar e incluso aportar ideas que cierren mejor el concepto de lo que quiere contar. Simples opiniones, en realidad, pero que pueden ser la diferencia.

Lector desenfrenado, observador atento de realidades inventadas, extractor de evidencias y máquina depuradora de textos… quizás después de haber estas líneas entenderéis las palabras de afecto que todos los escritores dedican a los beta-readers en sus obras. Como dice FernandoEntiendo que al fin y al cabo, somos el examen final, […] un banco de pruebas, en definitiva.

Después de leer el artículo que con tanto amor le he preparado, el blog me dice que no ha entendido nada.

Creo que debería haber acudido a un beta-reader…

 

Taxis rosas, Star Trek y literatura en Dubai

Es casi imposible encontrar un taxi libre un viernes a mediodía en Dubai. El fin de semana en los Emiratos Árabes Unidos comienza ese día y termina el sábado, pero es el viernes la jornada santa para los musulmanes y, precisamente a las doce tiene lugar una de sus oraciones. La mayoría de taxistas procede de Pakistán, luego no es extraño que las calles se vacíen de automóviles para transporte público. Por cierto, Dubai es donde vivo actualmente.

El pasado 8 de marzo, viernes como ya os lo habréis imaginado, tuve que salir a la carretera para localizar un taxi que me llevara al hotel donde se celebraba el Emirates Airline Festival of Literature. Una dama con velo rosa se paró en un taxi con el techo de ese mismo color: se trataba de un taxi rosa, un servicio de transporte exclusivo para mujeres que no desean viajar en vehículos conducidos por hombres (o sea, clientela femenina musulmana). Aunque yo soy atea –y a mucha honra- me lancé a cogerlo sin pensarlo. Afortunadamente, el blog no venía conmigo: no hubiera sido aceptado como pasajero.

El Dubai LitFest, como todo el mundo lo conoce,  había comenzado un día antes con las habituales sesiones introductorias y el blablablá institucional de rutina. Planeaba asistir a una sesión llamada “Sci-fi across continents”, con la escritora emiratí Noura al Nomany el norteamericano Alan Dean Foster.

Cuando llegué a la sede del festival, creí encontrarme en una medina modernizada. Proliferaban las abayas negras (de moda entre las mujeres musulmanas), los dishdashas impolutos (las túnica blancas de los varones del Golfo Pérsico), los short acompañados de sandalias con calcetín blanco (uniforme anglosajón), las gafas de sol (accesorio imprescindible) y los libros. Literalmente, qué bien queda este adverbio en una Feria del Libro, había obras por todas partes. Algunas se vendían al fuego lento de las máquinas registradoras, otras se firmaban en las mesas habilitadas para los autores, muchas se hojeaban…

Equipada con el mapa/folleto del programa, me dirigí como si realmente supiera a dónde iba a la sala de la charla. El típico cartel genérico con el logotipo verde pistacho del LitFest informaba de un cambio de última hora. ¡Con lo que me había costado encontrar la sala, ahora la cambiaban! En estos casos lo mejor es preguntar por el nuevo enclave, pero mi técnica favorita es la “persecución disimulada” en la que uno espera a que otra alma cándida se encuentre en la misma situación. Que sea él o ella quien pregunte: uno solo tiene que seguirle los pasos a distancia prudencial. Después de poner en práctica la citada táctica, me siento en la segunda fila. La habitación es pequeña pero dispone al fondo de una “jaula” para los intérpretes (Así se conoce a las cabinas de los profesionales de la traducción, con todos mis respetos… yo solo trascribo palabras que oí a unas señorita de la organización).

La segunda fila es un lugar seguro. En la primera te expones a la saliva expulsada sin intención pero igualmente “bautizadora”, así como al escrutinio indiscriminado por parte de los participantes en la charla (¿por qué lo llamarán charla cuando se trata de monólogos  que se interrumpen los unos a los otros?) Sentarse más lejos es perderse miradas y otros gestos reveladores de los participantes (podríamos llamarlos “charlatanes” puesto que intervienen en una charla ¿no?)

Una chica muy joven con abaya, ojos grises y aparato ortodóntico se sentó a mi lado y sacó una tableta digital que grababa voz y que dispone de una aplicación de última generación para tomar notas. Comparada con mi block rojo de páginas cuadriculadas y mi Bic azul, me sentí un poco ridícula.

Entonces suspiré y me acordé de aquella vez que viajé en avión al lado de un programador informático profesional. Con sus múltiples baterías para ordenador portátil y su teclado flexible, se pasó las ocho horas del vuelo Paris-Chicago aporreando teclas y escribiendo código en verde fosforito sobre fondo negro. Cuando llegó el momento de rellenar el formulario de entrada para USA, me pidió mi bolígrafo porque no llevaba ninguno. Al devolvérmelo, le indiqué que se lo podía quedar a lo que él negó con la cabeza al tiempo que me decía: “No thanks, I´m so digital!”.

En ese momento hizo su entrada Noura al Noman seguida de Alan Dean Foster. Como pasaron por mi lado, Noura me reconoció. Rápidamente me presentó a Foster con un acelerado “Alan, Cristina,… Cristina, Alan” y yo le di la mano al autor y lo saludé. Minutos antes había enviado un mensaje de texto a Noura deseándole buena suerte y que ella me agradeció instándome a formular preguntas difíciles solo a Alan.

Mientras esperábamos que el moderador de la charla se instalara y diera paso a los participantes, vi que Noura cuchicheaba con Alan (nos vamos a ir tuteando, que ya nos han presentado) y que ambos miraban en mi dirección. Pude oír cómo la emiratí le explicaba que soy una escritora española de ciencia ficción. Entonces me sonrojé y me agobié un poco porque el oficio que me estaban adjudicando me quedaba grande… no ¡grandísimo! Alan Dean Foster me miró directamente y dijo esa frase tan popular claramente indicadora de que uno es un ser viajado y cosmopolita: “Ah… ¡española!… “.

El moderador llegó e intercambió varias fórmulas de cortesía con los autores. Luego se dirigió a la audiencia y los presentó. Me enteré entonces que estos dos ya se conocían. Parece ser que Noura escribió a la editorial que publica las novelas e historias cortas de Foster para obtener el permiso para traducir algunas al árabe. La editorial nunca le contestó pero fue el propio escritor quien se puso en contacto con ella para ofrecerle su ayuda y desde entonces se cartean (cartas de verdad, con matasellos y todo). El año pasado Noura se encontraba en Londres visitando a uno de sus hijos cuando se celebraba una convención en la que Alan participaba y se dejó caer por allí. Entonces se conocieron en persona y ella le invitó a venir a LitFest de Dubai.

La verdad es que hacían una extraña pareja: él llevaba una camisa horrorosa de color marrón con manchas naranjas… ¿o era naranja con manchas marrones? Quizás se trataba de un modelo de camuflaje apto para el desierto, aunque la arena de aquí es de color beige. Ella de negro, con su abaya y velo de muselina. Alan llevaba pendiente en la oreja izquierda, que le daba un aire un tanto canalla. Noura iba ligeramente maquillada, aunque el mejor accesorio que la acompañaba eran sus seis hijos sentados en primera fila y sin perder detalle).

En la primera cuestión planteada por el moderador, los escritores  “monologuearon” sobre la diferencia entre ciencia ficción y fantasía. Alan citó a Ray Bradbury”Science fiction is literature about the possible and fantasy is literature about the impossible”. Comenzó en ese momento una digresión sobre conceptos científicamente incorrectos en el género y Foster puso como ejemplo al personaje de Jar Jar de Star Wars, una criatura que supuestamente vive bajo el agua, pero cuyo aspecto físico es totalmente incompatible con dicho hábitat. Noura mencionó a la protagonista de su novela –Ajwan-, otro ser que respira en el agua, y se preguntó si existen obras que sucedan en mundos acuáticos.Alan respondió: Behind de silver sky, pero yo no he podido encontrar ninguna referencia sobre ese libro.

Llegamos a esa parte de toda charla sobre géneros literarios que se precie en la que se aborda el tema de los personajes, más concretamente, cómo dotarles de credibilidad. Alan tomó la palabra y comentó que el género en los años 50 comenzó a cambiar y a orientarse más hacia los personajes. Este hombre parece una enciclopedia bípeda. El coloquio tomó un giro inesperado para abordar la relevancia de investigación previa a la hora de desarrollar una historia. Al hilo de la afición viajera de AlanNoura destacó la importancia de conocer los pueblos de este planeta a la hora de plantearse crear mundos en otros planetas. También se refirió a la necesidad de que las obras de ciencia ficción sirvan para entretener y divertir al lector y no para darle lecciones de moral.

Cuenta la emiratí que fue muy criticada porque en la presentación de Ajwan se contrató a una figurante con ojos azules que se presentó en el evento vestida de la heroína, o sea, con una careta anti-gas. Mucha gente la tachó de escribir historias demasiado occidentalizadas. Noura se defendió argumentando lo obvio: se trataba de una narración sobre una alienígena y ahí no hay consideraciones geo-políticas o religiosas que valgan. ¡Noura 1-intolerantes anónimos 0!

Una de las cosas que más me gusta de las charlas, coloquios, debates, paneles, entrevistas, tertulias, conferencias e incluso mítines son las divagaciones. Alan nos regaló una muy interesante a propósito de las modificaciones genéticas en seres humanos aceptadas socialmente. Se refería el mundo del deporte de alto rendimiento y puso como ejemplo a los jugadores de fútbol americano. Contaba el de Arizona que el peso de quienes practican profesionalmente este deporte ha aumentado extraordinariamente en los últimos 50 años, gracias a una cuidada alimentación y a un programa de ejercicios hecho a medida, de manera que ahora se trata de auténticas moles de carbono orgánico.

Cuando llegó el turno de preguntas, un tipo de tez blanca y pelo rubio se me adelantó y el moderador le dio la palabra para formular una pregunta que no entendí. Quise copiar la transcripción de la chica que estaba mi lado, tan digital y moderna ella, pero sus notas estaban en árabe. La vez siguiente le hice a ambos una pregunta que a mí me preocupa bastante a la hora de escribir: ¿cómo dotar a cada personaje de una voz diferente y que no parezca que eres tú hablando por boca de cada uno de ellos?  Alan dijo que él suele utilizar dialectos o acentos distintos para distinguir la forma de hablar de cada uno de sus personajes. Noura por su parte contestó que crea fichas sobre cada personaje que le ayudan a la hora de hacerlos expresarse de una manera propia.

Una vez levantada la sesión, esperé a que amigos y familiares se acercaran a felicitar a los ponentes. Noura me hizo una leve seña para indicarme que nos veríamos en el hall del hotel. Allí tuve la oportunidad de hablar varios minutos con ella y Alan. Por más que intenté sonsacar al estadounidense, no conseguí que me contara nada sobre la última película de Star Trek, cuya novelización ha terminado justo hace un par de semanas.

Lo que sí me contó es que le mandaron una copia de la cinta con un montón de contraseñas y que pudo visualizarla en el ordenador de su casa mientras la contrastaba con su manuscrito. Intenté utilizar mis encantos personales para averiguar unas migajas, pero no sirvió de nada… mis encantos no parecen funcionar o quizás el contrato que firmó Alan tiene unas clausulas penalizadoras tremendas. Lo que sí compartió conmigo es que trató de resolver una paradoja de la franquicia trekkie sobre una escena de la película en la que se emplea una nave cuando se podría utilizar el tele-transportador. O al revés, no estoy segura de si lo capté en este orden. Me dijo que veremos cosas que no hemos visto nunca, pero esto me sonó a eslogan publicitario (soy Publicitaria… huelo a eslogan y a las cuatro “p” del marketing a kilómetros de distancia).

Hablamos sobre inventar historias con mundos en otros planetas y sobre la necesidad de ser muy riguroso a la hora de ofrecer detalles científicos. Me dijo que escribiera sobre cosas que conozco y que no dejara de hacerlo todos los días porque esa es la llave para estimular el aterrizaje de nuevas ideas. Nos interrumpió un miembro de la organización que instó a Alan acompañarle para participar en otro evento. Nos dimos la mano y fue muy cordial en su despedida. Aproveché la ocasión para agradecer a Noura que nos presentara y la emplacé para vernos posteriormente.

Hay que reconocer que los organizadores del LitFest intentan incluir alguna sesión dedicada a la ciencia ficción y la fantasía para alborozo de los fans de estos géneros que vivimos en los Emiratos Árabes Unidos… cierto que somos cuatro gatos, pero maullamos con mucha clase, eso sí.

El blog se enfadó porque no lo invité a acompañarme. Cualquier motivo le sirve de excusa para enojarse conmigo. Así me gano varios días de miradas airadas y de silencio…

 

«El Rey Trasgo» de Alberto Morán Roa

“El trasgo es una criatura mitológica propia de la mitología clásica gallega presente en la tradición de otras culturas del norte de España, como la asturiana, la castellana o lacántabra, y en general en la cultura española. Se le representa como un hombre pequeño y cojo al que se adjudican aquellos ruidos nocturnos que nos despiertan y pequeñas diabluras, como cambiar objetos de sitio. En Asturias, el trasgu recibe diferentes denominaciones según los lugares: conoce trasno, Cornín o Xuan dos Camíos, Gorretín Coloráu o el de la Gorra Encarnada. En otros lugares de Europa también es conocido como gnomosilfokobold.” [Wikipedia]

Tenía doce años cuando me divorcié de mi apéndice. Lo recuerdo perfectamente porque durante los tres días que pasé en el hospital leí La Historia Interminable de Michael Ende. En cuanto terminé El Rey Trasgo: la ciudadela y la montaña del donostiarra Alberto Morán Roa, disponible a través de Kelonia Editorial en libro y e-book, empecé a sentir un ligero cosquilleo en el costado derecho. El apéndice fantasma reclamaba mi atención porque reviví las mismas sensaciones que un día me habitaron en aquel cuarto de hospital donde leía sin parar.

El blog discrepa, como es habitual. Dice que los trabajos de Ende y Morán Roa se parecen como una web a una castaña (es su intento de integrar la frase “como un huevo a una castaña” a su universo digital … sed indulgentes).

Respiro hondo y recurro a la única estrategia válida en estos casos: lo ignoro.

La fuerza de las ausencias

El Rey Trasgo cuenta cuatro historias que bailan juntas a un son de leyenda. Aunque la temática no tenga que ver directamente con la descrita en La Historia Interminable, la fantasía en ambas discurre por senderos aventureros. La magia y los seres fabulosos aparecen en ambas obras, aunque la novela del donostiarra transcurra en tierras donde se respira un aire a steampunk en la lejanía (hay artefactos mecánicos e ingenios ópticos, entre otras cosas).

Morán Roa ha escrito una novela sobre la física de las ausencias: la ausencia de la persona amada del erudito Tobías; la ausencia de esperanza de Lucio, el artista itinerante; la ausencia de cordura del Rey Trasgo; la ausencia de paz de Kaelan, el militar esidiano. Estas cuatro lagunas son fuerzas vitales que conducen una narración cuadricéfala, con flashbacks incluidos, por los senderos de un mundo mítico. En él, los reinos de Ara, Esidia, Thorar se alían para luchar contra el invasor Kara y, tras un periodo de calma, las intrigas políticas y la intervención del rey duende dinamitará los cimientos de la paz aparente.

La robustez de los cuatro protagonistas se ve arropada por unos personajes secundarios memorables (aquí, tengo que hacer mención del catatónico Mirias… una joya a pesar de su estado de hibernación). Hay escasez de mujeres en la historia (la excepción es Naie) pero lejos de reprochárselo al autor, creo que hay que respetar esta estrategia narrativa. Haber incluido alguna para cubrir una cuota imaginaria no hubiera servido a los propósitos argumentales, creo yo.

Se nota que Alberto Morán Roa seduce las palabras. O quizás sea el idioma el que lo enamora a él. Os aseguro que describir con la puntería expresiva con que lo hace este escritor, no es tarea fácil. La riqueza de términos y la precisión con la que están dosificados me parecen una labor titánica y meticulosa. Percibo muchas horas invertidas en tejer estas historias, y eso siempre se agradece.

Solo una de las tramas se vierte en primera persona, la del malogrado Lucio, cuya experiencia en las profundidades montañosas hiere como una talla de sílex. El narrador en tercera persona permite observar la acción desde las alturas de la ciudadela flotante al interior de la montaña del resto de personajes. La alternancia de narradores, actores y tramas aporta dinamismo a la novela, que no cesa de ofrecernos una variedad de escenas en la que abundan las referencias a otras obras fantásticas.

En la rueda de referencias quiero empezar con una que ya mencioné al propio Alberto Morán Roa a través de las redes sociales. Me refiero a Los Cazadores de Dragones, la serie francesa de animación de Arthur Qwak http://www.youtube.com/watch?v=o_wJZMP-YME en la que asistimos a las aventuras de Lian-Chu, Gwizdo y su mascota el dragón de “bolsillo” Hector en un mundo de islas tan flotantes como la ciudadela del donostiarra (no puedo resistirme a comentar que la canción introductoria es interpretada por The Cure ). En El Rey Trasgo hay una historia draconiana, pero seguro que no es la que os imagináis, creedme.

Personalmente veo una importante influencia de Tolkien, sobre todo en la parte en la que se describe el hábitat recóndito poblado por los trasgos: he pensado inmediatamente en la cavernosa morada de Gollum. Es imposible no pensar asimismo en Canción de Hielo y Fuego de G.R.R Martin, con sus épicas batallas, la competitividad entre sus reinos y las traiciones a gran escala.

El final de la novela arremete contra el lector de una forma un tanto brusca, con un cambio de ritmo sorprendente con respecto al resto. No sé si es un efecto buscado o una licencia del autor. Se agradece el anexo dedicado a la lista de personajes, aunque me hubiera gustado contar con un mapa detallado de las tierras que se describen. El propio Albertoha confirmado que el mapa se encuentra en proceso de preparación y estará disponible muy pronto.

La portada es, sencillamente, alucinante y alucinógena. Confieso que siento debilidad por las acuarelas expresionistas. No sé si la ilustración de Barb Hernández es acuarela o no, pero a mí me dio la sensación de que esas manchas de tinta eran capaces de mutar sus formas.

Os recomendamos que visitéis la web de la novela http://www.elreytrasgo.com o su bloghttp://elreytrasgo.blogspot.com que os suministrará todo tipo de  información sobre el autor y la obra (no dejéis de admirar los paisajes de Óscar Pérez inspirados en los escenarios de la historia).

A estas alturas, habréis podido deducir que he disfrutado con la novela y que la recomiendo para quien desee deleitarse con una fantasía ibérica. Digo esto porque, no hace mucho se planteó en las redes sociales un debate sobre la sequía de seres mitológicos nacionales. Creo que el trasgo podría considerarse como uno de esos raros especímenes legendarios que forman parte del folklore del norte peninsular. Me parece una apuesta novedosa y arriesgada por parte de Alberto y creo que va a facilitar el camino a otras obras que pueden nutrirse de referencias similares. Por cierto, el donostiarra está escribiendo la segunda parte, otra buena noticia.

El blog opina que soy pelota.

Le sigo ignorando.

Ahora mi apéndice fantasma intenta comunicarse conmigo. ¿Estaré perdiendo el juicio? O peor aún. ¿Habrá poseído un trasgo al blog?