Latinoamérica a través de la actual Ciencia Ficción

Hoy el blog se hace a un lado para dejar su espacio virtual a un bloguero del otro lado del Atlántico, Luis Cermeño, uno de las mentes detrás de la página milinviernos.com además de bloguero, escritor y divulgador colombiano. Si hace unos meses quisimos presentar una lista con los títulos en español más destacados dentro de la ciencia ficción y fantasía http://wp.me/p1QWpb-4M, hoy queremos complementar ese inventario con los trabajos aparecidos en aquella costa. De otro modo, el catálogo sería un ente incompleto. Agradecemos a Luis su interés y buen hacer, así como a todos los que han colaborado con su sabiduría en este artículo: Luis PestariniMiguel Ángel Fernández DelgadoLuis Saavedra VLaura PonceTanya Tynjälä, Carlos Enrique Saldivar, Sergio Gaut vel HartmanMiguel Angel Fernández Delgado José Joaquín Ramos.

southern neighbors

«He recibido la llamada trasatlántica de un curioso ser que se ha presentado como un blog. El motivo del contacto se debía, como me lo trató de explicar pausadamente, intentando aplacar mi asombro, a su deseo de conocer la acción por estas latitudes del trópico.  Tengo un blog milinviernos.com y sé lo exigente que en ocasiones estos se tornan, a veces insufribles, pero ineluctablemente merecedores de nuestro cariño. Y, sin embargo,  nunca sospeché de la existencia de uno de ellos como entidad viviente, capaz de hacer una llamada y en ella expresar sus deseos de una manera cordial como vehemente.

Aunque consumo regularmente noticias de divulgación científica, no me considero un gran conocedor de los adelantos más revolucionarios.  En esta ocasión, estaba en línea con una Inteligencia, con una vida autónoma, que me manifestaba su deseo por conocer esta parte del mundo, llamada de formas tan distintas: Latinoamérica, por unos; Sudamérica, por otros; Las Américas; por otros. Quería saber sobre las nieves más despiadadas de la cordillera de Los Andes; quería atravesar las selvas más inhóspitas del Amazonas; visitar los campos de batalla del Paraguay que recorrió hace algún siglo Sir Richard Francis Burton; bailar música Salsa; probar yagé; enamorarse en el Orinoco; acceder al código maya en Guatemala; tatuarse con los maras de Honduras;  repetir el periplo de Hunter S. Thompson desde Aruba hasta Río; penetrar los reinos subyacientes a Machu Pichu; divisar un ovni en el Titicaca; cazar una pelea en uno de los salones de barrio que a ritmo de Tango propinan la muerte a gauchos y compadritos.

Me tocó hacerle un llamado a la calma a esta entidad, ya que la excitación a la que lo abandonaba el alto vuelo de su imaginación era evidente. No soy un guía turístico y conozco poco del continente, en el que me encuentro más por el albur del nacimiento que por una vocación latinoamericanista, si algo así existe. El ser insistía en que debía ser yo quien le diera una idea de este continente para una futura expedición, para la cual ya tenía preparada una mochila y una provisión de medicamentos.

Después de un rato de conversación, llegamos al punto común del interés por la ciencia ficción. Para el blog, una buena forma de conocer una región es a través de su ciencia ficción actual.  A ello debí responder que aunque me gusta la ciencia ficción,  la mayor parte que consumo proviene del norte, tengo noticias de varios libros que se publican, pero a menos que estén dispuestos en Internet, es difícil lograr acceder a ellos. Son rumores de amigos de amigos. Gracias a las redes sociales, estamos empezando a conectarnos, tanto escritores, como editores y aficionados al género. Empezamos a romper el aislamiento.

El blog entonces me soltó una carta que hasta entonces tenía tapada. Me confesó que antes de mí se había comunicado con Luis Pestarini, escritor y editor argentino, conocido ante todo por ser el hombre de la revista “Cuásar”. Sobre esta situación de asilamiento en Latinoamérica, y la ignorancia evidente que existe entre los aficionados del género a las cosas que se hacen más allá de las fronteras de cada uno (y muchas veces incluso dentro), le dijo:

América Latina es un territorio extenso, culturalmente muy variado, y poco relacionado internamente en cuanto a la publicación de libros. Lo que hace que lo que es publicado en México por fuera del nicho de los best sellers, difícilmente tenga distribución en Chile o Argentina, situación que se replica en toda la región.

En seguida, me dijo que Pestarini le había ofrecido un panorama de esa Latinoamérica diversa, recolectando algunos títulos junto el mexicano Miguel Ángel Fernández Delgado, autor de la antología “Visiones Periféricas”; el escritor chileno Luis Saavedra V; y Laura Ponce, de ediciones Ayarmanot que publica la “Revista Próxima”. Estos títulos, con su respectivo comentario, son:

Título: Cita en la burbuja

Autor: Alicia Fenieux

Editorial: Editorial Forja (Santiago de Chile)

Segundo libro de cuentos de la serie “Cuentos del 2100”, de la periodista Alicia Fenieux, aborda las formas en que la tecnología afectará el comportamiento social e individual en un futuro cercano, impersonal y frío, escapando a los lugares comunes. Otro de los libros que han trascendido las fronteras de los lectores del género.

Título: Gongue

Autor: Marcelo Cohen

Editorial: Alfaguara (Buenos Aires)

Cohen ha escrito (y traducido) narraciones de ciencia ficción durante los últimos treinta años, pero su obra haescapado al rótulo genérico porque sus planteos son esencialmente lingüísticos y metaficcionales. Gongue pertenece a su serie de relatos ambientados en el Delta Panorámico, un territorio en un futuro indeterminado donde, en las distintas islas, se replican paisajes diferentes. El protagonista es un custodio que debe proteger propiedades de merodeadores, ya que el agua ha subido e inundado los edificios. Lo hace desde el extremo de una montaña de basura, abarcándolo todo con su mirada, otro rasgo característico de Cohen.

Título: Lluscuma

Autor: Jorge Baradit

Editorial: diario La segunda (Santiago de Chile)

Baradit es una de las figuras más populares, no de la ciencia ficción, sino de la nueva narrativa chilena, con libros que han sido verdaderos best-sellers. Lluscuma es una novela publicada en forma semanal, y está basada en un viejo caso Ovni acontecido en 1977 en Chile. El supuesto encuentro, el 25 de abril de 1977, de una patrulla militar chilena con una luz ovalada que baja del cielo y parece tragarse al cabo al mando, para devolverlo 15 minutos más tarde con barba de una semana y su reloj adelantado en 5 días. Los relatos son auto-conclusivos pero siguen una línea argumental general.

Título: Las mellizas del bardo

Autor: Hernán Vanoli

Editorial: Clase Turista (Buenos Aires)

Vanoli ha abordado la ciencia ficción en varios de sus libros, narrando lo cotidiano, con fuerte acento en rasgos argentinos, desde una realidad deteriorada. Las mellizas del bardo es Una novela de carreteras en un mundo post-apocalíptico donde las mujeres ejercen todos los roles habitualmente ejercidos por hombres (camioneras, barrabravas, mecánicas). Es sobre dos chicas que van huyendo. Huyen a sangre y fuego de un negocio mejicaneado, con el botín/víctima del secuestro: el ciborg de un héroe mundial del futbol, Lionel Messi.

Título: Otros seres y otros mundos: estudios en literatura fantástica

Autor: Campo Ricardo Burgos López

Editor: Universidad Sergio Arboleda (Bogotá)

Se trata de una recopilación de artículos y ensayos, aparecidos previamente en publicaciones periódicas o como conferencias. El autor, que ya tiene tiempo estudiando la literatura fantástica, desde los ángulos filosófico y sicológico, que son los que mejor conoce por su formación académica, divide su libro en tres partes. En la primera, ofrece dos estudios sobre literatura fantástica en general, el primero de ellos lo dedica al cine (El Exorcista y El laberinto del fauno); el siguiente, a las ucronías; en la segunda parte, estudia la literatura fantástica colombiana, en particular la de uno de su fundadores, René Rebetez, y un panorama de lo más reciente que se ha publicado; en la tercera parte, dedicado a autores consagrados, ofrece ensayos sobre C. S. Lewis, Borges y un tal Donald L. Wilson, que escribió un libro sobre cómo hacer crecer los senos usando la imaginación, pero que Burgos trata, con una gran dosis de humor y agudeza, como una obra de literatura fantástica.

Título: Los sueños de los últimos días

Autor: Hermann Gil Robles

Editor: Ediciones Andraval (Culiacán, México)

Este thriller ciberpunk es la primera novela de uno de los autores mexicanos jóvenes más prometedores y que ya cuenta con varios premios de cuento en su haber. El protagonista es contratado por una organización secreta que trata de detener una infección que provoca la pérdida de la conciencia, provocada por un grupo de artistas surrealistas. La obra está plagada de imágenes de pinturas.

A este listado, le propuse añadir otro, que hace poco preparó la escritora peruana-finlandesa de ciencia ficción y fantasía Tanya Tynjälä, en su blog de «Amazing Stories: Nuevos trabajos de Ciencia Ficción en Español«. En esta lista se nos consultó a Carlos Enrique Saldivar, joven escritor de CF peruano; Sergio Gaut vel Hartman, escritor y editor argentino; nuevamente al chileno Miguel Angel Fernández Delgado; a José Joaquín Ramos, de Alfa Eridiani; y a mí, experto en destrozarme los nervios con situaciones como la llamada del blog viviente.

Esta es  una lista construida en colectivo, por varias personas que estamos interesadas en lo que sucede a nivel regional con la Ciencia Ficción y tratamos de ver cómo lograr un mayor reconocimiento de éste, y sus autores, para seguir fomentando el género para expresar nuestras realidades únicas desde esta narrativa que se caracteriza por su profundidad y riqueza. Más allá de las certidumbres, nos interesa la reflexión que la Ciencia Ficción pueda originar, precisamente, porque al parecer sociedades como las de Latinoamérica, deben pensar  en el futuro  con la seriedad de un niño en el juego – parafraseando a Nietzsche-  para alcanzar un grado de madurez. Estamos lejos de ser naciones que  se puedan auto-determinar, pero los escritores de CF somos bien conocidos por anticiparnos a cosas que en un principio parecen muy fantásticas o imposibles.

El blog quedó un momento en silencio. Pensé que se había cortado la comunicación. Entonces volvió a aparecer. Dijo que lo esperara. Que le habían quedado más ganas de conocer Latinoamérica y que algún día llegaría a mi casa, con maletas y no me molestara si me pedía hospedaje por unos días.  Las puertas están abiertas, le contesté. Es Ciencia Ficción, todo está permitido.»

El blog… haciendo amigos.

Paul Gerrard: El resurgimiento de Pinhead

Esta entrevista ha aparecido en el último número de la e-zine miNatura dedicado a las distopías. Quiero agradecer a Ricardo y Carmen su amabilidad a la hora de dejarme reproducirla aquí. Podéis leer la versión en inglés de esta entrevista en el blog Sense of Wonder que Elías Combarro pilota con acierto, ingenio y tenacidad y que yo os recomiendo, si no lo conocéis ya.

Paul Gerrad http://www.gerrardart.com es un artista conceptual. Eso quiere decir que gran parte de su trabajo nunca verá la luz -cientos de ilustraciones, bocetos o croquis- aunque sin él, muchas películas y videojuegos no capturarían la atención de los productores de los estudios y los espectadores no podrían disfrutar de ellas.

Gerrard nació en Liverpool y a los 20 años decidió dejarlo todo para dedicarse a su pasión, que era el dibujo digital. Dice que no tuvo otra elección: no podía permitirse pintar lienzos de gran tamaño y optó por hacer del ordenador su herramienta fundamental de trabajo. Su carrera comenzó en los 90 en la industria de los videojuegos, donde llegó a ser director artístico para Ubisoft UK. El director Jonathan Liebesman conocía su trabajo y se puso en contacto con él para varios de sus proyectos, entre ellos “Battle: Los Angeles”. Desde entonces, el diseñador británico sigue trabajando en el mundo del cine, concibiendo y dando forma a criaturas imposibles de otros mundos. En estos momentos se haya inmerso en una nueva versión de “Hellraiser”, proyecto que espera que tome forma definitiva en los próximos meses. miNatura se ha puesto en contacto con él para conocer de primera mano su obra y su forma de trabajar.

Cristina Jurado: He leído que eres un artista autodidacta. Es increíble saber que no has seguido una educación tradicional. ¿Cómo hiciste para desarrollar tu carrera?

Paul Gerrard: Diría que me enseñaron un montón de artistas maravillosos. A través de los libros estudié los aspectos técnicos relacionados con las ilustraciones. También analicé el trabajo de artistas que venero como Bob Eggletton, Melvyn Grant, Chris Foss, etc. Toda aquella generación me mantuvo entretenido y espero que me siga manteniendo así durante mucho tiempo. De ellos aprendí a pintar y la transición al soporte digital fue cuestión de una progresión natural. Desarrollé un estilo personal y ciertas preferencias por el camino, algo que creo que se ha perdido en la forma en la que la formación artística está planteada hoy en día. Al final, técnica y práctica son irrelevantes si no se posee la chispa creativa. Contrataría imaginación en lugar de técnica sin dudarlo.

CJ: Antes se hablaba de pintores, ilustradores y escultores cuando se hacía referencia a las artes visuales. Ahora hablamos de artistas conceptuales, directores artísticos, ingenieros visuales o artistas de miniaturas. La especialización se ha abierto paso gracias a los avances tecnológicos.  ¿Cuáles son las implicaciones estéticas de la especialización en tu trabajo?

Paul Gerrard: Yo no pinto ilustraciones sino exploraciones cognitivas. Las imágenes que presento son un trampolín para que la mente de cada espectador explore una multitud de mundos, a través del simbolismo y la imaginería del subconsciente. Las connotaciones visuales de la mente vía colores, formas y texturas escondidas implican una búsqueda que sorprendería a muchos. Yo  trabajo sobre la psicología de las imágenes pre-existentes de los mitos, enterradas en lo más profundo del subconsciente. Tomo esa información del espectador y la represento de formas diferentes. En lo que se refiere al arte conceptual de una película, este proceso se ve limitado por la intervención de quien esté al mando del departamento artístico. Puedo encontrar diferentes maneras de acoplarme y trabajar en la mayoría de los diseños. En cuanto a las imágenes de “Hellraiser”, son los diseños más psicológicos y esotéricos que he producido en mi vida.

CJ: Llevas trabajando como artista conceptual desde hace más de quince años. ¿Cómo has visto cambiar la industria desde tus comienzos?

Paul Gerrard: Las fórmulas para realizar películas no han cambiado apenas, pero sí el alcance de la imaginería que podemos explorar, resultado directo de las imágenes generadas por ordenador.  Como artista, puedo diseñar criaturas de cientos de metros de alto o mundos formados por billones de animales encadenados. Todo puede hacerse y hacerse bien. No siempre ha sido así, ya que antes el alcance de tu trabajo se veía limitado por el presupuesto. Las imágenes generadas por ordenador tiene desventajas cuando los directores las usan en vez de utilizar gente de verdad y primeros planos. Yo todavía soy de la vieja escuela y, por tanto, fan de las prótesis. Debería haber un equilibrio que sirviera para que ambas cosas funcionaran ante la audiencia.

CJ: En tus propias palabras, tu arte es fusión. Hay un continuo diálogo entre las formas orgánicas y mecánicas que interactúan entre sí en tus ilustraciones. Exploras la plasticidad de la materia, un concepto rígido para la mayoría, casi de manera íntima. ¿Qué artistas y trabajos de las artes visuales, la literatura y la filosofía te han influido?

Paul Gerrard: Beksinski y Giger son probablemente los más obvios, siendo capaces de convertir en bello y orgánico la fusión del hueso y la máquina. Como influencia, a título personal, creo que Beksinski me ha influido más.  Brian Froud es otro artista que mezcla los elementos de la naturaleza con la mitología y el simbolismo de manera única. Otros artistas incluyen Francis Bacon, Wojciech Siudmak o Spider Lee. En escultura destacaría a Henry Moore,  Mark Powell y Kris Kuksi. En literatura, disfruto de Arthur Machen, H.P. Lovecraft, Pascal Barre, Andy Sharrat y Paul Griffiths.

CJ: Una vez que aceptas un nuevo proyecto ¿cómo lo afrontas?

Paul Gerrard: Sigo un proceso: investigo, digiero y medito. Por ese orden. Después, dejo mi mente en blanco y permito que cualquier cosa que se haya formado se transfiera al papel.

CJ: ¿Qué tipo de materiales y equipamiento utilizas en tu trabajo?

Paul Gerrard: Tengo dos sets de trabajo: uno digital y otro tradicional. Dispongo de un PC de 24 gig con un wacom pen (que casi no utilizo). Trabajo con Photoshop y ningún otro software. Por otro lado, tengo un caballete para lienzos de 20×30 y trabajo con pintura acrílica y varios brillos.

CJ: ¿Quién es realmente el Cyberman que diseñaste para “Dr. Who”?

Paul Gerrard: Es una revisión del personaje clásico pero ¡está loco! Esa locura ha sobrecargado su ingeniería bioquímica. Su confusión interna, la lucha constante entre el hombre y la máquina, se ha manifestado sobre su carne de aleación cristalizada.

CJ: Has trabajado en ilustraciones, videojuegos y películas como “Wrath of the Titans”, “Battle: Los Angeles” o “Hellraiser: Origins”. ¿Puedes guiarnos por tu contribución en esos proyectos?

Paul Gerrard: Lideré el diseño de criaturas en “Battle: Los Angeles” y contribuí asimismo en el desarrollo conceptual de las máquinas, armas y el mundo alienígena. Ilustré y diseñé todos los alienígenas, naves y armas. De hecho, el diseño de los aliens pasó por multitud de fases en la pre-producción pero se acerca mucho al primer boceto original que realicé. En otros proyectos para los estudios, he modelado naves en 3d max, ilustrado sofisticados paisajes extraterrestres y propuesto diseños de criaturas diferentes.

Para “Wrath of The Titans” estaba muy limitado de tiempo ya que me había comprometido a trabajar en la épica y absorbente “Paradise Lost” de Alex Proyas. Dibujé varios bocetos de todas las bestias de “Wrath of The Titans”, que inspiraron el aspecto final de las criaturas. Se trataba de diseños muy llamativos ya que no eran encarnaciones convencionales sino versiones de horror realista.

“Hellraiser: Origins” es un proyecto a largo plazo para revitalizar la franquicia. Durante un año, un pequeño equipo de amigos y colegas hemos trabajado para hacerlo realidad. Filmamos un tráiler donde un actor que yo elegí para el personaje de Pinhead utilizó prótesis mejoradas por el mismo artista que trabajó en la primera película. La ropa se realizó a mano en uno de los mejores talleres de piel del Reino Unido. El tráiler fue un evento épico en sí mismo, con más de 100 extras para un día de rodaje en Londres.

Ese montaje es solo un extra del proyecto. Hemos desarrollado un documento de 50 páginas de exploración artística y tecnológica de un universo muy completo, con una sinopsis y un tratamiento propio de la historia. El proyecto se ha mostrado a una selección de productores mientras todavía terminamos de ultimar algunos detalles. La industria lo ha descrito como uno de los más interesantes que se han planteado en los últimos tiempos. Nosotros presentamos, no solo una historia nueva, entendida como una revisión completa de Pinhead y sus secuaces, sino un universo al completo.

Nos queda realizar la presentación final al estudio. Esperemos que les guste y nos dejen continuar produciendo la película. Como ya he dicho, el trabajo artístico es el más esotérico que he llevado a cabo nunca. Cada línea, curva y símbolo incluido en la piel del personaje tiene un significado, lo mismo que cada estructura arquitectónica. Esas capas visuales se continúan a lo largo de la historia, de la mitología revelada.

CJ: Nos gustaría conocer tus proyectos futuros.

Paul Gerrard: Hay varias películas en las que estoy trabajando y que están casi terminadas. Espero con impaciencia “Ninja Trulles” y “Sedente Son”. Sin embargo, después de mi experiencia con “Hellraiser Origins”, creo que mi futuro se centrará en crear y desarrollar mis propias historias. Haré cada vez menos arte conceptual para los estudios cinematográficos y trabajaré más en proyectos conjuntos con socios con los que he llegado acuerdos. Seguiré explorando las fronteras del horror y la fantasía, creando primero películas a pequeña escala para ir abordar iniciativas mayores luego. No puedo revelar mucho por el momento. Solo puedo decir que, lo que cree, puedes apostar a que será algo que nadie haya visto jamás antes.

Relato: A pares

Relato publicado en el último número del fanzine miNatura dedicado a las distopías.

El número par es perfecto y celestial. La díada encierra la belleza de lo múltiple, de la alteración y del devenir, imprescindibles para el desarrollo de la vida. Por eso la aspiración suprema del ser humano es alcanzar la perfección dual numérica. De otro modo ¿cómo explicar el cuerpo dotado de un par de ojos, orejas, fosas nasales, brazos y piernas, hemisferios cerebrales, pulmones, intestinos, nalgas, orificios de expulsión de desechos, testículos, ovarios, ventrículos y aurículas? ¿De qué forma interpretar los doce pares de costillas y los veintiocho dientes?

Desde que los Matemáticos partieran a la conquista del número perfecto y de la proporción ideal, el dos se convirtió en objeto de culto por ser la unidad mínima de paridad que define el equilibrio del mundo a través del juego de los contrarios, que siempre van en pareja: no hay hogar sin cimientos ni tejado, ni himeneo sin macho y hembra.

Lo impar es impuro pues implica lo incompleto, lo interrumpido, lo indivisible. Ese es el motivo por el que recortamos la lengua a nuestros bebés para que la luzcan fisurada. Hemos conseguido cifras demográficas pares favoreciendo los nacimientos gemelares o de cuatrillizos e interrumpiendo los embarazos únicos. Por algo alumbrar se dice “parir” en el lenguaje cotidiano. Lógicamente, suprimimos al gemelo sano que sobrevive al fallecido.

La nuestra es una nación progresista donde los nones no existen y el triángulo está prohibido por constituir blasfemia. La peor de todas es la herejía del número uno, que no tiene pareja y profana la estabilidad de nuestra sociedad predicando la soledad ¡sedición malsana que solivianta las almas! Como forastero que llega en solitario, tu presencia es subversiva. ¿Entiendes ahora por qué debes morir?

 

Kafka y los adolescentes: La chica zombie de Laura Fernández

El blog ha roto con su novio. Otra vez. Es la trigésimo sexta vez. Se han devuelto de nuevo los Twitts de amor, se han bloqueado mutuamente en las redes sociales y han cambiado su estado sentimental en Facebook de “en una relación” a “soltero”. Ahora que lo pienso, no sé si ha roto con el mismo o con algún otro. Y es que el blog ha salido con portales, motores de búsqueda, listas de música, y aplicaciones de todo tipo y condición. A lo mejor está enganchado a la idea de tener pareja.

Le recomiendo que se dé un tiempo y que permanezca sin compromiso durante una temporada. Así podrá recuperar la confianza en sí mismo y demostrarse que no depende emocionalmente de nadie, le digo. Me mira como si le estuviera proponiendo untarse de azúcar y meterse en un panal. Desisto de mis buenas intenciones. Ya no sé qué con este blog adolescente.

La adolescencia es la etapa de la vida en la que somos más vulnerables. Pensaréis que me he equivocado, que se trata de la niñez, y quizás tengáis razón: cuando somos niños, es fácil hacernos daño y no podemos defendernos, lo que ocurre es que nos somos conscientes de ello. En el momento en que empezamos a ser conscientes de nuestra vulnerabilidad, entramos en la adolescencia y por eso digo que somos más frágiles. Antes, de niños, lo éramos y cuando la juventud asoma, encima, lo sabemos.

Todo lo anterior viene a cuento porque, aparte de tener que soportar la cara avinagrada del blog tras su fracaso sentimental, acabo de leer La chica zombie de Laura Fernández por recomendación de un amigo cuya magnífica reseña podéis ver aquí http://ilium.qdony.net/?p=3359 . Y sí, es un libro que trata sobre muchas cosas, pero no sobre zombis. O, al menos, no los de las superproducciones de Hollywood, con su maquillaje super-realista y sus efectos especiales carísimos. En la historia que cuenta Fernández el maquillaje es de tienda de chinos y la gente se viste en las rebajas. No hay presupuesto para un departamento de arte con criaturas y escenarios generados por ordenador. Ni falta que hace.

La chica zombie es una fábula fantástica sobre una etapa no menos fantástica de la vida, en la que realidad y ficción se mezclan, cualquier suceso es sobre-analizado hasta la saciedad y la falta de comunicación revela el aislamiento al que podemos llegar, aún cuando estamos rodeados de nuestra familia o de personas de nuestra misma edad. Es como si uno se sintiera enfocado por millones de cámaras o forzado a vivir en la platina de un microscopio. Y la realidad no es menos cierta por pertenecer al reino de los fantástico.

Erin Fancher es una adolescente con nombre de chica norteamericana que vive en una ciudad de los EE.UU y va a un instituto como los que salen en las series yanquis. Su vida se sucede como un cúmulo de estereotipos. Un acontecimiento extraordinario la transforma en algo repugnante: no sabe qué le sucede, desconoce cómo volver a la normalidad y, lo peor, teme que los demás se den cuenta. ¿Os suena? ¿A que cualquier podría recordar un momento en su adolescencia que se sintió así?

Precisamente por eso afirmo que se trata de una fábula sobre la sociedad en general y la adolescencia en particular. Porque aunque haya una clara protagonista, existen más de una docena de personajes que convierten la obra en una novela coral, con tramas que se entrelazan y juguetean las unas con las otras. Me hubiera gustado que algunas de ellas hubieran tenido una resolución más cerrada, pero la autora no debió considerar importante lo que a mí me gustara. Normal, tampoco me conoce.

Shirley Perenchio es la chica más popular del instituto sin necesidad de ser animadora, Velma Ellis es la profesora solterona de Lengua, Rigan Sanders es el director “con desafíos horizontales” del instituto Robert Mitchum de Elron, Billy Servant es el empollón enamorado. Todos los nombres propios de la novela resultan lo suficientemente familiares como para identificar la historia como un pastiche de las historias de instituto norteamericanas sin llegar a ser plagios baratos. Es imposible no pensar en The Breakfast Club (1985), Ferris Bueller’s Day Off (1986) o incluso Dazed and Confused (1993). Confieso que no podía evitar pensar en Molly Rinwald cada vez que Erin aparecía entre las páginas de La chica zombie.

Una de las cuestiones que la historia aborda es la inseguridad como seña de identidad de los tiempos modernos. ¿Son los adolescentes más inseguros que los adultos? Según Laura Fernández, los complejos, los miedos y las perturbaciones emocionales son el denominador común de la sociedad actual en la que el individuo se repliega sobre sí mismo e interpreta la realidad a partir de las expectativas del grupo/s al/a los que pertenece. En este sentido, se rompen las barreras generacionales, y jóvenes y menos jóvenes comparten las mismas fuentes de inestabilidad, desde la depresión a la ansiedad, pasando por la paranoia y un abanico de sesgos cognitivos exagerados. He oído hablar a Laura Fernández del origen kafkiano de la obra, un cuento de metamorfosis somatizada que revela los engranajes ocultos de la psicología humana.

En La chica zombie lo que resulta más llamativo no es que los adolescentes concentren el 99% de su atención a sus relaciones interpersonales, sino que los adultos lo hagan y vean comprometida su salud mental. El fracaso es más patente cuando uno no ha sido capaz de cumplir con sus propias expectativas, las de sus familiares y las de su entorno ante la vida una vez que ha adquirido, supuestamente, independencia económica y autonomía a la hora de tomar decisiones.

Los personajes creados por Laura Fernández son remedos de categorías sociales reconocidas universalmente, pero su frescura estriba en la falta de pretensiones con las que se presentan, por obra y gracia de la autora. El ritmo del texto es endiablado, con auto-referencias irónicas y la sensación de estar montados en una montaña rusa emocional de la que el lector se convierte en testigo y cómplice. No importa que la historia y el comportamiento de los personajes sea hasta cierto punto bastante predecibles, porque lo que la autora busca es precisamente eso: apelar a la familiaridad del escenario, de la trama y de los actores para presentar una imagen clara de una realidad deformada por el peso de las reglas sociales sobre lo que es aceptable y lo que no. ¿O quizás sea una imagen deformada de una realidad prístina?

Las palabrotas, expresiones soeces y referencias repetidas al sexo oral que acampan a sus anchas en el texto intentan reflejar el sofisticado vocabulario juvenil capaz de expresar una miríada de conceptos con una palabra. “Joder” es el comodín de la baraja, el término elocuente con propiedades cuasi-mágicas capaz de transmitir sorpresa, desasosiego, asco, excitación, lástima, empatía y decenas de sentimientos púberes.

La chica zombie es una novela sobre adolescentes pero no creo que su público sean éstos. Una audiencia más madura podrá reconocer lugares y situaciones comunes y tendrá más material para relativizar sobre temas como la búsqueda de la propia identidad y esos ritos de iniciación para penetrar oficialmente en la edad adulta, lo que en literatura se conoce como bildungsroman. ¿Por qué? Porque se supone que ya habrá pasado por esta fase, aunque a juzgar por el universo creado por Fernández, quizás aún no la hayan superado.

Esta novela es entretenida, destila humor inteligente con una estructura y una prosa sin pretensiones. Lo anterior parece una obviedad pero no lo es. Es increíble la cantidad de obras “serias” con todos sus elementos cuidadosamente pensados y tricotados para dejar huella y convertirse en referentes, con la profundidad de los temas que plantean. A veces, el guiño, la ironía sagazmente empleada y la frescura que aporta la ausencia de ínfulas consigue atraer al lector y hacerle pasar un rato agradable… memorable añadiría yo.

El blog se ha puesto ha escuchar música de Marilyn Manson y se empeña a que yo también la “disfrute” porque ha subido el volumen al máximo. ¿Tocará hacer frente a otra denuncia por parte de los vecinos? Lo veremos en el próximo episodio.

Neologismos en ciencia ficción

La semana pasada Leti, a bordo del blog Fantástica Ficción, nos acercó a la introducción de The Seven Beauties of Science Fiction de Istvan Csicsery-Ronay, Jr., la lectura colectiva que El Fantascopio está realizando este verano, porque somos así de chulos y los calores no nos impresionan.

Hoy vamos a comentar el primer capítulo del libro que está dedicado a los neologismos, una de las señas de identidad de la ciencia ficción. Os propongo un resumen comentado, en el que voy a destacar lo que me ha parecido más interesante y/o llamativo.

Neologismos fictivos (nuevos “palabros” en las ficciones)

El autor comienza señalando lo obvio: que el neologismo es un fenómeno existente en todos los géneros, aunque yo añadiría que proliferan sobre todo en la ficción especulativa como constructos que pretenden trasladar al lector a un mundo de referentes distintos. Csicsery-Ronay admite la especial naturaleza que detentan en el género que nos ocupa. Se trata de tropos dialectales que implican un reconocimiento implícito por parte del lector de su función estética y cognitiva. Hablando en plata, esto quiere decir que el lector debe ser capaz de reconocerlos como signos nuevos asociados a conceptos imaginarios, inventados, con el propósito de enriquecer una ficción. “Un futuro imaginable es siempre una construcción poética” dice el autor, una forma hermosa y eficaz de resumir la función del neologismo fictivo. Coincido con el autor sobre la función poética de los neologismos, que no quiere decir que estemos hablando de versos, sino de una aplicación del lenguaje que apela al mensaje en sí al tratarse de palabras que atraen la atención sobre su forma y hacen reflexionar al lector.

Csicsery-Ronay constata que los neologismos se generan y son introducidos en el idioma (en cualquiera en teoría, aunque él parece concentrarse sobre todo en el inglés) a través de tres áreas del discurso: los términos técnicos y científicos; el lenguaje de las instituciones y los mercados; y el argot. La progresiva democratización de la ciencia en el siglo XXI también ha dejado sentir su impacto en la terminología técnico-científica, que se ha transformado para dar cabida a palabras más populares y menos elitistas.

En una cultura lingüísticamente dinámica, el lenguaje refleja los cambios sociales y económicos y la gente se acostumbra a aprender términos nuevos con rapidez.  Quizás es este contexto en el que podría argumentar que la cultura anglosajona, avanzadilla del desarrollo científico y técnico en el último siglo, haya sido el caldo de cultivo en el que el género ha adquirido una mayor notoriedad e importancia.

Estoy de acuerdo con el autor, que resalta la capacidad para crear lenguaje como una fuente de poder en todos los sentidos, aunque más en sentido cultural, que es el que nos ocupa. Quizás estamos asistiendo a una progresiva apertura del género a otras culturas, aunque la mayoría de las obras se sigan escribiendo o traduciendo al inglés. La ciencia ficción china (Liu Cixin), franco-vietnamita (Aliette de Bordard) o escandinava (Hannu Rajaniemi) está demostrando disponer de interesantes propuestas que nada tienen que envidiar a la anglosajona. Por otro lado, por conversaciones con autores árabes, he podido constatar la dificultad que existe a la hora de desarrollar textos de ciencia ficción porque materialmente no hay palabras que designen conceptos científicos y tecnológicos que no sean meras transliteración de grafías occidentales. Las cosas están cambiando, sin embargo, con un paulatino interés en generar nuevas palabras. El futuro se presenta, cuanto menos, repleto de posibilidades inesperadas.

Neosemas y neologismos en sentido estricto

Csicsery-Ronay señala dos tipos de neologismos: los neosemas, palabras o frases ya existentes en el lenguaje de los que un escritor de ciencia ficción se apropia para significar conceptos nuevos; y los neologismos en sentido estricto, términos completamente nuevos inventados por el escritor.

Aquí voy a hacer un alto en el camino y a sugeriros una serie de neologismos de uno de mis escritores preferidos China Miéville, conocido por el uso y para algunos “abuso” de este recurso. Voy a utilizar a una de sus obras más interesantes en mi humilde opinión, Embassytown, que ahora está disponible además en español en Fantascy y cuya trama se organiza alrededor del poder del lenguaje. Me voy a referir a la versión original para comentar varios ejemplos que ilustrarán los conceptos de Csicsery-Ronay con mayor precisión. Una palabra como “shiftparents” sería un neosema, al utilizar estructuras ya existentes en el inglés. “Shift” literalmente es “turno” y “parents” es “padres”, por lo que el concepto “shiftparents” se entiende como los “padres de turno” o los “padres que están de guardia” en un determinado momento, presuponiendo una estructura familiar de corte colectivo, tipo kibutz. Por otro lado, como ejemplo claro de neologismo en sentido estricto, podemos citar “miab”, un término inventado por Miéville para designar naves de aprovisionamiento no tripuladas.

Los neosemas funcionan en el eje sintagmático-metonímico del discurso y los neologismos stricto sensu lo harían en el eje metafórico-paradigmático. Si no entendéis la frase anterior, cortesía de Csicsery-Ronay no os preocupéis, que yo tampoco. Reflexionando un poco –y desempolvando los conocimientos olvidados adquiridos en cuarto de carrera- me atrevo a explicarlo. Los neosemas funcionan como estructuras conocidas de las cuales se aprovecha una parte de su significado original para designar algo nuevo, cuya acepción no andará muy lejos. Recuperando el “shiftparents” de Miéville, vemos que el concepto nuevo se refiere en parte al significado original de las palabras originales: estamos hablando de un tipo de “padres”.

Los neologismos puros y duros funcionan atribuyendo un sentido metafórico a una estructura que se podría sustituir por otra. Miéville emplea “miab” para designar un tipo de naves, pero podía haber utilizado cualquier otra combinación de sílabas, atribuyéndole metafóricamente el significado de “nave-de-carga-no tripulada”… podría haberla llamado “zopio”, por ejemplo. ¿Véis? No era tan difícil.

Evolución histórica

En lo que respecta a la historia de la ciencia ficción, al menos la anglosajona, parece que los autores no eran muy aficionados a utilizar neologismos hasta la época de la Guerra Fría, sobre todo a partir de la década de los 60. Es entonces cuando la ciencia y los avances tecnológicos empiezan a permear la cultura popular para convertir el vocabulario asociado a ellos en terminología habitual. El autor sugiere que los neologismos ciencia-ficcionales son, además, prospectivamente anacrónicos y, dentro de su anacronía, cronoclásticos. Lo anterior no es más que una manera fina de decir que implican un choque entre: significados conocidos de palabras actuales con significados nuevos de un futuro imaginado que se advierte como extraño, entendido como desconocido, diferente y exótico. El placer de leer neologismos recae en el elemento sorpresa, a veces humorístico, que conecta el significado ya conocido con el nuevo. Para mí supone una delicia encontrar nuevas palabras en Miéville, capaz como pocos de acoplarlas en el flujo de su prosa.

En realidad, los nuevos significados que los neologismos proponen son invitaciones realizadas al lector para que éste les atribuya una acepción, y las  re-interprete de alguna manera. Así, los seguidores del género proporcionan activamente nuevos referentes imaginarios que aportan una dosis de racionalidad que busca un mínimo de credibilidad, diría yo. Esto forma parte cuasi-inherente de la ciencia ficción y entraña una participación activa por parte de lector en la actividad imaginativa propuesta por la ficción. Para mí, en este punto reside uno de los mayores atractivos de la ciencia ficción, aunque puede resultar el aspecto que más dificultades origine a la audiencia provocando, incluso, hasta un cierto rechazo.

Csicsery-Ronay afirma que la mayoría de los escritores del género suelen ser discretos e introducen moderadamente neologismos, en un intento por ofrecer un cierto nivel de plausibilidad. Creo que todavía no ha leído a Miéville, o quizás lo considere más un autor de fantasía o de ficción especulativa.

Estructura interna del neologismo

Nuestro anfitrión de apellido compuesto cita a un tal Gary Westfahl que ha realizado un tipo de estudio estadístico sobre neologismos en ciencia ficción  inglesa y que establece varios tipos:

  • Construcciones sujetas a morfemas: Contienen al menos una raíz que no es una palabra en sí misma y suelen originarse en los círculos académicos e intelectuales. “Aeoli” es un neologismo que Miéville utiliza para designar una zona de aire irrespirable para los humanos en Embassytown, procedente del griego antiguo (lenguaje académico por excelencia) “Aeras”, que significa “aire”.
  • Construcciones no sujetas a morfemas: Palabras ya existentes a las que se les da un significado nuevo o que combinan dos o más términos para formar un compuesto evidente. Se trata de expresiones simples del pueblo llano. El “shiftparents” de Miéville se encuadraría en esta categoría.
  • Construcciones de morfemas reducidos: Palabras que contienen al menos un morfema abreviado, provenientes del argot. No me he atrevido a señalar ningún ejemplo en Embassytown.
  • Otro grupo formado por palabras onomatopéyicas o construcciones de raíces misteriosas. Podríamos incluir “miab” en esta categoría, ya que desconocemos el proceso de Miéville para generar la palabra, presuponiendo una raíz desconocida.

Según Westfahl, las primeras obras de ciencia ficción incluían sobre todo construcciones sujetas a morfemas para ir pasando a las no sujetas a morfemas y las de morfemas abreviados, reflejando la popularización de la ciencia y la tecnología que ya hemos comentado anteriormente. De este modo, la “cinematografía” se convierte en “cine”, después en “película” y luego en “block-buster”.

En los primeros pasos del género, los neologismos se referían a ideas científicas y tecnológicas, mientras que durante la época dorada o Campbelliana estaban relacionados con la biología, las ciencias sociales, la política y la sociología. Durante la New Wave de los 60 y 70, las nuevas palabras se centraban en la psicología y el marketing, y desde la llegada del cyberpunk parece haberse producido una síntesis de todo lo anterior, unida a un mayor interés por las telecomunicaciones.

Ley de la plausibilidad

El autor también destaca la aplicación de la ley de plausibilidad a los lenguajes alienígenas que los escritores inventan en sus obras. Llega a poner de manifiesto la falta de rigor lingüístico a la ahora de componer invenciones idiomáticas, exceptuando casos como el lenguaje élfico elaborado por Tolkien en El Señor de los Anillos. Dos observaciones aquí: Tolkien era lingüista y sería muy pretencioso aspirar a que todos los escritores de ciencia ficción adoptaran el mismo nivel de conocimiento que un profesional de la lengua; en segundo lugar, y hasta donde yo sé, El Señor de los Anillos es una obra de fantasía, no de ciencia ficción. Csicsery-Ronay parece reconocer esto último cuando afirma que el rigor lingüístico de Tolkien no convierte a su trilogía en una saga de ciencia ficción, pero creo que entonces la referencia está mal ajustada en el texto. Estoy de acuerdo sin embargo con Csicsery-Ronay cuando señala que los neologismos en el género que nos ocupa no deben imitar a las leyes del lenguaje sino jugar con ellas.

Idiomas mutantes

Ahora voy a hacer otro inciso para explicar brevemente la diferencia entre significante y significado, tal como el lingüista suizo Ferdinand de Saussure estableció a principios del s. XX, sentando las bases de la semiótica (el estudio de los signos). Toda palabra es un signo compuesto por un significante y su significado. El primero sería el vehículo del segundo, su forma externa, pudiendo ser gráfica, oral, auditiva, visual, etc. El segundo implicaría la acepción del signo. En la palabra “libro”, la grafía “l-i-b-r-o” es el significante porque es una palabra impresa y el significado sería “el conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen” (Diccionario RAE).

Lo anterior viene a cuento porque Csicsery-Ronay pasa a hablar de las meras palabras a los idiomas mutantes, como los llama el autor al referirse a los lenguajes que aparecen en las obras de ciencia ficción (por ejemplo, el Klingon de Star Trek).

Estos idiomas adoptan reglas sintácticas que reflejan la construcción de mundos propuestas por sus autores, con todas sus peculiaridades sociales desplegadas, y conectados a referentes o conceptos desconocidos. Pensad que nuestro presente está repleto de palabras conocidas que en un pasado reciente connotaron el futuro. Por ejemplo, el uso de “e-“ para designar el paradigma de lo digitalizado (e-books, e-shops, etc…) es relativamente cercano en el tiempo. Para que los neologismos del futuro se diferencien de los del presente, deben apostar por la disyunción, transformando el discurso común en un idioma extraño. Csicsery-Ronay lo llama la cualidad mutante del lenguaje, o sea su capacidad para aceptar referentes desconocidos. Me pregunto si eso sucede en todos los idiomas terrestres, porque me da la sensación de que este aspecto está íntimamente relacionado con la habilidad adaptativa de una lengua que sea capaz de admitir con relativa facilidad la inserción de nuevas palabras altamente expresivas.

Brian W. Aldiss tuvo la brillante idea de diferenciar entre los polos de pensamiento y de ensoñación en el género en Billion Year Spree: The True History of Science Fiction (1973), una obra que cita Csicsery-Ronay al hablar sobre la xenoglosia. Este término nombra la capacidad de una persona para expresarse en una lengua totalmente desconocida. Pocos casos reconocidos existen en el mundo, pero en las obras de ciencia ficción resulta llamativo descubrir cómo los escritores buscan formas cada vez más sofisticadas para procurar la comunicación entre civilizaciones.

En el polo de pensamiento, el género intenta ofrecer lenguajes altamente plausibles utilizando la retórica del sentido común, un estilo plano, universalidad científica y lugares comunes. El polo opuesto, el de la ensoñación, sugiere palabras radicalmente desconocidas. Los lenguajes inventados, se vean anclados en el polo del pensamiento o de la ensoñación, se apoyan en la creencia de que las culturas evolucionan por caminos diferentes, no solo en lo que se refiere a los significados sino también en los significantes. Para solventar este obvio problema comunicacional y permitir el diálogo con sociedades alienígenas, uno de los recursos es acudir a los traductores universales, como el empleado en Star Trek, o a protagonistas con sorprendentes conocimientos idiomáticos. Se asume, por tanto, que los idiomas extraterrestres tienen una estructura cuanto menos equivalente al inglés, adoptándose un punto de vista totalmente anglo-céntrico o, cuanto menos, terra-céntrico. En otras ocasiones son precisamente las diferencias idiomáticas entre civilizaciones las que sirven como detonante de conflictos en la narración.

Recuerdo que cuando leí The Color of the Distance de Amy Thomson, una de las cosas que me llamó especialmente la atención fue la manera de comunicarse de los Tendu, a través de grafías sobre la piel cuyo color cambiaba dependiendo del estado de ánimo del nativo. Me pareció extraordinariamente novedoso en su momento, estoy hablando de mediados de los 90, y la solución de la autora para establecer contacto entre la humana Juna y los Tendu fue hacerla pasar por una profunda transformación fisiológica que la convirtiera a ella misma en una alien.

Sobre todo, sustantivos

Otra de las constataciones de Csicsery-Ronay es la casi ausencia de verbos en los neologismos originados en ciencia ficción. Según afirma, cualquier lenguaje presenta una resistencia material a acoger términos inventados. Por otro lado, hay un conjunto inconsciente de convenciones sociales sobre lo que constituye un término alienígena inventado. Según un reciente ensayo de William C. Spruiell (titulado “A lack of Alien Verbs: Coinage in Science Fiction”) el 89% de los neologismos son sustantivos que denotan objetos y títulos oficiales con algunas palabras para referirse a estados de ánimo o sentimientos. Asimismo, la mayoría de los adjetivos inventados aluden a calificativos honoríficos de los que el lector no tiene que conocer su significado, sino su equivalencia con sus homólogos en inglés. Se advierte una escasez de verbos, muchos de los cuales son meros eufemismos de conceptos conocidos (el consabido “fucking”, por ejemplo).

El autor lo explica argumentando que la mayor parte de las palabras que un idioma toma prestado de otro son sustantivos, las primeras estructuras lingüísticas que aprende el niño y que se suponen implican un menor esfuerzo cognitivo para ser asimiladas. Además, utilizar sustantivos como neologismos interrumpe menos el flujo narrativo comparado con los verbos, porque estos últimos desafían al lector al enfrentarlo con una nueva manera de  experimentar y manipular el mundo. Si bien los verbos neológicos son bastante comunes en inglés, lo son porque están anclados en sustantivos de significado conocido. Siguiendo este modelo, cualquier verbo inventado, si procede de un sustantivo –aunque sea inventado también- será mucho más sencillo de reconocer y procesar por parte el lector que un verbo que no lo sea.

Dune, La mano izquierda de la oscuridad y el lenguaje Klingon

La última parte del capítulo se centra en abordar varios ejemplos de la ciencia ficción más clásica. En el caso de Dune, Frank Herbert utiliza neologismos derivados literalmente del árabe en lo que se refiere a la cultura Fremen de Arrakis, mientras que el lenguaje Galáctico proviene de los idiomas europeos más influyentes. Con ello, el autor especula que Herbert querría trasladar de alguna forma la contraposición entre árabes y el imperio Otomano con las culturas Fremen y Galáctica. Csicsery-Ronay reflexiona sobre ello señalando que el lector de Dune nunca puede estar seguro de que las palabras inventadas por Herbert sean realmente neologismos o solo meras alegorías históricas utilizadas por su exotismo y aprovechándose del desconocimiento generalizado –sobre todo en USA- sobre las culturas árabe y Otomana.

El otro ejemplo estudiado por Csicsery-Ronay es La Mano Izquierda de la Oscuridad de Ursula K. Le Guin. En esta novela, los neologismos reflejan nuevos conceptos que la escritora desarrolla durante la narración de la historia. El “Kemmer”, el momento de su ciclo reproductor en el que los Gethenians manifiestan un género determinado y copulan,  es uno de los más importantes y memorables de la novela y Le Guin lo trata con particular cuidado, suministrando información al lector a través de la narración de Genly Ai. En La mano izquierda de la oscuridad, el terrestre y por extensión el lector, son los alienígenas, que no dejan de ser criaturas pervertidas para los Genethians. Quizás porque los padres de Le Guin eran antropólogos, la escritora supo desviarse del terra-centrismo existente en la ciencia ficción y pudo construir una historia en la que el intruso es el humano, tal y como lo reflejan los neologismos empleados.

Por último el doblemente apellidado analiza brevemente el idioma Klingon de Star Trek, uno de los más conocidos y celebrados dentro del fandom. Desarrollado por Marc Okrand, lingüista interesado en los idiomas amerindios, supuso un intento por superar lenguajes ridículos como el Vulcaniano. Existe incluso un Instituto del Lenguaje Klingon http://www.kli.org en el que se puede estudiar su gramática, pronunciación y ortografía. Okrand  se tomó muy en serio el encargo de los productores de la serie e ideó un lenguaje artificial, independiente de cualquier evolución social terrestre. Los aficionados al Klingon de alguna manera practican su culto estético por razones lúdicas, incluyendo no solo el lenguaje sino las historias, tradiciones y ritos de la cultura Klingon. En este sentido, se alejan de sistemas de creencias coercitivos similares basados en mitos tales como la Cienciología o los Raelianos. La referencia a la Nación del Islam sobra, en mi opinión, porque no sé hasta qué punto el Islam se basa en un mito y, puestos a especular, todas las religiones podrían reducirse al culto a algún mito.

En resumidas cuentas, creo que Csicsery-Ronay realiza un notable trabajo a la hora de cartografíar el neologismo como fenómeno sujeto a la evolución histórica de la ciencia ficción. Quizás algunas de sus afirmaciones son ásperas y necesitan un trabajo de masaje reflexivo para ser ablandadas y permitirnos una comprensión más relajada. Sin ciertos conocimientos mínimos en lingüística y semiótica, algunos aspectos pueden escapar el entendimiento del lector medio. En este sentido, opino que el autor, que se vanagloria en la introducción de la llaneza con la que va a acometer su misión, no cumple totalmente con lo prometido.