Algernon, ¡cuéntame en español cuentos ingleses! (Primera parte)

Cuentos para Algernon no tiene segundas intenciones por ser una iniciativa online y gratuita. Habéis oído bien: es una web a la vista de todos; y es gratuita, no hay que pagar una cuota ni suscribirse para disfrutar de sus contenidos. Ofrece cuidadas traducciones al español de relatos de ciencia ficción, fantasía, weird, y terror de autores de reconocido prestigio.

No se trata solo de escritores que han recibido premios, que han sido alabados por la crítica y aplaudidos por los lectores, sino de creadores con calidad literaria, independientemente de que naveguen en las aguas procelosas del género. Aparte de maximimizar la disponibilidad de los relatos publicándolos en ePub, MOBI, Fb2, PFD o DOC, lo que caracteriza esta página es la elevada calidad de las traducciones que propone, realizadas por el administrador y fundador de la iniciativa, una misteriosa entidad que se hace llamar Marcheto y de la que se desconocesu verdadera identidad. Por sus respuestas, se intuye que puede haber una mujer detrás de ese nombre, pero esto es pura especulación por mi parte, pues bien podría tratarse de una inteligente maniobra de ocultación.

He tenido la oportunidad de mantener una conversación larga y muy interesante con esta entidad, en la que hemos hablado de la salud del género, de su labor en la web, y de sus deseos con respecto al futuro. Espero que disfrutéis de ella lo mismo que yo manteniéndola. (Como siempre, podéis disfrutar de esta entrevista en inglés en el blog amigo Sense of Wonder de Elías Combarro. Por cierto, Cuentos para Algernon es una web indispensable en la blogosfera. Punto.

 

CJ: Me gustaría que te presentaras. Todo el mundo te conoce como Marcheto y muchos no saben quién se esconde detrás de ese nombre. Es cierto que tu blog habla por sí solo y que se sabe que realizas traducciones al español, pero me interesa conocer tu biografía, desde tu formación a tu experiencia profesional.

Marcheto: Efectivamente, la mayoría de los lectores del blog no sabe cuál es mi otra identidad, pero eso es algo totalmente premeditado y mi intención es que siga siendo así en la medida de lo posible, porque para todo lo relacionado con Cuentos para Algernon soy Marcheto, y esa es mi verdadera identidad. La otra, la que se esconde detrás, es la falsa. Me temo que mi biografía no es demasiado apasionante. A título de curiosidad, mencionaré que nací hace ya bastantes años en una provincia que tiene fama de no existir. Tal vez se me pegó algo de esa inseguridad existencial y ahí radique la explicación de que no me baste con una única identidad, sino que necesite dos para quedarme tranquila. No lo sé. En cualquier caso, mi familia se trasladó poco después a una provincia vecina mucho más convencida de su propia existencia. Allí pasé bastantes años, y allí, cuando tenía claro que lo mío eran las ciencias y no las letras, estudié la carrera de matemáticas. Así que por formación supongo que soy matemática, aunque nunca he ejercido como tal. Desde un principio y hasta la actualidad, mi actividad profesional principal (es decir, la que me da de comer) se ha desarrollado en el campo de la informática.

Hace unos años, en un intento por mantener vivo mi inglés con algo que no fueran las típicas clases de toda la vida, me apunté a un curso de traducción. Fue ahí donde descubrí que aquello me gustaba y que no parecía dárseme mal del todo. Y cuando ya llevaba un par de años con mis cursos de traducción, me enteré de que La Factoría de las Ideas necesitaba traductores. Me animé, les escribí y poco después estaba traduciendo libros de rol para ellos. Y de ahí pasé a otro tipo de obras, al  principio también para La Factoría y más adelante para otras editoriales, eso sí, casi siempre pertenecientes al género fantástico. Y en todo momento compaginándolo con mi trabajo como informática y con algunos cursos más de traducción.

 

CJ: Es interesante lo que dices de mantener secreta tu otra identidad. Al principio de Twitter, yo jugaba con la ambigüedad de @dnazproject.com y escribía mis twitts en masculino… a veces lo sigo haciendo, pero me temo que ya todo el mundo me conoce y no sirve de nada. En mi caso se debía a la necesidad de que me tomaran en serio. Pensaba yo que si se creía que era un hombre, tendría menos dificultades ¿Se debe tu ocultamiento de personalidad a una maniobra parecida, o forma parte de una estrategia para dominar el mundo? Una respuesta breve a esta pregunta servirá 🙂 Has mencionado La Factoría de Ideas, editorial para la que trabajas. En los últimos meses se ha debatido en las redes sociales sobre la mediocre calidad de alguna de las obras de esta editorial. ¿Qué opinas al respecto? (Entiendo que no desees responder a esta cuestión, y respetaré tu decisión de no hacerlo, pero tenía que hacerte la pregunta)

M: Pues no se me había ocurrido hasta ahora, pero puede ser que efectivamente todo esto (el blog, el ocultamiento de personalidad, el estar respondiendo a estas preguntas…) forme parte de una maniobra de mi subconsciente encaminada a dominar el mundo. Y ahora que lo pienso, si llegara a dominar el mundo podría traducir y publicar todos los cuentos que me gustan, sin tener que andar cruzando los dedos cada vez que escribo a un autor solicitando su permiso, puesto que todos me tendrían que decir que sí, ¿verdad? Suena francamente interesante…

Aunque bueno, lo que sí que es cierto es que cuando comento a alguien que traduzco literatura de ciencia ficción y fantasía, la reacción más habitual es la sorpresa y una sonrisa un tanto irónica. Como que efectivamente no se lo tomaran muy en serio.

En cuanto a La Factoría, hace ya muchos años que dejé de colaborar con ellos, y mis sentimientos en este caso son totalmente ambivalentes. Por una parte, siento un enorme cariño hacia esta editorial y les estoy muy agradecida, puesto que estoy convencida de que si ellos no me hubieran dado mi primera oportunidad, ni yo hubiera conseguido llegar a traducir profesionalmente ni Cuentos para Algernon existiría. Pero por otra, es cierto que durante el tiempo que colaboré con ellos pude apreciar en alguna ocasión una cierta dejadez en relación a estos temas, por lo que no me sorprende que en ocasiones las traducciones que publican dejen bastante que desear.

 

CJ: ¿Por qué ciencia ficción, fantasía y terror? ¿Qué tienen estos géneros que atrapan de manera irrevocable?

M: En mi caso, creo que mi afición a esos géneros se debe en gran parte a la existencia en el instituto donde estudié de un club de ciencia ficción, organizado por un profesor aficionado al género. Ya por aquel entonces era una lectora voraz, así que por supuesto que me apunté al club, aunque supongo que también lo hubiera hecho si el club hubiera sido de literatura policiaca y ahora a lo mejor estaría traduciendo otro tipo de relatos. Los socios del club nos reuníamos periódicamente y teníamos a nuestra disposición una extensa biblioteca de obras de ciencia ficción. Gracias a ella descubrí y disfruté de un gran número de títulos, sobre todo de los grandes clásicos. Por ejemplo, mi regalo de bienvenida al club fue la edición de Bruguera de “Donde solían cantar los dulces pájaros”, de Kate Wilhelm, que por supuesto todavía conservo. Poco a poco me fui aficionando al género y, supongo que por afinidad, también a la fantasía y al terror. En mi opinión, este tipo de literatura juega con ventaja frente a la literatura realista. Puede ofrecerte todo lo que te ofrece esta última (análisis en profundidad de personajes y de las relaciones entre ellos, calidad literaria…), pero además de todo esto nada le impide darte mucho más, puesto que al no tener que aceptar las imposiciones de nuestra realidad, el abanico de ideas y posibilidades con los que puede jugar crece hasta el infinito. Y, centrándome en la ciencia ficción, que tal vez sea mi género favorito de los tres, la mezcla de calidad literaria, capacidad especulativa y sentido de la maravilla propia de las grandes obras del mismo es algo que rara vez se da fuera de este género. Y esa es la conjunción que espero encontrar cada vez que empiezo una nueva novela o relato de ciencia ficción.

 

CJ: Un buen traductor es una persona muy leída, con un conocimiento bastante amplio del género en el que se mueve. La traducción no solo implica transcribir un texto de un lenguaje a otro, implica realizar elecciones constantemente, elecciones que aportarán matices, profundidad, referencias, sensaciones y sentimientos. Me gustaría conocer tu proceso de trabajo, desde que recibes un encargo hasta que lo entregas. También me gustaría que hablaras de esas “elecciones” que menciono, cómo las abordas, qué te resulta más fácil y difícil. 

M: Si te parece, en lugar de centrarme en mi proceso de trabajo ante un encargo profesional, voy a hablar de cómo encaro las traducciones de los relatos del blog, que es lo que ahora mismo ocupa la mayor parte de mi tiempo dedicado a estos menesteres.

Antes de empezar a traducir un cuento lo releo, porque lo normal es que hayan trascurrido varios meses desde mi última lectura del mismo. Y a partir de ahí me lanzo. Al tratarse de relatos, los traduzco desde el principio hasta el final, eso sí, dejando pendientes para una segunda pasada un montón de decisiones de todo tipo. Una vez terminado ese primer borrador, y ya con un conocimiento más profundo del texto, suelo  tener una idea mucho más definida del estilo que debe tener la traducción, y lo normal es que muchos de los puntos oscuros que estaban pendientes se hayan clarificado al menos de manera parcial. Así que reviso la traducción cotejándola con el texto original con el mayor cuidado posible. En esta revisión intento detectar los errores que haya podido cometer e ir solucionando la mayor parte de los problemas pendientes, así como ajustar el estilo de la traducción para que refleje lo más fielmente posible el del original. Aparte de eso, retoco montones de detalles que me parecen mejorables.

Terminada esta primera revisión, paso a centrarme ya en aquellos puntos que todavía tengo marcados como problemáticos y los trabajo uno a uno. Es en esta fase cuando en ocasiones me veo obligada a recurrir a los autores, pidiendo aclaraciones o incluso consejos (por ejemplo, Zen Cho fue quien me sugirió qué palabras y expresiones malayas de las que aparecían en su cuento “Prudence y el dragón” debía mantener en malayo, cuáles debía traducir y cuáles simplemente debía eliminar).

Una vez solucionados todos esos problemas, dejo reposar el texto al menos un día y luego lo releo de un tirón ya sin el original delante, fijándome sobre todo en aquello que me rechina, que no me parece que suene natural en español, además de en los errores que pueda encontrar, por supuesto. Marco todo esos puntos y vuelvo sobre ellos tras esa lectura. Una vez corregidos, le paso el texto traducido a mi revisor particular, que se lo lee y a su vez me señala tanto errores como detalles que como lector no le han terminado de convencer. Vuelvo a revisar el texto para corregir todo eso y, tras una nueva relectura en la que ya prácticamente no toco nada, el texto queda listo para ser publicado.

En cuanto a las elecciones, un traductor las está haciendo de manera continua y en la mayoría de los casos casi inconscientemente. Rara es la palabra o frase que admite una única traducción. Ni siquiera «table» va a ser siempre «mesa».

Y, aunque se dice que no hay nada imposible de traducir, yo sí que he descartado algún cuento estupendo porque al leerlo en inglés me ha parecido que no podía garantizar que mi versión en español fuera a ser digna del original. En mi caso concreto, se me ocurren tres cosas que me parecen especialmente difíciles: los títulos, los neologismos y el humor.

Los títulos originales en inglés suelen ser bastante sintéticos, estar llenos de referencias culturales que a nosotros se nos escapan, de gerundios incorrectos en español, de juegos de palabras, de frases hechas… Resumiendo, que es muy habitual que una traducción más o menos literal no sea posible o no sea la mejor elección. En el mundo de la traducción profesional, el título definitivo suele ser decisión de la editorial. En mi caso, si no tengo las cosas claras, este es uno de los puntos que me gusta consultar con el autor. Por ejemplo, “Caída de una mariposa”, el título del relato de Aliette de Bodard, fue la sugerencia de la propia autora ante las distintas posibilidades que yo andaba barajando.

Los neologismos es otro de los problemas más habituales en este género. Ante un neologismo, lo primero que hago es investigar si el mismo ha aparecido ya en alguna otra obra. Si así ha sido, intento averiguar si ya se ha traducido y cómo. Y si la traducción existe y me convence, la respeto. Si no es así, pues toca echarle un poco de imaginación para descubrir todo lo que se esconde detrás de ese término e intentar inventar una palabra en español que transmita y refleje eso mismo. En estos casos, de nuevo resulta muy útil poder pedir aclaraciones al autor, un lujo con el que en mi caso estoy pudiendo contar.

Y el humor es bien sabido por todos que es muy difícil de traducir.  Pero sobre este tema prefiero no explayarme. Tengo previsto traducir varios cuentos de humor próximamente y, como empiece a reflexionar sobre las dificultades de la empresa, igual me doy cuenta del fregado en el que me voy a meter y me arrepiento.

(No dejéis de leer la segunda parte de esta entrevista el próximo díá 10 de Mayo)

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