“Los Caballeros Celestiales” de Guy Gabriel Kay: Fantaseando sobre la China medieval

Por una de esas extrañas coincidencias de la vida, mi peluquero -“perdón, estilista”, me corrige- se llama Tai, como el protagonista de Los Caballeros Celestiales del escritor canadiense Guy Gabriel Kay. La novela se publica en España en RBA Fantástica, que con esta inclusión en su catálogo amplía su oferta para dar cabida a títulos actuales del panorama fantástico.

El Tai de Gabriel Kay es hijo segundón de un importante general en un reino asiático identificado con la China de la dinastía Tang. Mi estilista comparte con su tocayo literario una misma procedencia asiática -es camboyano-  y es un consumado artista del peine y las tijeras. Como el Tai de la novela posee talentos ocultos que solo saca a relucir con sus clientes de confianza pero en vez de esgrima y sensibilidad poética le da por contar chistes y dibujar ilustraciones. Hay un leve paralelismo entre ambos… hasta el blog se ha dado cuenta.

Me explico: el Tai novelesco es un espadachín consumado, amante de la poesía, valiente y formado en la habitual escuela de guerreros invencibles de las historias ambientadas en épocas de la China dinástica, a la par que sensible, bien parecido y hermano amantísimo. Vamos, una joya que cualquier madre quisiera como yerno. Y qué decir de su lucidez, de su inteligencia prodigiosa, de su gracia encantadora tanto para con mujeres como para con hombres o fantasmas y de su increíble suerte.

El Tai real y camboyano se ríe hasta de su sombra -con inteligencia y buen humor-, regala piropos a cualquiera sin importar su género, esculpe cabelleras, escucha cuitas, devuelve sabios consejos a quien se los pide y te pone al día sobre tu horóscopo chino. Es capaz de hacer los retratos a carboncillo más fieles que uno pueda imaginar y suele incorporar a la conversación, siempre fluida, las reflexiones propias de sus creencias budistas. Vas a que te corte el pelo y te hace un shiatsu del espíritu: ¡el no va más!

¿Novela histórica de fantasía o fantasía histórica?

Vaya por delante que la novela histórica no es uno de mis géneros preferidos. Si,  ya sé que esto que digo me hace bajar puntos en la escala Richter del costumbrismo patrio al tratarse de una temática muy apreciada por los lectores españoles. No es para menos. Si algo abunda en nuestro país es su tradición por la narrativa de época y eso no es en absoluto algo malo o criticable. Al contrario, debemos sentirnos orgullosos por disponer de una rica andadura histórica y por el interés que despierta la Historia con mayúsculas procedente de ambos lados de nuestras fronteras.

Probablemente sea un defecto de fábrica, una inadecuación al medio o simplemente una falta increíble de sensibilidad por mi parte, pero no puedo evitar que la novela histórica –en general- me decepcione fácilmente. Y no porque no exhiba méritos para impresionar. Se trata de una apreciación personal y un poco irracional. Lo cierto es que pocas veces una fantasía histórica, como puede catalogarse Los Caballeros Celestiales, ha conseguido engancharme y sorprenderme.

Tai, hijo mediano de un reputado general, guarda el luto estipulado por la pérdida de un padre cuando se ve envuelto sin comerlo ni beberlo en las maniobras políticas entre dos imperios vecinos. Un personaje VIP decide hacerle un valiosísimo regalo y desde ese momento tendrá que evitar numerosos intentos de asesinato. Hay regalos que matan pero hay algunos por los que no merece la pena morir o, lo que es incluso peor, servir como moneda de cambio en las intrigas urdidas por los poderosos. La magia se cuela en los paisajes del imperio Kitai y lo sobrenatural camina al lado de lo cotidiano.

Como una película de Zhang Yimou

La novela es larga. Muy larga. El autor ha concebido una novela tetráloga que podía haberse resuelto en la mitad de páginas. La narración se alarga por la abundancia de descripciones minuciosas que ralentizan enormemente el ritmo de la trama, aunque añaden el nivel de detalle necesario para hacer que la historia sea creíble desde el punto de vista histórico. No soy experta en la China de la Alta Edad Media, pero las imágenes que el autor compone con palabras sobre la vida de aquel entonces son exquisitas, bien documentadas y pensadas para anclar la trama en su contexto histórico. Es lógico, por otra parte, tratándose de una época pasada y lejana geográficamente para los lectores occidentales.

Hasta ahí, no hay problema. Pero a veces las descripciones demasiado detallistas consiguen ahuyentar al lector, saturándolo con demasiados efectos  sinestésicos. Es evidente que Guy Gabriel Kay es un apasionado por la historiografía y quizás ese sea el problema para mí, que se nota demasiado. El canadiense está acostumbrado a enfrentar ambiciosas campañas. Siendo muy joven ayudó a Christopher Tolkien a recopilar y organizar los textos de su padre J.R.R Tolkien para componer El Silmarillion (editada en España por Minotauro y Booket), que inexplicablemente es mi libro favorito del universo del Señor de los Anillos. La querencia por la fantasía le llegó de la mano de una de las referencias del género y, además, de forma muy directa.

Los Caballeros Celestiales es como una versión literaria de una película de Zhang Yimou –somos muy fans, el blog y yo-. Sin embargo, lo que funciona a nivel cinematográfico a veces no consigue convencer sobre el papel, a saber: las escenas épicas de lucha; el preciosismo de una cuidada fotografía repleta de imágenes evocadoras; o la planicidad de los personajes. Lo que te atrapa en largometrajes como Hero (2002) o La Casa de las Dagas Voladoras (2004) de Yimou, con sus peleas coreografiadas y sus lentas escenas con una escenografía diseñada milimétricamente, en la novela del canadiense llega a aburrir un poco.

A pesar de la abundancia de detalles sobre gestos, pensamientos y sensaciones de los personajes, éstos carecen de la profundidad que se podría demandar a tanto despliegue emocional. El héroe es poco más que un santo varón, los malvados exhiben su malicia sin escrúpulos y las mozas son lozanas, gráciles y agradables a la vista. En mi humilde opinión, lo malo de los personajes planos es que son fácilmente predecibles y eso resta interés a la narración. Existen elementos muy interesantes de los que se saca poco partido, mientras se potencias personajes o tramas secundarias sin llegar a ninguna parte.

Cierto es que Gabriel Kay incorpora numerosos personajes femeninos que toman parte activa en la acción (la inteligente concubina Agua de Primavera, la guerrera Wei Song, o la princesa repatriada Shen Li-Mei). Se agradece que las féminas no sean solo los objetos a contemplar o disfrutar, o sea personajes que pasaban por allí, sino elementos de peso en la narración. Hay mujeres-soldado valientes y atrevidas, hay cortesanas que saben manejar hábilmente la política y hay nobles postizas que se transforman en supervivientes. Esta es sin duda, la parte que más me ha gustado de la novela y parece ser que es una de las constantes en la obra de Gabriel Kay.

Investigando un poco y preguntando aquí y allá, he podido captar que los numerosos seguidores del canadiense no colocan esta novela como una de las más conseguidas, destacando otros títulos en su haber como Tigana o El árbol del verano (editados por Timun Mas). Aquellos que disfrutan con la novela histórica alternativa no se sentirán decepcionados.  Guy Gabriel Kay es hábil con la pluma y puede evocar poderosas imágenes que dibujan un escenario exótico y repleto de posibilidades.

Al blog le ha gustado mucho.

Pero sospecho que es simplemente por llevarme la contraria.

 

 

 

 

«La casa de Asterión» de Jorge Luis Borges

“-¿Lo creerás, Ariadna? –dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.” “La Casa de Asterión”, El Aleph de Jorge Luis Borges, 1949

La envidia me corroe. El blog se ha ido de vacaciones a las instalaciones de Virgin Galactic en California, donde va a participar en los vuelos sub-orbitales que se están probando. Según dice, la estancia le ha salido gratis porque se ha ofrecido voluntario como sujeto de estudio sobre los efectos que la ausencia de gravedad produce en los seres virtuales. Anonadada me deja y me refugio en uno de los libros que me reconforta en los momentos duros. Allí donde esté, siempre llevo conmigo una copia de El Aleph de Jorge Luis Borges.

Hay historias que te labran la imaginación, que se instalan bajo la piel y que nunca te desertan. El cuento “La Casa de Asterión” de Borges es, en mi caso, una de ellas. Se trata de un relato muy corto, escrito allá por 1947 y publicado por primera vez en la revista argentina Los Anales de Buenos Aires en mayo de aquel año. El cuento pasó a formar parte de los textos recogidos en El Aleph, que es en realidad una antología que vio la luz en 1946.

Laberintos como mundos

No seré yo quien intente realizar aquí un análisis de este milagro literario (me pongo un poco hiperbólica cuando hablo del argentino, pero creo que sabréis disculparme). Me faltan conocimientos, paciencia y determinación para hacerlo. Tan solo quiero señalar en la medida en que las palabras me lo permitan algunos de sus méritos ante mis ojos.

Una de las cosas que siempre me ha llamado la atención de este cuento es que, a pesar de su brevedad, contiene más ideas por centímetro cuadrado que la mayoría de las obras literarias. Pero eso es algo muy propio de Borges: él no se contenta con narrar historias sino que propone reflexiones y sensaciones que nos hacen interpretar cada frase de manera distinta en re-lecturas sucesivas.

Pero comencemos por el principio. El título ya da pie a un juego de sugerencias entre el autor y el lector que luego se verá reflejado en el cuerpo de la narración. La tal “casa” es un laberinto, uno de los espacios recurrentes del argentino en sus escritos. Para Borges el laberinto representa el cosmos entendido en la acepción griega de universo ordenado y opuesto al caos, el desorden y la incoherencia. Pienso en la famosa biblioteca de Babel, del relato homónimo publicado en 1941 en El Jardín de senderos que se bifurcan, y veo la misma arquitectura masiva y repetitiva que simboliza el universo en toda su inmensidad y complejidad pero siguiendo una clara estructura regular.

Siempre he creído que Borges expone su metafísica particular en esta historia, resaltando la importancia que el mito, el número, el orden y el conocimiento tenían para él. Si cuando leáis la palabra “metafísica” se os eriza el vello y vuestros sentidos se ponen en guardia, no temáis. No os dejéis intimidar por el vocablo. Tan solo se refiere a la reflexión sobre qué es la realidad y sobre nuestra función en ella, o sea, qué somos y para qué estamos aquí. Pero no me negaréis que decir que uno divaga sobre la “metafísica” queda de lo más elegante, aunque se refiera a cosas sobre las que todos hemos pensado alguna vez.

Sin entrar en un análisis profundo de la filosofía borgiana, me atrevo a decir que Borges concibe el mundo como una realidad para conocer: sé, luego soy. Una especie de “pienso, luego existo” de Descartes pero llevado a un plano más activo. El pensamiento como mera actividad cerebral no es suficiente para el argentino, sino que tiene que producirse una búsqueda voluntaria de conocimiento. Al menos, así lo entiendo yo. El blog me dice por videoconferencia que, al mencionar la filosofía de Borges, me acabo de meter en un berenjenal del que no voy a poder salir. Esta vez, le doy la razón y por eso dejo de cultivar legumbres para continuar.

La elección del nombre de  “Asterión” es una de los aspectos que más me gustan del texto. En griego Άστέριος significa “estrellado o relativo a la esfera de las estrellas fijas”, que me sugiere una relación privilegiada entre el protagonista – suponemos que es el portador de dicho nombre- y los cielos. De esta manera Borges señala la importancia del personaje, su pertenencia a una casta noble, sagrada quizás. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo; aunque mi modestia lo quiera”, dice el narrador. Este dato me lleva a “wikipediar” el nombre para darme cuenta de que se trataba de uno con alcurnia en la antigüedad, llevado por reyes, hijos de reyes, miembros de la nobleza, gigantes, Argonautas, comandantes y algún que otro dios menor.

Destino trágico y zoofilia

Borges atribuye al historiador y mitógrafo Apolodoro la leyenda sobre una reina que da a luz un ser monstruoso con cabeza de toro y cuerpo de hombre como castigo por las ofensas perpetradas por su marido. Todo muy lógico y muy moderno: si eres un ser con poderes y alguien te afrenta, págalo jorobándole la vida a su mujer, en este caso Parsifae, la mujer del rey Minos de Creta. En aquel entonces los toros estaban de moda como iconos sexuales y las relaciones de zoofilia se prodigaban con cierta frecuencia. Asterión, o el Minotauro, fue encerrado en el laberinto construido por Dédalo y sirvió como instrumento para perpetuar la venganza del dios desairado de turno. Como solo se nutría de carne humana, cada año varios jóvenes efebos y otras tantas dulces vírgenes eran conducidos al laberinto para que él los devorara y la furia divina permaneciese calmada.

He aquí el destino dramático de Asterión, herramienta de la cólera celestial y castigo de los reyezuelos que se pasan de listos. Como en todos los mitos de la antigua Grecia –el blog y yo somos muy fans- hay un camino predestinado para cada uno y de cuya dirección es imposible desviarse. El drama surge porque el monstruo no es libre: su existencia está condicionada por la intervención divina que lo obliga a ser el medio a través del cual se escarmienta al pueblo. “Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero”, afirma Asterión, como queriendo auto-convencerse de que él es dueño de su destino.

El cuento está narrado en primera persona en forma de revelación que el Minotauro nos confía. Es casi el aparte de una pieza de teatro. En unas pocas frases el ser mitológico hace un repaso de su existencia: desde la arquitectura de su casa, a la misión que tiene encomendada por los dioses, pasando por su noble linaje. En un momento del texto queda patente la insoportable soledad en la que vive sumergido cuando, y nos revela con candidez y melancolía: “Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa”. La soledad que raya en la locura o la locura que roza la soledad entronca con el sentido dramático de la vida que los antiguos griegos imprimían a través de sus mitos a su manera de entender el mundo. Si Asterión se sabe solo en el laberinto entonces se habla a sí mismo y no a nosotros, que no somos más que espectadores de un monólogo emitido sin voluntad de ser escuchado por terceros. Secretamente sospecho que la intención del protagonista es precisamente ser oído. Ese es uno de los juegos con el lector que Borges se trae entre manos.

La “mirada del Otro”

Admiro en el texto el punto de vista que se atreve a exponer. En un recurso que ya aparecía en el Frankenstein de Shelley, el monstruo tiene la oportunidad de ofrecer su versión de los hechos mitológicos. Como otros muchos lo han hecho antes yo llamo a este recurso “la mirada del Otro”, entendiendo aquí por “Otro” al marginado social, que es el monstruo en este caso. Su apariencia física y la misión divina que le es encomendada lo sitúan en esa categoría, una a la que por intolerancia nunca se le pone voz. Tiene que venir un porteño nacido en los últimos años del siglo XIX para ofrecer la posibilidad al mito griego de ser escuchado como criatura con sentimientos. Es decir, Borges humaniza al engendro de la naturaleza y empuja al lector a empatizar con su situación.

Al final del cuento aparece un narrador en tercera persona con dos oraciones que insinúan un desenlace inevitable y esperado por el protagonista. Las frases finales del héroe Teseo permiten al lector completar el círculo de la narración: el Minotauro se deja matar para poder liberarse de un destino impuesto por los dioses.

Para mí, el escritor argentino siempre ha sido el Minotauro. Tiempo después de leer este cuento vi una foto suya por primera vez que lo retrataba anciano y con la vista muy debilitada. Me sorprendí. Yo me lo imagino correteando por los pasillos del laberinto, saltando tapias, recorriendo jardines y mirando los templos que se adivinan más allá de las murallas de su hogar. Borges es el monstruo que sueña proceder de una estirpe ilustre y que se encierra en sus letras como en el laberinto. Para él, la literatura es el mundo y solo en ese espacio se siente verdaderamente libre. La muerte se entiende como una liberación a una carga pesada que no es devorar a jóvenes sino responder a sus propias expectativas de producción literaria.

Cualquiera podría decirme que mi interpretación es falsa, que no se atiene a argumentos lógicos o que se basa en elucubraciones intuitivas y poco fundadas. Es cierto. Pero en realidad, creo que eso importa poco. “La Casa de Asterión” versa sobre la soledad, la intolerancia, la locura, el concepto de qué significa ser humano, la alienación y el destino. Y también sobre muchas otras cosas. Porque la grandeza de este texto es que cada persona que lo lee puede descubrir otros tantos temas, otras tantas ideas tan válidas y enriquecedoras como creo que son las que yo he expuesto.

El blog dice que volverá de viaje muy pronto y me traerá una camiseta que diga “Haz caso de la gravedad. ¡Es una ley!”.

Señor…

Tendré que leer de nuevo el cuento para digerirlo.

«Titan» de Stephen Baxter

No sabía que los seres virtuales se iban de vacaciones. El blog, folleto en mano, me ha descubierto una dimensión alternativa a la realidad en la que vivimos: estoy hablando del turismo, con sus cupones de descuento, sus promociones y sus reducciones por grupos.

Dice que entre sus derechos –si, el blog es un ser reivindicativo, lo cual confirma su existencia para quienes aún tenían dudas- se encuentra el de disfrutar de unos días de asueto. Está organizando un tour vacacional con alguno de sus amigos virtuales: banners, webs, interfaces y alguna que otra lista de música … y parece claro que no tiene intención alguna de incluirme en sus planes. El blog me pide que no me enfade pero estas vacaciones están diseñadas para seres digitales “only”. Me hago la ofendida, solo para tocarle las narices virtuales un poco, y le respondo que no me hace falta viajar con él a ninguna parte, que puedo irme de viaje yo sola. Un libro es todo lo que necesito. Elijo Titan de Stephen Baxter y me pierdo en la sensación de ingravidez.

NASA a granel

A pesar de que la editorial La Factoría de las Ideas ha publicado en nuestro país varios títulos del autor británico, Titan aún no está disponible en español en nuestro país. De igual manera, la novela puede disfrutarse en su idioma original. Los amantes de los vuelos interplanetarios disfrutarán con una historia en la que la terminología de la NASA aflora en la mayoría de los capítulos. ¿Quién no ha querido estar presente en un lanzamiento en Cabo Cañaveral? ¿Quién no ha deseado sentir el calor de los motores en el momento de la ignición? ¿Quién no ha soñado con las maravillas que nos aguardan por descubrir en algún punto del universo?

La novela de Baxter te permite prácticamente sentir el olor a combustible quemado y la aceleración brutal de un lanzamiento en toda regla. La narración se desarrolla en paralelo en la Tierra y a bordo de la Discovery, que es remodelada para servir como nave de transporte de la primera misión tripulada a Titán, la sexta luna de Saturno. Titán es, junto con la Tierra, el único cuerpo celeste del sistema solar con una atmósfera lo suficientemente densa como para convencer a un grupo de científicos de la necesidad de organizar un viaje que lleve al ser humano a las puertas del planeta anillado.

La misión tiene que solucionar un montón de problemas para equipar la Discovery con arreglo a los requerimientos de un viaje de varios años de duración. Cuando digo un montón de obstáculos, no estoy exagerando: realmente es un milagro de los de la Virgen de Lourdes que la nave despegue y se ponga rumbo a Titán, conspiración de la Fuerzas Armadas de EE.UU. incluida.  Esto me hace pensar que el título de la novela tiene menos que ver con el nombre del satélite saturnal y más con el esfuerzo titánico que supone planificar una misión sin precedentes, financiarla, diseñar la nave correspondiente y equiparla para sustentar a cinco pasajeros durante años.

Anticipando el desastre

El inconveniente de este tipo de novelas es que el lector se enfrenta a la lectura con un sentimiento de anticipación a la catástrofe. Porque, no nos engañemos , siempre hay algo que no funciona, alguna muerte inoportuna, cierto fallo de algún sistema… una calamidad que empuje a un puñado de personas a la locura… o al suicidio.

Baxter es uno de esos autores de ciencia ficción dura que se preocupa por la credibilidad de sus personajes: la tripulación de la Discovery, y el personal de Tierra asignado a seguir la misión, no son meras excusas para contar una historia repleta de especulación científica. El británico procura profundizar en los matices psicológicos de los personajes, aunque su intento tenga resultados muy irregulares. Los conflictos que se plantean en un escenario tan reducido como la nave son extremadamente previsibles, por lo que los giros argumentales no presentan ninguna novedad que aporte atractivo a la trama.

Lo más extraño es la manera en la que Baxter hace que los miembros de la tripulación reaccionen. Debe ser que desconozco los efectos de una exposición continuada a la vida en el espacio, pero a mí me parece que la desaparición de un compañero no es algo que se resuelva con una parrafada y una eyección (ojo… no confundir con “eyaculación”). Ya puestos, el tema de las necesidades sexuales de los viajeros en unas condiciones de confinamiento continuado apenas se trata. Sospecho que, aunque no se mencione en el libro, debían haber infiltrado  bromuro en la comida de a bordo.

En cuanto al final… es inesperado, que es lo más positivo que puede decirse al respecto. Personalmente, creo que sobra, pero a estas alturas ya me planteo si no se me ha escapado alguna referencia esotérica para dar sentido a una última parte que más parece sacada de una historia fantástica de hadas y gnomos, con todo mi respeto hacia estos seres y las historias que los recojen.

No sería justo terminar esa entrada sin reconocer que me ha encantado zambullirme en la terminología de la NASA en todas las maniobras de la Discovery, así como en las comunicaciones con el control de la misión. He disfrutado como lo que soy: una astronauta vocacional y cobarde, reciclada en lectora de ciencia ficción (además de por ser de Letras, claro está).

Mientras el blog hace el equipaje -¿qué demonios necesita llevar un ser virtual en una maleta?- yo me encuentro flotando metafóricamente en una nave imaginaria hacia algún confín inexplorado del universo.

Porque viajar, realmente, no cuesta nada si uno pone la imaginación en modo “piloto automático”…

… pero no se lo digáis al blog…

 

Amor fraternal: “Shriek: An Afterword” de Jeff Vandermeer

“¡Quiero tener un hermano!”. Hoy me he levantado con esta frase, más reivindicación que petición, pronunciada por el blog bien temprano. Debería estar tipificado como abuso doméstico postular a estas horas sin haber dejado que la otra parte –o sea, yo- ingiriera su dosis de cafeína mañanera. Ya os podéis imaginar que tuve que hacerme otra taza de café porque la primera, aquella que sostenía mientras me desperezaba, acabó en el suelo pasto de mi shock.

El blog dice sentirse solo. No lo entiendo. Tiene a su mascota – “Banny” el banner inoportuno-, tiene su trabajo al frente de su tienda online de camisetas con mensajes absurdos pero pegadizos y tiene a un montón de amigos “enredados” a través de Internet. Bueno… y me tiene a mí. Pero ya sabéis, creo que lo he mencionado en otras entradas, que el blog es insaciable y creo que últimamente está desarrollando peligrosas tendencias megalomaníacas. Lo quiere todo… y lo quiere ya.

Apelo a su vanidad e intento explicarle que no puedo crear otro blog porque de ese modo no podría dedicarle el tiempo que exige. Entonces me habla de la necesidad vital de compartir su existencia con un ser que lo comprenda y quiera a partes iguales y que se encuentre en un nivel familiar similar. No quiere un primo lejano ni una abuela que lo consienta: quiere un@ herman@.

Trato de convencerlo de que no hay sitio para otr@ más en esta familia. Me mira intensamente pero sé que no me escucha. Cuando termino mi parlamento coloca frente a mí Shriek: An Afterword de Jeff Vandermeer y con una sonrisa triunfante se levanta y se va.

Cuando el blog sonríe, yo suelo suspirar. Sé que su alegría suele implicar que me lanza algún reto. Y yo… tengo serios problemas para negarme a afrontar desafíos. La adrenalina comienza a hervirme en la venas cuando empiezo a leer el libro y en pocos minutos, me olvido del aquí y el ahora.

Shriek: An Afterword es la historia de dos hermanos, Janice y Duncan Shriek, cuya vida revuelve entorno a Ambergris, una ciudad decadente que esconde secretos bajo su suelo. En realidad ¿no es así en toda ciudad que se precie? La novela se enmarca en el sub-género conocido como new weird, que el propio autor definió en una antología del mismo nombre como un tipo de ficción especulativa que incorpora y reinterpreta elementos de la fantasía y la ciencia ficción. Este trabajo de reinterpretación suele aplicarse a escenarios urbanos construidos atendiendo a los detalles y a una coherencia que roza el costumbrismo de tramas, personajes y lugares.

El libro aún no está disponible en nuestro idioma y es la Factoría de la Ideas la única editorial que publica en España otro título de VandermeerVeniss soterrada.

Esto no es un epílogo

Shriek: An Afterword tiene en realidad poco de epílogo y mucho de diario co-escrito en tándem por los hermanos Shriek. Lo que comienza siendo el colofón a las notas abandonadas por un historiador caído en desgracia, termina convirtiéndose en las memorias lúcidas y perturbadas por igual de su hermana galerista, también venida a menos. Lo más extraordinario es que en el texto se intercalan comentarios realizados supuestamente a posteriori por Duncan, el desdichado historiador, que regresa brevemente de su particular caída a los infiernos para matizar las memorias de su hermana Janice.

Lo de los hermanos Shriek es un desencuentro continuado a lo largo de las 450 páginas. En ningún momento Janice y Duncan coinciden en su interpretación de los hechos y la narración se desarrolla entre matices, reproches velados, incisos, precisiones y aclaraciones. Su vida está inexorablemente ligada a la de la metrópolis que los acoge, tanto en sus ascensos a la fama y la fortuna como en sus descensos a la indiferencia social y la precariedad.

La relación entre hermanos es complicada y está repleta de pliegues que obstaculizan un entendimiento mutuo, ansiado en todo momento pero nunca completamente conseguido. Los celos, el sentimiento de culpa, la obsesión y el amor fraternal impregnan la historia a través de una prosa que explora con angulosa profundidad los sentimientos de los personajes principales.

Hay que reconocer que las parejas de hermanos de distinto sexo no se prodigan demasiado como protagonistas en el género, a excepción de Paul y Alia Atreides, Luke Skywalker y la princesa Leia o Hansel y Gretel. Por eso es interesante descubrir cómo Vandermeer ahonda en la compleja relación fraternal hasta exponer sus cimientos a través de frases antológicas. Hay tantas en este libro que tengo las páginas emborronadas con kilómetros de subrayados:

“La vergüenza es algo bueno. Significa que estás vivo y que te importa lo que piensen los demás”.

“Mis nuevos mejores amigos eran, como podía suponerse, personas deprimidas y suicidas. Siempre digo que si quieres deprimir aún más a alguien con tendencias suicidas, no tienes más que confinarlo con otros que quieren quitarse la vida.”

“Me sentí malinterpretado porque todo el mundo temía comprenderme”.

Como Planeta vs. Alfaguara

¿Alguna vez habéis leído una obra en la que dos editoriales fueran capaces de detentar el poder cultural y fáctico hasta el punto de desencadenar una guerra civil como consecuencia de sus rencillas comerciales? Si queréis disfrutar de una historia así, Shriek: An Afterword es vuestra novela. Ambergriss se transforma en el campo de batalla elegido por Hoegbottom &Sons y Frankwrithe & Lewdenm, las editoriales que Vandermeer inventa para ejemplificar el colapso y renacimiento de la megalópolis. Es como si Planeta y Alfaguara se disputaran el control de Madrid. De esta manera el autor nos sumerge en una atmósfera de conflicto militar-callejero en el que ambas partes juegan sucio y donde se vislumbra la influencia que el subsuelo, la ciudad debajo de la ciudad, ejerce sobre Ambergriss. Los Gorros-Grises (los “Grey-Caps”), el objeto de la obsesión vital de Duncan, son seres fúngicos que todo el mundo ha avistado pero cuya existencia que casi nadie termina de aceptar. Relegados a vivir bajo tierra, estos seres parecen dispuestos a reclamar la ciudad que una vez fue su hogar y en la que ahora viven de prestado Janice, Ducan y el resto de ciudadanos en Ambergriss. Infectado física y psíquicamente por los Gorros-Grises, el propio Duncan experimentará en su cuerpo la transformación que convulsiona a la ciudad desde sus raíces subterráneas.

Vandermeer nunca descubre por completo a los Gorros-Grises, sino que juega con el lector al escondite a través de testimonios de encuentros que no se saben si son producto de potentes alucinógenos o de la mente enfebrecida de los protagonistas. Las esporas se respiran en cada hoja, con cada vuelta de página y uno siente la desazón, la zozobra y la melancolía que su presencia provoca. Es refrescante zambullirse en una obra en la que los escritores son considerados como “celebrities” y en el que el mundo editorial goza del prestigio social reservado en nuestro mundo a los poderosos.

El texto arrolla, hiere, disculpa y enternece, y no necesariamente en este orden. La colección de relatos City of Saints and Madmen y la novela Finch son las obras que completan el tríptico del escritor norteamericano en el que radiografía a la ciudad-escenario. La lectura de Shriek: An Afterword ha conseguido que me emocionara y que releyese varias veces algunas de sus geniales frases. Aunque a veces el viaje por el subconsciente de los hermanos Shriek sea tortuoso, merece la pena dejarse “torturar” por sus palabras.

El blog cree que me ha convencido de darle un herman@ porque el libro me ha gustado tanto que no dudo en recomendarlo.

Alma cándida…

…quizás lo que estoy es barajando la posibilidad de darlo en adopción… (Risas demoníacas estilo Dr. Evil)

 

Pulp fiction

Que el blog es un ser caprichoso no es un invento mío. Desde que apareció, mi vida social se ha visto cruelmente reducida a tímidos intentos por recrear mis famosas barbacoas de antaño. Digo “recrear” porque aunque la parrilla, la carne y la bebida están presentes, el resto de elementos parecen sacados de un set televisivo de comedia de situación de serie B. Mis invitados están desarrollando alergia hacia mis artes barbaconenses. Estoy convencida de que la comida es tolerable. Es el blog y su inseparable mascota “Banny” quienes arruinan las reuniones con su voraces llamadas de atención.

Porque ¿cómo mantener una conversación inteligible cuando un banner variable se presenta de manera intermitente en medio de los convidados? El blog tampoco ayuda. Sigue vistiendo de negro, emulando a los antiguos árbitros, y no deja de tocar su silbato haciendo como que entrena. Yo intento dar la vuelta a la carne mientras distribuyo tapones para los oídos. Esa técnica funciona muy bien a la hora de aislar a los invitados del ruido arbitral, pero no estimula las tertulias.

miNatura: Premio Scifiworld al mejor fanzine

La entrada de hoy está dedicada a un tertuliano imprescindible en estas reuniones, y que aún no nos ha desertado: Ricardo Acevedo Esplugas. Se trata del director de la revista digital miNatura http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/ ganadora este año del Premio Scifiworld al mejor Fanzine.

Entre risas, Ricardo cuenta de sí mismo que ha dirigido el montaje de un TAC, reparado la gran escalinata del Capitolio Nacional cubano, vendido algodón de azúcar,  tupperwares y queso a domicilio, reparado y construido barcos, impartido talleres y conferencias y escrito un puñado de mis versos y cuentos andan dispersos por ahí.

Todo el mundo sabe que Cuba es tierra de prodigios impredecibles. Quizás sea por eso por lo que Ricardo eligió nacer en La Habana en 1969. Ya sé lo que estáis pensando: nadie elige dónde nace. Yo no estoy tan segura. Para ser lo que ahora es -narrador y poeta, editor incansable y divulgador mágico- este ingeniero naval y civil, que desde hace unos años vive en España, tenía que haber llegado al mundo en aguas caribeñas. Fue allí donde empezó a interesarse por la literatura y a combinar su formación científica con estudios de periodismo, marketing o publicidad, así como ha participar en los talleres literarios Oscar Hurtado, Negro Hueco, Leonor Pérez Cabrera y Espiral.

Acevedo Esplugas ha obtenido diferentes premios de literarios, como el segundo premio de la Revista Juventud Técnica en el año 2005 con el cuento “…In corpore sano”, el primer premio de poesía Casa Canaria de La Habana y el premio especial Dinosaurio de Minicuento 2006. Relatos suyos han aparecido en las antologías Secretos del futuro (Editorial Sed de Belleza, 2006), Crónicas del mañana: 50 años de cuentos cubanos de ciencia ficción (Editorial Letras Cubanas, 2008) y Tiempo CeroQuince años de ciencia ficción en Juventud Técnica (Casa Editora Abril, 2012).

Desde 1999 es director, junto con Carmen Rosa Signes Urrea, de la revista digital miNatura que publica microficciones del género fantástico, de ciencia ficción y de terror. Anualmente, y comenzando desde el año 2002, esta publicación sin ánimo de lucro promueve el Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura. La revista acepta microcuentos de hasta 25 líneas,  poemas de hasta 50 versos y artículos de entre 3 a 6 páginas. Todos ellos deben seguir el tema propuesto para el número en preparación pudiendo ser inéditos o no.

También se puede colaborar en la revista con ilustraciones, fotografías originales, cómic o tira de hasta 2 páginas sin importar que ya hayan sido ya publicadas, siempre que sigan el tema del dossier en preparación y estén libre de derechos. En ningún caso los autores pierden los derechos de autor sobre sus creaciones y se publica un breve currículum personal y literario de quienes colaboran. Como editor, Ricardo se rige por cuatro reglas “estrictas”: nunca publica un cuento cuyo final sea un sueño; nada de espejos; si el protagonista despierta, que no sea en una habitación en blanco; al final de la historia, cuando aparezca una lápida, que no contenga el nombre del protagonista.

Una vez calmados blog y mascota, nos disponemos a entrevistar a Ricardo, que amablemente se presta a nuestras pretensiones, siempre con una sonrisa más amplia que la isla de la que procede.

Cristina: Cuéntanos sobre tus inicios en la literatura.

Ricardo Acevedo: Comencé a escribir a mediado de los 80 malísimos cuentos en solitario, todos predecibles y terriblemente ingenuos. Hasta que descubrí una nota en un dominical que hablaba de un taller literario llamado Oscar Hurtado -importante escritor del fantástico cubano- y allí conocí a lo mejor de la ciencia ficción cubana –Daína Chaviano, José Miguel Sanchez “Yoss”, Bruno Enríquez, Raúl Aguiar, y Ricardo García Fumero entre otros-. Entre sus duras y ponzoñosas críticas forjé mis primeras letras. Recuerdo un cuento sobre un egiptólogo que buscaba una tumba de un oculto faraón… ¡Pésimo! (Risas)

C: ¿Cuándo y cómo comenzó miNatura?

RA: Nació en La Habana Vieja, Cuba. En enero de 1999 salió a la luz el número cero y como anécdota te puedo contar que agregue una nota en la que decía que era “Patrocinada por La Biblioteca Nacional José Martí“, una mentirijilla que llegó a oídos del director del centro. Este me citó y finalmente ¡aceptó apoyarme en mi proyecto!

C: ¿Cuál es el objetivo de la revista?

RA: Mantener el estilo del viejo pulp -¡No renunciaré a las dos columnas! (risas)-, dar a conocer nuevos talentos y estimular la lectura de los clásicos.

C: Habéis tocado innumerables números dedicados a un tema concreto. ¿De cuál os sentís especialmente satisfechos?

RA: En un principio deseaba que miNatura fuera una publicación más dedicada al dadaismo y el absurdo, temas que me limitaron mucho y me obligaron a abrir las puertas al fantástico, terror y ciencia ficción en general y a conocer a Carmen Rosa Signes Urrea (¡amada esposa y co-directora!). Surgió la idea del dossier especializado que en mi opinión obliga al escritor a investigar en cada número. ¿Satisfecho? ¡Del de Ciberpunk! –http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2010/05/04/revista-digital-minatura-102– ¡Hay realmente un antes y un después de este número por el interés generado y la cantidad de colaboradores! ¿El más complejo? ¡Steampunk! –http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2012/01/12/revista-digital-minatura-116– ¿Cuales volvería a tratar?  ¡El dedicado a la Locura! –http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2008/08/08/revista-digital-minatura-58-59– ¡y el dedicado al diablo! –http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2008/11/21/revista-digital-minatura-87– entre otros.

C: ¿Cuáles son vuestros criterios a la hora de publicar un relato?

RA: El cuento debe poseer ese sense of wonder (el savoir-faire de la literatura fantástica) que le hace destacar. Por especificaciones de la revista, debe tratar el tema correspondiente y sobre todo, ¿no darle comida después de Medianoche? ¡No!,… no sobrepasarás las 25 líneas (risas).

Cristina: En tu opinión, ¿cuál es el estado actual de la ciencia ficción en general? ¿Y del mercado iberoamericano en particular?

Ricardo Acevedo: Creo que la crisis (¡si, la crisis!) estimula el escapismo. Moleste o no es la base de la temática fantástica y eso genera todo un nicho que se tenía abandonado. El friki pasa a ser un consumidor importante y se convierte en héroe (como en la serie Big Bang Theory) y se rescatan clásicos que nos rememoran tiempos mejores (Doctor Who). El mundo anglosajón tiene una gran tradición que sabe explotar, algo que nos hemos empeñado en negar u ocultar los hispano parlantes. Salvo algunas excepciones como Borges y Cortázar, que se reconocieron a si mismos como deudores de lo fantástico, esta categoría fue vista como una especie de estigma durante mucho tiempo. Es ahora otra vez que lo fantástico resurge gracias a la revistas de género (risas) o a los blogs especializados.

Cristina: ¿Hay alguna característica que pienses que diferencie a estos mercados del resto?

Ricardo Acevedo: El lector del mainstream -no todos, claro está- devora un bestseller en verano y jamás volverá al libro. El lector del fantástico es un lector fiel y especializado, conocedor del tema, por lo que le convierte en exigente con el producto que consume.

Cristina: ¿Qué consejo le daríais a los jóvenes escritores, ilustradores, dibujantes que quieren darse a conocer?

Ricardo Acevedo: Mi consejo es que concentren su esfuerzos en las publicaciones existentes más que sobre los concursos cuyos mecanismos de selección son más limitados y, por ello, todos los trabajos no pueden ser incluidos.

Cristina: ¿Qué opináis del crowfounding, la auto-publicación y la generalización de los nuevos dispositivos de lectura y e-books?

Ricardo Acevedo: Creo que son métodos tan validos cómo el tradicional. Hay excelentes ejemplos de auto-publicación que han funcionado muy bien, aunque estos sistemas aún se encuentran en pañales y prefiero mantenerme como observador. El e-book es una herramienta -que varía según las editoriales- al alcance de todos y debe ser aprovechada como tal. Hasta que su plataforma no se universalice y terminen las competencias entre los monstruos de la distribución no veremos resultados verdaderamente favorables.

Cristina: Como curiosidad para nuestros lectores ¿cuál es la obra de ciencia ficción que os llevarías a una isla desierta? ¿Por qué?

Ricardo Acevedo: Créeme, no la llevaría en una tablet (risas) y dudaría entre dos libros: Neuromante de William Gibson y Bosque Mitago de Robert Holdstock. Ambas obras, ya vez que son temas extremos, me hicieron salir -léase abandonar- el camino de los clásicos para descubrir que había algo más allá de P. K. Dick y Tolkien.

Queremos agradecer a Ricardo su disponibilidad a la hora de responder a nuestras preguntas, a pesar de los numerosos contratiempos a los que ha tenido que hacer frente con una sonrisa y mucho sentido del humor, eso siempre.

El blog quiere organizar una pijama-party…

… yo ni siquiera sabía que los seres virtuales duermen, mucho menos que utilizan pijama…