Autoridad de Jeff Vandermeer

La trilogía The Southern Reach del escritor norteamericano Jeff Vandermeer, ha hecho su aparición en nuestro país de la mano de Destino, que ya ha publicado las dos primeras entregas: Aniquilación y Autoridad. Es una serie que está dando mucho de qué hablar, sobre todo porque, a nivel internacional, está consiguiendo introducirse en las listas de los más vendidos. A pesar de ser un ejemplo de literatura New Weird -un subgénero del fantástico- por su temática y por el tratamiento de los personajes, es un intento del autor por ampliar el horizonte de su audiencia al incluir elementos de los thrillers de espionaje.

Jeff Vandermeer

Las novelas abordan la exploración de la misteriosa Área X, una zona de la costa de los Estados Unidos que sufre inexplicables y profundos cambios en su flora y fauna. Rodeada de una frontera invisible que la aísla del resto del mundo, la aparición “espontánea” de este fenómeno natural implica la creación de una agencia gubernamental secreta dedicada a estudiarla: el Southern Reach.

Sobre “Aniquilación”

En la primera entrega, Aniquilación (reseñada por mi amigo Pedro), se narran las aventuras de la duodécima expedición al Área X, compuesta por un equipo femenino de cuatro especialistas. Vandermeer utiliza el punto de vista de una de las integrantes del grupo, que sólo conocemos como la bióloga, para desarrollar una historia repleta de extraños fenómenos y de secretos que aparecen a cada vuelta de página. El punto de vista subjetivo de la protagonista ofrece una versión distorsionada de la historia, y permite crear una atmósfera de descrédito y desconfianza que ayuda a establecer el tono de la trilogía. El Southern Reach comienza a perfilarse como una suerte de Iniciativa Dharma al más puro estilo de la serie televisiva Perdidos. El autor consigue atrapar al lector gracias a cuidadas descripciones que resaltan aspectos inquietantes de la naturaleza salvaje del Área X, y su punto de vista único y parcial permite ocultar mucha información. Confieso que, aunque comprendo la elección de Vandermeer, a veces me sentí frustrada ante la arriesgada elección del narrador porque intuía que su función principal era la de pavimentar el camino a los enigmas del extraño fenómeno que es Área X.

Sobre “Autoridad” 

Autoridad, la segunda novela, utiliza un narrador en tercera persona para seguir la historia del nuevo director de la organización Southern Reach, inmediatamente después de la última expedición al Área X. En este caso, Vandermeer opta por un punto de vista destinado a ofrecer una alternativa más confiable, aunque se las arreglará para conseguir que las incógnitas nunca sean contestadas del todo.

En el caso de una trilogía es muy frecuente comparar cada volumen con los demás y siempre hay alguno que suele quedar peor parado. En esta serie, he consultado varias reseñas que coinciden en señalar Autoridad como la novela más floja del trío (mis amigos Alex  y Elías así lo creen). Me encuentro en estos momentos terminando la tercera, Aceptación, pero por lo que he leído hasta ahora, puedo decir que Autoridad es para mí es la mejor de las tres. Intentaré explicarme, a pesar de que comprendo que mi valoración no será demasiado popular (tampoco lo pretendo).

Suele reprocharse a las obras de género la falta de profundidad psicológica de los personajes. Creo que el New Weird es un ejemplo de subgénero en el que se supera esa limitación porque, precisamente, el núcleo de su razón de ser es la exploración de la psique humana en toda su complejidad con elementos de misterio, horror y fantasía. Al menos, así lo entiendo yo.

Aunque la historia de la trilogía se centra en la inexplicable Área X y los efectos de los extraños fenómenos que en su seno se producen sobre las personas que lo visitan, en Autoridad se profundiza en los personajes. El acento se coloca en la relación disfuncional entre el director y su propia madre, agente también de los servicios de inteligencia estadounidenses y vinculada al Southern Reach. Si en Aniquilación las expedicionarias no se conocen por su nombre propio, en Autoridad conocemos desde el primer momento la identidad del nuevo director, pero Vandermeer le hace utilizar un sobrenombre –Control- con claras reminiscencias a las obras de espionaje de John Le Carré. A primera vista emplea elementos de los que prescinde en Aniquilación para concretar la narración, pero en un efecto que me parece genial consigue usarlos de manera que esa concreción nunca se materialice.

Del mismo modo que hace Le Carré sobre su célebre Smiley, Vandermeer ofrece numerosos detalles sobre la vida y la personalidad de Control pero, en vez de acercarlo al lector, consigue alejarlo aún más. Proporcionar mucha información sobre un personaje busca, precisamente, desinformar. En mi opinión, ese es el punto en común entre Le Carré (un autor que, por cierto, me gusta mucho) y Vandermeer, y es uno de los alicientes de la novela. Porque con esa sobrecarga de datos, muy pensada y dosificada por parte del autor, el lector presiente que los misterios que rodean el Área X y el Southern Reach están siempre a una página de ser revelados. De una manera inteligente, las revelaciones nunca llegan o no lo hacen de la manera que el lector espera. Hay algunas inconsistencias (atención, spoilers), como el hecho de que se permita que una madre y un hijo trabajen para la misma agencia secreta, algo que atentaría contra cualquier protocolo gubernamental de seguridad. Sin embargo, la historia funciona como ejemplo de una relación manipuladora y tóxica entre madre e hijo, una metáfora sobre la autoridad gubernamental representada por la madre y la voluntad del individuo, en este caso el hijo/nuevo director.

Autoridad es una novela más intimista que Aniquilación, he incluso que Aceptación. Muchos le achacan que sea lenta y se centre demasiado en detalles que parecen absurdos, pero para mí es eso lo que consigue crear un clima paranoico-conspiratorio a nivel psicológico que me resulta mucho más atractivo que seguir las peripecias de unos boys-scouts adultos.

La trilogía El Southern Reach

Entiendo que, comparada con Aniquilación, al no haber una acción trepidante, ni escenarios tan llamativos y espeluznantes, Autoridad no logre a colmar las expectativas de muchos lectores. En mi caso, sin embargo, las rebasó con creces porque entendí que había un trabajo mucho más profundo a nivel interpersonal, y de las relaciones de los personajes con el medio ambiente. Quizás influyó en mi percepción el hecho de que hubiera terminado de leer Aceldama de Francisco Jota-Pérez, (editorial Origami) que ahonda en el concepto de la psicogeografía, el  estudio de los efectos del medio geográfico al actuar directamente sobre el comportamiento afectivo de los individuos. En el caso de Autoridad, la aparición del Área X afectará de forma insospechada las vidas de los personajes, algo que ya se adelanta en Aniquilación. Y no me refiero a los componentes de todas las expediciones, muchos de los cuáles simplemente desaparecen al visitar la zona, vuelven gravemente enfermos o regresan profundamente cambiados. Me refiero a aquellos personajes como Control o su madre cuya relación está definida desde el principio por la creación del Southern Reach.

Son innegables las coincidencias entre esta organización gubernamental y la iniciativa Dharma, como apuntaba al principio. Sin embargo, y pesar de que comparten el mismo carácter científico -y militar hasta cierto punto- encuentro que Southern Reach es una institución más pasivo-agresiva que la retratada en Perdidos. Mientras que ésta última oculta información pero conoce las respuestas, en Autoridad vamos descubriendo que Southern Reach, en realidad, no esconde datos sino que se encuentra casi tan a ciegas como el propio lector.

En definitiva, creo que Autoridad supera a Aniquilación como historia que explora relaciones familiares y sociales, así como la conexión entre los espacios geográficos y sus habitantes. El componente sobrenatural, por identificarlo de alguna manera, permea la trama a lo largo de toda la trilogía, pero ni siquiera es lo que más me interesa. Mucho más emocionante para mí es el viaje interno de los personajes hacia sus propios miedos y traumas.

A falta de rematar los últimos capítulos de Aceptación, recomiendo la lectura de la trilogía de Vandermeer que, en todo caso, ofrece muchas más cosas que las que yo he destacado, como una serie de eco-thrillers que entretienen –lo cual ya es mucho- con sus ecos conspiratorios.

http://join.thesouthernreach.com

 

 

 

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Tres días y medio en la LonCon3

Y llegó la LonCon3, y fuimos a la capital del la Gran Bretaña y respiramos el delicioso aire contaminado de sus calles superpobladas, su comida de cartón piedra y la vivacidad de esa culebra que se llama The Tube, aunque se parezca sospechosamente al metro de toda la vida.

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El Fantascopio menos dos de sus componentes

Lo mejor de la LonCon: la gente, sin duda. Conocer a viejos amigos virtuales fue un placer, compartir café y croissants (gracias por, ejem, “invitarme” a desayunar Elías, Josep María, Miquel, Pedro, Leti, Pablo, Yolanda), compartir risas en el stand dedicado a la BCon2016, descubrir en vivo y en directo a las FataLibelli (Silvia y Susana, Susana y Silvia), hablar y reírme mucho con Jesús Cañadas (si, el de Los Nombres Muertos).

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Marian y James Womack, las mentes detrás de la editorial Nevsky

Fue increíble comprobar cómo la ciencia ficción y la fantasía, y en menor medida el terror, atraen a miles de fans a una convención repleta de paneles, lecturas, firmas de libros, exposiciones y representaciones. La Armada Española con la que nos presentamos en este evento, se completaba con la imprescindible presencia de Marian y James Womack, las mentes detrás de la editorial Nevsky, que actuaron como panelistas en dos sesiones dedicadas al steampunk y a la traducción. Tuve tiempo de hablar bastante con Marian, a la que conocí a través de la convocatoria The Best of Spanish Steampunk, y pude comprobar que tenemos muchas cosas en común. También pudimos conocer en persona a Cristina Macía, Ian Watson y Alejo Cuervo, que estaban defendiendo la candidatura de Barcelona como sede de la Eurocon de 2016 (que tras cruzar los dedos y sacrificar corderos a los dioses, prueba superada). Con Cristina pude hablar largo y tendido sobre nuestro proyecto Alucinadas 2014, una iniciativa muy ilusionante que está tomando forma poco a poco y sobre la que tenemos muchos planes.

El primer día, después de acreditarme, empecé la maratón de asistencia a paneles. A veces era difícil escoger porque se celebraban más de quince al mismo tiempo, todos muy interesantes, y que contaban entre sus panelistas a autores, podcasters, editores, bloggers, o fans venidos del mundo entero.

Uno de los paneles que más me gustó fue el dedicado a las naves generacionales, con la maravillosa Pat Cadigan entre otros, una sesión interactiva de hora y media en la que el público intervino para imaginar junto con los panelistas cómo sería la tripulación de una nave generacional. Se habló de los desafíos que surgirían de vivir en un sistema cerrado, de los problemas éticos que aparecerían cuando nacieran humanos con deficiencias físicas y/o psíquicas, del control de la natalidad y de la necesidad de componer la tripulación con personas con una preparación científico-técnica. También se planteó la importancia de poner a disposición de los habitantes de esa nave todo el saber artístico para minimizar su aburrimiento, estimular la creatividad y contribuir al desarrollo de las artes. Como me pareció un poco injusto y simplista componer enteramente la población de una nave de científicos, pregunté al panel cómo iban a desarrollar las artes en una nave sin ninguna persona con conocimientos en ese terreno y estuvieron de acuerdo al final en incluir gentes con conocimientos artísticos.

Otro de los paneles más destacables estuvo dedicado al debate sobre los lenguajes universales. En él intervinieron entre otros la escritora Aliette de Bodard y la traductora Anna Feruglio Dal Dan, que hablaron de cómo el inglés se está convirtiendo en una suerte de lengua obligada para poder ser publicado por su carácter hegemónico desde el punto de vista económico. Se discutió sobre el esperanto, el latín, o el desarrollo de ciertos idiomas modernos para facilitar la unificación política de ciertos territorios, como en el italiano actual.

IMG_1831El segundo día llegué más tarde de lo que tenía previsto y solo pude entrar al final del panel sobre ambigüedad en ciencia ficción y fantasía en el que participaba la escritora Nina Allan. La razón por la que me retrasé es porque tuve la oportunidad de conversar unos minutos con Alistair Reynolds, al que entrevisté hace un par de años para el blog y que conocí en la FestLit de Dubai. Estaba sentado con un señor cuya cara me sonaba y que no reconocí hasta no leer su nombre en la etiqueta. Era Kim Stanley Robinson. No pude dejar de preguntarles sobre el tema de las naves generacionales. Robinson comentó que su próxima novela trata precisamente ese tema y también hablamos brevemente sobre escribir ciencia ficción sin tener una formación científica. Como veréis, esta conversación bien vale llegar tarde.

Enseguida entré al panel sobre antologías feministas de ciencia ficción, moderado por Ann Vandermeer y con Alex Dally MacFarlane (editora de The Mammoth Book of SF Stories by Women (Constable & Robinson, 2014), Alisa Krasnostein y Julia Rios (editoras de la editorial australiana Twelfth Planet Press), y Jeanne Gomoll (veterana organizadora de las WisCon, convenciones mundiales de ciencia ficción feminista). Desde hace décadas existe en el mercado anglosajón una tradición de antologías de relatos de temática feminista, así como colecciones dedicadas a publicar los trabajos de las mujeres, algo de lo que carecemos en el mercado de habla española.

Pude conocer a Daryl Gregory, el autor de la estupenda Stony Mayhall, en su firma de libros. Además de ser muy amable y cercano, contestó a varias preguntas relacionadas con los personajes de esta obra y su posible traducción a otros idiomas, además de adelantar detalles sobre su próxima novela.

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Lauren Beukes firmándome “Broken Monsters”

También tuve la ocasión de hablar brevemente con Lauren Beukes, que también estaba firmando sus obras. Aparte de escribirme una preciosa dedicatoria en Broken Monsters, su última novela, le pregunté sobre su elección de Chicago como escenario para Las Luminosas, una ciudad donde viví varios años, y me contestó que no había querido ambientarla en Sudáfrica para evitar polémicas políticas.

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Mr. Cañadas en todo su esplendor

La jornada se animó con el café-charla con Jesús Cañadas. Fue estupendo entablar una conversación con él y con fandomitas de otros países que hablaron sobre las dificultades para encontrar editorial cuando se es un escritor novel o la importancia de ser publicado en inglés para darse a conocer dentro del género.

El tercer día asistí a un estupendo panel moderado por Jeff Vandermeer sobre resistencia imaginativa, con Daryl Gregory, Pat Cadigan, Robert Jackson Bennet y Sarita Robinson. En él se discutió sobre las temáticas que más rechazo generan entre autores y lectores, incluso en géneros que pudieran parecer tan transgresores como la ciencia ficción, la fantasía y el terror.

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Rochita Loenen-Ruiz

Entre panel y panel, tuve la suerte de encontrarme con Rochita Loenen-Ruiz, una escritora de ciencia ficción y fantasía filipina afincada en los Países Bajos que también he entrevistado para el blog. Desafortunadamente no tuvimos tiempo más que para charlar unos minutos, lo mismo que con Noura al-Noman, otra autora que ha parecido en las páginas del blog y que me habló con mucho entusiasmo sobre el steampunk y su interés por incorporarlo a la literatura fantástica árabe.

Atendí con mucha atención el panel en el que participó un amigo, y miembro de El Fantascopio, Elías Combarro (miembro del podcast Los VerdHugos, articulista y comandante del blog bilingue Sense of Wonder) sobre la dimensión política de las reseñas. Elías habló del estado de las reseñas literarias de género en España, destacó el carácter político de la elección de títulos para reseñarlos y compartió con el resto de asistentes su intensa experiencia como reseñador. En el panel también participaron Abigail Nussbaum, editora de reseñas para Strange Horizons, Tansy Rayner Roberts, novelista australiana y podcaster de Galactic Suburbia, y Alisa Krasnostein, mencionada anteriormente y podcaster también de Galactic Suburbia.

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Jeff Vandermeer himself

Uno de los momentos cumbre de la LonCon fue cuando pude conocer a Jeff Vandermeer, uno de los autores del new weird que más admiro (China, no te pongas celoso). Además de firmarme su Wonderbook, estuvimos hablando varios minutos sobre construcción de personajes en su novela Shriek: An Afterword, una obra estilísticamente compleja que resultó ser de las favoritas de Vandermeer.

También tuve la oportunidad de conocer e intercambiar impresiones con Lavie Tidhar, autor israelí del new weird, cuyas novelas y relatos son de lo más interesante que ha aparecido últimamente en el panorama literario. Venía agotado, porque acaba de tener un hijo, y se le veía con necesidad de tomarse unas buenas vacaciones. A su lado firmaba libros Ian Watson, que estuvo tan divertido y amable como siempre y que resultó ser una caja de sorpresas.

Mención especial tuvo el encuentro de la Armada Española con Aliette de Bodard, una escritora que había conocido en persona el verano pasado en París y que se mostró muy accesible y simpática con nosotros. Aliette es ganadora del Nébula y su historia “Separados por las aguas del río celeste” está incluida en la antología Terranova II. Me asombró su estupendo nivel de español y su capacidad para mantener una conversación en nuestro idioma al tiempo que atendía a su pequeño hijo.

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Panel sobre la ciencia ficción en España

El panel dedicado a la ciencia ficción en español, contó con la participación de Elías Combarro, Miquel Codony (compañero de El Fantascopio, miembro del podcast Los VerdHugos y del colectivo Uranik, ex community manager de RBA Fantástica, comandante del blog La Biblioteca de Ilium y videopodcaster de El Spoiler Club), Leticia Lara (compañera de El Fantascopio, miembro del podcast Los VerdHugos, editora de la antología Alucinadas 2014, comandante del blog Fantástica Ficción, y miembro del jurado del premio Domingo de Santos) y Susana Arroyo (una de las fundadoras de la editorial online FataLibelli), además de una servidora, y fue moderado por la traductora Sue Burke. Fue una lástima que durara solo una hora escasa porque se estableció una interesante conversación con los asistentes que preguntaron sobre recientes distopías publicadas en nuestro país, obras sobre el cambio climático o la actualidad política, y obras españolas de género traducidas al inglés. Salieron a relucir nombres como los de Juan Miguel Aguilera, Emilio Bueso, Tamara Romero, Elia Barceló, César Mallorquí, Marc Pastor, Concepción Perea, Eduardo Vaquerizo, Jorge Baradit, Juan Antonio Cotrina, José Luis Merino.

Me encontré casualmente con Pat Cadigan en la zona dedicada a la venta de libros y conseguí que me firmara un autógrafo. Tengo que decir que es una panelista muy ocurrente y una brillante escritora, y fue muy amable con mi petición, a pesar de que iba a firmar sus libros unos minutos más tarde.

El domingo solo tuve tiempo para ver un panel, el dedicado a las distopías juveniles, en el que intervenía la ingeniosa Catherynne M. Valente. E trataron cuestiones relacionadas con la famosa definición de “distopia” y sus implicaciones en el nicho dedicado a jóvenes adultos.

A media mañana pude tomar un café con Anne Charnock, autora británica cuya novela A calculated life fue nominada este año a los premios Campbell. Conocí a Anne tras leer y reseñar su historia, que me gustó bastante, tras lo cual le pedí una entrevista para el blog. Desde entonces, hemos intercambiado varios e-mails e incluso he publicado en su blog un artículo sobre la situación del mercado editorial de género en España.

IMG_1856Los tres días y medio se hicieron muy cortos ante la cantidad de actividades que se proponían. Como los paneles empezaban a la misma hora, era complicado decantarse por uno u otro y encontrar sitio, ya que te invitaban amablemente a que te marcharas si te quedabas de pie. Lo más destacable era la accesibilidad de los invitados, autores en su mayoría que leemos con interés, que seguimos en las redes sociales y de los que hablamos continuamente. El encuentro con viejos a amigos, las conversaciones con todos ellos, las comidas compartidas (y las esperas), y las risas poblaron esos tres días que recordaré como una experiencia única. Echaré de menos sobre todo: la capacidad de escaneo facial de Leti, siempre en busca de autores y editores para pedirles sus firmas; la compañía de Miquel en el stand de la BCon2016; las charlas sobre lo divino y lo humano con Yolanda; la preocupación por encontrar un sitio decente para comer de Elías; la preocupación por encontrar birras de Pedro; y las sugerencias literarias y la sonrisa permanente de Josep María.

¡Nos vemos en la BCon2016!

 

Amor fraternal: “Shriek: An Afterword” de Jeff Vandermeer

“¡Quiero tener un hermano!”. Hoy me he levantado con esta frase, más reivindicación que petición, pronunciada por el blog bien temprano. Debería estar tipificado como abuso doméstico postular a estas horas sin haber dejado que la otra parte –o sea, yo- ingiriera su dosis de cafeína mañanera. Ya os podéis imaginar que tuve que hacerme otra taza de café porque la primera, aquella que sostenía mientras me desperezaba, acabó en el suelo pasto de mi shock.

El blog dice sentirse solo. No lo entiendo. Tiene a su mascota – “Banny” el banner inoportuno-, tiene su trabajo al frente de su tienda online de camisetas con mensajes absurdos pero pegadizos y tiene a un montón de amigos “enredados” a través de Internet. Bueno… y me tiene a mí. Pero ya sabéis, creo que lo he mencionado en otras entradas, que el blog es insaciable y creo que últimamente está desarrollando peligrosas tendencias megalomaníacas. Lo quiere todo… y lo quiere ya.

Apelo a su vanidad e intento explicarle que no puedo crear otro blog porque de ese modo no podría dedicarle el tiempo que exige. Entonces me habla de la necesidad vital de compartir su existencia con un ser que lo comprenda y quiera a partes iguales y que se encuentre en un nivel familiar similar. No quiere un primo lejano ni una abuela que lo consienta: quiere un@ herman@.

Trato de convencerlo de que no hay sitio para otr@ más en esta familia. Me mira intensamente pero sé que no me escucha. Cuando termino mi parlamento coloca frente a mí Shriek: An Afterword de Jeff Vandermeer y con una sonrisa triunfante se levanta y se va.

Cuando el blog sonríe, yo suelo suspirar. Sé que su alegría suele implicar que me lanza algún reto. Y yo… tengo serios problemas para negarme a afrontar desafíos. La adrenalina comienza a hervirme en la venas cuando empiezo a leer el libro y en pocos minutos, me olvido del aquí y el ahora.

Shriek: An Afterword es la historia de dos hermanos, Janice y Duncan Shriek, cuya vida revuelve entorno a Ambergris, una ciudad decadente que esconde secretos bajo su suelo. En realidad ¿no es así en toda ciudad que se precie? La novela se enmarca en el sub-género conocido como new weird, que el propio autor definió en una antología del mismo nombre como un tipo de ficción especulativa que incorpora y reinterpreta elementos de la fantasía y la ciencia ficción. Este trabajo de reinterpretación suele aplicarse a escenarios urbanos construidos atendiendo a los detalles y a una coherencia que roza el costumbrismo de tramas, personajes y lugares.

El libro aún no está disponible en nuestro idioma y es la Factoría de la Ideas la única editorial que publica en España otro título de VandermeerVeniss soterrada.

Esto no es un epílogo

Shriek: An Afterword tiene en realidad poco de epílogo y mucho de diario co-escrito en tándem por los hermanos Shriek. Lo que comienza siendo el colofón a las notas abandonadas por un historiador caído en desgracia, termina convirtiéndose en las memorias lúcidas y perturbadas por igual de su hermana galerista, también venida a menos. Lo más extraordinario es que en el texto se intercalan comentarios realizados supuestamente a posteriori por Duncan, el desdichado historiador, que regresa brevemente de su particular caída a los infiernos para matizar las memorias de su hermana Janice.

Lo de los hermanos Shriek es un desencuentro continuado a lo largo de las 450 páginas. En ningún momento Janice y Duncan coinciden en su interpretación de los hechos y la narración se desarrolla entre matices, reproches velados, incisos, precisiones y aclaraciones. Su vida está inexorablemente ligada a la de la metrópolis que los acoge, tanto en sus ascensos a la fama y la fortuna como en sus descensos a la indiferencia social y la precariedad.

La relación entre hermanos es complicada y está repleta de pliegues que obstaculizan un entendimiento mutuo, ansiado en todo momento pero nunca completamente conseguido. Los celos, el sentimiento de culpa, la obsesión y el amor fraternal impregnan la historia a través de una prosa que explora con angulosa profundidad los sentimientos de los personajes principales.

Hay que reconocer que las parejas de hermanos de distinto sexo no se prodigan demasiado como protagonistas en el género, a excepción de Paul y Alia Atreides, Luke Skywalker y la princesa Leia o Hansel y Gretel. Por eso es interesante descubrir cómo Vandermeer ahonda en la compleja relación fraternal hasta exponer sus cimientos a través de frases antológicas. Hay tantas en este libro que tengo las páginas emborronadas con kilómetros de subrayados:

“La vergüenza es algo bueno. Significa que estás vivo y que te importa lo que piensen los demás”.

“Mis nuevos mejores amigos eran, como podía suponerse, personas deprimidas y suicidas. Siempre digo que si quieres deprimir aún más a alguien con tendencias suicidas, no tienes más que confinarlo con otros que quieren quitarse la vida.”

“Me sentí malinterpretado porque todo el mundo temía comprenderme”.

Como Planeta vs. Alfaguara

¿Alguna vez habéis leído una obra en la que dos editoriales fueran capaces de detentar el poder cultural y fáctico hasta el punto de desencadenar una guerra civil como consecuencia de sus rencillas comerciales? Si queréis disfrutar de una historia así, Shriek: An Afterword es vuestra novela. Ambergriss se transforma en el campo de batalla elegido por Hoegbottom &Sons y Frankwrithe & Lewdenm, las editoriales que Vandermeer inventa para ejemplificar el colapso y renacimiento de la megalópolis. Es como si Planeta y Alfaguara se disputaran el control de Madrid. De esta manera el autor nos sumerge en una atmósfera de conflicto militar-callejero en el que ambas partes juegan sucio y donde se vislumbra la influencia que el subsuelo, la ciudad debajo de la ciudad, ejerce sobre Ambergriss. Los Gorros-Grises (los “Grey-Caps”), el objeto de la obsesión vital de Duncan, son seres fúngicos que todo el mundo ha avistado pero cuya existencia que casi nadie termina de aceptar. Relegados a vivir bajo tierra, estos seres parecen dispuestos a reclamar la ciudad que una vez fue su hogar y en la que ahora viven de prestado Janice, Ducan y el resto de ciudadanos en Ambergriss. Infectado física y psíquicamente por los Gorros-Grises, el propio Duncan experimentará en su cuerpo la transformación que convulsiona a la ciudad desde sus raíces subterráneas.

Vandermeer nunca descubre por completo a los Gorros-Grises, sino que juega con el lector al escondite a través de testimonios de encuentros que no se saben si son producto de potentes alucinógenos o de la mente enfebrecida de los protagonistas. Las esporas se respiran en cada hoja, con cada vuelta de página y uno siente la desazón, la zozobra y la melancolía que su presencia provoca. Es refrescante zambullirse en una obra en la que los escritores son considerados como “celebrities” y en el que el mundo editorial goza del prestigio social reservado en nuestro mundo a los poderosos.

El texto arrolla, hiere, disculpa y enternece, y no necesariamente en este orden. La colección de relatos City of Saints and Madmen y la novela Finch son las obras que completan el tríptico del escritor norteamericano en el que radiografía a la ciudad-escenario. La lectura de Shriek: An Afterword ha conseguido que me emocionara y que releyese varias veces algunas de sus geniales frases. Aunque a veces el viaje por el subconsciente de los hermanos Shriek sea tortuoso, merece la pena dejarse “torturar” por sus palabras.

El blog cree que me ha convencido de darle un herman@ porque el libro me ha gustado tanto que no dudo en recomendarlo.

Alma cándida…

…quizás lo que estoy es barajando la posibilidad de darlo en adopción… (Risas demoníacas estilo Dr. Evil)