¿Y si ‘Avatar’ no fuera tan original?

Hoy me he rebelado. El blog no se lo esperaba. Mi repentina valentía le ha pillado por sorpresa y creo que por eso no ha opuesto resistencia. Me mira desde un rincón con ojos confabuladores y sé, porque lo conozco como si lo hubiera parido, que está tramando algo.

Cartel de la película Avatar

El blog es fan incondicional de James Cameron, el director de cine canadiense de películas como Piraña II(1981), Terminator (1984), Aliens (1986), Abyss (1989),Mentiras Arriesgadas (1994), Titanic (1997) o Avatar(2009). Por eso no me perdona que quiera referirme a este último título desde una perspectiva crítica, o como diría él, hostil. Le expliqué que mi intención no es entrar a valorar a Cameron como director, que los Na´vi me perdonen, porque no soy especialista en estudios cinematográficos ni soy crítica de cine. Me parece un profesional honesto, como diría un amigo mío que sí hizo un doctorado en cinematografía, pero tampoco encuentro que sus guiones sean obras cumbre del séptimo arte, aunque eso sería otro tema a tratar.

Lo que quiero es explicarme ante las muchas personas que se indignan cuando les comento que Avatar me desilusionó. Generalmente obtengo miradas sorprendidas,  gestos incrédulos y una retahíla de comentarios tipo “como-puedes-decir-eso-si-es-un-peliculón”. Llegué a pensar que debía haber algo que no funcionaba bien en mi cabeza porque su pseudo-filosofía zen gustaba tanto que incluso parecía haberle cambiado la vida a más de uno.

No os equivoquéis. Estoy de acuerdo con que las películas inspiren, permitan que la gente se cuestione ciertas cosas y estimulen la espiritualidad, la estética, la moral o la frivolidad. Es lícito que hasta Avatar lo haga, como lo pudieron hacer en su día Senderos de Gloria (1957), El cielo sobre Berlín (1987) o Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (1994) por poner varios ejemplos.

Yo lo único que le reprocho a Cameron es que no lograra sorprenderme. Ya sé lo que muchos pensáis justo ahora. ¿Y los efectos especiales? Tengo que reconocer que eran brillantes, porque el canadiense es el José Luis Moreno del espectáculo 2D y 3D –y conste que el Sr. Moreno cuenta con todos mis respectos-. Desde el comienzo de su carrera JC ha demostrado que es un fantástico ilusionista visual. Si fuera tan buen guionista como mago de los efectos digitales, sería un monstruo sagrado del celuloide.


Cameron, el rey del reciclaje narrativo
Hace varias semanas tuve el honor de entrevistar a Amy Thomson, la escritora de etno eco-ciencia-ficción que publicó en 1984 El color de la distancia. Mientras me documentaba para escribir el cuestionario que le envié,  llegué a comprobar que otros lectores habían llegado a conclusiones parecidas a las mías con respecto al asombroso parecido entre dicha novela y Avatar.

Lo cierto es que incluso la propia autora pensó que muchos de los elementos de la cinta era extraordinariamente parecidos a los de su obra.

En ambas historias hay un ser humano ‘infiltrado’ en una especie distinta, un planeta con una flora y fauna exuberantes y una civilización autóctona que vive en comunión con la naturaleza. Sospechoso ¿no?

Cameron afirma haber comenzado a escribir el primer borrador de su guión en 1995 y la novela de Amy Thomson se publicó en el 1984. Por su parte la novelista nos contaba que el germen de su historia provenía de unas pocas frases de La Mano Izquierda de la Oscuridad, el libro que Ursula K. Le Guin publicó en 1969. Se refería al momento en el que el protagonista, Genly Ai, se sorprende ante lo ajeno que su propio pueblo, dotado de dos sexos, le parece tras haber pasado muchos años alejado.

Lo anterior tan solo demuestra que las ideas de Cameron no son tan originales como parecen, pero en modo alguno sugiere que él las copiara. Cualquier creador busca inspiración a su alrededor. Se trata de un diálogo eterno que se plantea continuamente en todas las ramas del arte y en el que los artistas se re-interpretan, desafían, provocan y sugieren los unos a los otros. Forma parte del mecanismo creativo. La propia Amy Thomson comentaba que le habría hecho ilusión que Cameron hubiera leído su novela, pero que no tenía forma de comprobar si así había sido. El cineasta afirma haber leído compulsivamente ciencia ficción durante su adolescencia y juventud, llegando incluso a devorar un libro al día.  Él mismo lo reconoce en una entrevista para Total Film.

He encontrado numerosas reseñas sobre otras posibles fuentes de inspiración del cineasta, como este artículo que señalan diez posibles referentes.

Si damos crédito a los entendidos, Avatar también presenta numerosas coincidencias con El nombre del mundo es Bosque (1972) de la ya nombrada  Ursula K. Le Guin. En dicha novela los athstianos, unos humanoides de color verde y metro y medio de alto, son explotados en las factorías madereras de los humanos del frondoso planeta Nueva Tahití. Curioso ¿no?

Llámame Joe, la novela corta que Poul Anderson publicó en 1957, relata la historia de un parapléjico que habita telepáticamente una forma de vida artificial desarrollada para explorar un planeta, Júpiter, inaccesible para el ser humano. El protagonista se sienta cada vez más identificado con su cuerpo habitado mientras lucha contra los depredadores en la superficie joviana. No me digáis que no os suena extrañamente parecido a la historia de Avatar.


Postdata
Creo que queda más que explicada mi posición con respecto al tema. Pero no me quedaría tranquila si no analizara la desilusión añadida que me produjeron los escenarios y la música de la película. Es cierto que ambos aspectos no tienen nada que ver con la parte narrativa del proyecto, pero no puedo dejar de mencionarlos.

La escenografía del planeta Pandora nos recuerda a no pocos paisajes existentes tanto en la Tierra como en la imaginación de algún que otro creador. Las célebres islas flotantes del mundo de los Na´vi se parecen a las montañas de la región sur de Hunan en China.

El destino me hizo vivir en Paris durante varios años y allí descubrí una fabulosa serie de animación llamada Chasseurs de Dragons, creada por Arthur Qwak. En el este linkcomprobaréis cómo el mundo imaginario creado por Qwak está compuesto por miles de islas flotantes y móviles. No me resisto a hacer un apunte para comentaros que la canción que introduce la serie, “The Dragon Hunters Song”, está interpretada por The Cure.

En cuanto a la banda sonora de Avatar, compuesta por James Horner, son ya muchos los que destacan su inusual parecido a anteriores trabajos del músico para cintas comoTitanicGloryLas cuatro plumas o Willow. A mí, y esto es una opinión muy personal, me recordaba enormemente a la partitura que Ennio Morricone creó para La misiónpor su similar aproximación musical a la idiosincrasia de los nativos Na´vis tal como hacía el músico italiano con los guaraníes.

Por último quiero rematar esta entrada con una última observación. Cuando estaba viendoAvatar en el cine, y mientras me llevaba desilusión tras desilusión, no dejaba de acordarme de otra película de ciencia ficción de Cameron. Se trata de Aliens, la segunda entrega de la saga iniciada en 1979 por Ridley Scott. En ella encontramos los siguientes elementos emparentados: marines, lucha con exo-robots, científicos empeñados en estudiar a los extraterrestres, Sigourney Weaver

Diréis que estoy obsesionada. Diréis que qué me ha hecho James Cameron. Solo puedo decir en mi defensa que me he quedado tremendamente a gusto después de explicar mi postura. Con ella no quiero desvalorizar Avatar pues me parece que, a pesar de su falta de originalidad en muchos frentes, es una película entretenida y en la que se aprecian unos efectos especiales muy pensados y trabajados.

Sé que esta entrada me va a costar caro. El blog se la tiene jurada a la Jurado.

 

‘Tau Zero’: Hasta el infinito y más allá

Como veis, el blog se ha levantado hoy juguetón y ha decidido adornar el título del artículo con una desconcertante referencia al universo Disney. ¿Qué tiene que ver la fábrica de estereotipos más americana y empalagosa con una de las obras cumbres de la ciencia ficción “dura”? Mucho más de lo que podríais suponer, sufridos lectores.

No nos engañemos. Tarde o temprano, tenía que hablar de Tau Zero del escritor norteamericano Poul Anderson. El blog, en su ilimitada sabiduría o infinita hostilidad, aún no lo sé, impone temas según empiece el día. Parece que esta mañana se ha apoderado de él un espíritu edulcorante que me ha hecho sacar de la estantería la novela en cuestión.

Quiero dejar constancia que, en líneas generales, Tau Zero es una historia bastante entretenida que resulta interesante en muchos momentos. Lo malo es que, en otros muchos, el lector tiene que hacer frente a estereotipos tan claros como predecibles. El problema no está en el tema sino en los personajes.

La premisa de la que parte la narración es muy prometedora. La nave Leonora Christine viaja por el universo a velocidades extraordinariamente cercanas a la de la luz para llegar a un sistema estelar lejano. Una tripulación compuesta por idéntico número de hombres y mujeres pretende explorarlo para instalar una posible colonia  y retornar a la Tierra con datos frescos.

Algo sale mal. Generalmente, en los trayectos interestelares siempre hay algo que sale irremediablemente mal. En este caso, y aunque parezca un guiño a las historias de gánsters, son los frenos los que no funcionan.  Como la nave no puede desacelerar, su trayectoria se ve alterada de manera que nunca llegará a su destino. Por otro lado la velocidad relativista que alcanza, representada por la disminución del valor “Tau”, provoca una discordancia extrema entre el paso del tiempo en el interior de la nave con respecto al exterior. La Leonora Christine viaja tan rápido que su tripulación solo envejece unos meses, lo que equivale a miles de años en la Tierra. El drama está servido.

50 almas perdidas en el Universo, sin posibilidad de retornar a su mundo original, abocadas a un viaje perpetuo y sin conocer si alguna vez serán capaces de finalizar un periplo interminable… Lo lógico sería que los conflictos estallaran, que la locura se apoderase de algún miembro de la tripulación, que la tragedia se hiciera presente. Sin embargo, los viajeros se comportan de una manera asombrosamente civilizada dadas las circunstancias y la vida a bordo continúa su curso con una pasmosa y poco creíble normalidad. La nota colorida la pone la promiscuidad que se instala en la pequeña comunidad y que, por otro lado, no deja de ser la consecuencia natural de las circunstancias. El tema está tratado de una manera casi aséptica, con conversaciones superficiales y anodinas en las que los personajes se enfrentan a conflictos potencialmente intensos de manera increíblemente pasiva.

La vertiente científica de la historia, es decir, la explicación de las fuerzas relativistas, los sistemas de propulsión y desaceleración, la disonancia temporal, etc, están tratados de una forma tan rigurosa que el autor llega a incluir fórmulas matemáticas en el texto. Anderson consigue así explicar conceptos complejos de forma que el grueso de lectores profanos en la materia llegue a entenderlos.

Sin embargo, los personajes reciben un tratamiento unidimensional que no permite profundizar en los conflictos interpersonales. La tensión social que se masticaría en una situación semejante, no hace sino emitir ligeros eructos. El debate interno sólo se atisba cuando se propone la posibilidad de tener descendencia a sabiendas del destino poco prometedor de la tripulación. El remate a tanta inverosimilitud está en el final de la novela, que no quiero adelantar para los que se animen a leerla. Quiero decir que en una historia de ciencia ficción, prácticamente todo es posible… excepto un final previsiblemente azucarado. De ahí la comparación con las tramas de Disney en la que los personajes se caracterizan por estar domesticados, sin aristas ni niveles de complejidad, y en las que los finales se anticipan con facilidad y acaban entre sonrisas.

El origen escandinavo de Anderson hace pensar que probablemente conociera el poemaAniara (publicada en 1956) del escritor sueco Harry Martinson, convertido posteriormente en ópera. En la obra del sueco, una nave espacial que se dirige a Marte es desviada accidentalmente de su trayectoria y lanzada fuera del sistema solar. Una inmensa tristeza se apodera de la tripulación, que no encuentra consuelo ni distracción. Personalmente Tau Zero me recuerda de lejos a la canción Space Oddity de mi admirado David Bowie, aunque éste se inspirase en 2001:Odisea Espacial, la película de Kubrick. La desolación de la música de Bowie y las palabras del Mayor Tom despidiéndose de sus seres queridos en la Tierra, transmiten los sentimientos de abatimiento y frustración que producirían un viaje sin retorno. Sin embargo, creo que Bowie fue más valiente en el planteamiento de su canción que Anderson en el de su historia.

El blog, por su parte, sigue pensando que merece la pena leer Tau Zero porque es una obra representativa de la ciencia ficción ‘dura’ y porque, claro que sí, los amantes de este género también puede ser fans de Disney.

Alastair Reynolds: “Es imposible complacer a todo el mundo y ni siquiera creo que se deba intentar”

La entrevista que viene a continuación confirma mis sospechas: este blog tiene vida propia. No contento con hacernos sudar la semana pasada analizando la novelasteampunk Terminal World, ha decidido ponerme a prueba exigiéndome una muestra de mi dedicación. Me ordena -si queridos lectores, oís bien- que no ceje en el intento de obtener las impresiones de su autor. Este blog empieza a parecerse demasiado al egocéntrico súper-ordenador de la película El engendro mecánico (1977) y cualquier día le escucharé decir “estoy vivo”… o directamente “soy tu padre”… ya puestos.

Aprovechando el enorme poder de conexión de las redes sociales, he conseguido que el propio Alistair Reynolds accediese a responder a unas preguntas y el resultado es el que aparece a continuación.

Cristina: Me gustaría darle las gracias por tomarse el tiempo para contestar algunas preguntas para el blog. En nombre de los ávidos lectores de sus obras del mercado en lengua española, se aprecia enormemente su gesto.

Alastair Reynolds: Sin problemas…

C: Aunque ha escrito varias novelas maravillosas, nosotros vamos a centrarnos en Terminal World. Parece que uno estuviera recorriendo los túneles de Steamville y casi pudiera sentir el sudor cayéndole por la frente,  como si navegara a bordo de los dirigibles de Swarm y el viento le golpeara la cara. ¿Podría contarnos de dónde surgió la inspiración para esta historia?

AR: La idea venía germinando desde hacía un par de años, tal vez como reacción a los mundos altamente tecnológicos de los últimos libros que había publicado antes (Casa de Soles, El prefecto…) Quería distanciarme de las naves espaciales y de los viajes interestelares y ser capaz de escribir algo un poco más enfocado a un planeta. Desde el principio tuve en mente a un protagonista que fuera un tipo de doctor o curandero pero desde otro enfoque. El resto, simplemente se sucedió por sí solo…

C: Parece que la mayoría de los personajes de Terminal World comparten un cierto estatus marginal: Quillon es un ángel que vive bajo una identidad prestada, Nimcha es una poderosa tectomancer estigmatizada por la sociedad, Meroka es una especie de guardaespaldas callejera… ¿de qué manera construye los personajes y sus relaciones?

AR: No creo que nunca haya iniciado un libro con las ideas claras sobre, como máximo, uno o dos personajes. Estos tienden a evolucionar orgánicamente al tiempo que la historia se va delineando, ganando (siempre espera uno) profundidad y singularidad. Teniendo en cuenta la situación de Quillon, parecía natural que se asociara solo con marginados en vez de con aquellos que tuviesen un acceso directo al poder y/o a la tecnología. Una de las cosas que quería desarrollar era la idea de una amistad complicada entre Meroka y Quillon; es muy fácil caer en una antipatía repleta de discusiones entre personajes, pero sentí que sería todo un desafío escozar una relación improbable pero convincente entre estas dos figuras marginadas (como tú dijiste), ambos con su pasado y sus secretos.

C: Usted es conocido como escritor de ciencia ficción “dura” y ópera espacial. Algunos argumentan que eso se debe a su formación en Astronomía. ¿Por qué se decantó esta vez por el steampunk?

AR: No pretendía que se tratase únicamente de steampunk pero era seguro que algo de ese tipo de estética iba a aparecer. Creo que tiene relación con tu primera pregunta; se trataba del cambio de atmósfera y de paisajes que yo necesitaba. Tengo que añadir que muchas de mis novelas anteriores incluían creaciones góticas o de steampunk de un modo u otro, por lo que no creo que me alejase demasiado de mis prácticas habituales. Cuando ya llevaba escrita media novela, era ya totalmente normal recurrir a tipo de estética –dirigibles en vez de naves, ciudades en vez de planetas- aunque el resto del proceso de creación permaneciese igual.

C: En su página web (www.alastairreynolds.com) muestra gran cantidad de información sobre su obra, la manera en la que entiende la escritura y sus futuros proyectos. También dispone de una cuenta muy activa en twitter (@AquilaRift). ¿Qué opinión le merecen el impacto de las redes sociales en la relación entre escritor y lector?

AR: Todavía estoy formándome una opinión al respecto. Soy bastante suspicaz con respecto a las redes sociales. He pasado por todas las fases en mi interacción con este mundo, partiendo desde un cierto escepticismo e incluso recelo. Por ejemplo, ha pasado bastante tiempo hasta que he creído que sería prudente tener un blog y tuve que esperar aún más tiempo antes de aceptar comentarios.

El salto a Twitter es otro paso en el proceso y de nuevo lo enfrento con mucha cautela. Puedo decir que, en lo que a mí respecta, el culto al autor ha muerto. Internet, los blogs y las redes sociales han hecho que los escritores sean accesibles de manera ilimitada. El riesgo está en que no hay necesidad de que nadie se esfuerce por conocer a un autor en persona. Recibo muchos e-mails y tuits de gente que me pregunta cuándo voy a firmar libros en determinada ciudad o país, pero cuando llega el día de la firma, generalmente sólo hay unos pocos presentes.

Obviamente hay un cierto factor de espectáculo público en cada entrada del blog que hago o en cada tuit. Soy sincero sobre ello, pero no hasta el punto de llegar a la locura. Tengo una vida privada también; hay muchas cosas que no compartiría en la red.

C: He leído que no tiene intención de escribir una secuela de Terminal World. ¿Por qué escribió un final abierto?

AR: Me temo que un final abierto para una persona es un final ambiguamente satisfactorio para otra. Es imposible complacer a todo el mundo y ni siquiera creo que se deba intentar. En mi opinión, los principales misterios en Terminal World se resuelven al final del libro, aunque aún se adivina que habría nuevas aventuras esperando a los personajes si éstos así lo eligieran. ¿Qué le sucede a Quillon? No lo sé.

C: Para terminar, ¿qué puede contarnos (sin revelar demasiado) sobre su próxima novela Blue Remembered Earth?

AR: Acaba de salir, por lo que corro el peligro de matar de aburrimiento al público si sigo hablando tanto sobre el libro. Es una historia ambiciosa sobre el futuro de la exploración espacial a lo largo de 150 años y sobre cómo sería el mundo en el siglo 22. Intento ofrecer una visión realística sobre dónde podríamos encontrarnos en una sociedad post-cambio climático. África sería un importante poder económico, algo que parece totalmente posible.

C: Gracias de nuevo por permitirnos conocer un poco mejor tanto a usted como a su obra.

AR: No hay de qué.

‘Terminal World’, de Alastair Reynolds: sudando ciencia ficción

Todavía estoy secando el vapor de agua de la pantalla de mi ordenador después de terminar de leer Terminal World de Alastair Reynolds. La odisea del ángel Quillon por una Tierra futura tan extraña como cautivadora está repleta de ideas nuevas y provocadoras que sólo un autor tan eficaz como Reynolds podría mantener en pie con éxito.

La novela empieza con ecos de la película Metrópolis, de Fritz Lang, para ir transformándose en una historia épica al más puro steampunk. Spearpoint es una mega-metrópolis del futuro en forma de inmensa torre en espiral con zonas diferenciadas. En cada zona solo tiene cabida un determinado nivel tecnológico.  Los habitantes de una zona no resisten vivir en otra si no toman sustancias “anti-zonales” que les permitan aclimatarse a las condiciones de vida propias de cada sector. Además, la tecnología que funciona en una zona es totalmente inútil en la adyacente.

El protagonista, Quillón, vive bajo una identidad asumida ejerciendo de médico forense en una zona que dispone de electricidad pero no de circuitos integrados.  Se trata de un ángel modificado genéticamente para poder infiltrarse en zonas por debajo de los Celestial Levels que le vieron nacer. Reynolds describe a los ángeles de dicho lugar como criaturas asexuadas, capaces de volar a elevadas altitudes y obsesionados con su supervivencia.

Quillón se verá obligado a escapar de Spearpoint con la asistencia de personajes marginales que le ayudarán a cruzar zonas hasta llegar al sector externo, o sea, al resto del mundo.  Allí tendrá que luchar por sobrevivir al ataque de los “Calaveras”, una banda de piratas, y a los “Carnivorgs”, ciborg-canes extraordinariamente agresivos.  Una ciudad-volante compuesta por cientos de dirigibles llamada Swarm sale a su encuentro y le salva de una muerte segura.

Cuando el inexplicable poder mental de una niña vagabunda, una tectomancer, demuestra que los límites entre las zonas pueden ser alterados, el protagonista se lanza a una carrera contra-reloj para salvar las vidas de los habitantes de la metrópolis de los que él mismo huía. Reynolds poco explica de lo que ocurre en el interior más profundo del rascacielos espiral ni cuáles son las misteriosas capacidades de transformación de los tectomancers. Ni siquiera tenemos la certeza de que el escenario de la historia sea el propio planeta Tierra en un futuro lejano.  Esa “Tierra” a la que se refieren los personajes podría tratarse de otro planeta de nuestro sistema solar con características similares al nuestro. Personalmente creo que se trata de Marte “terraformado” pero en estado de decadencia.

La novela de Reynolds nos hace vivir las aventuras de Quillon y sus compañeros sintiendo el viento de cara en las maniobras aéreas de los dirigibles, estremeciéndonos con los crujidos de hueso y metal de los carnivorgs, y sudando por el calor de las tuberías que transmiten vapor de agua al cuerpo mecánico del malvado Tulwar. Terminal Worlddemuestra que no es necesario recurrir a naves espaciales o rayos láser para construir una inteligente historia de ciencia ficción donde no falta la tecnología, sociedades alternativas, misterio y mucha acción.

La próxima semana, no os perdáis la sorpresa que os tenemos preparada. No os vais a arrepentir de pasaros de nuevo por aquí.

Viaje por el universo de la Ciencia Ficción

Tengo que ser sincera. Cuando comencé este blog no sabía muy bien de qué iba el asunto. Me interesaba compartir con otros entusiastas mi opinión sobre ciertas obras de ciencia ficción. Pero pronto me di cuenta de que el blog empezaba a adquirir vida propia y no se conformaba con recibir meras reseñas de mi parte. Quería más. Y yo, como no podía ser de otra manera, accedí a sus pretensiones.

Lo primero que me pidió el blog fue que entrevistara a una autora poco conocida en España. Así lo hice. Entre medias, logré colocar un par de reseñas sobre libros que me parecía necesario valorar. Pero este blog es insaciable y ahora me ha exigido que investigue sobre el género. No me queda otra y aprenderé con vosotros, lectores sufridos, los secretos ocultos de este tipo de literatura.

La mayoría de los expertos coinciden en diferenciar dos géneros: ciencia ficción “Hard” y “Soft”. Esta clasificación se basa en el tipo de ciencias que aparecen en cada obra y en el tratamiento que el autor hace sobre ellas.

a) Hard science fiction: Ciencia ficción ‘dura’, engloba aquellas obras que se detienen en explicar minuciosamente los aspectos científicos o pseudo-científicos de las historias que cuentan. Alguno de los autores incluidos en esta categoría trabajan precisamente como científicos, como es el caso de Kim Stanley Robinson de cuyaTrilogía de Marte (Marte RojoMarte VerdeMarte Azul) publicada por la editorial Minotauro, hemos hablado ya. Robinson se detiene a detallar y describir el sistema de espejos que permitiría aumentar la temperatura de la superficie marciana de cara a una terra-formación del planeta, entre otros elementos científicos y tecnológicos.

b)   Soft science fiction: Ciencia ficción ‘blanda’. Ya sé. Es una traducción horrenda. Quién la inventó no se paró a pensar en los chistes que atraerían sus traducciones en otros idiomas. Los trabajos enmarcados en este género suelen ahondar en los componentes sociales, político-económicos, antropológicos, psicológicos y sociológicos de las historias que cuentan. Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, publicado por deBolsillo, es un buen ejemplo de esta categoría porque narra los conflictos intra e inter-personales que transcurren en el seno de una sociedad futurista.

Después de esta división, cada historia presenta una o varias temáticas que corresponden a diferentes sub-géneros. Hay que tener en cuenta que un trabajo de ciencia ficción puede tratar varias temáticas, por lo que no es extraño encontrar textos híbridos. Para ser más didácticos, mencionaremos libros en los que prevalece un determinado sub-género.

1) Cyberpunk: Término acuñado a principios de los ochenta por Bruce Bethke, representa las historias que tienen lugar en un futuro cercano y en las que los avances en materia de tecnología de la información, inteligencia artificial y protética (relativos a prótesis) son frecuentes. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?de Phillip K. Dick, el texto en el que se basó Ridley Scott para filmar Blade Runner, es buena muestra de esta clase.

2) Viajes en el tiempo: Uno de los sub-géneros más antiguos, su origen se remonta a los siglos XVIII y XIX con títulos como Un yanqui en la corte del Rey Arturode Mark Twain, publicado por Anaya infantil y juvenil, o La Máquina del Tiempo, famosísima novela de H.G. Wells que en España edita Alianza Editorial. Como su propio nombre indica, se trata de historias que recogen los eventos que se producen cuando un viajero se embarca en una travesía temporal.

3) Historia alternativa: ¿Qué hubiera sucedido en el mundo si Alemania y Japón hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial? Esta es la premisa de la que parte la novela El hombre en el castillo de Phillip K. Dick, publicado en nuestro país por Minotauro. Este sub-género explora las consecuencias que hubiera provocado el cambio de un hecho histórico relevante.

4) Ciencia ficción militarista: Este sub-género suele contar con soldados como protagonistas de unas historias basadas en conflictos bélicos nacionales, interplanetarios o interestelares. La guerra interminable de Joe Haldeman, publicada por Editora y Distribuidora Hispano Americana, es un magnífico ejemplo de este tipo de obras y curiosamente  es una apología anti-belicista.

5) Personajes sobre-humanos: Es necesario aclarar que este sub-género no está dedicado a super-héroes sino a seres humanos con capacidades físicas y psíquicas superiores a la media.  Más que humano de Theodore Sturgeondisponible gracias a Minotauro, ejemplifica este tipo de historias porque cuenta la historia de gentes cuyas extraordinarias habilidades les hacen acarrear estigmas sociales.

6) Historias apocalípticas: Nos encontramos ante obras que ofrecen distintas versiones del fin del mundo, tal y como lo conocemos, por la acción de agentes que van desde epidemias e impactos de objetos estelares a desastres ecológicos o guerras. La reorganización de la sociedad y la supervivencia son los temas más frecuentes, algo que queda patente en la novela Cántico por Leibowitz de Walter M. Miller, editado por Ediciones B.

7) Ópera espacial: Esta es una de las categorías más conocidas gracias a las múltiples adaptaciones cinematográficas que se han realizado de muchas de las obras que la desarrollan. Se trata de historias de aventuras situadas en planetas remotos o en el espacio y que enfatizan conflictos de carácter heroico. Espacio Revelación, de Alastair Reynolds, disponible en España gracias a La Factoría de Ideas, sirve para comprender este sub-género porque muestra las vicisitudes de la especie humana en un futuro lejano.

8) Western espacial: Para muchos se trata de un sub-género de la Ópera Espacial porque trata básicamente los mismos aspectos, adaptando la dinámica de las tradicionales historias de vaqueros al ámbito del espacio con sus colonos, puestos fronterizos, lugares sin ley y desarrollo económico. Ediciones B publica en EspañaSantiago, un mito del futuro de Mike Resnick, relata las vicisitudes de un caza recompensas que persigue por las zonas más remotas del universo al personaje del título.

9) Steampunk: Las obras englobadas bajo este epígrafe abordan las tecnologías futurísticas existentes en épocas pasadas, sobre todo el siglo XIX. Suelen mostrar invenciones basadas en los albores de la electricidad, el vapor de agua, la energía eólica y mareomotriz.  William Gibson y Bruce Sterling publicaron en los noventa la novela La máquina diferencial, editada por la Factoría de Ideas, que sirvió para popularizar este sub-género a través de una historia en la que la revolución de la tecnología de la información se produce en la era victoriana. Hay quienes distinguen en este sub-género: la ciencia ficción gaslight o gaslamp (cuyos protagonistas son iconos como Sherlock Holmes o Jack el Destripador); el steampunk gótico (una visión más oscura del género mezclada con el terror); o incluso el dieselpunk (basada en la estética de entreguerras), elclockpunk (tecnología pre-industrial en escenarios renacentistas), el atompunk(retrofuturista y enfocada en el periodo entre 1945 y 1965), o el teslapunk (historias alternativas en la que se utiliza energía limpia y económica).

10) Biopunk: Este sub-género, que para algunos se encuadra dentro del cyberpunk, se basa en los avances biotecnológicos y sus consecuencias, a menudo subversivas. No hace falta pensar mucho para encontrar una obra de ciencia ficción que se enmarque en este sub-género pues la famosa novela Neuromancer novela de William Gibson, publicada por Minotauro y Booket, ilustra perfectamente esta categoría. En ella la ingeniería genérica se mezcla con los avances informáticos en un thriller vertiginoso.

11) Ciencia ficción mundana: La opinión más extendida la considera un sub-género de la ciencia ficción “dura”.  Se trata de obras que tienen como escenario la Tierra o nuestro sistema solar y en las que la tecnología utilizada presenta el mismo nivel que la época en la que son escritas. No hay viajes a la velocidad de la luz o encuentros con formas de vida extraterrestres y los argumentos tratan sobre acontecimientos posibles.  La velocidad de la oscuridad (Ediciones B), de Elisabeth Moon, se inscribe como una novela de este género mediante una historia sobre un joven autista al que la tecnología le ofrece la posibilidad de alcanzar la “normalidad”.

12) Spy fi: Hay quienes encuadran este sub-género directamente en la literatura de espías. La frontera no está muy clara porque ni que decir tiene que las historias narradas cuentan como protagonistas a espías o agentes secretos. Los avances tecnológicos ayudan unas veces y dificultan otras la labor de los personajes, tanto en el momento presente como en el futuro. La serie de libros Baroness de Paul Kenyon, que no hemos podido encontrar en español, publicados a mediados de los setenta representa esta categoría en la que algunos se empeñan en incluir la obra de Ian Fleming dedicada a James Bond.

13) Slipstream: Para muchos está considerado como en efecto literario más que un sub-género en sí mismo.  A medio camino entre la ficción especulativa y otros géneros como el fantástico o de terror, el denominador común de las obras de esta categoría suele ser algún elemento de carácter surreal. La memoria del tiburón de Steven Hall, publicado por Salamandra, representa este tipo de obras, contando la historia de un joven amnésico que debe recomponer su pasado a través de las cartas que se escribió a sí mismo y de sus sesiones con una doctora.

14) Ciencia ficción erótica: Esta categoría abarca aquellas obras que exploran  la sexualidad en historias de ciencia ficción, desde las relaciones sexuales entre seres humanos y alienígenas, los personajes con sexos alternantes o las experiencias íntimas que se desvían de las convenciones. La novela Los hijos de Saturno de Charles Stross, que no he podido localizar en ninguna edición en español, narra las aventuras de una robot sexual (sexbot) en medio de una conspiración androide.

15) Ciencia ficción étnica y antropológica: Hace unas semanas publicamos en el blog una entrevista con la escritora Amy Thomson en la que definía sus trabajos como etno-ciencia ficción. Este sub-género indaga en las factores culturales de una comunidad desde el punto de vista de la ciencia ficción. El color de la distancia de Thomson representa perfectamente  este sub-género y recomendamos leer la entrada correspondiente a la entrevista mencionada. Una mención aparte merece la ciencia ficción antropológica que especula sobre diversos estadios de la evolución humana. La trilogía El paralaje neandertal,de Robert J. Sawyer, disponible en Ediciones B, desarrolla la historia de una conexión entre la Tierra en el presente y una Tierra paralela en el que los neandertales son la especie dominante.

16) Ciencia ficción feminista: Esta categoría incluye aquellos trabajos de ciencia ficción que analizan el papel de la mujer en la sociedad. Ursula K. LeGuin en su novela La mano derecha de la oscuridad, editada por Booket, muestra una sociedad del futuro en el que los géneros sexuales no están pre-determinados.

 

17) Ciencia ficción cómicaGuía del autoestopista galácticode Douglas Adams, publicada por Anagrama, es un fiel reflejo de este sub-género que trata de resaltar los aspectos más cómicos del propio género, utilizando para ello la sátira, el sarcasmo, la ironía y la farsa. La obra mencionada derrocha humor tanto en sus absurdas situaciones como en sus ingeniosos diálogos.

Creo que ahora vosotros y yo tenemos un poco más claro cuál es el panorama actual del género, tanto desde el punto de vista de las ciencias y tecnologías a las que hace referencia como a la temática que desarrolla. Cualquier aportación u observación por vuestra parte será bienvenida para completar esta clasificación.

Por cierto, toda la información que aparece en esta entrada podéis encontrarla en la red, sobre todo en Wikipedia. Me he limitado a organizar y traducir los datos y a buscar ejemplos de libros que podéis encontrar en España y, más concretamente en Libros.com. Una estudio en profundidad es materia para una tesis doctoral.