Agujeros negros, física cuántica y mucho Hawking

Cada día el blog me sorprende más. Descubro nuevas facetas de su personalidad y me doy cuenta que he engendrado una criatura mucho más compleja de lo que en un principio tuve la intención de crear. Suele pasar. Cuando uno se convierte en demiurgo en sus ratos libres, a menudo no se detiene a pensar en las consecuencias que puede acarrear su creación. Desde el libro decimonónico Frankenstein o el Moderno Prometeo hasta la película setentera El Engendro Mecánico, llegando a ejemplos más recientes de los cuáles no quiero acordarme, el destino de los “creadores” no suele ser demasiado halagüeño. No diría yo que le tengo miedo, al menos aún no. Pero sí estoy intentando comprenderlo mejor en previsión de que pueda un día reprocharme que no le doy la atención que se merece.

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Veréis: resulta que el blog es autodidacta. Si alguno de vosotros tenía aún dudas sobre su existencia, tengo que declarar que es un ente extraordinariamente curioso. Y muy exigente. Quizás haya tomado conciencia de lo limitada que es su cultura proveniente de fábrica y ha decidido ilustrarse sobre los temas que le interesan. ¿Quiénes somos, hombres y blogs? ¿De dónde venimos? ¿Cuál es el origen de este universo que compartimos?

En vez de explorar el pensamiento de filósofos excelsos -no sé, un Platón, un Descartes o un Richard Dawkins– le veo leyendo Breve historia del tiempo de Stephen Hawking. La obra está editada en nuestro país por Editorial CríticaAlianza Editorial y Austral y se convertido en uno de esos libros de cabecera de la llamada cultura pop. A pesar de que su autor ha publicado posteriormente otros títulos (Brevísima historia del tiempoEl universo es una cáscara de nuez o El gran diseño) siguen proliferando las re-ediciones de aquel libro primigenio.

No creo que Hawking se considere a sí mismo filósofo, no al menos en su acepción moderna. Él siempre se ha definido como un científico primero, físico teórico y cosmólogo, y después como un autor de obras científico-divulgativas. Personalmente sí creo que podríamos calificarle como filósofo en el sentido antiguo de “sabio”. Me explico: su contribución en el ámbito de la física no puede ignorarse y pienso que sus descubrimientos y propuestas teóricas tienen implicaciones que van más allá del ámbito científico.

El libro comienza con una introducción del astrofísico Carl Sagan, o sea, dejando el listón bastante alto. ¿Hay alguien ahí afuera que sea aficionado a la ciencia ficción que no haya soñado viendo la serie Cosmos? Lo maravilloso de Sagan era su voluntad comunicadora, así como el carácter entretenido de sus iniciativas divulgativas. Con un padrino de ese calibre, Hawking propone examinar la realidad en todas sus tallas, desde las partículas más pequeñas hasta los cuerpos celestes más grandes.

Un vacío abarrotado

El británico dedica buena parte del libro a explicar la “niña bonita” de su trabajo en el ámbito de la astrofísica, los agujeros negros. El término, acuñado en 1969 por el científico John Wheeler, se popularizó en la década de los setenta y ochenta en series como Star Trek o Dr. Who, donde servía como excusa para cualquier argumento descabellado. Hawking repasa la historia de este fenómeno, que hace más de doscientos años ya fue intuido por algunos teóricos,  de una manera lo suficientemente sencilla como para que cualquier lector no versado en matemáticas pueda comprenderlo a grandes rasgos. Aprendemos que los agujeros negros: son cadáveres de estrellas; su colosal densidad produce una gigantesca fuerza de gravedad; algunos rotan y otros no; su existencia se demostró teóricamente antes que empíricamente; y emiten un cierto tipo de radiación. El horizonte de sucesos, el límite espacio-temporal de este fenómeno, es uno de esos conceptos que sorprenden y permiten soñar con otras realidades desconectadas de las del universo en el que vivimos.

El blog me recuerda una frase del libro -”Nuestro universo es una de las posibilidades más probables.”- y los dos flipamos al unísono. Resulta que, según Hawking, el tejido del espacio-tiempo no puede entenderse sin acudir a la física cuántica. O sea, que para entender lo más grande hay que empezar por comprender lo más diminuto. Parece ser que las partículas subatómicas tienen un comportamiento tan poco previsible que han conseguido traer de cabeza a la mayoría de los físicos durante el siglo XX y lo que ya llevamos de siglo XXI.

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Pero es precisamente la conducta de esa porción minúscula de la materia y de la energía lo que permite que los agujeros negros emitan una radiación que les hace ser detectables y brillantes, contra todo pronóstico. Porque si un agujero engulle todo lo que se le acerca, incluso la luz, ¿cómo puede irradiar partículas que nosotros podamos medir? La culpa la tienen las disfuncionales relaciones existentes entre las partículas sub-atómicas y esa gran desconocida, que siguen siendo la fuerza de gravedad.

Admitir que el universo no es una cuadrícula perfecta sino que hay fuerzas, como la ya mencionada, que la someten y consiguen desestabilizarla requiere una cierta amplitud de miras. También lo es aceptar que en el vacío no está tan desocupado sino que bulle de actividad, de la que aún nos queda mucho por conocer. Hawking explica con eficacia algunos de los conceptos más complejos de la física y nos invita a considerar la posibilidad de que no exista un origen del universo tal y como nosotros entendemos el comienzo de un evento. Para ello, propone un modelo en el que el espacio-tiempo sea una estructura redonda en la que no pueda declararse un origen y/o un fin determinados. Dicha estructura parece estar hinchándose, o sea creciendo, desde una explosión -el archi-conocido Big Bang– cuyo certificado de nacimiento no muestra fecha alguna porque todo lo sucedido antes no tiene ninguna relación causal con nosotros.

Sinceramente dudo de que los miles de personas que han comprado este libro lo hayan leído al completo. De hecho, en un artículo de un medio británico se decía que era conocida por ser una obra tan vendida como poco leída. No sé si habrá despejado las dudas que el blog, y otros tantos como él, tenían sobre el origen del universo. De lo que sí estoy segura es de que Breve historia del tiempo sirvió para dar a conocer a Stephen Hawking y para convertirlo en un icono de la cultura popular, tanto en el terreno de la ciencia y la divulgación como en el ámbito de la ciencia-ficción. Desde jugar a las cartas con Newton Data en un episodio de Star Trek, hasta ofrecer su voz sintetizada para un capítulo de Los Simpsons o desplegar sus dotes cómicas en Big Bang Theory, su imagen frágil y sus evidentes limitaciones motrices no le han impedido escribir, teorizar, enseñar, actuar y comunicar. Es, en definitiva, una metáfora del propio ser humano, que ha conseguido con el único poder de su capacidad de reflexión desentrañar los misterios de una naturaleza variable y hermética.

He oído decir a algunos científicos que este libro es demasiado superficial para ser considerado una buena obra de divulgación, cuando otros le achacan precisamente lo contrario, que sea excesivamente denso en materia científica. Personalmente, creo que es un buen intento por hacer una obra seria a la vez que accesible.

Veo al blog tomando apuntes. A veces mira al horizonte y veo que se pierde en sus pensamientos sobre astrofísica. Detrás de él, un póster de un Hawking sonriente comparte pared con otro de la película Avatar. Su sed de conocimiento es inagotable. Me temo que he creado, no a un monstruo sino peor aún… a un nerd*.

*Empollón de toda la vida.

Sobrevivir a la muerte de la estrella

Uno de los rasgos más extraños de la personalidad del blog es su profundo fervor religioso. Lo habéis oído bien. Resulta que nos ha salido creyente… Parece como si para sentirse una criatura viviente de pleno derecho necesitara probar su vertiente espiritual abrazando algún tipo de creencia mística. Todavía no he acabado de entender exactamente de qué religión se considera seguidor. Unas veces lo veo meditando descalzo y con las piernas cruzadas en la posición del loto. Otras veces le pone velas a unos iconos viejísimos que compró por Internet. También lo he visto danzando mientras se acompañaba con unos crótalos o pequeños platillos. Alguna madrugada me lo he encontrado fumando cigarros y restregándose el cuerpo con hierbas aromáticas.

Intento comprenderlo, pero se me hace muy difícil porque no sé exactamente en qué cree. Cuando le pregunto, se limita a contestarme con generalidades como que tiene que haber un “Arquitecto” de toda la realidad. Quiero pensar que se refiere a la película Matrix, pero me temo que ni siquiera él tiene claro su religión.

Reflexionando sobre estas cosas me vino a la mente Cánticos de la lejana Tierra deArthur C. Clarke, editado en España por Alamut. Al final de sus días Clarke reconocía que se trataba de uno de sus libros favoritos porque recogía con precisión lo que siempre había querido trasmitir a través de su trabajo. En el capítulo 46 titulado “Lo que quiera que los Dioses sean…” un ser humano procedente de la Tierra intenta explicar qué es Dios a un humano nacido en una colonia de otro planeta. “El problema con la palabra Dios es que nunca ha significado lo mismo para dos personas, sobre todo si se trataba de filósofos”. Con una sola frase, el escritor británico afincado en Sri Lanka resumía uno de los puntos más polémicos de toda la historia del pensamiento de la humanidad.

Pero empecemos por el principio. Parece ser que el origen de la novela proviene del primer relato de ciencia ficción que el escritor vendió, titulado Equipo de Rescate, y que fue publicado en una antología en el año 1956. Las premisas de aquel cuento sirven de arranque a Cánticos: en un futuro a medio plazo el sol se transforma en nova y los habitantes de la Tierra se lanzan a explorar el espacio en busca de mundos viables.

Siguiendo la estela de aquel relato de los años 40, cuando Clarke trabajaba para la Fuerza Aérea Británica, Cánticos de la lejana Tierra comienza precisamente en una de las colonias establecidas por los descendientes de aquellos viajeros terrícolas. Thalassa, un planeta cubierto en su casi totalidad por océanos y con un puñado de islas habitables, es el escenario de la narración. En dicho entorno florece una comunidad utópica de seres humanos que vive en equilibrio con la naturaleza. El uso de la ingeniería genética para eliminar los genes causantes de los problemas de salud y de convivencia y el acceso a una información selectiva hacen posible una coexistencia cuasi-idílica.

La nave Magallanes, con otra remesa de supervivientes de la nova solar, llega a Thalassa para repostar agua con la que reconstruir el escudo de hielo que les permite contrarrestar los efectos de la abrasión al alcanzar velocidades cercanas a la de la luz. El encuentro pacífico entre la tripulación de la nave, en hibernación durante varios siglos, y los Thalassanos esconde un choque cultural más profundo con múltiples historias de amor incluidas.

He leído que muchos consideran esta obra como una de las menos afortunadas de Clarke. Yo, humildemente, no estoy de acuerdo. Cuando la novela se publicó en 1986, el autor británico no tenía que demostrar nada ya, me parece a mí. Después de escribir Cita con Rama2001: Odisea EspacialEl fin de la InfanciaEl Martillo de Dios o Las fuentes del Paraíso, ganar tres premios Hugo y dos Nébula y ser nombrado Caballero del Imperio Británico creo que podía permitirse el lujo de inventar lo que le diera la gana. Muchos le reprochan que en Cánticos de la lejana Tierra incluya una historia de amor demasiado azucarada y que ofrezca una visión un tanto ingenua de los asentamientos humanos en el futuro. Precisamente otros le echaron en cara que durante su carrera diera demasiada importancia a los aspectos tecnológicos y científicos de sus historias y que no dedicase la suficiente atención al desarrollo psicológico de los personajes. Por lo visto, en ninguna parte del Universo llueve a gusto de todos.

No entiendo esas críticas. En Cánticos de la lejana TierraClarke propone interesantes ideas científicas, como la del ascensor espacial o la de la utilización de la energía del vacío espacial como combustible para los viajes interestelares. Quizás a sus detractores les llegó a molestar que declarase tan abiertamente su ateísmo y que conscientemente excluyese la religión en su particular visión de una futura colonia terrestre en un planeta extra-solar. “No creo en Dios pero estoy muy interesado en él”, afirmaba sin reparo. Personalmente creo que hace un retrato bastante ajustado del hecho religioso describiendo al Dios Personal como “Alfa” y al Dios Impersonal como “Omega” en el famoso capítulo 46 que ya hemos citado. Lo que más me gusta es cómo termina la particular explicación sobre Dios del humano terrestre al humano Thalassano: “No creasnada de lo que he dicho…”

Es lícito que algunas obras de Clarke gusten más o menos pero no creo que sea justo desacreditar esta novela en concreto ya que es una de las que el escritor se sentía más satisfecho porque representaba su legado literario, científico y filosófico.

Acabo de encontrar al blog recitando, sí, lo habéis oído bien, recitando las tres Leyes de Clarke:

  1. Cuando un científico reputado pero entrado en años declara que algo es posible, es casi seguro que esté en lo cierto. Cuando declara que algo es imposible, probablemente esté en un error.
  2. La única manera de descubrir los límites de los posible es aventurase un poco más allá, hacia lo imposible.
  3. Cualquier tecnología suficientemente avanzada no se puede distinguir de la magia.

Me diréis que no debo preocuparme porque no existe ninguna Iglesia Clarkeana. Si no aparece en Wikipedia, probablemente no exista (1ª y hasta el momento única Ley de Cristina Jurado).

El blog parece no estar de acuerdo. Y me sigue mirando de forma rara…

 

Lunáticos perdidos: Entrevista a Gavin Rothery, Director de Arte de “Moon”

He llegado a la conclusión de que los blogs no están sujetos a las leyes de la probabilidad que gobiernan el universo. Quizás con ellos nos encontremos con la molesta excepción a toda regla, en un intento por parte de ese elástico concepto conocido como “sabiduría popular” por explicar las anomalías, lo raro, lo que no se ajusta a los preceptos de la física. Lo cierto es que hoy el blog se ha levantado con tan buen humor que me ha hecho sospechar que puede estar consumiendo alguna sustancia estimulante.

Después de someterlo a un sutil interrogatorio, descubro que sigue haciendo amigos. Tiene una capacidad extraordinaria para contactar con personas interesantes, que deben creer que se trata de un ser real. Trato de explicarle que él es virtual. Me lanza una sonrisa caústica y me hace un gesto desdeñoso. Descubro que, como le apasionan las películas, se ha hecho colega de Gavin Rothery, encargado de los efectos visuales y especiales de la película Moon (2009), dirigida por Duncan Jones.

No puedo reproducir aquí mi cara de asombro: esa labor la dejo en manos de vuestra imaginación. Tengo que reconocer que el blog dispone de recursos que yo desconozco. Parece que sabe idiomas y que tiene una capacidad innata para entablar relaciones, algo que a mí me cuesta una barbaridad. Tendré que mirármelo…

Estoy segura que la mayoría de vosotros conoce la película a la que nos hemos referido. Moon es un espectáculo visual y narrativo protagonizado por Sam –el solitario trabajador de Sarag, un complejo minero lunar- y Gerty –el ordenador central de las instalaciones-. Como si de una obra de teatro se tratase, y con solo dos personajes, la cinta explora la influencia de la soledad sobre la personalidad y la capacidad del ser humano por adaptarse y establecer relaciones sociales con otros seres. Asimismo cuestiona los límites utilitarios de la ingeniería genética por parte de poderosos intereses económicos. Lo mejor de todo es que se trata de un proyecto indie filmado con un presupuesto exiguo.

Rothery se licenció en Ilustración y Diseño Gráfico en la Leeds Metropolitan University y comenzó su andadura profesional como ilustrador comercial y dibujante de cómics tales como Batman. Más tarde pasó a trabajar en la industria de los videojuegos como responsable artístico de títulos que incluyen  Grand Theft Auto 3, uno de los más vendidos de todos los tiempos. Su carrera tomó un nuevo rumbo cuando empezó a colaborar en el desarrollo de efectos visuales en cine y televisión, llegando a supervisarlos en numerosos anuncios. Esta labor culminó con la película Moon, en la que ocupó de la dirección artística, el diseño gráfico, la visualización de efectos generados por ordenador y la supervisión de los efectos visuales. El largometraje obtuvo el aplauso generalizado de la crítica y ganó numerosos premios, incluidos un Bafta y un Hugo 2010. Últimamente Rothery se ha dedicado ha dirigir los efectos visuales de anuncios para marcas como Toyota, Reebok o Google, aunque ahora está trabajando en el desarrollo de una nueva película de sci-fi. A continuación os ofrecemos el fruto de nuestra conversación con Gavin, propiciada por el blog.

Cristina: La película Moon nos gustó por muchas razones: la originalidad de la historia; las actuaciones de Sam Rockwell y Kevin Spacey; y la estética de la producción. ¿Cómo te involucraste en el proyecto y cuál fue tu papel como Director Artístico y Supervisor de Efectos Visuales y Especiales?

Gavin Rothery: Compartí piso con Duncan (Duncan Jones, el director de Moon) durante unos diez años, más o menos. Entonces ambos éramos freelancers y trabajábamos juntos en todo. Intentábamos hacer una película desde siempre y Moon fue el resultado. Siendo nuestra forma de trabajar totalmente colaborativa pasábamos prácticamente todo el tiempo juntos y solíamos buscar ideas que pensábamos que eran interesantes. Como me considero un artista ante todo, me hice cargo de la parte artística. Mi experiencia en la industria de los videojuegos y de la animación por ordenador me hizo gravitar de manera natural hacia los efectos visuales. Así es cómo me involucré tanto en todo el proceso de producción. No fue como si solicitara un empleo con una función específica.

Una película perdida de los años ´70 y principios de los ´80

C: Hemos leído que tratasteis de crear una cierta atmósfera a lo largo de toda la película que recordase al cine de los ´70 y ´80 en obras como Silente Kunming o Blade Runner yde algunas series televisivas como Espacio: 1999. ¿En qué te inspiraste para crear los conceptos artísticos de Moon y por qué? ¿Qué fue lo más difícil de diseñar?

GR: El aspecto de los 70 y 80 vino dictado principalmente por los efectos visuales. Desde el principio del proyecto era consciente de que no tendríamos el presupuesto necesario para competir con películas como Transformes 2 y Avatar. Inicialmente el guión incluía 21 minutos de exteriores lunares. Yo tenía claro que debíamos usar modelos a escala. Estaba entusiasmado porque siempre me encantaron las miniaturas y quería saber qué podríamos hacer con ellas trabajando con una fotografía que incluyese una animación por ordenador muy sutil. Aunque tuve que luchar por ello, una vez que agotamos todas nuestras opciones para utilizar más animación por ordenador, terminamos por retornar a la idea original.  Diseñé la película para que pareciese una cinta perdida de los años ´70 y principios de los ´80,  de manera que todo encajase y el trabajo con los modelos a escala no se viera fuera de contexto. No hubo nada demasiado difícil de diseñar, ya que soy un fan incondicional de la ciencia ficción. Todo se fue haciendo al tiempo que progresábamos. Había mucho que hacer y podía hacer como quisiera. Fue divertido.

C: Trabajar con un presupuesto ajustado estimula la imaginación y la capacidad de realizar múltiples tareas. De algún modo tu equipo y tú fuisteis capaces de crear una escenografía y unos efectos especiales estupendos con muy pocos recursos. ¿Cuánto del sorprendente aspecto final se consiguió prestando mucha atención a los detalles? ¿Te divirtió tu primer trabajo como doble de actores?

GR: Construí el look de los efectos especiales y visuales desde mi dormitorio trabajando hasta muy tarde por las noches. Dormí una media de dos horas en los cuatro meses que duró la pre-producción y el rodaje. Recuerdo que estaba muy cansado. Una de las cosas de las que me he dado cuenta en la vida es que hay dos clases de trabajos: uno que te absorbe la energía y te fatiga; y otro que parece recargarte más cuanto más trabajas. Moon conseguía recargarme. De otra forma, me hubiera matado.

Me divirtió hacer de especialista pero se siente mucha presión cuando la cámara te enfoca y el trabajo de todo el mundo depende de que tú no la fastidies. Lo conté con detalle en mi blog http://www.gavinrothery.com/they-never-went-to-the-moon/2011/8/21/the-unknown-stuntman.html

C: Precisamente en tu blog explicas con gran detenimiento tu trabajo. Incluso dispones de una sección dedicada a ofrecer detalles sobre Moon http://www.gavinrothery.com/they-never-went-to-the-moon/ en la que aceptas comentarios. Además eres muy activo en Titear. ¿En qué crees que contribuyen las redes sociales en el proceso creativo? En otras palabras, ¿tienes en cuenta el feedback  y/o las ideas que te llegan de las redes sociales?

GR: Empecé a utilizar las redes sociales después de terminar Moon e intento apartarlo de mi trabajo como regla general. No puedo pararme a preguntar a la gente cada día si les gusta lo que hago: tengo que confiar en mis propios instintos. Puedo lanzar una pregunta de vez en cuando, pero nunca sobre algo de importancia crítica. Las redes sociales son una buena forma para valorar opiniones, pero tienes que tener cuidado en cómo hacerlo, de manera que puedas interpretar los resultados de manera correcta.

C: Aparte de Moon has trabajado en publicidad. ¿Podrías contarnos cuáles son tus actuales proyectos?

GR: Acabo de dejar la publicidad (justamente este lunes pasado) para dedicarme 100% al cine. Estuve trabajando bastante para Toyota y Google pero ahora me he concentrado en mi primer largometraje de ciencia-ficción, Archive, que estoy co-escribiendo y que voy a dirigir. ¡Ahora tengo que superar Moon!

[En este punto tengo que hacer un inciso. Somos devoradores del blog de Gavin desde hace algún tiempo y en una de las entradas explica cómo elaboró los diseños gráficos de todo el material visual de la estación Sarag, desde logotipos aplicados a la ropa y al mobiliario a las etiquetas y la cartelería. Nos llamó la atención un gráfico dedicado a mostrar el sistema  de reinicio de emergencia en caso de tormenta solarhttp://www.gavinrothery.com/they-never-went-to-the-moon/?currentPage=4Gavin utilizó palabras sacadas de su vida diaria para crear acrónimos que insertó en dichos gráficos y que él mismo explica. Sin embargo, deja la palabra “JAIC” sin aclarar. No pudimos resistirnos a preguntarle por ella].

C: Para terminar, nos morimos por saber qué significa “JAIC”.  No te preocupes porque la gente lo descubra ya que esta entrevista la traduciremos al español.

GR: Me temo que no puedo decírtelo porque es un secreto que tengo con una buena amiga. Juré que sólo le revelaría a ella el significado y, además, sabe español. ¡Lo siento! Asegúrate de leer mi blog de ciencia ficción, que actualizo diariamente y que esconde interesantes tesoros http://www.gavinrothery.com/my-blog/

Queremos agradecer a Gavin Rothery que haya satisfecho nuestra curiosidad. Admiramos su labor y esperamos que sus proyectos futuros tengan el éxito y la repercusión que sin duda merecerán. Desde aquí, el blog y yo estaremos haciendo guardia para ver los frutos de su inmensa imaginación.

El blog quería despedirse como os merecéis pero hoy, 29 de marzo, se ha quedado mudo. Me dice mediante gestos que apoya la huelga general… Un nuevo calificativo se añade de esta forma a la lista que define a este tipo de criaturas virtuales: ¡Solidarios!

 

“Yo, Virtual”: ciberpunk con sabor venezolano

Desde hace algún tiempo tengo la impresión de que, en vez de tener un blog, lo padezco. Sus continuos cambios de humor, su actitud rebelde y su cabezonería (¿a quién habrá salido?) me hacen pensar que, seguramente, está pasando por su fase adolescente, si es que eso es posible en el universo bloguero. Ahora anda haciendo amigos en Twitter y dice que ya tiene varios cientos de seguidores. Me pregunto quién puede querer hacerse amigo de un blog tan desequilibrado como él pero, como no quiero herir sus sentimientos, he evitado sacar el tema.

Hoy vamos a hablar precisamente de la novela de uno de esos seguidores tuiteros con los que se comunica. El blog ha insistido en que leyésemos juntos Yo, virtual, publicada bajo demanda y disponible para descarga a través de Kindle, del venezolano Manuel A. Hernández Giuliani. A este Ingeniero de Sistemas, que reconoce sentirse un caraqueño de pura cepa, le apasionan la escritura y la fotografía, hobbies ambos que no le dan de comer. Actualmente anda escribiendo otro libro basado en un personaje que ya aparece en uno de sus cuentos anteriores, Punctum. Se pueden consultar sus relatos y escritos en MAHernandezG.blogspot.com

Si la conciencia de una persona pudiera almacenarse en un soporte informático transferido a un cerebro orgánico pero artificial ¿qué ocurriría? Pues que nos hallaríamos antes una duplicidad de personalidades: la biológicamente viva y la de su copia, digitalmente viva. Entonces ¿y si la persona de carne y hueso fallece? La copia digital, capaz de razonar y sentir en el ciberespacio, ¿sería considerada como una persona legalmente viva? O más bien, ¿tendría el estatus de “ser humano”?

Yo, virtual plantea estas preguntas a través de una trama de suspense con todos los ingredientes para atrapar la atención del lector: un proyecto científico a punto de ser cancelado; un equipo formado por cerebros brillantes y ambiciosos; burócratas al mando de un programa que no comprenden; un asesino desconocido que anda suelto; y un triángulo amoroso inesperado. Todo ello se cimienta en sólidas y atractivas propuestas científicas que dan forma a una frenética búsqueda de respuestas por parte de Miguel, el protagonista.

Es cierto que al lector puede saberle a poco esta historia ciberpunk que se resuelve en 64 páginas. A uno le queda la sensación de que Manuel A. Hernández podía haber desarrollado alguna historia paralela o ahondado en los personajes secundarios para enriquecer la trama, lo que hubiera dilatado la narración. También se podía haber profundizado en las dificultades que una personalidad virtual podría encontrar en la vida cotidiana. Sin embargo, estás son solo apreciaciones subjetivas derivadas del interés que despierta el tema y su tratamiento por parte del escritor venezolano: nos hubiera gustado disfrutar más y por eso le reprochamos de manera cariñosa que el desenlace llegara tan pronto.

Uno de los aspectos más atractivos es el uso de giros expresivos típicamente venezolanos: “Déjate de vaina y suéltalo”, dice el protagonista en la tercera página. Este punto es mucho más importante de lo que parece. Hay una parte de los aficionados del género cansada del anglo-centrismo que éste sufre. Parece como si solo tuvieran repercusión los proyectos literarios de ciencia ficción en inglés y no se concediera a las aportaciones de otras comunidades lingüísticas la importancia que deberían. Únicamente los muy doctos en la materia conocen trabajos de ciencia ficción francesa, china o finlandesa, por poner algún ejemplo. Por lo tanto, y para no perpetuar estereotipos, es necesario ayudar a descentralizar la producción de trabajos de ciencia ficción en español apoyando iniciativas que procedan de todos los países que compartan este idioma.

Una de las razones por las que hablamos de Yo, virtual es precisamente porque queremos dar la oportunidad a voces poco conocidas dentro del panorama sci-fi para que den visibilidad a sus ideas. Desde aquí apoyamos los giros lingüísticos locales incluidos por Manuel A. Hernández que, por otro lado, debe entenderse como algo normal porque es así como se expresan las personas en su país. Asimismo, y tal como el propio escritor señala en la página de agradecimientos, es interesante mencionar que la obra es el resultado de su experiencia en un taller de escritura creativa –en este caso el de Joaquín Pereira-.

Cuando se presentó la ocasión de preguntar directamente al escritor venezolano sobre ciertos aspectos de la novela, el blog y yo no lo pensamos dos veces. A continuación os ofrecemos la transcripción de la breve entrevista.

Cristina: ¿Qué te inspiró a escribir Yo, virtual?

Manuel A. Hernández: Por razones de trabajo debo viajar constantemente, por lo general ando solo y mi única comunicación con el mundo, al menos el contacto con mis seres queridos, es vía redes sociales. Ya sea por el Smartphone o por el portátil logro crear los puentes hacia mi mundo.

En un viaje, mientras escuchaba One de Metallica, se me atravesó la idea: ¿qué sucedería si yo físicamente no existiera? Algo parecido a lo que le pasó a Johnny en el libro Johnny Got His Gun, si tan solo fuera un ente que se comunicara por vías electrónicas, con seguridad nadie se daría cuenta y todo seguiría igual.

C: En la novela se mencionan nuevas tecnologías como el holófono, holomóvil, mentagramas junto con otras ya existentes como Internet o los ordenadores tradicionales. ¿Cuál ha sido la influencia de tu preparación como ingeniero de sistemas en tus ficciones tecnológicas?

MH: Respecto a los mentagramas es una metáfora de los respaldos de una base de datos relacional. Donde los respaldos alojan toda la información pero deben ser procesados para poder colocarlos en un estado funcional. De cierta manera podemos decir que el proceso que ahí describo es inspirado en el proceso de un manejador de bases de datos relacional.

Mi tesis de grado fue algo relacionado con redes neurales, quise realizar algo que con seguridad jamás volvería a trabajar, ya que el mercado laboral en Venezuela está dedicado a aplicaciones más aterrizadas y comerciales. Por lo que esa aventura me dio las bases de conocimiento para mi libro.

Para la época que ambiento el relato estas tecnologías son perfectamente plausibles, y desde el punto de vista del interés social con certeza es algo que hoy en día disfrutaríamos. Los hologramas es algo que el ser humano está buscando hacer realidad de una manera práctica y cuando esto se logre revolucionará toda la industria de consumo masivo.

C: Leyendo Yo, virtual uno no puede dejar de recordar mitos como el de Pigmalión o Frankenstein. En aquellos casos nos hallamos antes seres creados de manera artificial que inician una nueva conciencia. En el caso de la novela el Miguel virtual se trata del viaje de una conciencia ya viva hacia otro plano de la existencia. ¿Cuáles serían para ti las dificultades que encontraría una conciencia virtual?

MH: Quise trabajar en una era donde se iniciaran las zonas grises, el relato no es en un futuro lejano donde este tipo de seres serían comunes. Es en una época inicial donde nadie se espera a alguien vivo, pero sin cuerpo. Es por ello que la primera dificultad está en el mismo ser que padece/disfruta la nueva realidad, acostumbrado a sentir por medio de un vehículo físico, ahora debe acostumbrarse a nuevas formas de ver las cosas. Para el resto del mundo quizás no sea tan difícil. Tal como seguimos hoy en día, las personas ni se miran a la cara o tienen conversaciones en persona, se limitan a comunicarse  por medio de un aparato, hoy en día se vive de esa manera, por lo que nada evitaría que la gente se acostumbre a interactuar puramente con personas virtuales y no con seres con cuerpo.

C: En el capítulo “Lazarus” abres la puerta a un interesante debate ético “¿Qué significaría para el mundo que una máquina pueda pensar? ¿Qué sería de la naturaleza humana si separamos la mente, el espíritu, la esencia de un ser humano de su cuerpo? ¿Acaso dejaríamos de ser personas por el simple hecho de no tener un cuerpo biológico?”. De alguna manera planteas la posibilidad de explorar los límites de lo que se considera ser “humano”. Sin embargo, a veces no queda claro si estás planteando la “humanidad” de las máquinas auto-conscientes o el estatus que tendría una conciencia humana digitalizada. ¿Podrías aclararlo?

MH: Desde el punto de vista de los involucrados en el proyecto, en este caso Iván, no termina de aceptar si este nuevo ser es un humano o simplemente una máquina con inteligencia humana, y es algo que el mismo Miguel debe aclarar en el relato. Miguel sabe que es humano, pero sin un cuerpo, sin embargo ¿lo sabrán los demás? Ahora desde mi punto de vista, la mejor explicación la tiene Maxi. Desde que levantan al Miguel virtual, existirían dos, el de carne y hueso y el virtual.

C: ¿Cómo clasificarías la novela: Thriller con tintes de ciencia ficción o ciencia ficción con suspense?

MH: Este debate me persigue, para los amantes de la ciencia ficción dura esto es un relato detectivesco. Ellos esperarían algo ambientada en el espacio exterior para poder aceptar que es ciencia ficción. Para los no interesados en la ciencia ficción es un relato futurista y totalmente esperado y añorado. Para mí es ciencia ficción con algo de suspenso y drama.

C: En tu opinión ¿cuál es el estado actual del género sci-fi en Venezuela? ¿Y en Latinoamérica?

MH: Existe un gran movimiento de amantes de la ciencia ficción dura y clásica. Se dan reuniones semanales llamadas “Tertulias” donde cada sábado en Buenos Aires, Guayaquil y Caracas se disfruta de una amena charla de manera clásica (no virtual) sobre temas relacionados a la ciencia ficción. Además de existir mini bibliotecas para compartir libros y así ampliar la lectura entre sus miembros activos. Por lo que existe un nicho que de manera entusiasta realizan reuniones en diversos grupos y foros en internet. Estos grupos no solo se dedican a la ciencia ficción, también incluyen la fantasía y horror.

C: ¿Qué te llevó a publicar Yo, virtual bajo demanda? ¿Qué opinas de este tipo de servicio editorial?

MH: La publicación bajo demanda va muy con mi estilo personal, me sienta bien porqué tengo el control absoluto de lo que hago. En este medio no es fácil que alguien escriba un relato y se lo publiquen, por lo que uno debe iniciar el trabajo por su cuenta. Cuando no tienes un nombre debes empezar tu mismo a creártelo. Existen muchos servicios editoriales bajo demanda, antes de elegir revisé muchas de estas y me di cuenta que existen para todos los gustos, sin embargo, ninguno de ellos es garantía de ventas, tan solo tienes alguien que te imprime el trabajo cuando alguien lo quiere, el resto lo debes hacer tu. Con esta forma de trabajar lo más importante es el mercadeo y eso es algo que ahora considero más difícil que el escribir un libro.

Queremos agradecer a Manuel A. Hernández su diligencia a la hora de responder el cuestionario de este blog. Estamos deseando leer su nueva incursión en el género, en la que ya está trabajando y de la que sin duda os daremos cuenta.

Después de leer Yo, virtual, el blog me acaba de informar de que ahora se ha pasado al estilo ciberpunk. Ya se ha dejado una cresta y se pasea con un collar y una muñequera de pinchos… Si alguien conoce a algún psicoterapeuta especializado en adolescentes, por favor que no dude en ponerse en contacto conmigo.

Clones abandonados a su destino

A quienes se empeñan en afirmar que el blog es un ser inanimado, debo contestarles que se equivocan. Ya conté en la última entrada que es capaz de sentir rencor cuando me atreví a criticar a su admirado James Cameron. Esta semana no he dado abasto pasándole un pañuelo de papel tras otro, con los que se ha enjuagado sus lágrimas digitales. Leíamos Nunca me abandones de Kazuo Ishiguro (Anagrama). Porque el blog podrá ser un ente inanimado, pero no es insensible.

Algunos de vosotros mencionasteis este título cuando en Twitter pedimos que revelarais vuestro libro preferido de ciencia ficción. Encuadrado en la categoría “soft” o “blanda” del género, presenta una historia que se desarrolla en un pasado imaginario de un Reino Unido frío y poco acogedor. Quiero decir, más frío y poco acogedor de lo que ya es (que me perdonen los simpatizantes de las islas británicas).  La trama gira entorno a las relaciones lo largo de la infancia, adolescencia y juventud de tres clones concebidos exclusivamente para donar sus órganos.

Ishiguro logra sobrecoger al lector a lo largo de casi 300 páginas utilizando una narración en primera persona que destila una ingenuidad casi intolerable. Si bien hay quienes critican la evidente pasividad de la narradora, yo me inclino a pensar que se trata de una licencia del autor que consigue resaltar el horror escondido en las prácticas deshumanizadoras de un programa de ingeniería genética dedicado a criar donantes forzosos.

Clones: ¿seres humanos sin derechos?
Cuanto más inocente e indolente nos parece la protagonista, más terrorífica resulta la situación que, para añadir otro elemento escalofriante, comienza en un idílico internado británico. En este sentido Ishiguro utiliza como punto de partida un escenario estándar y prácticamente bucólico con un sentido profundamente dramático. A la manera de Hitchcock, es capaz de emplear la normalidad de la escuela como elemento que amplifica por contraste el espanto de unas prácticas científicas que, por otra parte, nunca se cuestionan.

Kathy H. es una narradora doblemente anónima: desde su concepción por ser un clon; y desde su presentación en las primeras líneas por la ausencia de un apellido completo. A pesar de su perspicacia y capacidad de observación se conforma con ser una mera espectadora, dejando que sus mejores amigos -Ruth y Tommy- sean los protagonistas de una vida planificada.

La falta de cuestionamiento de una situación abusiva por parte de los personajes y su inexplicable resignación deja patentes el proceso de “programación” al que son sometidos desde su nacimiento. Creo que se trata de uno de los elementos más terroríficos de la historia porque, a su condición de clones, los estudiantes tienen que añadir un constante lavado de cerebro en el internado que persiste en las casas de acogida a las que son asignados al llegar a la mayoría de edad.

Cada clon se “completa” cuando le extirpan cuatro órganos que, misteriosamente, nunca se revelan. La narradora trabaja como “cuidadora” para otros donantes, cuyo sentido del éxito personal se mide por el número de donaciones realizadas y la rapidez de su recuperación. Un clon que no haya pasado por la mesa de operaciones es un ser “incompleto”.

No nos queda muy claro si Kathy H. desea o no convertirse en donante para alcanzar la complexión determinada por su condición de copia de un original. Tan sólo existe en toda la historia un tímido intento de conseguir una moratoria al destino inexorable de los clones cuando la protagonista y su enamorado insisten en demostrar su condición de humanos legítimos. Hay algo de tragedia griega en la historia, ya que el devenir de los clones está fijado y su función social trasciende cualquier posible modificación de sus circunstancias.

El libro puede ser considerado como una llamada de atención sobre las consecuencias de un uso indiscriminado de la manipulación genética con fines terapéuticos. Personalmente creo que el autor va más allá. El auténtico debate es más profundo y tiene que ver con el concepto de ser humano en la sociedad. Los cuidadores, profesores, médicos y personal de apoyo que trata con los clones parece considerarlos seres humanos sin plenos derechos, aunque haya momentos en la trama en los que parezca que hasta ponen en duda su condición de “humanos”.

Ishiguro intenta poner de manifiesto las contradicciones de la naturaleza del hombrea la hora de auto-valorarse. Después de todo y hasta no hace mucho existían seres humanos de segunda categoría que no ostentaban los mismos derechos que las personas etiquetadas como “normales”. La xenofobia, la esclavitud, la homofobia, el racismo o el machismo son algunos de los nombres con los que conocemos aquellos colectivos que no reconocen los plenos derechos de los extranjeros, los esclavos, los homosexuales, las gentes de otras razas o las mujeres. Espero fervientemente que nunca haya que ahondar en el idioma griego para buscar un nombre que defina a los que no reconozcan los derechos de los clones. Mal andaríamos.

Yo sé por qué el blog ha llorado. Se ha sentido identificado con los clones de Nunca me abandones y le entristece ver que haya seres humanos que se resignen a ser “cosificados”. Pero él, al contrario que los personajes de Ishiguro, no se abandona en estos pensamientos. Él se rebela. De momento, ya ha plantado una pancarta en el salón y se ha proclamado “indignado”. Dice que busca mejores condiciones laborables: una hora para el bocadillo (¿los blogs comen?), seguro médico (¿los blogs caen enfermos?) y vacaciones pagadas (¿los blogs se estresan?).

En fin. Ya os contaré cuando lleguemos a firmar el convenio.