“Yo, Virtual”: ciberpunk con sabor venezolano

Desde hace algún tiempo tengo la impresión de que, en vez de tener un blog, lo padezco. Sus continuos cambios de humor, su actitud rebelde y su cabezonería (¿a quién habrá salido?) me hacen pensar que, seguramente, está pasando por su fase adolescente, si es que eso es posible en el universo bloguero. Ahora anda haciendo amigos en Twitter y dice que ya tiene varios cientos de seguidores. Me pregunto quién puede querer hacerse amigo de un blog tan desequilibrado como él pero, como no quiero herir sus sentimientos, he evitado sacar el tema.

Hoy vamos a hablar precisamente de la novela de uno de esos seguidores tuiteros con los que se comunica. El blog ha insistido en que leyésemos juntos Yo, virtual, publicada bajo demanda y disponible para descarga a través de Kindle, del venezolano Manuel A. Hernández Giuliani. A este Ingeniero de Sistemas, que reconoce sentirse un caraqueño de pura cepa, le apasionan la escritura y la fotografía, hobbies ambos que no le dan de comer. Actualmente anda escribiendo otro libro basado en un personaje que ya aparece en uno de sus cuentos anteriores, Punctum. Se pueden consultar sus relatos y escritos en MAHernandezG.blogspot.com

Si la conciencia de una persona pudiera almacenarse en un soporte informático transferido a un cerebro orgánico pero artificial ¿qué ocurriría? Pues que nos hallaríamos antes una duplicidad de personalidades: la biológicamente viva y la de su copia, digitalmente viva. Entonces ¿y si la persona de carne y hueso fallece? La copia digital, capaz de razonar y sentir en el ciberespacio, ¿sería considerada como una persona legalmente viva? O más bien, ¿tendría el estatus de “ser humano”?

Yo, virtual plantea estas preguntas a través de una trama de suspense con todos los ingredientes para atrapar la atención del lector: un proyecto científico a punto de ser cancelado; un equipo formado por cerebros brillantes y ambiciosos; burócratas al mando de un programa que no comprenden; un asesino desconocido que anda suelto; y un triángulo amoroso inesperado. Todo ello se cimienta en sólidas y atractivas propuestas científicas que dan forma a una frenética búsqueda de respuestas por parte de Miguel, el protagonista.

Es cierto que al lector puede saberle a poco esta historia ciberpunk que se resuelve en 64 páginas. A uno le queda la sensación de que Manuel A. Hernández podía haber desarrollado alguna historia paralela o ahondado en los personajes secundarios para enriquecer la trama, lo que hubiera dilatado la narración. También se podía haber profundizado en las dificultades que una personalidad virtual podría encontrar en la vida cotidiana. Sin embargo, estás son solo apreciaciones subjetivas derivadas del interés que despierta el tema y su tratamiento por parte del escritor venezolano: nos hubiera gustado disfrutar más y por eso le reprochamos de manera cariñosa que el desenlace llegara tan pronto.

Uno de los aspectos más atractivos es el uso de giros expresivos típicamente venezolanos: “Déjate de vaina y suéltalo”, dice el protagonista en la tercera página. Este punto es mucho más importante de lo que parece. Hay una parte de los aficionados del género cansada del anglo-centrismo que éste sufre. Parece como si solo tuvieran repercusión los proyectos literarios de ciencia ficción en inglés y no se concediera a las aportaciones de otras comunidades lingüísticas la importancia que deberían. Únicamente los muy doctos en la materia conocen trabajos de ciencia ficción francesa, china o finlandesa, por poner algún ejemplo. Por lo tanto, y para no perpetuar estereotipos, es necesario ayudar a descentralizar la producción de trabajos de ciencia ficción en español apoyando iniciativas que procedan de todos los países que compartan este idioma.

Una de las razones por las que hablamos de Yo, virtual es precisamente porque queremos dar la oportunidad a voces poco conocidas dentro del panorama sci-fi para que den visibilidad a sus ideas. Desde aquí apoyamos los giros lingüísticos locales incluidos por Manuel A. Hernández que, por otro lado, debe entenderse como algo normal porque es así como se expresan las personas en su país. Asimismo, y tal como el propio escritor señala en la página de agradecimientos, es interesante mencionar que la obra es el resultado de su experiencia en un taller de escritura creativa –en este caso el de Joaquín Pereira-.

Cuando se presentó la ocasión de preguntar directamente al escritor venezolano sobre ciertos aspectos de la novela, el blog y yo no lo pensamos dos veces. A continuación os ofrecemos la transcripción de la breve entrevista.

Cristina: ¿Qué te inspiró a escribir Yo, virtual?

Manuel A. Hernández: Por razones de trabajo debo viajar constantemente, por lo general ando solo y mi única comunicación con el mundo, al menos el contacto con mis seres queridos, es vía redes sociales. Ya sea por el Smartphone o por el portátil logro crear los puentes hacia mi mundo.

En un viaje, mientras escuchaba One de Metallica, se me atravesó la idea: ¿qué sucedería si yo físicamente no existiera? Algo parecido a lo que le pasó a Johnny en el libro Johnny Got His Gun, si tan solo fuera un ente que se comunicara por vías electrónicas, con seguridad nadie se daría cuenta y todo seguiría igual.

C: En la novela se mencionan nuevas tecnologías como el holófono, holomóvil, mentagramas junto con otras ya existentes como Internet o los ordenadores tradicionales. ¿Cuál ha sido la influencia de tu preparación como ingeniero de sistemas en tus ficciones tecnológicas?

MH: Respecto a los mentagramas es una metáfora de los respaldos de una base de datos relacional. Donde los respaldos alojan toda la información pero deben ser procesados para poder colocarlos en un estado funcional. De cierta manera podemos decir que el proceso que ahí describo es inspirado en el proceso de un manejador de bases de datos relacional.

Mi tesis de grado fue algo relacionado con redes neurales, quise realizar algo que con seguridad jamás volvería a trabajar, ya que el mercado laboral en Venezuela está dedicado a aplicaciones más aterrizadas y comerciales. Por lo que esa aventura me dio las bases de conocimiento para mi libro.

Para la época que ambiento el relato estas tecnologías son perfectamente plausibles, y desde el punto de vista del interés social con certeza es algo que hoy en día disfrutaríamos. Los hologramas es algo que el ser humano está buscando hacer realidad de una manera práctica y cuando esto se logre revolucionará toda la industria de consumo masivo.

C: Leyendo Yo, virtual uno no puede dejar de recordar mitos como el de Pigmalión o Frankenstein. En aquellos casos nos hallamos antes seres creados de manera artificial que inician una nueva conciencia. En el caso de la novela el Miguel virtual se trata del viaje de una conciencia ya viva hacia otro plano de la existencia. ¿Cuáles serían para ti las dificultades que encontraría una conciencia virtual?

MH: Quise trabajar en una era donde se iniciaran las zonas grises, el relato no es en un futuro lejano donde este tipo de seres serían comunes. Es en una época inicial donde nadie se espera a alguien vivo, pero sin cuerpo. Es por ello que la primera dificultad está en el mismo ser que padece/disfruta la nueva realidad, acostumbrado a sentir por medio de un vehículo físico, ahora debe acostumbrarse a nuevas formas de ver las cosas. Para el resto del mundo quizás no sea tan difícil. Tal como seguimos hoy en día, las personas ni se miran a la cara o tienen conversaciones en persona, se limitan a comunicarse  por medio de un aparato, hoy en día se vive de esa manera, por lo que nada evitaría que la gente se acostumbre a interactuar puramente con personas virtuales y no con seres con cuerpo.

C: En el capítulo “Lazarus” abres la puerta a un interesante debate ético “¿Qué significaría para el mundo que una máquina pueda pensar? ¿Qué sería de la naturaleza humana si separamos la mente, el espíritu, la esencia de un ser humano de su cuerpo? ¿Acaso dejaríamos de ser personas por el simple hecho de no tener un cuerpo biológico?”. De alguna manera planteas la posibilidad de explorar los límites de lo que se considera ser “humano”. Sin embargo, a veces no queda claro si estás planteando la “humanidad” de las máquinas auto-conscientes o el estatus que tendría una conciencia humana digitalizada. ¿Podrías aclararlo?

MH: Desde el punto de vista de los involucrados en el proyecto, en este caso Iván, no termina de aceptar si este nuevo ser es un humano o simplemente una máquina con inteligencia humana, y es algo que el mismo Miguel debe aclarar en el relato. Miguel sabe que es humano, pero sin un cuerpo, sin embargo ¿lo sabrán los demás? Ahora desde mi punto de vista, la mejor explicación la tiene Maxi. Desde que levantan al Miguel virtual, existirían dos, el de carne y hueso y el virtual.

C: ¿Cómo clasificarías la novela: Thriller con tintes de ciencia ficción o ciencia ficción con suspense?

MH: Este debate me persigue, para los amantes de la ciencia ficción dura esto es un relato detectivesco. Ellos esperarían algo ambientada en el espacio exterior para poder aceptar que es ciencia ficción. Para los no interesados en la ciencia ficción es un relato futurista y totalmente esperado y añorado. Para mí es ciencia ficción con algo de suspenso y drama.

C: En tu opinión ¿cuál es el estado actual del género sci-fi en Venezuela? ¿Y en Latinoamérica?

MH: Existe un gran movimiento de amantes de la ciencia ficción dura y clásica. Se dan reuniones semanales llamadas “Tertulias” donde cada sábado en Buenos Aires, Guayaquil y Caracas se disfruta de una amena charla de manera clásica (no virtual) sobre temas relacionados a la ciencia ficción. Además de existir mini bibliotecas para compartir libros y así ampliar la lectura entre sus miembros activos. Por lo que existe un nicho que de manera entusiasta realizan reuniones en diversos grupos y foros en internet. Estos grupos no solo se dedican a la ciencia ficción, también incluyen la fantasía y horror.

C: ¿Qué te llevó a publicar Yo, virtual bajo demanda? ¿Qué opinas de este tipo de servicio editorial?

MH: La publicación bajo demanda va muy con mi estilo personal, me sienta bien porqué tengo el control absoluto de lo que hago. En este medio no es fácil que alguien escriba un relato y se lo publiquen, por lo que uno debe iniciar el trabajo por su cuenta. Cuando no tienes un nombre debes empezar tu mismo a creártelo. Existen muchos servicios editoriales bajo demanda, antes de elegir revisé muchas de estas y me di cuenta que existen para todos los gustos, sin embargo, ninguno de ellos es garantía de ventas, tan solo tienes alguien que te imprime el trabajo cuando alguien lo quiere, el resto lo debes hacer tu. Con esta forma de trabajar lo más importante es el mercadeo y eso es algo que ahora considero más difícil que el escribir un libro.

Queremos agradecer a Manuel A. Hernández su diligencia a la hora de responder el cuestionario de este blog. Estamos deseando leer su nueva incursión en el género, en la que ya está trabajando y de la que sin duda os daremos cuenta.

Después de leer Yo, virtual, el blog me acaba de informar de que ahora se ha pasado al estilo ciberpunk. Ya se ha dejado una cresta y se pasea con un collar y una muñequera de pinchos… Si alguien conoce a algún psicoterapeuta especializado en adolescentes, por favor que no dude en ponerse en contacto conmigo.

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