Pulp fiction

Que el blog es un ser caprichoso no es un invento mío. Desde que apareció, mi vida social se ha visto cruelmente reducida a tímidos intentos por recrear mis famosas barbacoas de antaño. Digo “recrear” porque aunque la parrilla, la carne y la bebida están presentes, el resto de elementos parecen sacados de un set televisivo de comedia de situación de serie B. Mis invitados están desarrollando alergia hacia mis artes barbaconenses. Estoy convencida de que la comida es tolerable. Es el blog y su inseparable mascota “Banny” quienes arruinan las reuniones con su voraces llamadas de atención.

Porque ¿cómo mantener una conversación inteligible cuando un banner variable se presenta de manera intermitente en medio de los convidados? El blog tampoco ayuda. Sigue vistiendo de negro, emulando a los antiguos árbitros, y no deja de tocar su silbato haciendo como que entrena. Yo intento dar la vuelta a la carne mientras distribuyo tapones para los oídos. Esa técnica funciona muy bien a la hora de aislar a los invitados del ruido arbitral, pero no estimula las tertulias.

miNatura: Premio Scifiworld al mejor fanzine

La entrada de hoy está dedicada a un tertuliano imprescindible en estas reuniones, y que aún no nos ha desertado: Ricardo Acevedo Esplugas. Se trata del director de la revista digital miNatura http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/ ganadora este año del Premio Scifiworld al mejor Fanzine.

Entre risas, Ricardo cuenta de sí mismo que ha dirigido el montaje de un TAC, reparado la gran escalinata del Capitolio Nacional cubano, vendido algodón de azúcar,  tupperwares y queso a domicilio, reparado y construido barcos, impartido talleres y conferencias y escrito un puñado de mis versos y cuentos andan dispersos por ahí.

Todo el mundo sabe que Cuba es tierra de prodigios impredecibles. Quizás sea por eso por lo que Ricardo eligió nacer en La Habana en 1969. Ya sé lo que estáis pensando: nadie elige dónde nace. Yo no estoy tan segura. Para ser lo que ahora es -narrador y poeta, editor incansable y divulgador mágico- este ingeniero naval y civil, que desde hace unos años vive en España, tenía que haber llegado al mundo en aguas caribeñas. Fue allí donde empezó a interesarse por la literatura y a combinar su formación científica con estudios de periodismo, marketing o publicidad, así como ha participar en los talleres literarios Oscar Hurtado, Negro Hueco, Leonor Pérez Cabrera y Espiral.

Acevedo Esplugas ha obtenido diferentes premios de literarios, como el segundo premio de la Revista Juventud Técnica en el año 2005 con el cuento “…In corpore sano”, el primer premio de poesía Casa Canaria de La Habana y el premio especial Dinosaurio de Minicuento 2006. Relatos suyos han aparecido en las antologías Secretos del futuro (Editorial Sed de Belleza, 2006), Crónicas del mañana: 50 años de cuentos cubanos de ciencia ficción (Editorial Letras Cubanas, 2008) y Tiempo CeroQuince años de ciencia ficción en Juventud Técnica (Casa Editora Abril, 2012).

Desde 1999 es director, junto con Carmen Rosa Signes Urrea, de la revista digital miNatura que publica microficciones del género fantástico, de ciencia ficción y de terror. Anualmente, y comenzando desde el año 2002, esta publicación sin ánimo de lucro promueve el Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura. La revista acepta microcuentos de hasta 25 líneas,  poemas de hasta 50 versos y artículos de entre 3 a 6 páginas. Todos ellos deben seguir el tema propuesto para el número en preparación pudiendo ser inéditos o no.

También se puede colaborar en la revista con ilustraciones, fotografías originales, cómic o tira de hasta 2 páginas sin importar que ya hayan sido ya publicadas, siempre que sigan el tema del dossier en preparación y estén libre de derechos. En ningún caso los autores pierden los derechos de autor sobre sus creaciones y se publica un breve currículum personal y literario de quienes colaboran. Como editor, Ricardo se rige por cuatro reglas “estrictas”: nunca publica un cuento cuyo final sea un sueño; nada de espejos; si el protagonista despierta, que no sea en una habitación en blanco; al final de la historia, cuando aparezca una lápida, que no contenga el nombre del protagonista.

Una vez calmados blog y mascota, nos disponemos a entrevistar a Ricardo, que amablemente se presta a nuestras pretensiones, siempre con una sonrisa más amplia que la isla de la que procede.

Cristina: Cuéntanos sobre tus inicios en la literatura.

Ricardo Acevedo: Comencé a escribir a mediado de los 80 malísimos cuentos en solitario, todos predecibles y terriblemente ingenuos. Hasta que descubrí una nota en un dominical que hablaba de un taller literario llamado Oscar Hurtado -importante escritor del fantástico cubano- y allí conocí a lo mejor de la ciencia ficción cubana –Daína Chaviano, José Miguel Sanchez “Yoss”, Bruno Enríquez, Raúl Aguiar, y Ricardo García Fumero entre otros-. Entre sus duras y ponzoñosas críticas forjé mis primeras letras. Recuerdo un cuento sobre un egiptólogo que buscaba una tumba de un oculto faraón… ¡Pésimo! (Risas)

C: ¿Cuándo y cómo comenzó miNatura?

RA: Nació en La Habana Vieja, Cuba. En enero de 1999 salió a la luz el número cero y como anécdota te puedo contar que agregue una nota en la que decía que era “Patrocinada por La Biblioteca Nacional José Martí“, una mentirijilla que llegó a oídos del director del centro. Este me citó y finalmente ¡aceptó apoyarme en mi proyecto!

C: ¿Cuál es el objetivo de la revista?

RA: Mantener el estilo del viejo pulp -¡No renunciaré a las dos columnas! (risas)-, dar a conocer nuevos talentos y estimular la lectura de los clásicos.

C: Habéis tocado innumerables números dedicados a un tema concreto. ¿De cuál os sentís especialmente satisfechos?

RA: En un principio deseaba que miNatura fuera una publicación más dedicada al dadaismo y el absurdo, temas que me limitaron mucho y me obligaron a abrir las puertas al fantástico, terror y ciencia ficción en general y a conocer a Carmen Rosa Signes Urrea (¡amada esposa y co-directora!). Surgió la idea del dossier especializado que en mi opinión obliga al escritor a investigar en cada número. ¿Satisfecho? ¡Del de Ciberpunk! –http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2010/05/04/revista-digital-minatura-102– ¡Hay realmente un antes y un después de este número por el interés generado y la cantidad de colaboradores! ¿El más complejo? ¡Steampunk! –http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2012/01/12/revista-digital-minatura-116– ¿Cuales volvería a tratar?  ¡El dedicado a la Locura! –http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2008/08/08/revista-digital-minatura-58-59– ¡y el dedicado al diablo! –http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2008/11/21/revista-digital-minatura-87– entre otros.

C: ¿Cuáles son vuestros criterios a la hora de publicar un relato?

RA: El cuento debe poseer ese sense of wonder (el savoir-faire de la literatura fantástica) que le hace destacar. Por especificaciones de la revista, debe tratar el tema correspondiente y sobre todo, ¿no darle comida después de Medianoche? ¡No!,… no sobrepasarás las 25 líneas (risas).

Cristina: En tu opinión, ¿cuál es el estado actual de la ciencia ficción en general? ¿Y del mercado iberoamericano en particular?

Ricardo Acevedo: Creo que la crisis (¡si, la crisis!) estimula el escapismo. Moleste o no es la base de la temática fantástica y eso genera todo un nicho que se tenía abandonado. El friki pasa a ser un consumidor importante y se convierte en héroe (como en la serie Big Bang Theory) y se rescatan clásicos que nos rememoran tiempos mejores (Doctor Who). El mundo anglosajón tiene una gran tradición que sabe explotar, algo que nos hemos empeñado en negar u ocultar los hispano parlantes. Salvo algunas excepciones como Borges y Cortázar, que se reconocieron a si mismos como deudores de lo fantástico, esta categoría fue vista como una especie de estigma durante mucho tiempo. Es ahora otra vez que lo fantástico resurge gracias a la revistas de género (risas) o a los blogs especializados.

Cristina: ¿Hay alguna característica que pienses que diferencie a estos mercados del resto?

Ricardo Acevedo: El lector del mainstream -no todos, claro está- devora un bestseller en verano y jamás volverá al libro. El lector del fantástico es un lector fiel y especializado, conocedor del tema, por lo que le convierte en exigente con el producto que consume.

Cristina: ¿Qué consejo le daríais a los jóvenes escritores, ilustradores, dibujantes que quieren darse a conocer?

Ricardo Acevedo: Mi consejo es que concentren su esfuerzos en las publicaciones existentes más que sobre los concursos cuyos mecanismos de selección son más limitados y, por ello, todos los trabajos no pueden ser incluidos.

Cristina: ¿Qué opináis del crowfounding, la auto-publicación y la generalización de los nuevos dispositivos de lectura y e-books?

Ricardo Acevedo: Creo que son métodos tan validos cómo el tradicional. Hay excelentes ejemplos de auto-publicación que han funcionado muy bien, aunque estos sistemas aún se encuentran en pañales y prefiero mantenerme como observador. El e-book es una herramienta -que varía según las editoriales- al alcance de todos y debe ser aprovechada como tal. Hasta que su plataforma no se universalice y terminen las competencias entre los monstruos de la distribución no veremos resultados verdaderamente favorables.

Cristina: Como curiosidad para nuestros lectores ¿cuál es la obra de ciencia ficción que os llevarías a una isla desierta? ¿Por qué?

Ricardo Acevedo: Créeme, no la llevaría en una tablet (risas) y dudaría entre dos libros: Neuromante de William Gibson y Bosque Mitago de Robert Holdstock. Ambas obras, ya vez que son temas extremos, me hicieron salir -léase abandonar- el camino de los clásicos para descubrir que había algo más allá de P. K. Dick y Tolkien.

Queremos agradecer a Ricardo su disponibilidad a la hora de responder a nuestras preguntas, a pesar de los numerosos contratiempos a los que ha tenido que hacer frente con una sonrisa y mucho sentido del humor, eso siempre.

El blog quiere organizar una pijama-party…

… yo ni siquiera sabía que los seres virtuales duermen, mucho menos que utilizan pijama…

“Incandescence” de Greg Egan

La creencia de que uno escoge los libros que lee es solo una ilusión. Hay libros que te escogen… con premeditación y alevosía. Encontré Incandescence de Greg Egan en medio de una monumental pila de títulos en la librería de un supermercado. Fue un encuentro poco glamoroso, lo reconozco. Los carritos de la compra nos rodeaban y la gente intentaba –sin mucho éxito- maniobrar para no estamparse contra la pirámide de obras situadas bajo el cartel de las rebajas ocasionales.

El libro de Egan destacaba porque su sobrio diseño de portada nada tenía que ver con las novelas de la Steel, los recetarios de cocina y las antologías de cuentos infantiles con los que se codeaba. Reconocí el nombre del autor y tomé el libro extrañada de encontrármelo allí. Confieso que miré a mi alrededor varias veces buscando la cámara oculta. Porque encontrar una obra de un autor de ciencia ficción dura en la sección de libros de un supermercado puede deberse solo a dos causas: una singularidad abierta en la fibra del espacio-tiempo o una broma televisiva. Creo que, en este caso, tiene más sentido la singularidad.

Ahora estoy firmemente convencida de que Incandescence me eligió por ser una de las pocas personas que conocía a su autor en aquel lugar y por ser mundialmente conocida por mis dotes rastreadoras –me tienen fichada en librerías y bibliotecas-, lo que quiere decir que fisgoneo y desordeno las estanterías y destruyo pilas perfectas de libros para rebuscar.

Sé lo que estáis pensando. ¿Cómo te has atrevido con Greg Egan si eres de letras? Vaya por delante que a mí, eso de las etiquetas, me la bufa. Lo siento, tenía que decirlo. No creo que nadie tenga derecho a ponerle vallas a mi querencia por el género. Las categorías, cuando son descriptivas y no prescriptivas, solo me ayudan a entender: nunca a juzgar. En este sentido, también me revienta que se dude de la capacidad de los científicos para componer trabajos de ficción. La creatividad, y creo que el talento también, desconocen el partidismo. No se adhieren al pellejo del escritor porque tenga las paredes pobladas de diplomas de estudios clásicos.

Dos historias: mucho hilo que ovillar

Lo cierto es que en Incandescence hay algo más que física para deleitar a los teóricos más recalcitrantes. La novela se estructura en torno a dos historias paralelas que se acercan con la misma fuerza gravitatoria con la que la estrella de neutrones descrita en una de ellas atrae al mundo conocido como la Esquirla.

No somos muy fans de las historias paralelas, el blog y yo. Como ya explicamos en la entrada dedicada a El vacío de los sueños de Peter F. Hamilton, este tipo de narración nos distrae, nos altera y nos confunde a partes iguales.  Por un lado, en Incandescence se narran las aventuras de Rakesh, un vividor espacial de vuelta de todo decidido a desentrañar el enigma que una raza desconocida le propone. La motivación de Rakesh para aceptar el insólito desafío de dicha raza, los Distantes –el nombre lo dice todo-, es una de las fuerzas más poderosas y universales que existe: el aburrimiento. Rakesh es prácticamente inmortal, lo que es sinónimo de decir que el hastío lo invade, porque nada le consigue conmover.

Egan nunca explica quiénes son los Distantes ni a qué dedican su tiempo libre. Tampoco se digna a mencionar por qué les interesa que Rakesh se ponga a investigar un meteorito con restos de ADN de una especie emparentada con la humana. El tipo se pasa la mayor parte de la trama cuestionando, y nosotros con él, las razones de los Distantes para actuar sin ser vistos. El blog y yo creemos haberlas identificado. Para conocerlas, remitimos al lector al párrafo anterior: seguramente, se trate de una forma de combatir el aburrimiento. No hay nada como pasar el tiempo entreteniéndose en ser testigos de las miserias intelectuales de los demás: ahí están los realities.

La ética del intervencionismo, que es como yo llamo al debate sobre el derecho a interferir en el desarrollo histórico de otra especie, tortura a Rakesh de manera incomprensible. A veces, sus conversaciones con su compañera de viaje –de nombre impronunciable- nos dejan un extraño sabor de boca porque parece que ambos se limitan a defender posturas antagónicas con una cabezonería poco atractiva, si se me permite decirlo.

Mundo-Esquirla

Por otro lado, en la segunda trama que se va intercalando con la primera, Incandescence nos trasporta hasta un mundo imposible: un trozo de roca –la Esquirla- posicionado en el disco de acreción de un agujero negro. Cuando una estrella de neutrones amenaza la órbita del mundo, sus seres intentan buscar una manera de evitar el apocalipsis. Dichos seres artrópodos parecen ser los portadores del ADN que Rakesh anda buscando por toda la galaxia… y hasta ahí puedo leer sobre este asunto.

Ahora, quiero un redoble de tambores, si me lo permitís. Porque, precisamente en mi total desconocimiento de la física relativista, reside mi interés por las historias de Egan en Incandescence. Porque yo no puedo seguir los planteamientos teóricos de los cangrejoides de la Esquirla a la hora de determinar la órbita de su querido trozo de roca. Pero puedo entender qué significa para una cultura -sean cangrejos, ectoplasmas o seres humanos- construir el edificio del saber, como decía Descartes, a partir de la observación y la reflexión. Esos seres tan insignificantes son capaces de trabajar en equipo para salvar su mundo contando solo con el poder de su capacidad de raciocinio, algunos muelles, unas piedras, varios pergaminos, unos cuantos ábacos y mucha geometría. ¿Cómo os habéis quedado? Supongo que flipando… como el blog y yo.

Solo podemos especular sobre los motivos por los que Egan se inclina por hacer un pespunte de historias que se entrelazan sin tocarse: ¿quiere que nos devanemos los sesos? ¿no sabe cómo rematar la jugada? ¿desea dar pie a las especulaciones? Es cierto que existe una página web en la que el australiano da pistas sobre los conceptos  científicos empleados en la historia http://gregegan.customer.netspace.net.au/INCANDESCENCE/Incandescence.html. Es cierto también que si tienes unos mínimos conocimientos de física relativista, la página consigue arrojar luz sobre los movimientos orbitales descritos en la novela. Es tristemente verdad que ni al blog ni a mí nos sirvió de mucho…

Tengo que admitir que Incandescence no es para cualquier lector, ni siquiera para cualquier aficionado de ciencia ficción. Es un libro que, como dice John Scalzi en la web de Egan, hay que leer con una hoja en sucio en la que puedas garabatear los nombres de las direcciones del mundo-Esquirla y los movimientos orbitales.

A pesar de su extraña estructura y no menos extraños personajes, y del tiempo que hemos invertido en leer con atención todas las observaciones científicas sin entenderlas, Incandescence acaba atrapándote de la misma manera que lo haría el agujero negro que describe. Seguramente nuestros “desconocimientos físicos” nos han forzado a encontrar otros aspectos –éticos, epistemológicos, folclóricos- en los que deleitarnos.

Le digo al blog que Egan es un escritor brillante que no deja indiferente al lector.

El blog asiente con la mirada un poco perdida mientras se registra voluntariamente en una clínica online de desintoxicación Egeniana

 

Carta de amor… a un libro

Lo mío con los libros fue un amor a primera vista. Me atraparon con su sonrisa cuando yo debía tener unos cinco o seis años y, desde entonces, permanezco bajo su hechizo. “¿Los libros sonríen?”, me preguntareis. Y yo os contesto: “¿a qué se parece un libro abierto visto de frente y de perfil?”. Para algunos tiene forma de pájaro volando… yo siempre he creído que parece una boca sonriente.

Recuerdo perfectamente la cartilla de lectura: “a” de “araña”, “e” de “elefante”, “i” de “iglesia”, “o” de “ojo” y “u” de “uvas”. La mayoría de los niños de mi edad advertían en la cartilla garabatos gordos y delgados que iban adquiriendo sentido y que, combinados unos con otros, destrababan el secreto de la lectura. Yo, en cambio, veía arañas de ojossaltones que habitaban iglesias construidas sobre elefantes y que se nutrían de toneladas de uvas. Y aunque hoy en día esté leyendo la receta de las chuletas de ternera con salsa “Bordelaise”, las arañas siguen correteando por las esquinas de las páginas del libro de cocina…

Si preguntásemos a cada entusiasta de la literatura por las razones que le llevan a dar rienda suelta a su afición, seguro que no obtendríamos dos respuestas iguales. Primero, porque las horas pasadas rodeados de palabras los hace inclinarse hacia una cierta incontinencia verbal (para muestra, léase este blog), algo difícil de reproducir con fidelidad. Segundo, porque cada persona esgrimirá motivos distintos: escapismo, estimulación sensorial, sed de conocimientos, entretenimiento, etc. Todas son válidas y honorables porque la percepción y deguste de cualquier obra creativa es una experiencia individual y privativa, otra forma de decir que “para los gustos, los colores”.

Yo tengo mis razones, que no son ni mejores ni más válidas ni más honorables que las del resto de aficionados. A mí, los libros me gustan porque me hacen sentirme libre. Desde el mismo momento que tomo un libro en mis manos u hojeo un catálogo de e-books por Internet, soy yo la que decido si lo leo o no. Cuando los estoy leyendo, soy yo la que decido si merece la pena y continúo hasta el final. Si mi juicio me ha jugado una mala pasada y la obra no despierta el interés prometido, puedo cerrar el libro o el e-book y buscar otro.

Este punto merece un aparte: en mi mundo, no hay peor pecado que no terminar de leer una obra. Es una especie de insolencia silenciosa hacia la historia, una injuria que desvaloriza las horas que el autor ha invertido escribiendo, editando, corrigiendo. Confieso que soy una pecadora: mi estómago no ha sido lo suficientemente fuerte como para terminar algún que otro libro.

Los libros nos hacen libres porque despiertan nuestro espíritu crítico. Lo liberan, principalmente, sacándolo de la apatía en la que esta sociedad lo sumerge con todo su arsenal mediático y económico. No estoy haciendo una crítica de la cultura actual –yo misma soy Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas, lo que quiere decir que soy una “boina verde” del sistema- solo pongo de manifiesto alguno de sus efectos sedantes.

Ya sé qué estáis pensando: las campañas de marketing y la política comercial de las editorial y las distribuidoras marcan las pautas de lo que está disponible y puede encontrarse en los puntos de ventas. Pero gracias a las “autopistas de la información”, o sea los motores de búsqueda, redes sociales, blogs literarios, enciclopedias online, webs de autores, editoriales independientes, librerías virtuales, asociaciones literarias y páginas de clubs de lectores, yo puedo elegir con cierta independencia los títulos que me interesa leer. El único obstáculo infranqueable reside en la descatalogación o el agotamiento de algunas ediciones en papel, aunque hoy en día existen webs dedicadas tanto a la recuperación de estas obras como a su conversión en e-books para garantizar un aprovisionamiento mínimo. Además, hay páginas como Creative Commons http://creativecommons.org que ofrecen un marco utilizar y compartir textos sin ánimo de lucro.

Cuando estoy leyendo no solo voy desmadejando las historias contadas, sino que también imagino situaciones, relaciono la narración con otras obras,  conecto el estilo del autor con el de otros escritores, bosquejo sub-tramas, construyo físicamente los personajes… además de que disfruto con el flujo de las palabras. Me susurran aventuras y destapan misterios con la misma facilidad con la que me aterrorizan o me hacen llorar de risa.

En resumen… soy libre para viajar… sin reservar billetes de tren ni hoteles… con un libro. ¿Entendéis ahora mi enamoramiento?

 

“Entre Extraños”: Sobrevivir gracias a la imaginación

“-Hola, mi nombre es Cristina y… yo también tengo un blog”.  “-¡Bienvenida, Cristina!”, corearon al mismo tiempo los miembros de la asociación de padres de criaturas virtuales en la que me acabo de inscribir. La reunión parece una convención de personajes sacados de un manual geek: hay madres de chats, padres adoptivos de páginas flash, responsables de motores de búsquedas, padrinos de webs dinámicas, tutores de navegadores… y un montón de parejas de padres de blogs.

Como soy madre soltera del blog, me siento un poco fuera de contexto: no conozco a nadie y voy sola, bueno… no exactamente, vine con el blog que, a su vez, se ha traído a su mascota “Bany”,un anuncio pop-up con mucha personalidad.

El blog me suplicó que viniéramos porque dice que se siente incomprendido por mi parte. Parece que no bastan las costosas sesiones con el psicólogo de blogs a las que he accedido que acudamos de manera conjunta. Dice que las sesiones solo le aislan más. Necesita sentir que forma parte de una comunidad con seres en situaciones semejantes. Y defiende que yo necesito encontrar otras personas que compartan mis experiencias para poder entenderlo mejor.

Suspiro.

Busco en la agenda del día si hay alguna charla organizada sobre el creciente narcisismo y/o egocentrismo de las criaturas virtuales. Lo más parecido que encuentro es un panel sobre Virtualidad y Teoría de la Identidad.

Suspiro otra vez.

El blog cree fervientemente que sentirse fuera de contexto es una señal de anormalidad. Yo creo que es todo lo contrario. Es un sentimiento universal que todos los adolescentes experimentan alguna vez… y no tan adolescentes. ¡Negadme que alguna vez alguno de vuestros compañeros de pandilla nos os miro raro cuando comentasteis que el viernes por la tarde os habíais quedado leyendo… no sé, Hyperion de Dan Simmons, por ejemplo! ¡Decidme que no sentisteis los ojos del resto de chavales clavados en vuestra nuca en un recreo cuando os oyeron reír leyendo Guía del Autoestopista Galáctico de Douglas Adams!

Ganando el premio Hugo sin ser del gremio

En eso y en otras cosas debía estar pensando Jo Walton mientras escribía Entre Extraños, la flamante ganadora del premio Hugo de este año. La novela será publicada en nuestro país próximamente por RBA Fantástica, el sello de la editorial dedicado a la ciencia ficción y la fantasía.

A simple vista, Entre Extraños es una novela sobre “groupies” del género, esas solitarias criaturas que se enroscan en los rincones sobre sus “pilas de libros”, desafiando el tiempo, el espacio y el presupuesto. En realidad, los aficionados a cualquier tipo de literatura se sentirán identificados con Mori, la protagonista, cuyo pasión por los libros la llevará en un principio a desconectar del mundo para conducirla luego a zambullirse en él.

Jo Walton no se queda en la superficialidad del concepto del fan sino que ahonda en su significado, ofreciendo una visión enriquecida por las numerosas referencias literarias que la protagonista nos regala a lo largo de la historia: una afición puede servir no solo para superar traumas familiares sino para establecer la propia identidad y para sentirse partícipe de un grupo con intereses comunes. Mori se da cuenta de que la bibliotecas son lugares únicos en donde donde convergen todos los lugares, un poco a la manera de el Aleph de Borges.

Mori no es una protagonista cualquiera. No queda muy claro en el texto si está suplantando la personalidad de su hermana gemela muerta, supuestamente, en un incidente provocado por la madre de ambas, o si se posee una doble personalidad. Al final, poco importa para el desarrollo de la trama aunque puestos a especular, el blog y yo nos inclinamos por la segunda opción. No pude dejar de pensar en Her Fearful Symmetry de Audrey Niffenegger, esa autora de apellido imposible de pronunciar conocida por escribir la “Ophrarizada” The Time´s Traveller Wife. La historia de Niffenegger también habla del conflicto encubierto entre las personalidades de dos gemelas capaces de ver fantasmas en un apartamento cercano a un conocido cementerio londinense.

En Entre Extraños quizás sea más claro el conflicto entre la madre y la/s hija/s aunque también se percibe una clara tensión entre las dos personalidades gemelas. Las relaciones disfuncionales de una familia que no lo es, con una madre ausente y enloquecida y un padre desconocido que se va materializando a lo largo del libro, dan paso a una miríada de parientes que ofrecen el anclaje emocional necesario para que la adolescente protagonista supere sus traumas.

Poco sabemos de dichos traumas, pues la historia solo ofrece veladas referencias en el diario a veces escueto y a veces detallado del personaje principal. Escrita en primera persona y con la ágil estructura de un registro casi diario, la trama se despliega ante los lectores desde el punto de vista de Mori. Es decir, se trata de una historia plagada de interpretaciones subjetivas de los acontecimientos que vive la adolescente traumada, lo que implica que dudemos continuamente de su credibilidad. Pero ¿y qué más da? ¿Qué importa que Mori se haya inventado una hermana gemela para superar el conflicto con su madre? ¿Qué más da que sostenga que ve hadas, duendes y fantasmas en los bosques y las ruinas? Este libro muestra que la imaginación puede ser la mejor estrategia para sobrevivir a las heridas profundas, o incluso, la única estrategia.

Quizás la parte menos atractiva, aunque necesaria, de la trama es la dedicada al internado inglés en el que Mori es obligada a estudiar. Nos encontramos con una copia pluscuamperfecta de Torres de Malory de Enid Blyton, con un colegio repleto de odiosas reglas sociales y en el que no está de moda prodigar la empatía.

Finalmente, Entre extraños es una declaración de amor hacia Gales, su idioma, sus costumbres, su mitología… vamos, eso que se conoce como la  idiosincrasia de un lugar. Y también es una apología de las bibliotecas, las librerías y los clubs de lectura, lugares prodigiosos donde la sensibilidad se acumula y distribuye, habitados por seres humanos más mágicos que las hadas, los duendes y los fantasmas.

Perpleja me quedo de que ésta sea la ganadora del premio Hugo 2012, no porque cuestione su calidad literaria, sino porque no creo que se trate ni siquiera de una novela perteneciente a la ciencia ficción o tan siquiera a la fantasía. Más bien, es una novela “sobre” el género en la que más de un ávido lector puede sentirse representado. Quizás sea eso lo que se haya premiado… aunque si alguien me pregunta, yo diría que es una novela juvenil sobre la búsqueda de la propia identidad… no la considero dentro de la categoría de obras sci-fi.

El blog me aleja de la reunión a rastras. Dice que le he puesto en evidencia recomendando Entre Extraños a todos los asistentes que se me han cruzado en el camino y que son responsables de criaturas virtuales adolescentes.

Amnesia temporal debe ser uno de los efectos secundarios de acudir a este tipo de eventos, porque no recuerdo haber hablado con nadie de la novela… ¿o si?

 

Ciencia ficción y autismo: “La velocidad de la oscuridad” de Elisabeth Moon

“¿Hay que encontrar la luz o hay que perder el miedo a la oscuridad?”

 

Mira que me lo habían advertido: “Como empieces un blog, nunca serás libre de nuevo”, me dijeron. Y yo, que soy muy echada para delante, les replicaba: “¡No, si lo puedo dejar cuando quiera!”.

Necias palabras las mías.  Porque lo cierto es que cuando inicias un blog -aunque sea tan disfuncional como éste- adquieres una serie de obligaciones. El blog es muy exigente: como todo ser vivo, necesita nutrirse. Demanda información constantemente y, dejadme que os diga, ha convertido la glotonería virtual en todo un arte. Quiere saber más, profundizar y analizar con detenimiento, investigar, recopilar y digerir los datos para publicarlos. No reconoce los horarios de oficina, las fiestas del calendario ni los días de asuntos propios.

Como se está volviendo insaciable, he decidido llevarlo de nuevo al psicólogo. Sí, hay psicólogos para blogs, aunque sean pocos y se oculten bajo sospechosos nombres para preservar su intimidad. Parece que psicoanalizar blogs no debe estar bien visto en la profesión.

El psicólogo nos recomendó que leyéramos La velocidad de la oscuridad de Elisabeth Moon, publicado en nuestro país por Ediciones B en su colección Nova. Dice que el libro es inspirador pero no nos explica por qué lo cree.

Premio Nébula 2003

Quién desconozca a Elisabeth Moon debe saber que es una autora norteamericana ganadora del prestigioso premio Nébula en 2003 con La velocidad de la oscuridad. Estos premios son los que concede la asociación Science Fiction and Fantasy Writers of America cada año para galardonar los mejores trabajos en el ámbito de la ciencia ficción y la fantasía en USA.

La mayor parte del libro está escrito en primera persona, o sea, desde el punto de vista de Lou Arrendale, el protagonista. Lou tiene autismo, pero su increíble capacidad para detectar pautas en el aparente caos de la informática lo han convertido en empleado de una multinacional.

La historia se sitúa en un futuro a medio plazo. Vamos bien. El protagonista es capaz de articular sus pensamientos de manera inteligible y de funcionar eficientemente en la sociedad gracias a las terapias de conducta aplicadas de manera intensiva desde la infancia. De hecho, la multinacional que emplea a Lou dispone de un departamento completo compuesto de personal con autismo.

Arranque prometedor. De hecho esta novela se enmarca en una cierta tradición de la literatura de fantasía y ciencia ficción que “aprovecha” las habilidades de las personas con autismo de alto funcionamiento (con un cociente intelectual de más de 70-80). La novela Martian Time-Slip de Phillip K. Dick ya exploraba en 1964 la facultad para alterar el continuo temporal de Manfred Steiner, un chico con autismo en Marte. Otro título, encuadrado en la literatura fantástica y de horror, es The Regulators que Stephen King publicó en 1996 bajo el pseudónimo de Richard Bachman. La historia viaja por la mente poseída de un muchacho que tiene autismo, capaz de controlar la realidad que lo rodea.

Ponerse en la piel del otro

El problema con La velocidad de la oscuridad no es la temática. Resulta posible que en el futuro se desarrollen tratamientos que no solo mitiguen sino que permitan a las personas con autismo superar los trastornos de desarrollo que padecen. Parece razonable, aunque poco probable, que grandes empresas entiendan y aprovechen las características únicas de este tipo de personas y les proporcionen un entorno laboral seguro y adaptado a sus necesidades.

El punto débil de la historia reside en el protagonista. Lou es el adulto con autismo más sensible a las emociones, relaciones sociales y conductas que conozco. Acepto que al haberse sometido a terapias específicas desde su infancia, está mejor preparado para hacer frente a los desafíos que presentan las interacciones sociales cotidianas. Lo que no puedo entender, quizás porque nunca he interactuado directamente con ninguna persona que presente este tipo de trastornos, es que articule con tanta exactitud sus emociones y las de los demás. Incluso cuando se equivoca, como en su relación con uno de su compañeros de esgrima, me veo reflejada en ese tipo de situaciones y pienso que somos muchos los que sin tener autismo encontramos dificultades para descifrar el comportamiento de los demás.

Elisabeth Moon tiene un hijo con autismo. Seguro que ella está mejor informada y preparada para entender el universo de este colectivo y para trasladarlo de manera creíble al papel. Pero yo no me lo creo. No me creo al protagonista porque no le veo tan distante socialmente como pienso –y digo “pienso” desde la total ignorancia sobre el autismo- que una persona que experimente un trastorno del desarrollo pueda actuar. Conozco algún individuo que supuestamente no padece ningún dificultad de este tipo que comete más torpezas que Lou en sus interacciones diarias… y no miro a nadie.

Tampoco ayuda demasiado a aumentar la credibilidad del personaje el hecho de que su recorrido personal sea impecable. Lou es el héroe: trabajador modelo, vecino perfecto, ciudadano responsable, espadachín con talento… Sin contar con que es un estudioso incansable capaz de entender los secretos de la neurología en tiempo récord.

El esfuerzo de la autora por desentrañar los procesos mentales de las personas afectadas por el autismo es indiscutible. Nunca es fácil ponerse en la piel del otro, sobre todo si ese “otro” forma parte de una comunidad con necesidades especiales. Pero creo que su experiencia vital la empuja a adoptar una visión idealizada del autismo, distorsionando los desafíos a los que las personas con este tipo de trastornos tienen que hacer frente. Porque nadie, con autismo o sin él, es perfecto. Y hay una tendencia a convertir en héroe a todo lo que se mueve que a mí, particularmente, me agota.

A lo mejor la rara soy yo…

El remate de un desarrollo in decrescendo es el final, que no os voy a contar para no destripar la novela pero que en mi tierra es lo que se suele definir como “pasteloso”. Por si fuera poco la novela no aclara las razones por las que la multinacional en la que trabaja el protagonista está tan interesada en forzar a los empleados con autismo a someterse a un tratamiento experimental “reparador”.

En líneas generales se trata de un libro fluido con una temática a medio camino entre el biopunk, la ciencia ficción social y las teorías conspiratorias que ofrece una reflexión novelada y en primera persona sobre el  autismo.

Al blog el libro le ha encantado.

Dice que se siente identificado con el personaje principal y se ha auto-proclamado un ser virtual incomprendido… lo cuál me deja mucho más tranquila.

Porque todo el mundo sabe que un adolescente, sea virtual o no, se empeña en declararse “diferente”, es algo totalmente normal. Aunque se trate de un blog.