Prólogo para «Diez Variaciones sobre el Amor» de Teresa P. Mira de Echeverría

(Hace un tiempo la escritora argentina Teresa P. Mira de Echeverría me pidió que escribiera el prólogo de su primera antología de relatos de ciencia ficción, publicada por Ediciones Ayarmanot. No pude negarme porque siento un gran interés por la manera de entender la ciencia ficción de Teresa. Hoy 12 de septiembre se presenta el libro en Buenos Aires y yo, desde aquí, me sumo a este evento publicando el prólogo.)

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La literatura es un juego de identidades: si el autor hace de divinidad creadora y destructora que inventa personajes, y genera escenarios e historias que los interrelacionen, el lector adopta el papel de espectador, pudiendo o no identificarse con alguna de las personalidades que habitan la narración. Tú, que lees estas palabras, habrás querido traspasar con Alicia el espejo, ayudar a Robinson Crusoe a descubrir las huellas de Viernes o luchar junto a Paul Atreides en Arrakis. Quizás hayas querido “ser” Alicia, Crusoe o Atreides, subirte como Atreyu a la grupa de Fújur, consultar los volúmenes de la Gran Biblioteca de Trántor, pasear por las arenas marcianas imaginadas por Bradbury o contemplar los cielos desde el USS Discovery One de Clarke.

Cada una de esas historias, y muchas más dentro y fuera de la literatura de género, siguen manipulando nuestras mentes y nuestros sentidos, sumergiéndonos en otros mundos sin necesidad de implantes neuronales o de sistemas de realidad virtual. Una historia es algo más un viaje, es aceptar que uno puede llegar a adoptar personalidades distintas y experimentar “ser el otro” por unos instantes.

Los cuentos que vas a leer proceden de la habilidad creativa de Teresa P. Mira de Echeverría, una hechicera de las palabras que investiga a través de sus ficciones la dimensión afectiva de ese “otro”. Diez Variaciones sobre el Amor recorre una gradación de afectos, desde la amistad a la pasión, pasando por el cariño fraternal y paternal, y llegando hasta su ausencia.

El interés de Teresa por los sentimientos en el marco de la temática fantástica y de ciencia ficción está relacionado sin duda con sus tempranos estudios científicos, que dejó de lado para lanzarse hacia su auténtica vocación: el análisis del conocimiento humano a través de la filosofía. Todas las obras que he leído de esta escritora, desde “Memoria” de la antología Terranova (Sportula) –traducida recientemente al inglés- hasta “La Terpsícore” (Palabaristas en ebook y Sportula en rústica) giran entorno a las relaciones personales en situaciones extraordinarias. ¿De qué manera se desarrolla el idilio de un humano enamorarse con el miembro de otra especie? ¿Puede una mujer sobrevivir a un desdoblamiento múltiple de su personalidad, ser testigo de la muerte de las diferentes versiones de sí misma y caer en los brazos de una IA omnipotente?

La habilidad con la que autora teje situaciones fantásticas en escenarios insólitos es asombrosa y sin, embargo, habla de cuestiones vitales intemporales, como la percepción de uno mismo en el conjunto del universo desde la perspectiva del amor, tomada en el sentido filosófico del término: una virtud que, en el ser humano, implica desplegar bondad de diversas maneras y hacia distintas entidades.

Esto me hace pensar en “Dextrógiro”, un cuento repleto de referencias a Borges y a su minotauro, un viaje a la singularidad que centra la galaxia, en la que el protagonista vive una experiencia sublime de autoconocimiento, entendido como un acto de amor hacia sí mismo.

Lentamente repitió el poderoso mantra de su propio nombre, pugnando por mantenerse uno, por no desencarnarse otra vez; y, en el instante final, cuando su mente estaba siendo separada de su cerebro y la última neurona estiraba inútilmente sus dendritas –al como un niño estira sus brazos hacia la madre del que lo están alejando–, Ariadnoo comprendió ¾tarde, como siempre– lo que le sucedía.

Varios de los relatos de esta antología indagan sobre el amor inter-especies: no se trata de explorar si es posible enamorarse de una criatura de otra especie, algo que se acepta con naturalidad, sino especular sobre cómo se desenvolvería una relación semejante. En “Pterhumano” resuenan algunas de las referencias que impregnan la bibliografía de la autora: me refiero a la influencia recurrente de China Miéville, de sus paisajes urbanos y orgánicos, repletos de criaturas variadas, inmersas en profundos conflictos personales. Las normas sociales imponen una exclusividad sentimental que entra en contradicción con las ansias de libertad del protagonista, un ave antropoide sin alas.

—Algún día voy a volar, ¿sabes? —el tono de Jeroen no tenía convicción alguna. Allí no había más que la declamación de lo que se suponía que tenía que decir.

Shauna se enojó de verdad y escupió con rencor:

—Los pterhumanos no vuelan. Son como los avestruces o los pingüinos, cuyas alas son una farsa. Y tú ni siquiera tienes unas.

La autora ahonda en esta temática en “La poética de la sirenas”, en la que utiliza la historia de amor entre Eleazar Rickman, poeta genético, y Ada Blenders, una mujer construida en base a un poema, para reflexionar sobre los lazos que unen a la obra con su creador. ¿No es todo acto artístico un ejercicio de sublimación de la que devoción que el artista experimenta hacia la belleza?

Y entonces me contó cómo usted lo ayudó a construirme inspirándose en “She walks in beauty”, el poema de Byron. Cómo me llamó Ada por su amor a aquel poeta. Cómo él me dedicó a usted, tal como se dedica un libro…

¿Podría considerarse como una relación entre tales personajes una suerte de incesto? El mayor atractivo de la ciencia ficción, la fantasía y el terror es precisamente su fuerza especulativa, su capacidad para proponer nuevas convenciones sociales, su valentía para desafiar los principios y valores establecidos, y componer nuevos usos y costumbres inter-relacionales.

El mismo tema, desde una perspectiva diferente, se contempla en “El obsequio”. Hamabost Astigar, un pintor de cuadros químicos del planeta Ataun, ofrece su obra cumbre –una nueva forma de vida- a un mundo que necesita liberarse de sus imperfecciones. Parir vida y ofrendarla, como acto supremo de amor hacia el universo, la creación artística como actividad demiúrgica última y reproductiva: el artista infiltra parte de su ser en cada obra y, de alguna manera, se da al universo en el acto creativo.

Y, desenvolviendo el papel de regalo, entregaron a la Tierra el obsequio que habían atesorado durante tanto tiempo.

Dicen que, algunas semanas después—tras una breve campaña que abarcó todos sus territorios conocidos—, la raza humana pereció pulverizada en su más íntima esencia. La victoria de los invasores siempre había sido segura, nada hubiera podido evitarla.

De la premisa anterior parte “Como a sí mismo”, relato en el que la autora ahonda en la relación sentimental de dos clones. La reflexión ética sobre las consecuencias prácticas de la ingeniería genética presenta escenarios desconocidos que atormentan física y espiritualmente el alma de Gastón de Quincey. ¿Se pueden imponer límites morales al afecto entre seres inteligentes y autoconscientes que actúan con libertad?

Se miraron azorados; no era común que dos clones se encontraran en el mismo planeta. Por lo general, los embriones clonados a partir de un donante anónimo, se esparcían por las diversas colonias humanas que necesitaban elevar su población drásticamente. Todo un sistema creado en aras de facilitar la variedad de expresiones de cada individuo sin perder por ello la sagrada “variación genética”.

El amor inter-especie puede comenzar como cariño paterno-filial para transcender y convertirse en un afecto sensual y sexual, transgrediendo las reglas básicas de comportamiento en la civilización humana. Así ocurre en “Otoño”, que es un crítica a la unidad familiar convencional, y que reivindica nuevas fórmulas de organización social y de reproducción. Una de las características más aplaudidas de la literatura de género es la de asumir sin lastres morales conductas inaceptables a los ojos del s. XXI.

Extendió sus cuatro brazos, arropando en sus volutas a la madre y a la niña, uniéndolas y uniéndose a ellas en éxtasis; entonces, de un modo aterrador y sublime, abrió una boca imposible y las tragó mientras aún estaban con vida, y las asimiló lentamente en su ser.

Cualquier relación inter-especies aborda el choque de culturas, el momento en el que cada grupo de seres inteligentes y auto-conscientes se enfrenta con su interlocutor. “A su imagen” examina la conexión de dependencia afectiva y sexual entre un ser humano y otro mitótico, capaz de mudar de cuerpo para rejuvenecer. No puedo dejar de comentar, llegados a este punto, las magníficas frases iniciales, uno de los mejores principios que he leído:

La cosa es así: hay que colonizar.

Y RR/1.111 parecía tan bueno (o tan malo) como cualquier otro sitio. Lo que le llamó la atención fue, simplemente, el número; y el número no decía mucho.

Decía que estaba cerca del borde exterior galáctico, decía que era un planeta no gaseoso, y no decía nada más. Sólo que el azar había combinado el mismo dígito cuatro veces.

Es posible abordar el afecto desde el ángulo de la amistad en un decorado de ciencia ficción, como en “Spider”. Se trata de un auténtico relato de iniciación que reúne elementos de la cultura indígena rioplatense con una conciencia cyborg, que recuerda de nuevo a la Tejedora de Miéville en La Estación de la Calle Perdido, al monstruo Ygramul en La Historia Interminable de Michael Ende, a La Metamorfosis de Ovidio y la mitológica Aracné.

“¿Quién podrá tendernos un puente entre el cielo y la tierra?”, preguntaron los dos hermanos.

“Yo lo haré”, contestó la araña.

“¿Tú?”, dijeron ellos, “¿cómo es posible que tejas una cuerda tan larga y resistente? ¿Y qué nos pedirás a cambio?”

La araña sonrió con su sonrisa tan antigua como el mismísimo universo, y respondió con dulzura: “¿Quién dijo que he de tender una cuerda? Haré que el cielo baje a la tierra. Y sólo pediré a cambio lo que es mío: todo”.

 

Teresa no solo trata el amor inter-especies en esta antología sino que es capaz de elucubrar sobre sus efectos en un viaje temporal, como en “Vidrio Líquido”, al más puro estilo Wells. Una viajera contratada por un retroartista debe descubrir el secreto de las vidrieras de la catedral de Chartres en el siglo XIV, en una ciudad destrozada por la peste negra y por la intolerancia religiosa. ¿Es lícito intervenir en el curso de la historia para proteger el objeto de nuestros afectos?

¿El vidrio es un líquido? ¡Sí…! ¡No…! ¿Y por qué otra cosa estaría sino yo aquí?

Y aquí es más bien “cuándo” que “dónde”.

Dónde, es un sitio particular que me taladra la conciencia: Chartres.

Y cuándo, es el año mil trescientos cincuenta y algo. Después de Cristo… creo.

No sería posible dedicar una antología de relatos al afecto en varias de sus modalidades sin plantear la exploración de su ausencia. “La lámpara de Diógenes” utiliza el análisis clínico de un Femtomívero para poner de manifiesto la falta de empatía en el ser humano, consumido por su propio egoísmo y desafiado por la naturaleza.

El femtomívero volvió a quedarse solo sobre su placa de estudio. No dormía porque no vivía ninguna continuidad. Tampoco descansaba ni moría, porque lo hacía constantemente. Un filósofo se hubiese preguntado si el femtomívero era en verdad uno solo, si no eran, más bien, millones de sucesivos seres. Pero no quedaban ya en la Tierra filósofos humanos. Ni pintores, ni futbolistas, ni ninguna otra cosa que no fueran genetistas.

Leer es un acto de confianza hacia el autor y la función del prologuista es la de asegurar al lector que su elección es acertada, que la obra que se expone a posteriori responde a sus expectativas. No tengo manera de garantizarte que los cuentos de Teresa serán de tu gusto porque te desconozco, lector. Pero, si has llegado a leer hasta aquí, es porque la curiosidad forma parte intrínseca de tu personalidad, porque buscas modos nuevos de abordar las cuestiones que preocupan al ser humano desde su despertar en esta Tierra, porque quieres disfrutar de mundos nuevos, de civilizaciones alienígenas con otras formas de entender la convivencia, porque te interesa saber de qué manera otros seres inteligentes aman.

Te animo a que descubras la propuesta narrativa de Teresa P. Mira de Echeverría, que te dejes llevar de la mano por sus protagonistas, que consientas transmigrar su cuerpo y adoptar alguna de las personalidades que se dibujan a continuación. Porque, al final, Diez variaciones sobre el amor es una declaración de afecto hacia el arte por parte de su autora y tú, lector, formas sin quererlo parte de ella.

 

Cristina Jurado

Dubai, agosto de 2015

El arte de la supervivencia

La literatura es una criatura deliciosa e imprevisible: cambia de predilección temática cuando uno menos se lo espera, como es habitual por otro lado en cualquier manifestación cultural. Y en lo que respecta al género la tendencia en los últimos tiempos se decanta por los escenarios post-apocalípticos. Station Eleven, de la canadiense Emily St. John Mandel, se presenta como una historia de supervivencia que intenta ofrecer una visión distinta del día después. He leído esta novela junto con Josep María Oriol, cuya reseña podéis encontrar aquí, y Miguel Codony, que ha publicado la suya aquí.

Emily St. John Mandel y su novela

El planteamiento de la narración repite una fórmula muy utilizada, tanto que la que suscribe es culpable de usarla en su propia novela: epidemia mortal, altamente contagiosa, rápidamente extendida, fin de la civilización tal y como se conoce, bla, bla, bla… La historia se centra en las vicisitudes de Kirsten, una joven superviviente, que forma parte de una troupe de artistas ambulantes. La Symphony conjuga actores y músicos que se dedican a entretener a las comunidades rurales desperdigadas por la zona de los grandes lagos estadounidenses. Porque los supervivientes han huido de las ciudades y se han refugiado en el campo o en los suburbios, lo más lógico en un momento en que la vuelta al cultivo del campo, a la ganadería y a la caza es la única posibilidad para sobrevivir. El mundo entero se vuelve “bio” por necesidad.

Esta premisa, como veis, no tiene nada de original: la vida es dura y ya no existen las comodidades de las que, actual y habitualmente, disfrutamos. Otras historias que tratan este mismo asunto, desde La carretera a Soy Leyenda o la española Cenital, lo hacen desde una óptica bastante negativa. Station Eleven es bastante más optimista y los supervivientes son capaces de reunirse y vivir en un entorno mucho menos amenazador que en las dos obras mencionadas. Esto no quiere decir que no existan peligros, pero de alguna manera se presentan de una manera bastante dulcificada. Es aquí donde empiezan los problemas: puedo comprar la epidemia, pero no se explica nada del virus. Si un microorganismo es tan contagioso y letal, no es efectivo, porque acabaría con su hospedador antes de poder infectar otros. Necesitaría un periodo de incubación mucho más largo que unos cuantos días. Otro de los problemas que se plantean es el reagrupamiento de los supervivientes. En un país tan grande como USA, ¿simplemente se encuentran por los caminos? Se habla muy de pasada del caos que reinaría en las ciudades, sin entrar en los problemas. Los supervivientes consiguen provisiones casi milagrosamente, etc, etc, etc.

La narración se vertebra alrededor de la historia de Kisten y de varios personajes relacionados con ella de una u otra manera. Hay flashbacks que permiten conocer el pasado de la chica, su origen y su fascinación con un comic que da título al libro. Precisamente mi buen amigo Josep María, del blog Voracilector, me pregunta cómo integra la autora el comic Station Eleven en la trama de la novela. Es uno de los aspectos más interesantes y atractivos de esta novela: para mí, el comic actúa como el mortero de la historia. Es el elemento conducto de la trama, además de servir para dar el giro argumental más importante. En realidad, en la primera parte del libro se nos descubre la gestación del cómic, mientras que en la segunda parte se narra sus vicisitudes una vez publicado. Confieso que la idea de que un comic pudiera convertirse en el libro sagrado de un culto me pareció muy atractiva, y apela a ciertas inquietudes humanistas que persigo. Porque, al final, poco importa lo que esté escrito ni qué clase de libro se considere sagrado. Lo decisivo es lo que sea interpretado a partir de ese contenido, que puede ser algo tan prosaico como un comic sobre las peripecias de una colonia humana en el espacio, como el comic “Station Eleven”.

El supuesto comic que da título a la novela

Otra de las ideas que creo merece la pena destacar es la importancia que la autora da a las artes en una situación límite como es el fin del mundo tal y como está organizado actualmente. En un panel sobre naves gerenacionales al que asistí en la LonCon, la convención internacional de ciencia ficción y fantasía del verano pasado, se hablaba de la importancia de que la tripulación de una nave que fuera a viajar durante varias generaciones por el espacio estuviera compuesta por científicos y técnicos. A mi pregunta de a qué quedarían relegadas las artes y quienes las practican, el panel comenzó a especular sobre la necesidad de incluir bibliotecas, pinacotecas, librerías musicales, etc… así como gentes que supieras de ellas. En honor a la verdad me fastidiaba bastante ver que yo, por ejemplo, no tendría cabida en una nave generacional. Pero la discusión empezó a analizar la importancia y el papel de las artes para el enriquecimiento del ser humano y, ulteriormente, su supervivencia.

Creo que Emily St. John Mandel entiende las prácticas artísticas como una forma de mantener la cordura en un momento de crisis máxima, de anclar al ser humano en la sociedad: nos permite reunirnos para disfrutar de ellas, nos exige cierta disciplina en los ensayos, nos alimenta espiritualmente en un momento en el que las necesidades básicas ya no están cubiertas… De alguna manera entiendo que la escritora hace apología del arte como una de las cosas que hace que el ser humano sea precisamente “humano”. Y la reflexión se extiende en que, para sobrevivir, no solo es necesario cubrir las necesidades vitales: el museo de Clark, el propio comic, las representaciones de The Symphony…

Mi querido amigo Miquel Codony de la Biblioteca de Ilium, me pregunta a qué atribuyo el éxito de esta novela (Station Eleven ha ganado el Arthur C Clarke Award, ha sido finalista de algunos de los principales premios literarios generalistas como el National Book Award o el PEN/Faulkner Award, además de estar considerada como una de las mejores diez novelas del año por el Washington Post, Time, Kirkus y seguro que me dejo alguno. También ha recibido críticas extremadamente positivas por parte del NY Times y The Guardian). Una de las razones de su éxito es su capacidad para acercar la ciencia ficción a un público más mainstream. El hecho de que haya sido nominada a galardones generalistas creo que así lo demuestra, lo mismo que el que haya sido incluida en las listas de medios como los ya mencionados. Es una tendencia que está tomando fuerza en los últimos años (véase la trilogía The Southern Reach de Jeff VanderMeer). Se trata de utilizar temáticas/escenarios/situaciones/

tratamientos procedentes de la ciencia ficción, la fantasía y el terror en historias que sean fácilmente reconocibles e interpretables por parte de la mayoría del público. Emily St. John Mandel no se arriesga, ni siquiera en la estructura, y traza personajes con los que la juventud, la masa consumidora que el marketing adora, puede identificarse fácilmente. En el caso de las estructura, aparentemente hay voluntad de innovar con flashbacks que se mezclan con la narración del presente, pero no se trata más que de un artificio para empaquetar la historia, en mi opinión, que tampoco aporta demasiado a la acción.

Comprendo que para los lectores que no leen habitualmente ciencia ficción, fantasía y terror pueda ser una obra atractiva, y creo que entretiene y hace reflexionar sobre temas interesantes de nuestra sociedad, como todas las historias post-apocalípticas. Pero creo que va a saber a poco a los aficionados a estos géneros: realmente no ofrece nada nuevo, ni siquiera estructuralmente, y hay algunas cuestiones de la historia que son tan cuestionables que amenazan su credibilidad. Una novela correcta y poco más. Por sus características, no me extrañaría que se convirtiese en película o serie de TV.

«Alucinadas» se publica en formato físico de la mano de Sportula

Alucinadas sigue dando buenas noticias meses después de su edición en formato digital, allá por el mes de diciembre. No solo ha sido nominada a los premios Ignotus, concedidos por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT) en la categoría de mejor antología, sino que algunas de las autoras que intervienen en Alucinadas han sido igualmente nominadas por sus obras: Nieves Delgado por «Casas Rojas», el cuento con el que participa en la antología, aspira a llevarse el galardón en la categoría de mejor relato; y Felicidad Martínez por «Adepta», en la categoría de novela corta, y por «El pastor de naves» (Antología Empaquetados de Sportula), en la categoría de mejor relato.

Hoy podemos anunciar que la antología de relatos en español de ciencia ficción escritos por mujeres ya está disponible en formato físico. La obra puede adquirirse a través de la web de la editorial, además de los canales habituales de distribución.

Recordemos que el prólogo de Alucinadas ha sido realizado por una editora de reconocida trayectoria internacional: Ann VanderMeer, que ha trabajado en la revista “Weird Tales” y editado The Weird (Tor Books, 2012), The New Weird (Tachyon Publications, 2008); Best American Fantasy (Prime Books, 2007), Best American Fantasy v.2 (Prime Books, 2009); Last Drink Bird Head: A Flash Fiction Anthology for Charity (Ministry of Whimsy, 2009); Steampunk (Tachyon Publications, 2008), Steampunk II, Steampunk Reloaded (Tachyon Publications, 2012), Steampunk III, Steampunk Revolution (Tachyon Publications, 2012); Fast Ships, Black Sails (Night Shade Books, 2008); The Thackery T. Lambshead Cabinet of Curiosities (Harper Voyager, 2011); The Kosher Guide to Imaginary Animals: The Evil Monkey Dialogues (Tachyon Publications, 2010); The Time Traveler´s Almanac (Tor Books, 2014); y Sisters of the Revolution: A Feminist Speculative Fiction Anthology (PM Press).

La antología se abre con el relato ganador: “La Terpsícore” de la autora argentina Teresa P. Mira de Echeverría. La historia se centra en el viaje de su protagonista, la capitana Stephana Yurievna Levitánova, en una nave cuyo cerebro artificial está reencarnado en el cuerpo de un adolescente muerto. El viaje se realiza sin que la nave se mueva de San Petersburgo, el escenario de la narración, sino reuniendo en su interior versiones de la capitana procedentes de otras dimensiones. Este encuentro múltiple plantea varios dilemas éticos a los que Levitánova debe enfrentarse y que reflejan unas inquietudes existencialistas muy en consonancia con la trayectoria profesional de Teresa, que es Doctora en Filosofía. Su trabajo como docente universitaria e investigadora acerca de la relación entre ciencia ficción, filosofía y mitología le ha conducido de manera natural a proponer su propia visión de la realidad en forma de relatos de ciencia ficción, alguno de los cuáles han aparecido en las revistas “Próxima”, “Axxón”, “NM”, “Valinor” y “Opera galáctica”. Muchos recordaréis su cuento “Memoria” que apareció en la antología Terra Nova de Sportula (tanto en la edición española como en la inglesa) y que fue finalista de los premios Ignotus 2013. Podéis visitar su blog para conocer más sobre su trayectoria literaria y sus intereses personales. El cuento se alzó con el premio de la convocatoria por el alcance de las ideas que propone, así como por reunir todos los elementos necesarios –en términos de trama, personajes, escenario y estilo- para provocar el sentido de la maravilla en el lector.

Felicidad Martínez es ingeniera técnica en diseño industrial y la autora del segundo relato de la antología: “La plaga”. Con un estilo muy ágil, en el que alterna la primera y la tercera persona, la valenciana nos sumerge en una space opera al más puro estilo militarista. El agudo teniente Rosenbaum, derrochando franqueza y humor, relata los avatares de una misión que se complica cuando los habitantes de una colonia lejana son atacados por los insectos autóctonos. A pesar de considerarse una escritora amateur, Felicidad cuenta con una producción propia enmarcada en su universo spaceoperístico UC-Crow, desarrollado también como juego de rol. Su novela corta La textura de las palabras apareció publicada en la antología Akasa-Puspa de Aguilera y Redal y con ella fue finalista a los Premios Ignotus 2013. Traducida al inglés, esta historia apareció en la antología Terra Nova y, en español, en Terra Nova 2. Su primera novela, Horizonte Lunar, salió publicada hace pocos meses en Sportula, y sus relatos forman parte de varias antologías dedicadas al género.

“La tormenta”, de la argentina Laura Ponce, es la tercera historia de esta colección. Ambientada en el pequeño planeta Arkaris, se trata de una space opera con aromas a Stanisław Lem, en el que se exploran los efectos del medio ambiente arkariano en el destino del ser humano, de la mano de dos militares de carrera. La autora construye con gran credibilidad un mundo en el que predomina un modo de vida sencillo pero en el que el desierto guarda secretos inesperados que influyen en sus habitantes. Laura es escritora, editora y directora de “Revista Próxima” y Ediciones Ayarmanot y articulista para “Amazing Stories”, donde publica una columna mensual dedicada a las mujeres y la ciencia ficción. A su labor como colaboradora en programas de radio y en publicaciones tradicionales y online, se suma su producción literaria en forma de cuentos que han aparecido en diversas revistas y antologías de Argentina, Perú, Cuba y España. Forma parte del Centro Argentino de Ciencia Ficción y Filosofía junto a su compatriota Teresa P. Mira de Echeverría, con la que ha impartido talleres y charlas sobre el género.

Yolanda Espiñeira, la autora de “El método Schiwoll”, ha creado un thriller ciencia-ficcional escrito a dos velocidades: en una, Mariana es una mujer es sometida a un interrogatorio; en la otra, conocemos detalles de su vida en un gueto de lujo en el planeta Talití, que nos llevarán poco a poco a entender las razones detrás de dicho procedimiento. Esta historia refleja la pasión de la lucense por la novela negra, desplegando todos los tropos propios del thriller pero aplicándolos a la ciencia ficción. Precisamente el gran acierto del relato es utilizar una estructura circular, alternando la primera y la tercera persona, para convertir al lector en espectador y en cómplice de la trama. Yolanda es licenciada en Filología Hispánica y especialista en la obra de José Ángel Valente. Actualmente combina su labor como profesora con su pasión por la Filosofía, la lectura y una incipiente producción literaria, que desarrolla a través de reseñas y artículos en el blog El almohadón de Plumas, en el magazine online sobre literatura fantástica El Fantascopio y en la revista Prosa Inmortal.

El quinto relato de la antología es “Casas Rojas” de Nieves Delgado. Esta gallega, licenciada en Física y docente de educación secundaria en la comunidad autonómica que la vio nacer, siente predilección por la ciencia ficción que explora la influencia de la tecnología sobre la sociedad. Su incipiente obra, circunscrita por el momento a los relatos, ya ha alcanzado importantes reconocimientos, pues no en vano su obra “Dariya”(en Ellos son el futuro / Web Ficción Científica / Revista Terbi nº 7) está nominada a los premios Ignotus 2014 que concede anualmente la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT). Sus historias suelen incluir elementos que ahondan en los límites del ser humano y cuestionan la esencia misma de esa humanidad. En “Casas Rojas” una comisión gubernamental investiga a la poderosa empresa de CorpIA, que comercializa androides para uso sexual. Los fallos de funcionamiento de los sexbots, que han comenzado a atacar a sus propietarios, sirven como excusa para poner de manifiesto el impacto de las inteligencias artificiales en la sociedad y viceversa.

Lola Robles es activista feminista, pacifista y queer, y la autora de “Mares que cambian”, el sexto relato de la antología. Esta filóloga hispánica y escritora imparte desde 2006 el taller “Fantástikas”, de lectura y debate de obras de ciencia ficción y fantasía, y especialmente dedicado a las mujeres como escritoras y personajes literarios. Ha publicado tres novelas de ciencia ficción: La rosa de las nieblas, El informe Monteverde y Flores de metal, el libro de relatos Historias del Crazy bar, en colaboración con Mª Concepción Regueiro, y la obra realista, Cuentos de Amargarita Páez, así como relatos y artículos de ensayo en diversas antologías e Internet. “Mares que cambian” es una space opera transgénero que propone una sociedad con una multiplicidad de géneros sexuales. En el planeta Jalawdri la intersexualidad (hermafroditismo) es una realidad normativa más que organiza un sofisticado entramado social. Uno de los atractivos de este relato es que el narrador/a utiliza adjetivos masculinos para referirse a sí mismo/a, rompiendo voluntariamente las tradicionales reglas gramaticales de concordancia del género.

“Techt”, el relato de la madrileña Sofía Rhei, es una distopía semiótica con un toque ciberpunk que recuerda a Fahrenheit 451 y a 1984. La aparición de una versión condensada del lenguaje tiene implicaciones culturales y sociales insospechadas. El giro ciberpunk del final de la historia coloca esas implicaciones en una nueva perspectiva, más inquietante, y empuja al lector a plantearse la utilización de la tecnología como forma de escapismo existencial a través de la experiencia del protagonista, Ludwig. Sofía es escritora, poeta experimental, editora y traductora. Como poeta ha publicado Las flores de alcohol (La bella Varsovia), Química (El gaviero) y Otra explicación para el temblor de las hojas (Ayuntamiento de granada), Alicia Volátil (Cangrejo Pistolero), libro de poesía en 3D, Bestiario Microscópico (Spórtula), y La simiente de la luz (Lapsus Calami). Su obra ha aparecido en publicaciones internacionales y ha sido traducida a varios idiomas, recibiendo numerosos reconocimientos. Su narrativa se desarrolla por una parte en el ámbito de la fantasía infantil y juvenil, con adaptaciones de leyendas populares para Anaya y Santillana, series como Krippys (Montena) o El joven Moriarty (Fábulas de Albión), libros independientes como Olivia Shakespeare (Edelvives) o La calle Andersen, escrito junto a Marian Womack (La Galera) y novelas como Flores de sombra (Alfaguara) y su secuela, Savia negra. Por otra parte, escribe relatos de ciencia ficción y fantasía oscura, como los aparecidos en las revistas Casatomada, Calle 20, y en las antologías Más allá de Némesis (Spórtula), Presencia humana (Aristas Martínez), Crónica de Tinieblas (Spórtula), Retrofuturismos (Fábulas de Albión) y TerraNova 3 (Fantascy).

Layla Martínez firma “Bienvenidos a Croatoan”, un relato de viajes en el tiempo y terror. Layla es licenciada en Ciencias Políticas y graduada en Sexología. Además de mantener su blog, trabaja como traductora y redactora para distintas revistas y webs, y colabora habitualmente con publicaciones como “Culturamas” y “Diagonal”. Su experiencia como editora, correctora y traductora para distintos fanzines y publicaciones alternativas le han llevado a embarcarse en la coordinación de propio sello de fanzines, Antipersona. En su primer poemario, El libro de la crueldad (LVR Ediciones, 2012), mezcla poemas en prosa con falsas biografías y poemas en verso. Algunos de sus textos y poemas han sido publicados en diferentes antologías, como Sangrantes (Origami, 2013), Serial (El Gaviero, 2014) o Réquiem por Lolita (Fundación Málaga, 2014). “Bienvenidos a Croatoan” tiene como escenario una ciudad subterránea, paralela a Madrid, en un futuro que se presiente post-apocalíptico. El consumo de una droga, la dextralina, consigue romper las reglas de la física conocida en este contexto, provocando consecuencias inesperadas en la integridad física y mental de Hakim, el protagonista. El terror llega de la mano del sentimiento de culpa y del amor exacerbado hacia su hermana, como motores de la desintegración paulatina, en un sentido literal, de la persona.

“Black Isle” de Marian Womack es un relato de sabor CliFi (Climate Change Fiction), que profundiza en la influencia recíproca de la tecnología en el medioambiente y, como consecuencia, y el impacto de esa relación en el ser humano, concretizado en el doctor Andrew Hay. La obra también cuestiona el control del ser humano sobre el medio que lo rodea, y propone una posible respuesta reactiva de la naturaleza. Marian es una escritora, traductora y editora gaditana educada en las universidades de Glasgow y Oxford. Ha publicado las novelas Memoria de la nieve (Tropo, 2011) y la obra juvenil La calle Andersen (La Galera, 2014) a cuatro manos con Sofía Rhei. Ha co-editado el libro Beyond the Back Room: New Perspectives on Carmen Martín Gaite (Peter Lang, 2010) y sus relatos, definidos como “un nuevo gótico extraño”, han aparecido en antologías como Akelarre (Salto de Página, 2010), Presencia Humana3 (Aristas Martínez, 2014), o Steampunk. Antología Retrofuturista (Fábulas de Albión, 2012). Ha escrito prólogos y postfacios para libros de género y es la prologuista de la primera edición inglesa de La torre sin fin de Silvina Ocampo. Como traductora ha realizado selecciones de los cuentos de fantasmas de Charles Dickens o Mary Shelley, además de ser traductora de Lord Dunsany, Gladys Mitchell, Henry James o Daphne du Maurier, entre otros. En su labor como editora ha publicado los primeros libros en español de autoras clave de la literatura fantástica extraña europea en Ediciones Nevsky.

El último relato original del Alucinadas es “Memoria de equipo” de la catalana Carme Torras, que mantiene un blog dedicado a sus inquietudes literarias. Esta doctora en informática y profesora de investigación en el Instituto de Robótica (CSIC-UPC), compagina la literatura con la investigación científica. Ha publicado libros y artículos sobre modelos neuronales, visión por computador, inteligencia artificial y robótica, y ha sido reconocida con diversos premios y reconocimientos. En el ámbito científico ha publicado las novelas Pedres de toc (Columna, 2003) y Miracles perversos (Pagès, 2011), que merecieron los premios Primera Columna y Ferran Canyameres de intriga y misterio. Su novela de ciencia-ficción La mutació sentimental (Pagès, 2008), traducida al castellano (Milenio, 2012), obteniendo los premios Manuel de Pedrolo 2007 e Ictineu 2009. Algunos de sus relatos sobre máquinas, como “Zac i el rellotge de l’ànima”, “La vita e-terna”, “Una arítmia silenciada” y “El joc de jocs” han sido recogidos en las antologías Els fills del capità Verne (Pagès, 2005), la revista Catarsi (2013), Elles també maten (Llibres del Delicte, 2013) y Científics lletraferits (Universidad de Valencia, 2014). También ha publicado un ensayo sobre la influencia de la ciencia-ficción en el debate ético: Robbie, the pioneer robot nanny (Interaction Studies, 2010). “Memoria de equipo” es una historia enmarcada en la tradición ciberpunk que analiza la utilización, en el ámbito legal, de la tecnología inmersiva en realidades virtuales. Esta narración colectiva se articula entorno al esclarecimiento de un crimen atribuido al pivot de un equipo de baloncesto universitario, cuestionando la capacidad de la mente humana para gestionar sus recuerdos.

El último relato está firmado por la escritora Angélica Gorodischer y se trata de una obra fuera del concurso convocado por la antología. Considero “A la luz de la casta luna electrónica” como una deferencia de la argentina hacia nuestro proyecto, proporcionándonos un apoyo muy necesario con su talento y nombre. Por este motivo, todos los que hemos intervenido para hacer realidad esta antología le estamos muy agradecidos. La bonaerense es una de las escritoras de ciencia ficción más importantes en lengua española. Entre sus novelas destacan Opus dos (Minotauro, 1966), Kalpa Imperial (Minotauro, 1984 y Emece Editores, 2001), Floreros de alabastro, alfombras de bokhara (Emecé, 1985), Jugo de Mango (Emecé, 1988 y Emecé Editores, 1995), Fabula de la virgen y el bombero (Ediciones de la Flor, 1993), Prodigios (Lumen, 1994), La noche del inocente (Emecé, 1996), Doquier (Emecé, 2002), Tumba de jaguares (Emecé, 2005), Tres colores ( Emecé, 2008), Tirabuzón (Editorial Fundación Ross, 2011), y Las señoras de la calle Brenner (Emecé, 2012). Ha escrito numerosos libros de relatos como Cuentos con soldados (Club del Orden, 1965), Las Pelucas (Sudamericana, 1969), Bajo las jubeas en flor (Ediciones de la Flor, 1973), Casta luna electronica (Andrómeda, 1977), Trafalgar (El Cid, 1979), Mala noche y parir hembra (La Campana, 1983), Las Repúblicas (Ediciones de la Flor, 1991), Técnicas de supervivencia (Ed. Municipal de Rosario, 1994), Como triunfar en la vida (Emecé, 1998), Menta (Emecé, 2000), y Querido amigo (Edhasa 2006). Ha participado en antologías, ha cultivado el ensayo y el género biográfico, y su obra ha sido adaptada a la gran pantalla. Varios de sus trabajos se han traducido a otras lenguas: la propia Ursula K. Le Guin tradujo al inglés Kalpa Imperial en 2003. A lo largo de su carrera ha obtenido numerosos premios y reconocimientos internacionales, culminando con el World Fantasy Award que en 2011 le concede la World Fantasy Convention en reconocimiento a su trayectoria literaria. Quienes desconozcan las peripecias del comerciante intergaláctico Trafalgar “Traf” Medrano, podrán hacerlo de la mano de “A la luz de la casta luna electrónica”, a través de una historia que utiliza un humor sutil e inteligente para cuestionar la actualidad social: las relaciones entre los géneros y las clases sociales, el rol de la mujer en la sociedad o las costumbres ancladas en el patriarcado. En este caso, el accidentado encuentro sexual del protagonista con una alta representante de un planeta gobernado por un aristomatriarcado desencadenará una cadena de acontecimientos que darán al traste con sus planes comerciales.

Para seguir abriendo el apetito, la editorial Palabaristas ha convocado una segunda edición de la antología, de la que podéis consultar las bases en la web de la propia editorial. La edición en ebook sigue estando disponible a través de Lektu. Como veis la ciencia ficción hecha por mujeres sigue despertando el interés del público la crítica.

La revista SuperSonic sale a la venta en Lektu

Hoy tengo que compartir con todos vosotros una gran alegría: por fin está a la venta, a través de la plataforma online Lektu, el primero del que espero sean muchos números de la revista SuperSonic. Portada supersonic1 A un precio muy asequible, solo 2,99 euros, esta revista os acercará a todas las novedades, los relatos y las reseñas más interesantes de la mano de un equipo editorial formado por blogueros, traductores, editores y autores que os mantendrán al tanto de la actualidad en el ámbito de la ciencia ficción, la fantasía y el terror.

La fantástica portada de la ilustradora Marina Vidal sirve de magnífica carta de presentación para unos contenidos que, aunque son en su mayoría en español, también esconden sorpresas en inglés.

Podéis encontrar una entrevista exclusiva al autor y traductor de ciencia ficción Ken Liu, realizada por Elías Combarro, así como un encuentro con los escritores de fantasía épica Joe Abrecrombie y Saladin Ahmed de la mano de una servidora (ambas en inglés y español). Se incluye un artículo en el que Miquel Codony analiza los rasgos más representativos de la fantasía épica, esta que suscribe hace un repaso por las antologías de ciencia ficción en España y Alexander Páez examina el anime japonés Ghost in Shell. Si Leticia Lara profundiza en la obra y el estilo del autor Iain M. Banks, Elías Combarro comenta los mejores relatos de ciencia ficción aparecidos en inglés en el último trimestre, y Xavi del blog Dreams of Elvex descubre los cuentos premiados en el certamen Ignotus. Mariano Villareal expone las iniciativas españolas en materia de género que se están traduciendo al inglés actualmente, mientras Manuel de los Reyes despliega una tribuna abierta para tratar temas relacionados con la traducción y James Womack indaga en la vida del editor de una editorial emergente.

En cuanto a ficción, se incluye el cuento “Monsters” del escritor Lavie Tidhar, que también se ofrece traducido al español, así como el relato “Dancing in the Shadow of the Once” de Rochita Loenen-Ruiz. Marian Womack firma “Black Isle”, la traducción al inglés del relato del mismo título que aparece en la antología Alucinadas. Asimismo, la revista propone una serie de relatos inéditos inscritos en el proyecto “Desahucio en Marte”, coordinado por Santiago Eximeno, con obras del propio Eximeno (“Last Exit for the Lost”), de Ricardo Montesinos (“Números rojos, planeta rojo”), Juanfran Jiménez (“Hutus y Tutsis”) y de nuevo, una servidora (“Hambre”). La tanda de obras de ficción se cierra con la obra ciberpunk “El crujido de la cereza al romperse” de Sofía Rhei y con “Gloria de España”, un relato weird-folckórico de Weldon Penderton. El Nº1 se cierra con una rueda de reseñas de las novedades editoriales, realizadas por el equipo editorial, con la adición de Josep María Oriol (que es también el proveedor de imágenes fotográficas de la web de la revista).

Esperamos que no dejéis pasar esta ocasión y os suméis a la comunidad de SuperSónicos.

OUGH YEAGH!!!