“Incandescence” de Greg Egan

La creencia de que uno escoge los libros que lee es solo una ilusión. Hay libros que te escogen… con premeditación y alevosía. Encontré Incandescence de Greg Egan en medio de una monumental pila de títulos en la librería de un supermercado. Fue un encuentro poco glamoroso, lo reconozco. Los carritos de la compra nos rodeaban y la gente intentaba –sin mucho éxito- maniobrar para no estamparse contra la pirámide de obras situadas bajo el cartel de las rebajas ocasionales.

El libro de Egan destacaba porque su sobrio diseño de portada nada tenía que ver con las novelas de la Steel, los recetarios de cocina y las antologías de cuentos infantiles con los que se codeaba. Reconocí el nombre del autor y tomé el libro extrañada de encontrármelo allí. Confieso que miré a mi alrededor varias veces buscando la cámara oculta. Porque encontrar una obra de un autor de ciencia ficción dura en la sección de libros de un supermercado puede deberse solo a dos causas: una singularidad abierta en la fibra del espacio-tiempo o una broma televisiva. Creo que, en este caso, tiene más sentido la singularidad.

Ahora estoy firmemente convencida de que Incandescence me eligió por ser una de las pocas personas que conocía a su autor en aquel lugar y por ser mundialmente conocida por mis dotes rastreadoras –me tienen fichada en librerías y bibliotecas-, lo que quiere decir que fisgoneo y desordeno las estanterías y destruyo pilas perfectas de libros para rebuscar.

Sé lo que estáis pensando. ¿Cómo te has atrevido con Greg Egan si eres de letras? Vaya por delante que a mí, eso de las etiquetas, me la bufa. Lo siento, tenía que decirlo. No creo que nadie tenga derecho a ponerle vallas a mi querencia por el género. Las categorías, cuando son descriptivas y no prescriptivas, solo me ayudan a entender: nunca a juzgar. En este sentido, también me revienta que se dude de la capacidad de los científicos para componer trabajos de ficción. La creatividad, y creo que el talento también, desconocen el partidismo. No se adhieren al pellejo del escritor porque tenga las paredes pobladas de diplomas de estudios clásicos.

Dos historias: mucho hilo que ovillar

Lo cierto es que en Incandescence hay algo más que física para deleitar a los teóricos más recalcitrantes. La novela se estructura en torno a dos historias paralelas que se acercan con la misma fuerza gravitatoria con la que la estrella de neutrones descrita en una de ellas atrae al mundo conocido como la Esquirla.

No somos muy fans de las historias paralelas, el blog y yo. Como ya explicamos en la entrada dedicada a El vacío de los sueños de Peter F. Hamilton, este tipo de narración nos distrae, nos altera y nos confunde a partes iguales.  Por un lado, en Incandescence se narran las aventuras de Rakesh, un vividor espacial de vuelta de todo decidido a desentrañar el enigma que una raza desconocida le propone. La motivación de Rakesh para aceptar el insólito desafío de dicha raza, los Distantes –el nombre lo dice todo-, es una de las fuerzas más poderosas y universales que existe: el aburrimiento. Rakesh es prácticamente inmortal, lo que es sinónimo de decir que el hastío lo invade, porque nada le consigue conmover.

Egan nunca explica quiénes son los Distantes ni a qué dedican su tiempo libre. Tampoco se digna a mencionar por qué les interesa que Rakesh se ponga a investigar un meteorito con restos de ADN de una especie emparentada con la humana. El tipo se pasa la mayor parte de la trama cuestionando, y nosotros con él, las razones de los Distantes para actuar sin ser vistos. El blog y yo creemos haberlas identificado. Para conocerlas, remitimos al lector al párrafo anterior: seguramente, se trate de una forma de combatir el aburrimiento. No hay nada como pasar el tiempo entreteniéndose en ser testigos de las miserias intelectuales de los demás: ahí están los realities.

La ética del intervencionismo, que es como yo llamo al debate sobre el derecho a interferir en el desarrollo histórico de otra especie, tortura a Rakesh de manera incomprensible. A veces, sus conversaciones con su compañera de viaje –de nombre impronunciable- nos dejan un extraño sabor de boca porque parece que ambos se limitan a defender posturas antagónicas con una cabezonería poco atractiva, si se me permite decirlo.

Mundo-Esquirla

Por otro lado, en la segunda trama que se va intercalando con la primera, Incandescence nos trasporta hasta un mundo imposible: un trozo de roca –la Esquirla- posicionado en el disco de acreción de un agujero negro. Cuando una estrella de neutrones amenaza la órbita del mundo, sus seres intentan buscar una manera de evitar el apocalipsis. Dichos seres artrópodos parecen ser los portadores del ADN que Rakesh anda buscando por toda la galaxia… y hasta ahí puedo leer sobre este asunto.

Ahora, quiero un redoble de tambores, si me lo permitís. Porque, precisamente en mi total desconocimiento de la física relativista, reside mi interés por las historias de Egan en Incandescence. Porque yo no puedo seguir los planteamientos teóricos de los cangrejoides de la Esquirla a la hora de determinar la órbita de su querido trozo de roca. Pero puedo entender qué significa para una cultura -sean cangrejos, ectoplasmas o seres humanos- construir el edificio del saber, como decía Descartes, a partir de la observación y la reflexión. Esos seres tan insignificantes son capaces de trabajar en equipo para salvar su mundo contando solo con el poder de su capacidad de raciocinio, algunos muelles, unas piedras, varios pergaminos, unos cuantos ábacos y mucha geometría. ¿Cómo os habéis quedado? Supongo que flipando… como el blog y yo.

Solo podemos especular sobre los motivos por los que Egan se inclina por hacer un pespunte de historias que se entrelazan sin tocarse: ¿quiere que nos devanemos los sesos? ¿no sabe cómo rematar la jugada? ¿desea dar pie a las especulaciones? Es cierto que existe una página web en la que el australiano da pistas sobre los conceptos  científicos empleados en la historia http://gregegan.customer.netspace.net.au/INCANDESCENCE/Incandescence.html. Es cierto también que si tienes unos mínimos conocimientos de física relativista, la página consigue arrojar luz sobre los movimientos orbitales descritos en la novela. Es tristemente verdad que ni al blog ni a mí nos sirvió de mucho…

Tengo que admitir que Incandescence no es para cualquier lector, ni siquiera para cualquier aficionado de ciencia ficción. Es un libro que, como dice John Scalzi en la web de Egan, hay que leer con una hoja en sucio en la que puedas garabatear los nombres de las direcciones del mundo-Esquirla y los movimientos orbitales.

A pesar de su extraña estructura y no menos extraños personajes, y del tiempo que hemos invertido en leer con atención todas las observaciones científicas sin entenderlas, Incandescence acaba atrapándote de la misma manera que lo haría el agujero negro que describe. Seguramente nuestros “desconocimientos físicos” nos han forzado a encontrar otros aspectos –éticos, epistemológicos, folclóricos- en los que deleitarnos.

Le digo al blog que Egan es un escritor brillante que no deja indiferente al lector.

El blog asiente con la mirada un poco perdida mientras se registra voluntariamente en una clínica online de desintoxicación Egeniana

 

Carta de amor… a un libro

Lo mío con los libros fue un amor a primera vista. Me atraparon con su sonrisa cuando yo debía tener unos cinco o seis años y, desde entonces, permanezco bajo su hechizo. “¿Los libros sonríen?”, me preguntareis. Y yo os contesto: “¿a qué se parece un libro abierto visto de frente y de perfil?”. Para algunos tiene forma de pájaro volando… yo siempre he creído que parece una boca sonriente.

Recuerdo perfectamente la cartilla de lectura: “a” de “araña”, “e” de “elefante”, “i” de “iglesia”, “o” de “ojo” y “u” de “uvas”. La mayoría de los niños de mi edad advertían en la cartilla garabatos gordos y delgados que iban adquiriendo sentido y que, combinados unos con otros, destrababan el secreto de la lectura. Yo, en cambio, veía arañas de ojossaltones que habitaban iglesias construidas sobre elefantes y que se nutrían de toneladas de uvas. Y aunque hoy en día esté leyendo la receta de las chuletas de ternera con salsa “Bordelaise”, las arañas siguen correteando por las esquinas de las páginas del libro de cocina…

Si preguntásemos a cada entusiasta de la literatura por las razones que le llevan a dar rienda suelta a su afición, seguro que no obtendríamos dos respuestas iguales. Primero, porque las horas pasadas rodeados de palabras los hace inclinarse hacia una cierta incontinencia verbal (para muestra, léase este blog), algo difícil de reproducir con fidelidad. Segundo, porque cada persona esgrimirá motivos distintos: escapismo, estimulación sensorial, sed de conocimientos, entretenimiento, etc. Todas son válidas y honorables porque la percepción y deguste de cualquier obra creativa es una experiencia individual y privativa, otra forma de decir que “para los gustos, los colores”.

Yo tengo mis razones, que no son ni mejores ni más válidas ni más honorables que las del resto de aficionados. A mí, los libros me gustan porque me hacen sentirme libre. Desde el mismo momento que tomo un libro en mis manos u hojeo un catálogo de e-books por Internet, soy yo la que decido si lo leo o no. Cuando los estoy leyendo, soy yo la que decido si merece la pena y continúo hasta el final. Si mi juicio me ha jugado una mala pasada y la obra no despierta el interés prometido, puedo cerrar el libro o el e-book y buscar otro.

Este punto merece un aparte: en mi mundo, no hay peor pecado que no terminar de leer una obra. Es una especie de insolencia silenciosa hacia la historia, una injuria que desvaloriza las horas que el autor ha invertido escribiendo, editando, corrigiendo. Confieso que soy una pecadora: mi estómago no ha sido lo suficientemente fuerte como para terminar algún que otro libro.

Los libros nos hacen libres porque despiertan nuestro espíritu crítico. Lo liberan, principalmente, sacándolo de la apatía en la que esta sociedad lo sumerge con todo su arsenal mediático y económico. No estoy haciendo una crítica de la cultura actual –yo misma soy Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas, lo que quiere decir que soy una “boina verde” del sistema- solo pongo de manifiesto alguno de sus efectos sedantes.

Ya sé qué estáis pensando: las campañas de marketing y la política comercial de las editorial y las distribuidoras marcan las pautas de lo que está disponible y puede encontrarse en los puntos de ventas. Pero gracias a las “autopistas de la información”, o sea los motores de búsqueda, redes sociales, blogs literarios, enciclopedias online, webs de autores, editoriales independientes, librerías virtuales, asociaciones literarias y páginas de clubs de lectores, yo puedo elegir con cierta independencia los títulos que me interesa leer. El único obstáculo infranqueable reside en la descatalogación o el agotamiento de algunas ediciones en papel, aunque hoy en día existen webs dedicadas tanto a la recuperación de estas obras como a su conversión en e-books para garantizar un aprovisionamiento mínimo. Además, hay páginas como Creative Commons http://creativecommons.org que ofrecen un marco utilizar y compartir textos sin ánimo de lucro.

Cuando estoy leyendo no solo voy desmadejando las historias contadas, sino que también imagino situaciones, relaciono la narración con otras obras,  conecto el estilo del autor con el de otros escritores, bosquejo sub-tramas, construyo físicamente los personajes… además de que disfruto con el flujo de las palabras. Me susurran aventuras y destapan misterios con la misma facilidad con la que me aterrorizan o me hacen llorar de risa.

En resumen… soy libre para viajar… sin reservar billetes de tren ni hoteles… con un libro. ¿Entendéis ahora mi enamoramiento?

 

“Entre Extraños”: Sobrevivir gracias a la imaginación

“-Hola, mi nombre es Cristina y… yo también tengo un blog”.  “-¡Bienvenida, Cristina!”, corearon al mismo tiempo los miembros de la asociación de padres de criaturas virtuales en la que me acabo de inscribir. La reunión parece una convención de personajes sacados de un manual geek: hay madres de chats, padres adoptivos de páginas flash, responsables de motores de búsquedas, padrinos de webs dinámicas, tutores de navegadores… y un montón de parejas de padres de blogs.

Como soy madre soltera del blog, me siento un poco fuera de contexto: no conozco a nadie y voy sola, bueno… no exactamente, vine con el blog que, a su vez, se ha traído a su mascota “Bany”,un anuncio pop-up con mucha personalidad.

El blog me suplicó que viniéramos porque dice que se siente incomprendido por mi parte. Parece que no bastan las costosas sesiones con el psicólogo de blogs a las que he accedido que acudamos de manera conjunta. Dice que las sesiones solo le aislan más. Necesita sentir que forma parte de una comunidad con seres en situaciones semejantes. Y defiende que yo necesito encontrar otras personas que compartan mis experiencias para poder entenderlo mejor.

Suspiro.

Busco en la agenda del día si hay alguna charla organizada sobre el creciente narcisismo y/o egocentrismo de las criaturas virtuales. Lo más parecido que encuentro es un panel sobre Virtualidad y Teoría de la Identidad.

Suspiro otra vez.

El blog cree fervientemente que sentirse fuera de contexto es una señal de anormalidad. Yo creo que es todo lo contrario. Es un sentimiento universal que todos los adolescentes experimentan alguna vez… y no tan adolescentes. ¡Negadme que alguna vez alguno de vuestros compañeros de pandilla nos os miro raro cuando comentasteis que el viernes por la tarde os habíais quedado leyendo… no sé, Hyperion de Dan Simmons, por ejemplo! ¡Decidme que no sentisteis los ojos del resto de chavales clavados en vuestra nuca en un recreo cuando os oyeron reír leyendo Guía del Autoestopista Galáctico de Douglas Adams!

Ganando el premio Hugo sin ser del gremio

En eso y en otras cosas debía estar pensando Jo Walton mientras escribía Entre Extraños, la flamante ganadora del premio Hugo de este año. La novela será publicada en nuestro país próximamente por RBA Fantástica, el sello de la editorial dedicado a la ciencia ficción y la fantasía.

A simple vista, Entre Extraños es una novela sobre “groupies” del género, esas solitarias criaturas que se enroscan en los rincones sobre sus “pilas de libros”, desafiando el tiempo, el espacio y el presupuesto. En realidad, los aficionados a cualquier tipo de literatura se sentirán identificados con Mori, la protagonista, cuyo pasión por los libros la llevará en un principio a desconectar del mundo para conducirla luego a zambullirse en él.

Jo Walton no se queda en la superficialidad del concepto del fan sino que ahonda en su significado, ofreciendo una visión enriquecida por las numerosas referencias literarias que la protagonista nos regala a lo largo de la historia: una afición puede servir no solo para superar traumas familiares sino para establecer la propia identidad y para sentirse partícipe de un grupo con intereses comunes. Mori se da cuenta de que la bibliotecas son lugares únicos en donde donde convergen todos los lugares, un poco a la manera de el Aleph de Borges.

Mori no es una protagonista cualquiera. No queda muy claro en el texto si está suplantando la personalidad de su hermana gemela muerta, supuestamente, en un incidente provocado por la madre de ambas, o si se posee una doble personalidad. Al final, poco importa para el desarrollo de la trama aunque puestos a especular, el blog y yo nos inclinamos por la segunda opción. No pude dejar de pensar en Her Fearful Symmetry de Audrey Niffenegger, esa autora de apellido imposible de pronunciar conocida por escribir la “Ophrarizada” The Time´s Traveller Wife. La historia de Niffenegger también habla del conflicto encubierto entre las personalidades de dos gemelas capaces de ver fantasmas en un apartamento cercano a un conocido cementerio londinense.

En Entre Extraños quizás sea más claro el conflicto entre la madre y la/s hija/s aunque también se percibe una clara tensión entre las dos personalidades gemelas. Las relaciones disfuncionales de una familia que no lo es, con una madre ausente y enloquecida y un padre desconocido que se va materializando a lo largo del libro, dan paso a una miríada de parientes que ofrecen el anclaje emocional necesario para que la adolescente protagonista supere sus traumas.

Poco sabemos de dichos traumas, pues la historia solo ofrece veladas referencias en el diario a veces escueto y a veces detallado del personaje principal. Escrita en primera persona y con la ágil estructura de un registro casi diario, la trama se despliega ante los lectores desde el punto de vista de Mori. Es decir, se trata de una historia plagada de interpretaciones subjetivas de los acontecimientos que vive la adolescente traumada, lo que implica que dudemos continuamente de su credibilidad. Pero ¿y qué más da? ¿Qué importa que Mori se haya inventado una hermana gemela para superar el conflicto con su madre? ¿Qué más da que sostenga que ve hadas, duendes y fantasmas en los bosques y las ruinas? Este libro muestra que la imaginación puede ser la mejor estrategia para sobrevivir a las heridas profundas, o incluso, la única estrategia.

Quizás la parte menos atractiva, aunque necesaria, de la trama es la dedicada al internado inglés en el que Mori es obligada a estudiar. Nos encontramos con una copia pluscuamperfecta de Torres de Malory de Enid Blyton, con un colegio repleto de odiosas reglas sociales y en el que no está de moda prodigar la empatía.

Finalmente, Entre extraños es una declaración de amor hacia Gales, su idioma, sus costumbres, su mitología… vamos, eso que se conoce como la  idiosincrasia de un lugar. Y también es una apología de las bibliotecas, las librerías y los clubs de lectura, lugares prodigiosos donde la sensibilidad se acumula y distribuye, habitados por seres humanos más mágicos que las hadas, los duendes y los fantasmas.

Perpleja me quedo de que ésta sea la ganadora del premio Hugo 2012, no porque cuestione su calidad literaria, sino porque no creo que se trate ni siquiera de una novela perteneciente a la ciencia ficción o tan siquiera a la fantasía. Más bien, es una novela “sobre” el género en la que más de un ávido lector puede sentirse representado. Quizás sea eso lo que se haya premiado… aunque si alguien me pregunta, yo diría que es una novela juvenil sobre la búsqueda de la propia identidad… no la considero dentro de la categoría de obras sci-fi.

El blog me aleja de la reunión a rastras. Dice que le he puesto en evidencia recomendando Entre Extraños a todos los asistentes que se me han cruzado en el camino y que son responsables de criaturas virtuales adolescentes.

Amnesia temporal debe ser uno de los efectos secundarios de acudir a este tipo de eventos, porque no recuerdo haber hablado con nadie de la novela… ¿o si?

 

Ciencia ficción y autismo: “La velocidad de la oscuridad” de Elisabeth Moon

“¿Hay que encontrar la luz o hay que perder el miedo a la oscuridad?”

 

Mira que me lo habían advertido: “Como empieces un blog, nunca serás libre de nuevo”, me dijeron. Y yo, que soy muy echada para delante, les replicaba: “¡No, si lo puedo dejar cuando quiera!”.

Necias palabras las mías.  Porque lo cierto es que cuando inicias un blog -aunque sea tan disfuncional como éste- adquieres una serie de obligaciones. El blog es muy exigente: como todo ser vivo, necesita nutrirse. Demanda información constantemente y, dejadme que os diga, ha convertido la glotonería virtual en todo un arte. Quiere saber más, profundizar y analizar con detenimiento, investigar, recopilar y digerir los datos para publicarlos. No reconoce los horarios de oficina, las fiestas del calendario ni los días de asuntos propios.

Como se está volviendo insaciable, he decidido llevarlo de nuevo al psicólogo. Sí, hay psicólogos para blogs, aunque sean pocos y se oculten bajo sospechosos nombres para preservar su intimidad. Parece que psicoanalizar blogs no debe estar bien visto en la profesión.

El psicólogo nos recomendó que leyéramos La velocidad de la oscuridad de Elisabeth Moon, publicado en nuestro país por Ediciones B en su colección Nova. Dice que el libro es inspirador pero no nos explica por qué lo cree.

Premio Nébula 2003

Quién desconozca a Elisabeth Moon debe saber que es una autora norteamericana ganadora del prestigioso premio Nébula en 2003 con La velocidad de la oscuridad. Estos premios son los que concede la asociación Science Fiction and Fantasy Writers of America cada año para galardonar los mejores trabajos en el ámbito de la ciencia ficción y la fantasía en USA.

La mayor parte del libro está escrito en primera persona, o sea, desde el punto de vista de Lou Arrendale, el protagonista. Lou tiene autismo, pero su increíble capacidad para detectar pautas en el aparente caos de la informática lo han convertido en empleado de una multinacional.

La historia se sitúa en un futuro a medio plazo. Vamos bien. El protagonista es capaz de articular sus pensamientos de manera inteligible y de funcionar eficientemente en la sociedad gracias a las terapias de conducta aplicadas de manera intensiva desde la infancia. De hecho, la multinacional que emplea a Lou dispone de un departamento completo compuesto de personal con autismo.

Arranque prometedor. De hecho esta novela se enmarca en una cierta tradición de la literatura de fantasía y ciencia ficción que “aprovecha” las habilidades de las personas con autismo de alto funcionamiento (con un cociente intelectual de más de 70-80). La novela Martian Time-Slip de Phillip K. Dick ya exploraba en 1964 la facultad para alterar el continuo temporal de Manfred Steiner, un chico con autismo en Marte. Otro título, encuadrado en la literatura fantástica y de horror, es The Regulators que Stephen King publicó en 1996 bajo el pseudónimo de Richard Bachman. La historia viaja por la mente poseída de un muchacho que tiene autismo, capaz de controlar la realidad que lo rodea.

Ponerse en la piel del otro

El problema con La velocidad de la oscuridad no es la temática. Resulta posible que en el futuro se desarrollen tratamientos que no solo mitiguen sino que permitan a las personas con autismo superar los trastornos de desarrollo que padecen. Parece razonable, aunque poco probable, que grandes empresas entiendan y aprovechen las características únicas de este tipo de personas y les proporcionen un entorno laboral seguro y adaptado a sus necesidades.

El punto débil de la historia reside en el protagonista. Lou es el adulto con autismo más sensible a las emociones, relaciones sociales y conductas que conozco. Acepto que al haberse sometido a terapias específicas desde su infancia, está mejor preparado para hacer frente a los desafíos que presentan las interacciones sociales cotidianas. Lo que no puedo entender, quizás porque nunca he interactuado directamente con ninguna persona que presente este tipo de trastornos, es que articule con tanta exactitud sus emociones y las de los demás. Incluso cuando se equivoca, como en su relación con uno de su compañeros de esgrima, me veo reflejada en ese tipo de situaciones y pienso que somos muchos los que sin tener autismo encontramos dificultades para descifrar el comportamiento de los demás.

Elisabeth Moon tiene un hijo con autismo. Seguro que ella está mejor informada y preparada para entender el universo de este colectivo y para trasladarlo de manera creíble al papel. Pero yo no me lo creo. No me creo al protagonista porque no le veo tan distante socialmente como pienso –y digo “pienso” desde la total ignorancia sobre el autismo- que una persona que experimente un trastorno del desarrollo pueda actuar. Conozco algún individuo que supuestamente no padece ningún dificultad de este tipo que comete más torpezas que Lou en sus interacciones diarias… y no miro a nadie.

Tampoco ayuda demasiado a aumentar la credibilidad del personaje el hecho de que su recorrido personal sea impecable. Lou es el héroe: trabajador modelo, vecino perfecto, ciudadano responsable, espadachín con talento… Sin contar con que es un estudioso incansable capaz de entender los secretos de la neurología en tiempo récord.

El esfuerzo de la autora por desentrañar los procesos mentales de las personas afectadas por el autismo es indiscutible. Nunca es fácil ponerse en la piel del otro, sobre todo si ese “otro” forma parte de una comunidad con necesidades especiales. Pero creo que su experiencia vital la empuja a adoptar una visión idealizada del autismo, distorsionando los desafíos a los que las personas con este tipo de trastornos tienen que hacer frente. Porque nadie, con autismo o sin él, es perfecto. Y hay una tendencia a convertir en héroe a todo lo que se mueve que a mí, particularmente, me agota.

A lo mejor la rara soy yo…

El remate de un desarrollo in decrescendo es el final, que no os voy a contar para no destripar la novela pero que en mi tierra es lo que se suele definir como “pasteloso”. Por si fuera poco la novela no aclara las razones por las que la multinacional en la que trabaja el protagonista está tan interesada en forzar a los empleados con autismo a someterse a un tratamiento experimental “reparador”.

En líneas generales se trata de un libro fluido con una temática a medio camino entre el biopunk, la ciencia ficción social y las teorías conspiratorias que ofrece una reflexión novelada y en primera persona sobre el  autismo.

Al blog el libro le ha encantado.

Dice que se siente identificado con el personaje principal y se ha auto-proclamado un ser virtual incomprendido… lo cuál me deja mucho más tranquila.

Porque todo el mundo sabe que un adolescente, sea virtual o no, se empeña en declararse “diferente”, es algo totalmente normal. Aunque se trate de un blog.

 

Literatura Fantástica RBA: Apuesta por la sci-fi y la fantasía

El blog me llora. Tengo la casa inundada de pixels y no me da la vida, ni el presupuesto, para pasarle pañuelos de papel y enchufarle lápices ópticos. Lo de los pañuelos es para secarle las lágrimas pixeladas. Lo de los lápices es para no perder la información que va derramando.

Todo es por culpa del tutorial de Minecraft con el que andaba saliendo. Digo “andaba” porque le ha dejado por una lista de música -por algo las llaman “listas”-, el muy energúmeno.

El caso es que el blog vaga desconsolado por los rincones. Ni siquiera “Bany”, el banner que tiene por  mascota y que se aparece y desaparece a voluntad, consigue sacarle de su tristeza.

He decidido consolarlo dándole una buena noticia. Porque que una editorial española apueste por la literatura de ciencia ficción y fantasía, con los tiempos que corren –si, estamos hablando de la crisis económica nacional, la subida del IVA o la “rentrée” (ese glamoroso término con que los franceses conocen la “vuelta al cole” patria), es para felicitarse.

Nos referimos a la editorial RBA, @LiteFantastica, que desde este verano cuenta con una colección dedicada a ambos géneros –sci-fi y fantasía- y cuyas novedades se pueden consultar en la página http://www.literatura-fantastica.es/quienes-somos/

De momento, ofrecen tres títulos de género fantástico: Las Furias de Alera de Jim “Carnicero” ButcherLos Caballos Celestes de Guy Gavriel Kay y Entre extraños deJo Walton, la novela recién proclamada ganadora del premio Hugo. En ciencia ficción nos proponen Mundos de Exilio e Ilusión de Ursula K. Le GuinCrash y La isla de hormigón de J. G. Ballard y Cuatro Novelas de H.G. Wells.

Le muestro al blog la entrevista que nos ha concedido Francisco García Lorenzana, el director de la colección, y parece que se ha animado un poco. Quizás os suene su nombre, ligado no solo al género de la ciencia ficción y la fantasía, sino al terror, a la novela histórica y al ensayo. Tras trabajar para Círculo de Lectores, Plaza & Janés, Ediciones Minotauro, Robinbook o Plataforma Editorial, García Lorenzana sigue enseñando Gestión de Proyectos Literarios y ejerciendo como editor profesional, además de dirigir la nueva aventura fantástico-científica de RBA.

Cristina: ¿Qué criterios adoptáis a la hora de elegir los títulos de la colección?

Francisco García Lorenzana: Intentamos buscar un equilibrio entre la calidad literaria y la comercialidad de los títulos y los autores que escogemos para formar parte de la colección. Nuestro objetivo principal es ofrecer a nuestros lectores las mejores historias de ciencia ficción y fantasía que tengan un buen nivel literario y que en algunos casos también puedan interesar al lector generalista o de otros géneros, como podría ser el caso de Los Caballos Celestiales de Guy Gavriel Kay, que es una novela muy interesante para el lector de novela histórica. Por esta misma razón, también intentamos combinar voces nuevas con autores consolidados, que ya tienen un público, ya sean clásicos o autores punteros del momento.

C: ¿Habrá distintas sub-colecciones (una para ciencia ficción, y otra para fantasía propiamente dicha)?

FGL: No, no tendremos sub-colecciones diferenciadas dentro de Literatura Fantástica, porque queremos llegar, además de al lector estrictamente de género, a un lector más transversal que se sienta a traído por autores o títulos concretos, sin que la adscripción a un género o a otro tenga demasiada importancia. Por otra parte, el lector estrictamente de género, ya sea de ciencia ficción o de fantasía, ya que se trata de dos públicos que no son exactamente iguales, conoce los autores y tiene criterio suficiente para discernir entre ambos géneros sin necesidad de unas indicaciones específicas desde la editorial.

C:¿Tienen cabida los autores nacionales?

FGL: Por supuesto y la incorporación de autores en lengua española es uno de los objetivos para el año 2013. La idea es incorporar a autores que escriben en castellano, pensando tanto en los escritores españoles como en las voces que nos puedan llegar de América Latina.

C: ¿Qué pensáis que puede aportar esta colección al panorama literario nacional? En otras palabras ¿qué diferencia a esta colección de otras iniciativas parecidas como las colecciones de Mundos Épicos o Gigamesh?

FGL: Pretendemos ampliar y diversificar el panorama de la literatura fantástica en el mercado editorial español, sobre todo en un momento en que algunas editoriales pequeñas, como ha sido el caso más reciente del Grupo AJEC, han tenido que cesar en sus actividades a causa de la situación económica general y del mercado editorial en particular. Lo que podemos aportar frente a otras editoriales más pequeñas es una mayor presencia en los puntos de venta y mayor difusión de nuestras obras entre el público a través de los medios de comunicación. En estos momentos el gran problema es dar a conocer cada uno de los títulos y que el lector sea consciente de la existencia de un libro concreto, que es un aspecto que se puede trabajar con el respaldo de un grupo editorial de larga trayectoria como RBA y que resulta mucho más difícil para un editor independiente si no tiene el respaldo de una serie de televisión, como ocurre en estos momento con Gigamesh. Evidentemente, esta capacidad de presencia en el mercado sólo tiene sentido si detrás existe un criterio editorial sólido, que es lo que fundamenta nuestra colección.

C: ¿Estarán los libros disponibles tan solo en formato físico o también en e-book y por qué?

FGL: De momento el lanzamiento de la colección sólo contempla el formato físico, pero ya estamos trabajando en la comercialización de los libros en e-book. El formato electrónico va a marcar el futuro del libro y es una realidad que ya está presente en nuestras vidas, que irá aumentando en los próximos años, aunque seguirá conviviendo durante bastante tiempo con el libro tradicional en papel.

C: ¿Cómo valoráis el mercado literario nacional en lo que respecta al género de la fantasía y la ciencia ficción?

FGL: En estos momentos de crisis general y de un ataque muy poco disimulado contra los sectores culturales en general, el mercado editorial se encuentra en un momento de atonía y de expectativa ante la evolución de la situación económica. Sin embargo, dentro de esta situación difícil, el género fantástico se encuentra un poco mejor por dos razones fundamentales: la primera es que cuenta con un público fiel que sigue apostando por su género preferido y, la segunda es que la presencia de la ciencia ficción y la fantasía en los medios audiovisuales permite una difusión muy amplia del género más allá del público aficionado. El fenómeno que representaron en su momento las películas de El Señor de los Anillos pasó el testigo a la serie de televisión basada en Juego de Tronos, que dentro de unos meses dará paso a otra serie de películas basadas en Tolkien, lo que tira del género en su conjunto.

En cuanto al lado creativo, los autores y autoras del fantástico en España se encuentran en un gran momento, con voces nuevas que han despuntado sobre todo en el campo del terror, en especial en su vertiente zombie; mientras que autores más consolidados han seguido manteniendo una producción de gran calidad. En líneas generales nos encontramos en un buen momento creativo, que tendría muchas más repercusión si la situación económica empezase a mejorar.

 

Agradecemos a Paco García Lorenzana su disponibilidad y la prontitud con la que nos concedió la entrevista y esperamos hablar durante muchos años de los títulos que aparecerán en esta colección.

No podemos, ni queremos, olvidarnos de todas aquellas aventuras editoriales y/o literarias, fueran del tamaño o género que fuesen, que han tenido que suspender sus actividades por culpa de la crisis del sector, de las entidades bancarias o del dichoso sistema. Sus esfuerzos permanecerán en nuestra memoria y su contribución formará parte de la Historia de la Literatura, así con mayúsculas.

 

El blog ya ha vuelto a las andadas.

Parece que está “skypeándose” con un chat argentino…

…seguiremos informando.