Sobrevivir a la muerte de la estrella

Uno de los rasgos más extraños de la personalidad del blog es su profundo fervor religioso. Lo habéis oído bien. Resulta que nos ha salido creyente… Parece como si para sentirse una criatura viviente de pleno derecho necesitara probar su vertiente espiritual abrazando algún tipo de creencia mística. Todavía no he acabado de entender exactamente de qué religión se considera seguidor. Unas veces lo veo meditando descalzo y con las piernas cruzadas en la posición del loto. Otras veces le pone velas a unos iconos viejísimos que compró por Internet. También lo he visto danzando mientras se acompañaba con unos crótalos o pequeños platillos. Alguna madrugada me lo he encontrado fumando cigarros y restregándose el cuerpo con hierbas aromáticas.

Intento comprenderlo, pero se me hace muy difícil porque no sé exactamente en qué cree. Cuando le pregunto, se limita a contestarme con generalidades como que tiene que haber un “Arquitecto” de toda la realidad. Quiero pensar que se refiere a la película Matrix, pero me temo que ni siquiera él tiene claro su religión.

Reflexionando sobre estas cosas me vino a la mente Cánticos de la lejana Tierra deArthur C. Clarke, editado en España por Alamut. Al final de sus días Clarke reconocía que se trataba de uno de sus libros favoritos porque recogía con precisión lo que siempre había querido trasmitir a través de su trabajo. En el capítulo 46 titulado “Lo que quiera que los Dioses sean…” un ser humano procedente de la Tierra intenta explicar qué es Dios a un humano nacido en una colonia de otro planeta. “El problema con la palabra Dios es que nunca ha significado lo mismo para dos personas, sobre todo si se trataba de filósofos”. Con una sola frase, el escritor británico afincado en Sri Lanka resumía uno de los puntos más polémicos de toda la historia del pensamiento de la humanidad.

Pero empecemos por el principio. Parece ser que el origen de la novela proviene del primer relato de ciencia ficción que el escritor vendió, titulado Equipo de Rescate, y que fue publicado en una antología en el año 1956. Las premisas de aquel cuento sirven de arranque a Cánticos: en un futuro a medio plazo el sol se transforma en nova y los habitantes de la Tierra se lanzan a explorar el espacio en busca de mundos viables.

Siguiendo la estela de aquel relato de los años 40, cuando Clarke trabajaba para la Fuerza Aérea Británica, Cánticos de la lejana Tierra comienza precisamente en una de las colonias establecidas por los descendientes de aquellos viajeros terrícolas. Thalassa, un planeta cubierto en su casi totalidad por océanos y con un puñado de islas habitables, es el escenario de la narración. En dicho entorno florece una comunidad utópica de seres humanos que vive en equilibrio con la naturaleza. El uso de la ingeniería genética para eliminar los genes causantes de los problemas de salud y de convivencia y el acceso a una información selectiva hacen posible una coexistencia cuasi-idílica.

La nave Magallanes, con otra remesa de supervivientes de la nova solar, llega a Thalassa para repostar agua con la que reconstruir el escudo de hielo que les permite contrarrestar los efectos de la abrasión al alcanzar velocidades cercanas a la de la luz. El encuentro pacífico entre la tripulación de la nave, en hibernación durante varios siglos, y los Thalassanos esconde un choque cultural más profundo con múltiples historias de amor incluidas.

He leído que muchos consideran esta obra como una de las menos afortunadas de Clarke. Yo, humildemente, no estoy de acuerdo. Cuando la novela se publicó en 1986, el autor británico no tenía que demostrar nada ya, me parece a mí. Después de escribir Cita con Rama2001: Odisea EspacialEl fin de la InfanciaEl Martillo de Dios o Las fuentes del Paraíso, ganar tres premios Hugo y dos Nébula y ser nombrado Caballero del Imperio Británico creo que podía permitirse el lujo de inventar lo que le diera la gana. Muchos le reprochan que en Cánticos de la lejana Tierra incluya una historia de amor demasiado azucarada y que ofrezca una visión un tanto ingenua de los asentamientos humanos en el futuro. Precisamente otros le echaron en cara que durante su carrera diera demasiada importancia a los aspectos tecnológicos y científicos de sus historias y que no dedicase la suficiente atención al desarrollo psicológico de los personajes. Por lo visto, en ninguna parte del Universo llueve a gusto de todos.

No entiendo esas críticas. En Cánticos de la lejana TierraClarke propone interesantes ideas científicas, como la del ascensor espacial o la de la utilización de la energía del vacío espacial como combustible para los viajes interestelares. Quizás a sus detractores les llegó a molestar que declarase tan abiertamente su ateísmo y que conscientemente excluyese la religión en su particular visión de una futura colonia terrestre en un planeta extra-solar. “No creo en Dios pero estoy muy interesado en él”, afirmaba sin reparo. Personalmente creo que hace un retrato bastante ajustado del hecho religioso describiendo al Dios Personal como “Alfa” y al Dios Impersonal como “Omega” en el famoso capítulo 46 que ya hemos citado. Lo que más me gusta es cómo termina la particular explicación sobre Dios del humano terrestre al humano Thalassano: “No creasnada de lo que he dicho…”

Es lícito que algunas obras de Clarke gusten más o menos pero no creo que sea justo desacreditar esta novela en concreto ya que es una de las que el escritor se sentía más satisfecho porque representaba su legado literario, científico y filosófico.

Acabo de encontrar al blog recitando, sí, lo habéis oído bien, recitando las tres Leyes de Clarke:

  1. Cuando un científico reputado pero entrado en años declara que algo es posible, es casi seguro que esté en lo cierto. Cuando declara que algo es imposible, probablemente esté en un error.
  2. La única manera de descubrir los límites de los posible es aventurase un poco más allá, hacia lo imposible.
  3. Cualquier tecnología suficientemente avanzada no se puede distinguir de la magia.

Me diréis que no debo preocuparme porque no existe ninguna Iglesia Clarkeana. Si no aparece en Wikipedia, probablemente no exista (1ª y hasta el momento única Ley de Cristina Jurado).

El blog parece no estar de acuerdo. Y me sigue mirando de forma rara…

 

Lunáticos perdidos: Entrevista a Gavin Rothery, Director de Arte de “Moon”

He llegado a la conclusión de que los blogs no están sujetos a las leyes de la probabilidad que gobiernan el universo. Quizás con ellos nos encontremos con la molesta excepción a toda regla, en un intento por parte de ese elástico concepto conocido como “sabiduría popular” por explicar las anomalías, lo raro, lo que no se ajusta a los preceptos de la física. Lo cierto es que hoy el blog se ha levantado con tan buen humor que me ha hecho sospechar que puede estar consumiendo alguna sustancia estimulante.

Después de someterlo a un sutil interrogatorio, descubro que sigue haciendo amigos. Tiene una capacidad extraordinaria para contactar con personas interesantes, que deben creer que se trata de un ser real. Trato de explicarle que él es virtual. Me lanza una sonrisa caústica y me hace un gesto desdeñoso. Descubro que, como le apasionan las películas, se ha hecho colega de Gavin Rothery, encargado de los efectos visuales y especiales de la película Moon (2009), dirigida por Duncan Jones.

No puedo reproducir aquí mi cara de asombro: esa labor la dejo en manos de vuestra imaginación. Tengo que reconocer que el blog dispone de recursos que yo desconozco. Parece que sabe idiomas y que tiene una capacidad innata para entablar relaciones, algo que a mí me cuesta una barbaridad. Tendré que mirármelo…

Estoy segura que la mayoría de vosotros conoce la película a la que nos hemos referido. Moon es un espectáculo visual y narrativo protagonizado por Sam –el solitario trabajador de Sarag, un complejo minero lunar- y Gerty –el ordenador central de las instalaciones-. Como si de una obra de teatro se tratase, y con solo dos personajes, la cinta explora la influencia de la soledad sobre la personalidad y la capacidad del ser humano por adaptarse y establecer relaciones sociales con otros seres. Asimismo cuestiona los límites utilitarios de la ingeniería genética por parte de poderosos intereses económicos. Lo mejor de todo es que se trata de un proyecto indie filmado con un presupuesto exiguo.

Rothery se licenció en Ilustración y Diseño Gráfico en la Leeds Metropolitan University y comenzó su andadura profesional como ilustrador comercial y dibujante de cómics tales como Batman. Más tarde pasó a trabajar en la industria de los videojuegos como responsable artístico de títulos que incluyen  Grand Theft Auto 3, uno de los más vendidos de todos los tiempos. Su carrera tomó un nuevo rumbo cuando empezó a colaborar en el desarrollo de efectos visuales en cine y televisión, llegando a supervisarlos en numerosos anuncios. Esta labor culminó con la película Moon, en la que ocupó de la dirección artística, el diseño gráfico, la visualización de efectos generados por ordenador y la supervisión de los efectos visuales. El largometraje obtuvo el aplauso generalizado de la crítica y ganó numerosos premios, incluidos un Bafta y un Hugo 2010. Últimamente Rothery se ha dedicado ha dirigir los efectos visuales de anuncios para marcas como Toyota, Reebok o Google, aunque ahora está trabajando en el desarrollo de una nueva película de sci-fi. A continuación os ofrecemos el fruto de nuestra conversación con Gavin, propiciada por el blog.

Cristina: La película Moon nos gustó por muchas razones: la originalidad de la historia; las actuaciones de Sam Rockwell y Kevin Spacey; y la estética de la producción. ¿Cómo te involucraste en el proyecto y cuál fue tu papel como Director Artístico y Supervisor de Efectos Visuales y Especiales?

Gavin Rothery: Compartí piso con Duncan (Duncan Jones, el director de Moon) durante unos diez años, más o menos. Entonces ambos éramos freelancers y trabajábamos juntos en todo. Intentábamos hacer una película desde siempre y Moon fue el resultado. Siendo nuestra forma de trabajar totalmente colaborativa pasábamos prácticamente todo el tiempo juntos y solíamos buscar ideas que pensábamos que eran interesantes. Como me considero un artista ante todo, me hice cargo de la parte artística. Mi experiencia en la industria de los videojuegos y de la animación por ordenador me hizo gravitar de manera natural hacia los efectos visuales. Así es cómo me involucré tanto en todo el proceso de producción. No fue como si solicitara un empleo con una función específica.

Una película perdida de los años ´70 y principios de los ´80

C: Hemos leído que tratasteis de crear una cierta atmósfera a lo largo de toda la película que recordase al cine de los ´70 y ´80 en obras como Silente Kunming o Blade Runner yde algunas series televisivas como Espacio: 1999. ¿En qué te inspiraste para crear los conceptos artísticos de Moon y por qué? ¿Qué fue lo más difícil de diseñar?

GR: El aspecto de los 70 y 80 vino dictado principalmente por los efectos visuales. Desde el principio del proyecto era consciente de que no tendríamos el presupuesto necesario para competir con películas como Transformes 2 y Avatar. Inicialmente el guión incluía 21 minutos de exteriores lunares. Yo tenía claro que debíamos usar modelos a escala. Estaba entusiasmado porque siempre me encantaron las miniaturas y quería saber qué podríamos hacer con ellas trabajando con una fotografía que incluyese una animación por ordenador muy sutil. Aunque tuve que luchar por ello, una vez que agotamos todas nuestras opciones para utilizar más animación por ordenador, terminamos por retornar a la idea original.  Diseñé la película para que pareciese una cinta perdida de los años ´70 y principios de los ´80,  de manera que todo encajase y el trabajo con los modelos a escala no se viera fuera de contexto. No hubo nada demasiado difícil de diseñar, ya que soy un fan incondicional de la ciencia ficción. Todo se fue haciendo al tiempo que progresábamos. Había mucho que hacer y podía hacer como quisiera. Fue divertido.

C: Trabajar con un presupuesto ajustado estimula la imaginación y la capacidad de realizar múltiples tareas. De algún modo tu equipo y tú fuisteis capaces de crear una escenografía y unos efectos especiales estupendos con muy pocos recursos. ¿Cuánto del sorprendente aspecto final se consiguió prestando mucha atención a los detalles? ¿Te divirtió tu primer trabajo como doble de actores?

GR: Construí el look de los efectos especiales y visuales desde mi dormitorio trabajando hasta muy tarde por las noches. Dormí una media de dos horas en los cuatro meses que duró la pre-producción y el rodaje. Recuerdo que estaba muy cansado. Una de las cosas de las que me he dado cuenta en la vida es que hay dos clases de trabajos: uno que te absorbe la energía y te fatiga; y otro que parece recargarte más cuanto más trabajas. Moon conseguía recargarme. De otra forma, me hubiera matado.

Me divirtió hacer de especialista pero se siente mucha presión cuando la cámara te enfoca y el trabajo de todo el mundo depende de que tú no la fastidies. Lo conté con detalle en mi blog http://www.gavinrothery.com/they-never-went-to-the-moon/2011/8/21/the-unknown-stuntman.html

C: Precisamente en tu blog explicas con gran detenimiento tu trabajo. Incluso dispones de una sección dedicada a ofrecer detalles sobre Moon http://www.gavinrothery.com/they-never-went-to-the-moon/ en la que aceptas comentarios. Además eres muy activo en Titear. ¿En qué crees que contribuyen las redes sociales en el proceso creativo? En otras palabras, ¿tienes en cuenta el feedback  y/o las ideas que te llegan de las redes sociales?

GR: Empecé a utilizar las redes sociales después de terminar Moon e intento apartarlo de mi trabajo como regla general. No puedo pararme a preguntar a la gente cada día si les gusta lo que hago: tengo que confiar en mis propios instintos. Puedo lanzar una pregunta de vez en cuando, pero nunca sobre algo de importancia crítica. Las redes sociales son una buena forma para valorar opiniones, pero tienes que tener cuidado en cómo hacerlo, de manera que puedas interpretar los resultados de manera correcta.

C: Aparte de Moon has trabajado en publicidad. ¿Podrías contarnos cuáles son tus actuales proyectos?

GR: Acabo de dejar la publicidad (justamente este lunes pasado) para dedicarme 100% al cine. Estuve trabajando bastante para Toyota y Google pero ahora me he concentrado en mi primer largometraje de ciencia-ficción, Archive, que estoy co-escribiendo y que voy a dirigir. ¡Ahora tengo que superar Moon!

[En este punto tengo que hacer un inciso. Somos devoradores del blog de Gavin desde hace algún tiempo y en una de las entradas explica cómo elaboró los diseños gráficos de todo el material visual de la estación Sarag, desde logotipos aplicados a la ropa y al mobiliario a las etiquetas y la cartelería. Nos llamó la atención un gráfico dedicado a mostrar el sistema  de reinicio de emergencia en caso de tormenta solarhttp://www.gavinrothery.com/they-never-went-to-the-moon/?currentPage=4Gavin utilizó palabras sacadas de su vida diaria para crear acrónimos que insertó en dichos gráficos y que él mismo explica. Sin embargo, deja la palabra “JAIC” sin aclarar. No pudimos resistirnos a preguntarle por ella].

C: Para terminar, nos morimos por saber qué significa “JAIC”.  No te preocupes porque la gente lo descubra ya que esta entrevista la traduciremos al español.

GR: Me temo que no puedo decírtelo porque es un secreto que tengo con una buena amiga. Juré que sólo le revelaría a ella el significado y, además, sabe español. ¡Lo siento! Asegúrate de leer mi blog de ciencia ficción, que actualizo diariamente y que esconde interesantes tesoros http://www.gavinrothery.com/my-blog/

Queremos agradecer a Gavin Rothery que haya satisfecho nuestra curiosidad. Admiramos su labor y esperamos que sus proyectos futuros tengan el éxito y la repercusión que sin duda merecerán. Desde aquí, el blog y yo estaremos haciendo guardia para ver los frutos de su inmensa imaginación.

El blog quería despedirse como os merecéis pero hoy, 29 de marzo, se ha quedado mudo. Me dice mediante gestos que apoya la huelga general… Un nuevo calificativo se añade de esta forma a la lista que define a este tipo de criaturas virtuales: ¡Solidarios!

 

“Yo, Virtual”: ciberpunk con sabor venezolano

Desde hace algún tiempo tengo la impresión de que, en vez de tener un blog, lo padezco. Sus continuos cambios de humor, su actitud rebelde y su cabezonería (¿a quién habrá salido?) me hacen pensar que, seguramente, está pasando por su fase adolescente, si es que eso es posible en el universo bloguero. Ahora anda haciendo amigos en Twitter y dice que ya tiene varios cientos de seguidores. Me pregunto quién puede querer hacerse amigo de un blog tan desequilibrado como él pero, como no quiero herir sus sentimientos, he evitado sacar el tema.

Hoy vamos a hablar precisamente de la novela de uno de esos seguidores tuiteros con los que se comunica. El blog ha insistido en que leyésemos juntos Yo, virtual, publicada bajo demanda y disponible para descarga a través de Kindle, del venezolano Manuel A. Hernández Giuliani. A este Ingeniero de Sistemas, que reconoce sentirse un caraqueño de pura cepa, le apasionan la escritura y la fotografía, hobbies ambos que no le dan de comer. Actualmente anda escribiendo otro libro basado en un personaje que ya aparece en uno de sus cuentos anteriores, Punctum. Se pueden consultar sus relatos y escritos en MAHernandezG.blogspot.com

Si la conciencia de una persona pudiera almacenarse en un soporte informático transferido a un cerebro orgánico pero artificial ¿qué ocurriría? Pues que nos hallaríamos antes una duplicidad de personalidades: la biológicamente viva y la de su copia, digitalmente viva. Entonces ¿y si la persona de carne y hueso fallece? La copia digital, capaz de razonar y sentir en el ciberespacio, ¿sería considerada como una persona legalmente viva? O más bien, ¿tendría el estatus de “ser humano”?

Yo, virtual plantea estas preguntas a través de una trama de suspense con todos los ingredientes para atrapar la atención del lector: un proyecto científico a punto de ser cancelado; un equipo formado por cerebros brillantes y ambiciosos; burócratas al mando de un programa que no comprenden; un asesino desconocido que anda suelto; y un triángulo amoroso inesperado. Todo ello se cimienta en sólidas y atractivas propuestas científicas que dan forma a una frenética búsqueda de respuestas por parte de Miguel, el protagonista.

Es cierto que al lector puede saberle a poco esta historia ciberpunk que se resuelve en 64 páginas. A uno le queda la sensación de que Manuel A. Hernández podía haber desarrollado alguna historia paralela o ahondado en los personajes secundarios para enriquecer la trama, lo que hubiera dilatado la narración. También se podía haber profundizado en las dificultades que una personalidad virtual podría encontrar en la vida cotidiana. Sin embargo, estás son solo apreciaciones subjetivas derivadas del interés que despierta el tema y su tratamiento por parte del escritor venezolano: nos hubiera gustado disfrutar más y por eso le reprochamos de manera cariñosa que el desenlace llegara tan pronto.

Uno de los aspectos más atractivos es el uso de giros expresivos típicamente venezolanos: “Déjate de vaina y suéltalo”, dice el protagonista en la tercera página. Este punto es mucho más importante de lo que parece. Hay una parte de los aficionados del género cansada del anglo-centrismo que éste sufre. Parece como si solo tuvieran repercusión los proyectos literarios de ciencia ficción en inglés y no se concediera a las aportaciones de otras comunidades lingüísticas la importancia que deberían. Únicamente los muy doctos en la materia conocen trabajos de ciencia ficción francesa, china o finlandesa, por poner algún ejemplo. Por lo tanto, y para no perpetuar estereotipos, es necesario ayudar a descentralizar la producción de trabajos de ciencia ficción en español apoyando iniciativas que procedan de todos los países que compartan este idioma.

Una de las razones por las que hablamos de Yo, virtual es precisamente porque queremos dar la oportunidad a voces poco conocidas dentro del panorama sci-fi para que den visibilidad a sus ideas. Desde aquí apoyamos los giros lingüísticos locales incluidos por Manuel A. Hernández que, por otro lado, debe entenderse como algo normal porque es así como se expresan las personas en su país. Asimismo, y tal como el propio escritor señala en la página de agradecimientos, es interesante mencionar que la obra es el resultado de su experiencia en un taller de escritura creativa –en este caso el de Joaquín Pereira-.

Cuando se presentó la ocasión de preguntar directamente al escritor venezolano sobre ciertos aspectos de la novela, el blog y yo no lo pensamos dos veces. A continuación os ofrecemos la transcripción de la breve entrevista.

Cristina: ¿Qué te inspiró a escribir Yo, virtual?

Manuel A. Hernández: Por razones de trabajo debo viajar constantemente, por lo general ando solo y mi única comunicación con el mundo, al menos el contacto con mis seres queridos, es vía redes sociales. Ya sea por el Smartphone o por el portátil logro crear los puentes hacia mi mundo.

En un viaje, mientras escuchaba One de Metallica, se me atravesó la idea: ¿qué sucedería si yo físicamente no existiera? Algo parecido a lo que le pasó a Johnny en el libro Johnny Got His Gun, si tan solo fuera un ente que se comunicara por vías electrónicas, con seguridad nadie se daría cuenta y todo seguiría igual.

C: En la novela se mencionan nuevas tecnologías como el holófono, holomóvil, mentagramas junto con otras ya existentes como Internet o los ordenadores tradicionales. ¿Cuál ha sido la influencia de tu preparación como ingeniero de sistemas en tus ficciones tecnológicas?

MH: Respecto a los mentagramas es una metáfora de los respaldos de una base de datos relacional. Donde los respaldos alojan toda la información pero deben ser procesados para poder colocarlos en un estado funcional. De cierta manera podemos decir que el proceso que ahí describo es inspirado en el proceso de un manejador de bases de datos relacional.

Mi tesis de grado fue algo relacionado con redes neurales, quise realizar algo que con seguridad jamás volvería a trabajar, ya que el mercado laboral en Venezuela está dedicado a aplicaciones más aterrizadas y comerciales. Por lo que esa aventura me dio las bases de conocimiento para mi libro.

Para la época que ambiento el relato estas tecnologías son perfectamente plausibles, y desde el punto de vista del interés social con certeza es algo que hoy en día disfrutaríamos. Los hologramas es algo que el ser humano está buscando hacer realidad de una manera práctica y cuando esto se logre revolucionará toda la industria de consumo masivo.

C: Leyendo Yo, virtual uno no puede dejar de recordar mitos como el de Pigmalión o Frankenstein. En aquellos casos nos hallamos antes seres creados de manera artificial que inician una nueva conciencia. En el caso de la novela el Miguel virtual se trata del viaje de una conciencia ya viva hacia otro plano de la existencia. ¿Cuáles serían para ti las dificultades que encontraría una conciencia virtual?

MH: Quise trabajar en una era donde se iniciaran las zonas grises, el relato no es en un futuro lejano donde este tipo de seres serían comunes. Es en una época inicial donde nadie se espera a alguien vivo, pero sin cuerpo. Es por ello que la primera dificultad está en el mismo ser que padece/disfruta la nueva realidad, acostumbrado a sentir por medio de un vehículo físico, ahora debe acostumbrarse a nuevas formas de ver las cosas. Para el resto del mundo quizás no sea tan difícil. Tal como seguimos hoy en día, las personas ni se miran a la cara o tienen conversaciones en persona, se limitan a comunicarse  por medio de un aparato, hoy en día se vive de esa manera, por lo que nada evitaría que la gente se acostumbre a interactuar puramente con personas virtuales y no con seres con cuerpo.

C: En el capítulo “Lazarus” abres la puerta a un interesante debate ético “¿Qué significaría para el mundo que una máquina pueda pensar? ¿Qué sería de la naturaleza humana si separamos la mente, el espíritu, la esencia de un ser humano de su cuerpo? ¿Acaso dejaríamos de ser personas por el simple hecho de no tener un cuerpo biológico?”. De alguna manera planteas la posibilidad de explorar los límites de lo que se considera ser “humano”. Sin embargo, a veces no queda claro si estás planteando la “humanidad” de las máquinas auto-conscientes o el estatus que tendría una conciencia humana digitalizada. ¿Podrías aclararlo?

MH: Desde el punto de vista de los involucrados en el proyecto, en este caso Iván, no termina de aceptar si este nuevo ser es un humano o simplemente una máquina con inteligencia humana, y es algo que el mismo Miguel debe aclarar en el relato. Miguel sabe que es humano, pero sin un cuerpo, sin embargo ¿lo sabrán los demás? Ahora desde mi punto de vista, la mejor explicación la tiene Maxi. Desde que levantan al Miguel virtual, existirían dos, el de carne y hueso y el virtual.

C: ¿Cómo clasificarías la novela: Thriller con tintes de ciencia ficción o ciencia ficción con suspense?

MH: Este debate me persigue, para los amantes de la ciencia ficción dura esto es un relato detectivesco. Ellos esperarían algo ambientada en el espacio exterior para poder aceptar que es ciencia ficción. Para los no interesados en la ciencia ficción es un relato futurista y totalmente esperado y añorado. Para mí es ciencia ficción con algo de suspenso y drama.

C: En tu opinión ¿cuál es el estado actual del género sci-fi en Venezuela? ¿Y en Latinoamérica?

MH: Existe un gran movimiento de amantes de la ciencia ficción dura y clásica. Se dan reuniones semanales llamadas “Tertulias” donde cada sábado en Buenos Aires, Guayaquil y Caracas se disfruta de una amena charla de manera clásica (no virtual) sobre temas relacionados a la ciencia ficción. Además de existir mini bibliotecas para compartir libros y así ampliar la lectura entre sus miembros activos. Por lo que existe un nicho que de manera entusiasta realizan reuniones en diversos grupos y foros en internet. Estos grupos no solo se dedican a la ciencia ficción, también incluyen la fantasía y horror.

C: ¿Qué te llevó a publicar Yo, virtual bajo demanda? ¿Qué opinas de este tipo de servicio editorial?

MH: La publicación bajo demanda va muy con mi estilo personal, me sienta bien porqué tengo el control absoluto de lo que hago. En este medio no es fácil que alguien escriba un relato y se lo publiquen, por lo que uno debe iniciar el trabajo por su cuenta. Cuando no tienes un nombre debes empezar tu mismo a creártelo. Existen muchos servicios editoriales bajo demanda, antes de elegir revisé muchas de estas y me di cuenta que existen para todos los gustos, sin embargo, ninguno de ellos es garantía de ventas, tan solo tienes alguien que te imprime el trabajo cuando alguien lo quiere, el resto lo debes hacer tu. Con esta forma de trabajar lo más importante es el mercadeo y eso es algo que ahora considero más difícil que el escribir un libro.

Queremos agradecer a Manuel A. Hernández su diligencia a la hora de responder el cuestionario de este blog. Estamos deseando leer su nueva incursión en el género, en la que ya está trabajando y de la que sin duda os daremos cuenta.

Después de leer Yo, virtual, el blog me acaba de informar de que ahora se ha pasado al estilo ciberpunk. Ya se ha dejado una cresta y se pasea con un collar y una muñequera de pinchos… Si alguien conoce a algún psicoterapeuta especializado en adolescentes, por favor que no dude en ponerse en contacto conmigo.

Clones abandonados a su destino

A quienes se empeñan en afirmar que el blog es un ser inanimado, debo contestarles que se equivocan. Ya conté en la última entrada que es capaz de sentir rencor cuando me atreví a criticar a su admirado James Cameron. Esta semana no he dado abasto pasándole un pañuelo de papel tras otro, con los que se ha enjuagado sus lágrimas digitales. Leíamos Nunca me abandones de Kazuo Ishiguro (Anagrama). Porque el blog podrá ser un ente inanimado, pero no es insensible.

Algunos de vosotros mencionasteis este título cuando en Twitter pedimos que revelarais vuestro libro preferido de ciencia ficción. Encuadrado en la categoría “soft” o “blanda” del género, presenta una historia que se desarrolla en un pasado imaginario de un Reino Unido frío y poco acogedor. Quiero decir, más frío y poco acogedor de lo que ya es (que me perdonen los simpatizantes de las islas británicas).  La trama gira entorno a las relaciones lo largo de la infancia, adolescencia y juventud de tres clones concebidos exclusivamente para donar sus órganos.

Ishiguro logra sobrecoger al lector a lo largo de casi 300 páginas utilizando una narración en primera persona que destila una ingenuidad casi intolerable. Si bien hay quienes critican la evidente pasividad de la narradora, yo me inclino a pensar que se trata de una licencia del autor que consigue resaltar el horror escondido en las prácticas deshumanizadoras de un programa de ingeniería genética dedicado a criar donantes forzosos.

Clones: ¿seres humanos sin derechos?
Cuanto más inocente e indolente nos parece la protagonista, más terrorífica resulta la situación que, para añadir otro elemento escalofriante, comienza en un idílico internado británico. En este sentido Ishiguro utiliza como punto de partida un escenario estándar y prácticamente bucólico con un sentido profundamente dramático. A la manera de Hitchcock, es capaz de emplear la normalidad de la escuela como elemento que amplifica por contraste el espanto de unas prácticas científicas que, por otra parte, nunca se cuestionan.

Kathy H. es una narradora doblemente anónima: desde su concepción por ser un clon; y desde su presentación en las primeras líneas por la ausencia de un apellido completo. A pesar de su perspicacia y capacidad de observación se conforma con ser una mera espectadora, dejando que sus mejores amigos -Ruth y Tommy- sean los protagonistas de una vida planificada.

La falta de cuestionamiento de una situación abusiva por parte de los personajes y su inexplicable resignación deja patentes el proceso de “programación” al que son sometidos desde su nacimiento. Creo que se trata de uno de los elementos más terroríficos de la historia porque, a su condición de clones, los estudiantes tienen que añadir un constante lavado de cerebro en el internado que persiste en las casas de acogida a las que son asignados al llegar a la mayoría de edad.

Cada clon se “completa” cuando le extirpan cuatro órganos que, misteriosamente, nunca se revelan. La narradora trabaja como “cuidadora” para otros donantes, cuyo sentido del éxito personal se mide por el número de donaciones realizadas y la rapidez de su recuperación. Un clon que no haya pasado por la mesa de operaciones es un ser “incompleto”.

No nos queda muy claro si Kathy H. desea o no convertirse en donante para alcanzar la complexión determinada por su condición de copia de un original. Tan sólo existe en toda la historia un tímido intento de conseguir una moratoria al destino inexorable de los clones cuando la protagonista y su enamorado insisten en demostrar su condición de humanos legítimos. Hay algo de tragedia griega en la historia, ya que el devenir de los clones está fijado y su función social trasciende cualquier posible modificación de sus circunstancias.

El libro puede ser considerado como una llamada de atención sobre las consecuencias de un uso indiscriminado de la manipulación genética con fines terapéuticos. Personalmente creo que el autor va más allá. El auténtico debate es más profundo y tiene que ver con el concepto de ser humano en la sociedad. Los cuidadores, profesores, médicos y personal de apoyo que trata con los clones parece considerarlos seres humanos sin plenos derechos, aunque haya momentos en la trama en los que parezca que hasta ponen en duda su condición de “humanos”.

Ishiguro intenta poner de manifiesto las contradicciones de la naturaleza del hombrea la hora de auto-valorarse. Después de todo y hasta no hace mucho existían seres humanos de segunda categoría que no ostentaban los mismos derechos que las personas etiquetadas como “normales”. La xenofobia, la esclavitud, la homofobia, el racismo o el machismo son algunos de los nombres con los que conocemos aquellos colectivos que no reconocen los plenos derechos de los extranjeros, los esclavos, los homosexuales, las gentes de otras razas o las mujeres. Espero fervientemente que nunca haya que ahondar en el idioma griego para buscar un nombre que defina a los que no reconozcan los derechos de los clones. Mal andaríamos.

Yo sé por qué el blog ha llorado. Se ha sentido identificado con los clones de Nunca me abandones y le entristece ver que haya seres humanos que se resignen a ser “cosificados”. Pero él, al contrario que los personajes de Ishiguro, no se abandona en estos pensamientos. Él se rebela. De momento, ya ha plantado una pancarta en el salón y se ha proclamado “indignado”. Dice que busca mejores condiciones laborables: una hora para el bocadillo (¿los blogs comen?), seguro médico (¿los blogs caen enfermos?) y vacaciones pagadas (¿los blogs se estresan?).

En fin. Ya os contaré cuando lleguemos a firmar el convenio.

¿Y si ‘Avatar’ no fuera tan original?

Hoy me he rebelado. El blog no se lo esperaba. Mi repentina valentía le ha pillado por sorpresa y creo que por eso no ha opuesto resistencia. Me mira desde un rincón con ojos confabuladores y sé, porque lo conozco como si lo hubiera parido, que está tramando algo.

Cartel de la película Avatar

El blog es fan incondicional de James Cameron, el director de cine canadiense de películas como Piraña II(1981), Terminator (1984), Aliens (1986), Abyss (1989),Mentiras Arriesgadas (1994), Titanic (1997) o Avatar(2009). Por eso no me perdona que quiera referirme a este último título desde una perspectiva crítica, o como diría él, hostil. Le expliqué que mi intención no es entrar a valorar a Cameron como director, que los Na´vi me perdonen, porque no soy especialista en estudios cinematográficos ni soy crítica de cine. Me parece un profesional honesto, como diría un amigo mío que sí hizo un doctorado en cinematografía, pero tampoco encuentro que sus guiones sean obras cumbre del séptimo arte, aunque eso sería otro tema a tratar.

Lo que quiero es explicarme ante las muchas personas que se indignan cuando les comento que Avatar me desilusionó. Generalmente obtengo miradas sorprendidas,  gestos incrédulos y una retahíla de comentarios tipo “como-puedes-decir-eso-si-es-un-peliculón”. Llegué a pensar que debía haber algo que no funcionaba bien en mi cabeza porque su pseudo-filosofía zen gustaba tanto que incluso parecía haberle cambiado la vida a más de uno.

No os equivoquéis. Estoy de acuerdo con que las películas inspiren, permitan que la gente se cuestione ciertas cosas y estimulen la espiritualidad, la estética, la moral o la frivolidad. Es lícito que hasta Avatar lo haga, como lo pudieron hacer en su día Senderos de Gloria (1957), El cielo sobre Berlín (1987) o Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (1994) por poner varios ejemplos.

Yo lo único que le reprocho a Cameron es que no lograra sorprenderme. Ya sé lo que muchos pensáis justo ahora. ¿Y los efectos especiales? Tengo que reconocer que eran brillantes, porque el canadiense es el José Luis Moreno del espectáculo 2D y 3D –y conste que el Sr. Moreno cuenta con todos mis respectos-. Desde el comienzo de su carrera JC ha demostrado que es un fantástico ilusionista visual. Si fuera tan buen guionista como mago de los efectos digitales, sería un monstruo sagrado del celuloide.


Cameron, el rey del reciclaje narrativo
Hace varias semanas tuve el honor de entrevistar a Amy Thomson, la escritora de etno eco-ciencia-ficción que publicó en 1984 El color de la distancia. Mientras me documentaba para escribir el cuestionario que le envié,  llegué a comprobar que otros lectores habían llegado a conclusiones parecidas a las mías con respecto al asombroso parecido entre dicha novela y Avatar.

Lo cierto es que incluso la propia autora pensó que muchos de los elementos de la cinta era extraordinariamente parecidos a los de su obra.

En ambas historias hay un ser humano ‘infiltrado’ en una especie distinta, un planeta con una flora y fauna exuberantes y una civilización autóctona que vive en comunión con la naturaleza. Sospechoso ¿no?

Cameron afirma haber comenzado a escribir el primer borrador de su guión en 1995 y la novela de Amy Thomson se publicó en el 1984. Por su parte la novelista nos contaba que el germen de su historia provenía de unas pocas frases de La Mano Izquierda de la Oscuridad, el libro que Ursula K. Le Guin publicó en 1969. Se refería al momento en el que el protagonista, Genly Ai, se sorprende ante lo ajeno que su propio pueblo, dotado de dos sexos, le parece tras haber pasado muchos años alejado.

Lo anterior tan solo demuestra que las ideas de Cameron no son tan originales como parecen, pero en modo alguno sugiere que él las copiara. Cualquier creador busca inspiración a su alrededor. Se trata de un diálogo eterno que se plantea continuamente en todas las ramas del arte y en el que los artistas se re-interpretan, desafían, provocan y sugieren los unos a los otros. Forma parte del mecanismo creativo. La propia Amy Thomson comentaba que le habría hecho ilusión que Cameron hubiera leído su novela, pero que no tenía forma de comprobar si así había sido. El cineasta afirma haber leído compulsivamente ciencia ficción durante su adolescencia y juventud, llegando incluso a devorar un libro al día.  Él mismo lo reconoce en una entrevista para Total Film.

He encontrado numerosas reseñas sobre otras posibles fuentes de inspiración del cineasta, como este artículo que señalan diez posibles referentes.

Si damos crédito a los entendidos, Avatar también presenta numerosas coincidencias con El nombre del mundo es Bosque (1972) de la ya nombrada  Ursula K. Le Guin. En dicha novela los athstianos, unos humanoides de color verde y metro y medio de alto, son explotados en las factorías madereras de los humanos del frondoso planeta Nueva Tahití. Curioso ¿no?

Llámame Joe, la novela corta que Poul Anderson publicó en 1957, relata la historia de un parapléjico que habita telepáticamente una forma de vida artificial desarrollada para explorar un planeta, Júpiter, inaccesible para el ser humano. El protagonista se sienta cada vez más identificado con su cuerpo habitado mientras lucha contra los depredadores en la superficie joviana. No me digáis que no os suena extrañamente parecido a la historia de Avatar.


Postdata
Creo que queda más que explicada mi posición con respecto al tema. Pero no me quedaría tranquila si no analizara la desilusión añadida que me produjeron los escenarios y la música de la película. Es cierto que ambos aspectos no tienen nada que ver con la parte narrativa del proyecto, pero no puedo dejar de mencionarlos.

La escenografía del planeta Pandora nos recuerda a no pocos paisajes existentes tanto en la Tierra como en la imaginación de algún que otro creador. Las célebres islas flotantes del mundo de los Na´vi se parecen a las montañas de la región sur de Hunan en China.

El destino me hizo vivir en Paris durante varios años y allí descubrí una fabulosa serie de animación llamada Chasseurs de Dragons, creada por Arthur Qwak. En el este linkcomprobaréis cómo el mundo imaginario creado por Qwak está compuesto por miles de islas flotantes y móviles. No me resisto a hacer un apunte para comentaros que la canción que introduce la serie, “The Dragon Hunters Song”, está interpretada por The Cure.

En cuanto a la banda sonora de Avatar, compuesta por James Horner, son ya muchos los que destacan su inusual parecido a anteriores trabajos del músico para cintas comoTitanicGloryLas cuatro plumas o Willow. A mí, y esto es una opinión muy personal, me recordaba enormemente a la partitura que Ennio Morricone creó para La misiónpor su similar aproximación musical a la idiosincrasia de los nativos Na´vis tal como hacía el músico italiano con los guaraníes.

Por último quiero rematar esta entrada con una última observación. Cuando estaba viendoAvatar en el cine, y mientras me llevaba desilusión tras desilusión, no dejaba de acordarme de otra película de ciencia ficción de Cameron. Se trata de Aliens, la segunda entrega de la saga iniciada en 1979 por Ridley Scott. En ella encontramos los siguientes elementos emparentados: marines, lucha con exo-robots, científicos empeñados en estudiar a los extraterrestres, Sigourney Weaver

Diréis que estoy obsesionada. Diréis que qué me ha hecho James Cameron. Solo puedo decir en mi defensa que me he quedado tremendamente a gusto después de explicar mi postura. Con ella no quiero desvalorizar Avatar pues me parece que, a pesar de su falta de originalidad en muchos frentes, es una película entretenida y en la que se aprecian unos efectos especiales muy pensados y trabajados.

Sé que esta entrada me va a costar caro. El blog se la tiene jurada a la Jurado.