Entrevista a la editorial digital Fata Libelli

Este blog nació con la necesidad de apoyar, alentar y dar a conocer la literatura de ciencia ficción, en particular, y de fantasía, en general. También surgió para dar voz a autores menos conocidos, aunque nunca desaprovechemos la ocasión de entrevistar a los renombrados, y a proyectos independientes, especialmente en el ámbito del género en español. Además, el blog quiere servir de plataforma para divulgar iniciativas protagonizadas por mujeres, ya sean escritoras, editoras o ilustradoras, porque su voz –sencillamente- aún se oye menos.

La joven editorial digital Fata Libelli representa todas las cosas en las que cree este espacio. Desde que comenzó la andadura del sello, hace sólo unos meses, sus fundadoras/directoras/editoras Silvia Schettin y Susana Arroyo han lanzado al mercado en español obras de gran calidad de escritores excepcionales, poniendo tal mimo en las traducciones, maquetación y en el desarrollo de los prólogos que una se pregunta si no estará ante un espejismo, si no son una maniobra de los poderes fácticos para desviar la atención sobre la crisis.

Algo raro esconden, es imposible que antologías como “Hic sunt dragones” (con relatos de Tim Pratt), “Sui Generis” (con historias de Reggie Oliver, Mark Samuels y Quentin S. Crisp) o la inminente “Ad Astra” (con textos de Peter Watts) no guarden algún oscuro secreto. Se trata de obras que recogen textos arriesgados por su formato (novellas o relatos cortos que solo tienen cabida en colecciones monográficas o en las páginas de los fanzines) y por su temática (lo extraño e inverosímil que se cuela en la cotidianidad, en eso que los entendidos llaman Weird o New Weird). El blog y so os recomendamos los e-books de esta editorial que, no solo proporcionan productos de calidad a un precio muy asequible, sino que los ponen a disposición del lector sin DRM.

Me dispongo a entrevistarlas, ya que amablemente acceden a una charla, para desvelar aquello que ocultan. Podéis consultar esta misma entrevista en inglés en el blog amigo Sense of Wonder de Elías Combarro.

Cristina: ¿Cómo os conocisteis?

Silvia: Conocí a Susana hace ocho años gracias a un grupo de amigos en común. Aunque suene un poco gafapasta, no fue tanto este grupo de amigos roleros comunes lo que nos unió (de hecho, creo que habremos jugado solo una partida juntas) sino el que las dos fuéramos filólogas y nos interesara la teoría de la literatura. Es más, durante un tiempo incluso quedábamos los viernes por la noche con alguna amiga más para discutir preguntas de examen entre canapé y canapé. Noches salvajes de filólogas: no es lo que tú esperas.

Susana: Diría que fue hace unos ¿ocho años?, gracias a amigos comunes en el entorno de nuestro grupo de juegos de rol. Ambas éramos filólogas y a ambas nos apasionaba la teoría literaria, así que no tardamos en hacernos amigas. La idea de montar un negocio juntas no surgió hasta mucho después y casi podría decir que nos pilló por sorpresa a las dos.

Silvia (a la dcha.) y Susana (a la izq.) en pleno brainstorming

C: Una editorial no es una iniciativa que surja de un día para otro. Lleva detrás, seguramente, una intensa labor de investigación sobre la industria editorial, sobre las leyes relacionadas a la propiedad intelectual y los derechos de autor, así como un asesoramiento financiero y logístico. ¿Podrías contarnos cómo engendrasteis a la criatura? 

Susana: En efecto, el parto de la editorial fue largo y muy laborioso. Ambas llevábamos años trabajando en el mundo de la traducción y la edición, pero no sabíamos mucho en realidad sobre cómo montar una empresa. Primero tuvimos que pasar por los trámites generales de creación de un negocio (el papeleo para conformar una sociedad, darse de alta en diferentes registros, informarnos sobre cuestiones de impuestos, etc.). Luego, nos pusimos en contacto con asesores legales para informarnos en detalle sobre temas de propiedad intelectual y de protección de datos (para vender por internet y enviar boletines tienes que garantizar la privacidad de tus usuarios). A continuación, tuvimos que contratar asesores fiscales para que nos ayudaran con cuestiones de contratos, pagos al extranjero, tributación y gestión del IVA (ese injustísimo 21% de IVA con que están gravados los libros electrónicos). Las cuestiones financiaras y logísticas han sido más sencillas, porque los libros digitales no requieren tanta inversión inicial y no hay que almacenarlos ni distribuirlos físicamente, pero sí hemos invertido bastante tiempo en decidir su diseño y en tratar de hacerlos reconocibles y carismáticos. En total, diría que hemos tardado un año entero en parir a la criatura, y aún hoy nos pide de comer muy a menudo.

C: Dado que lleváis un blog en el que abordáis temas estrechamente relacionados con la fantasía en sus múltiples vertientes ¿cómo veis la situación del panorama nacional del género?

Silvia: Cuando empezamos el blog fue porque queríamos escribir sobre literatura fantástica desde una perspectiva teórica pero sin hacerlo de una forma demasiado densa o sesuda, porque nos apetecía acercarnos al género desde esa pulsión ensayística que a veces nos posee con «entusiasmo» platónico (¿ves?, es que es muy loco todo… ¿Un canapé?). Y la cuestión del género en España también es una de esas preguntas inevitables para las que se han aportado respuestas de todo tipo: mucho se ha dicho sobre si falta una tradición sólida como la anglosajona, que si faltan editoriales con apuestas serias, que si sigue siendo un mercado de nicho con pocos escritores y aun menos lectores… De todos modos, parece evidente que el género está de moda, aunque eso sea lo menos importante, pues las modas siempre son pasajeras. Lo importante es lo que dejan cuando se marchan: ese terreno abonado y ese caldo de cultivo fértil en el que creemos que crecerán una miríada de nuevas ideas, estilos y géneros.

«Sui Generis» de Fata Libelli, recopilación de relatos de Reggie Oliver, Mark Samuels y Quentin S. Crisp

C: ¿Hay alguna editorial ahí fuera que toméis, si no totalmente quizás en parte, como modelo?

Susana: Profesamos una gran admiración por la editorial canadiense ChiZine. Publican libros de gran calidad literaria, cuidan los diseños, se manejan con igual soltura entre libros de papel y libros digitales y han sabido crecer de forma lenta pero imparable. También nos gusta Angry Robot por su habilidad para involucrar a sus lectores y por su valentía a la hora de experimentar con ideas nuevas. Además, hay otras editoriales que admiramos por su capacidad para apostar por libros poco convencionales y por haberse sabido ganar el cariño de sus lectores, como Chômu Press, Tartarus Press, Small Beer Press y, como no, la fantástica Valdemar.

C: El título del sello procede de un texto en latín del gramático Terentianus Maurus (siglo II) y cada obra está publicada bajo un título también en latín. ¿Se trata de una maniobra para dominar mentes a través de extraños conjuros en lenguas clásicas, a que sí?

Silvia: Como comprenderás no voy a desvelar nuestro plan maestro así a vista de todo el mundo, así que no voy a contestar a esta pregunta ni negativa ni afirmativamente, sino todo lo contrario.

C: Es muy tópico preguntar a un editor por sus lecturas favoritas, sus autores fetiche, los géneros que más frecuenta… A través de las obras que proponéis en Fata Libelli se pueden vislumbrar las respuestas a esas hipotéticas preguntas. A mí me interesa descubrir algo nuevo que sea menos evidente. ¿De qué tipo de literatura huyes? (No dudes en poner cuantos ejemplos se te antojen)

Susana: No rehúyo ningún género ni forma literaria por principio, pero es cierto que los grandes éxitos comerciales forjados cada temporada en los talleres de la industria editorial no me suelen interesar. Si un libro me parece bien escrito, cualquier tema, argumento o género puede resultar apasionante, y su interés no se borrará pasados unos años, al contrario de lo que sucede tan a menudo con los superventas de moda.

Silvia: Huir no huyo nunca de ningún tipo de literatura, salvo quizá de cualquier cosa que ponga Coelho, aunque naturalmente tengo mis preferencias. Lo que sí puedo decir, siquiera pobremente, es lo que me atrae, o al menos en parte. Hay lectores que se sienten frustrados por los relatos o los formatos más breves porque siempre quiere saber más: qué le ocurre a determinado personaje cuando termina un relato, si tendrá hijos, si prosperará el matrimonio, por qué actúa cómo actúa. A mí me sucede al contrario: disfruto con esa sensación de incertidumbre en la que hay más preguntas que respuestas, atisbar la profundidad de un mundo o de un personaje que no terminan de explicarme. Me gusta ese misterio tanto en relatos como en novelas, sean del género que sean.

C:  Si no ejercierais vuestras profesiones actuales ¿a qué crees que se dedicaría vuestra compañera?

Silvia: Susana es una persona con tanto talento, tan inteligente y con tanta capacidad de organización que podría dedicarse a miles de cosas si se lo propusiera. Y todas a la vez. Y aun así tener tiempo para hacer más cosas en el tiempo libre entre cosa y cosa. Egoístamente, estoy contenta de que la edición la haya rescatado de las fauces de la vida académica, pero si no se dedicara a la loca tarea de editar libros seguro que se habría embarcado en cualquier otro proyecto genial que aunara el mundo digital con la literatura. Yo ya no me la puedo imaginar haciendo otra cosa, no porque no sea capaz, sino porque creo que ha nacido para esto.

Susana: Si Silvia no fuera traductora, supongo que también podría imaginarla gestionando un restaurante vegetariano situado en algún remoto pueblo gallego perdido en el corazón de la montaña. Esa Silvia posible tendría a su cargo una docena de mascotas y escucharía heavy metal mientras cocina recetas con seitan y tofu.

«Hic Sunt Dragones» de Fata Libelli, antología de relatos de Tim Pratt

C: Seguro que hay un libro que sueñas publicar un día. Ese libro «perfecto» ¿cómo sería»?

Silvia: No sé si existe eso del libro perfecto, pero de momento estoy tan feliz con ver cómo sale adelante, pasito a pasito, renqueando a veces, este proyecto nuestro que la emoción del momento presente lo llena todo y no necesito pensar en el futuro (más allá del «Azathoth, Azathoth, haz que podamos vivir de esto para poder seguir publicando libros», se entiende). Naturalmente que a veces en la soledad de mi cueva se me ocurren ideas locas, algunas impracticables y otras quizá no tanto; por ejemplo, últimamente me atrae mucho el tema de las ediciones bilingües. Pero, como decía, de momento estoy tan ocupada y entusiasmada con el día a día que los sueños no me quitan el sueño. Además, lo bueno es que la edición digital es una criatura relativamente bisoña y cuyas posibilidades están aun por explotar, así que espero que sigamos aquí para seguir experimentando a medida que se vayan produciendo esos avances.

Susana: Ay, no creo en la existencia del libro perfecto, me temo, pero sí confío en que algún día los estándares del libro digital evolucionen hasta el punto de permitir experiencias de lectura más enriquecedoras y complejas. Hoy en día los libros digitales convencionales tienden a ser poco más que unas líneas de código con algunos estilos y, a veces, unos cuantos recursos multimedia, pero estoy convencida de que dentro de unos años podremos hacer libros digitales comerciales más bellos, más ricos y que funcionen bien en cualquier dispositivo.

C: En el blog de Fata Libelli habéis publicado post muy interesantes sobre el Weird, poco conocido aún en nuestro país. Me gustaría conocer un poco más tu relación personal con este género: cómo lo conociste por vez primera, qué te atrajo de él, qué autores sigues y por qué, y qué te interesa de esa mezcla tan extraña y familiar al mismo tiempo de referencias que propone.

Silvia: Bueno, no sé si es poco conocido o simplemente la gente no lo asocia con ese nombre; Lovecraft es de sobra conocido y fue él mismo quien acuñó el término y sentó los precedentes. Poco importa, en todo caso. Las etiquetas son un ejercicio intelectual interesante y hasta divertido, pero lo que de verdad importa es que la gente lo lea. En mi caso, tengo que confesar que siento una debilidad especial por la literatura de terror, que parece a veces la hermana fea del trío de fantásticos; fea en ventas, fea en lectores y fea en reputación. De pequeña leí muchísimos libros de aventuras pero en cuanto descubrí el terror, especialmente los cuentos, intenté devorar cuanto encontraba, desde los clásicos de la novela gótica a lo que me llegaba de terror contemporáneo, pasando, cómo no, por todo lo que publicara Valdemar. Ah, y también esperaba con ansia la llegada de los domingos por la noche para escuchar el programa de radio «Historias». La novela gótica estaba bien, pero, efectivamente, tenía fórmulas muy gastadas (de ahí que tenga su parodia). También M.R. James, si lo piensas, pero recuerdo sus cuentos como algo distinto la primera vez que los leí. Poe me petó la cabeza. A partir de ahí traté de leer más cuentos de ese estilo, desde Le Fanu a E. F. Benson o Vernon Lee. Mi respuesta es, por tanto, una perorata nostálgica, me temo, pero es lo más sincero que tengo. No siempre es fácil racionalizar por qué te gusta lo que te gusta y tengo miedo de que la racionalización de ese gusto termine convirtiéndose en una invención concebida de forma inconsciente para agradar a mi interlocutor y así salir del paso. Me gusta, ya lo he dicho, esa sutil extrañeza un tanto siniestra y perturbadora (¿o quizá reveladora?) de la realidad atisbada entre líneas tan presente en mucho de esos autores. 

China Miéville, el autor multi-tatuado, en todo su esplendor

C: Es sabida mi debilidad por un autor weird multi-tatuado, con alopecia voluntaria, doctorado en Relaciones Internacionales y con un talento tan especial que hace que tenga que pellizcarme cuando leo sus historias para preguntarme ¿esto es real o lo estoy soñando? Bromas aparte, Silvia (traductora al español de «La Ciudad y la Ciudad»), me gustaría que me contaras -ahora que nadie nos oye- tu encuentro con él durante una entrevista que te concedió el año pasado, si hay algo que te sorprendió de él y por qué (puedes explayarte a tu antojo)

Silvia: Bien sabes que compartimos debilidad, tú, yo y media internet. Hay una cola bien larga, no pun intended. Recuerdo un vídeo en el que lo apodaron «sexy beast». Para ponerle un poco en su sitio diré que me resulta gracioso cuando me encuentro con alguien muy leído, pero no lector de género, que no ha oído hablar de Miéville en su vida, por más que haya salido en The Guardian. Está bien, será nuestro secreto, pienso.

Yo le había preguntado si me concedería una entrevista por correo electrónico para publicarla en el blog personal que tenía por entonces, porque siempre me siento más cómoda escribiendo y hablando y porque en la vida se me habría pasado por la cabeza preguntarle otra cosa. Pero dijo que ya no concedía entrevistas escritas porque le llevaban mucho tiempo, pero que cualquier otra opción sí. Así que era el momento, muy loco, de preguntarle si podríamos vernos un rato en Londres si yo iba hasta allí. Me dijo que se sentía azoradamente halagado y yo me apresuré a mencionar que aprovecharía para hacer una escapadita a Londres con mi novio. Pensé que lo del novio le tranquilizaría sobre mis intenciones. Tuvo a bien citarme en una cafetería pública, de todos modos, porque claro, igual el novio tampoco tenía muy buenas intenciones. Nunca se sabe.

Me llamó la atención que tuviera ademanes de Jack Sparrow, siempre lo digo. Me pareció sumamente divertido. Y lo alto que es. Me hubiera gustado que me dejara tocarle los bíceps, pero no creo que aquello hubiese sido apropiado. Por lo demás, no me sorprendió nada: había visto tantas entrevistas suyas y se comportó de forma tan correcta que no hubo espacio para la sorpresa. Menos aun en la hora escasa que duró la entrevista. Envidia sí que hubo, mucha, porque envidio en general a la gente que sabe hablar en público con una oratoria elocuente, y cualquiera que haya visto una entrevista suya sabe que China lo es. Además, hablar en un idioma que no es mi idioma materno siempre me hace parecer mucho más boba de lo que en realidad soy, y teniendo en cuenta de que cuando me toca hablar con gente siempre parezco más tonta de lo que en realidad soy, aquella acumulación de imbecilidades podría haber empañado la imagen que se llevara de sus admiradores españoles. Lo bueno es que se ve que le gusta hablar, así que tampoco hace falta que tú digas mucho: entornas los ojos y pones un leve ceño de pensador ruso y ya, parece que lo entiendes todo y que eres muy listo.

Está claro que es un escritor muy cerebral, que siempre tiene clarísimo lo que quiere hacer y cómo, y eso queda patente en cada reflexión suya sobre la literatura. Y sin embargo no es una inteligencia fría, sino que exuda carisma. También me gustó ver que tenía un móvil con Android. Bien, China, bien, pensé.

De la entrevista salí con un plan maestro para conseguir que China llegase a ser mi amigo, pero nada, me temo que no pudo ser.

El Kraken, icono del género weird y de las tapas en zonas costeras

C: ¿Por qué hay menos voces femeninas en la fantasía, sobre todo en ciencia ficción y terror, en nuestro país?

Silvia: Sinceramente, no sé si estoy capacitada para dar una respuesta claro, pero lo intentaré con una opinión. Para esto ha habido también comentarios del todo dispares, tanto aquí como fuera de nuestras fronteras: que en parte es una cuestión de números, pues hay muy pocos escritores, pero hay todavía menos escritoras; que hay muy poca gente escribiendo género, de las cuales un mínimo son mujeres, porque aquí no tenemos esa tradición que han cultivado los países anglosajones; que simplemente hay menos mujeres interesadas en la ciencia ficción, sobre todo, y el terror que hombres, y luego «introduzca aquí su explicación biologicista»; que hasta ahora ha sido un club de machos orgullosos de serlo; que se empuja abiertamente a las mujeres a escribir fantasía porque es para lo que se supone que valen y pocos comprarían un libro de ciencia ficción escrito por una mujer; que hay mujeres haciendo cosas de género pero que no se promocionan como tal no sea que alguien salga huyendo; que los personajes femeninos en muchas obras de género, cuando los hay, suelen dar bastante penita por lo que no se favorece en absoluto la identificación supuestamente necesaria para engancharse a una obra; que vamos a ver a qué llamamos «género». No lo sé. Quizá la respuesta más acertada sea una mezcla de todo esto y de más cosas que se me escapan ahora mismo, en diferentes grados.

Sin embargo, lo mismo ocurría con el «es que no hay chicas que jueguen al rol» y ahora el número de mujeres en unas jornadas es mucho mayor que el de hace unos años. No digo que sea necesariamente comparable, pero que, teniendo en cuenta que el imaginario fantástico está ahora mismo por todas partes, especialmente en los medios audiovisuales, no será de extrañar que parte de esa semilla germine y surjan más escritoras (y las editoriales se arriesguen a publicarlas y a promocionarlas como escritoras de género).

Susana: Por fortuna, en mi experiencia personal nunca me he topado con ningún editor así, pero tengo la impresión de que este tipo de problemas de encasillamiento se ve con más nitidez en el mundo editorial anglosajón, donde existen subgéneros comerciales con públicos muy bien definidos por sexo (el caso de la famosa «chick lit») y donde las editoriales sí tienen muy en cuenta todo esto a la hora de contratar autores. J. K. Rowling es el ejemplo por antonomasia de escritora que tuvo que tirar de iniciales para ocultar su sexo por petición de sus editores, pero también Tim Pratt ha publicado novelas como T. A. Pratt porque su editorial le dijo que una novela de fantasía urbana con protagonista femenina no vendería bien si parecía escrita por un hombre.

En Fata Libelli, este año hemos publicado a muchos más hombres que mujeres, pero el año que viene parece que será justo al contrario. No es algo que hayamos planeado, la verdad, publicamos autores que nos interesan sin conceder especial importancia a su sexo. En cualquier caso, parece claro que el número de lectoras de género y de escritoras aumenta cada día en España, así que es probable que el panorama cambie mucho en los próximos años.

C: Últimamente se están produciendo muchos movimientos en las colecciones dedicadas al género fantástico, desde la reabsorción de RBA Fantástica por RBA, Timún Mas, etc… ¿cómo ves el futuro de la industria -no de la literatura- en nuestro país a corto-medio plazo?

Susana: Creo que el futuro dependerá bastante de la paciencia que estas grandes editoriales tengan y de sus expectativas de ganancias a corto plazo. El género es, por definición, un mercado de nicho, pero todo el mundo anda a la espera de que en los próximos años se vaya volviendo cada vez más popular entre los lectores generalistas, al igual que ha sucedido con la novela negra y la erótica gracias a un puñado de best-sellers. Por otra parte, lo que nosotras sí tenemos bastante claro es que los libros digitales y las iniciativas de crowdfunding facilitarán que en los próximos años veamos aparecer muchos proyectos de literatura de género pequeños, arriesgados, alternativos. Un tipo de edición que, si bien nunca sería rentable a gran escala, sí permitirá mover muchos textos minoritarios que hasta ahora nadie quería arriesgarse a publicar. En este sentido, me parece que los próximos años van a ser muy interesantes en la industria, tanto en el sector más comercial como en el de la edición más independiente.

C: El elevadísimo IVA de los libros digitales en nuestro país ¿de qué manera dificulta la rentabilidad de una iniciativa como Fata Libelli?

Susana: Si el IVA de los libros digitales dificulta ya la rentabilidad de cualquier editorial tradicional, en el caso de las puramente digitales supone un problema básico. Tener que pagar un veintiuno por ciento de IVA margina al libro digital frente al de papel (como si el libro electrónico no fuera también un objeto cultural), incrementa su precio de cara a los lectores y deja a los editores y a las librerías españolas desprotegidas frente a empresas que pagan impuestos en otros países (Amazon es el ejemplo más conocido). Nosotras esperamos que, a corto plazo, esta situación cambie y los libros digitales alcancen por fin el mismo estatuto que los de papel.

C: ¿Planes de futuro?

Silvia: Como ya sabes, aparte del libro de Peter Watts que está a punto de salir, y el especial de Navidad, también hemos anunciado una breve antología lovecraftiana para febrero, con Caitlín Kiernan, Laird Barron y Elizabeth Bear. En abril publicaremos una colección de relatos de Reggie Oliver, a quien tenemos especial cariño por su amabilidad, sí, pero también por su arte y su dedicación a un género tan especial y específico. Después, aunque las fechas están por confirmar, sacaremos una colección de relatos de Elizabeth Bear, publicaremos otra de Nina Allan. Eso es lo que te puedo confirmar (ya sabes que si no está firmado mejor no decir nada), pero por supuesto que seguimos dándole duro al scouting. Nos gustaría publicar más ciencia ficción dura, pero la búsqueda está siendo difícil.

En un futuro sí que nos gustaría publicar cosas más largas, aunque seguimos creyendo en el relato y en la novella como parte esencial del sello y eso no va a cambiar. Muchos planes requieren mayor inversión, con lo que se puede decir que lo que podamos hacer dependerá del éxito de la editorial. Pero tenemos paciencia y sabemos que es un proyecto a largo plazo. A pesar del vértigo que da pensar en ello, nos da cierto consuelo y esperanza pensar que nuestra editorial fetiche ChiZine dijo en la charla de la WorldCon que este era el primer año que podían quitarse de encima la incertidumbre de si tendrían que cerrar. Así que nada, a resistir.

Sólo me queda agradecer a Silvia y Susana, Susana y Silvia su enorme generosidad a la hora de responder a mis preguntas indiscretas. No sé de dónde han sacado tiempo para hacerlo, aunque sospecho que tienen varios clones en la nevera. Desde aquí, aplaudimos su trabajo, del que iremos dando buena cuenta durante lo que esperemos sea mucho, mucho tiempo.

Del hype a “Los nombres muertos” de Jesús Cañadas

El blog está hyped. Si se habla de un determinado libro durante el tiempo suficiente, hará todo lo posible por leerlo o hacer que yo lo lea. No sé si le interesa más disfrutar de las últimas novedades literarias o no quedarse atrás en ese movimiento existente en el fandom que persigue despertar un máximo de interés por ciertas obras. Crear hype sirve para impulsar la promoción de un producto literario en el mercado y para desarrollar un grupo de seguidores de un estilo o autor, buscando su rentabilidad económica.

«Hypeando»

Más allá de cualquier consideración comercial, el hype no es un fenómeno nuevo ni aparece solo en el mundo de la literatura. Aparece junto con los medios de comunicación de masas como herramienta mercadotécnica para dar a conocer canciones (pensemos en la machacona repetición de la radio-fórmula y de los canales de video-clips musicales), artistas de la pequeña y gran pantalla (pensemos en el Super-pop y otras revistas “juvenoides” así como en los clubs de fans), libros, películas y videojuegos (pensemos en los book-trailers, en los tráiler cinematográficos y en los foros de gamers y de fandom), o productos tecnológicos (pensemos en las últimas convenciones de Apple y en los foros de “maqueros’).

Añadamos el efecto de las redes sociales al conjunto anterior de elementos y veremos potenciado el fenómeno: el hype se dirige a dar a conocer un producto al mayor número de personas posible, tiene un ciclo de vida relativamente limitado que suele acabar (aunque no siempre) poco después de que el producto en cuestión salga al mercado y crea expectativas muy elevadas que son difíciles de satisfacer. Se trata de un fenómeno popular y, al menos en el caso de la literatura fantástica, asociado al fandom, ese cuerpo indefinido de seguidores de la ciencia ficción, la fantasía y el terror que gasta energías y dineros en hacerse con las obras de sus autores favoritos, que va a presentaciones de libros y convenciones del género y que lee/escucha y/o escribe blogs/podcasts alusivos. O sea, tú mismo.

 

La aparición del sello Fantascy de Random Mondadori de Los nombres muertos, la última novela de Jesús Cañadas, viene precedida por el aparato promocional de la editorial, que acaba de abrir sus puertas para atender la creciente demanda en nuestro país de historias fantásticas (quiero pensar que hay una demanda y que ésta se acrecienta). En foros, en Twitter y Facebook, en blogs y podcasts, he oído hablar mucho de este trabajo. Además, he tenido la oportunidad de interactuar directamente con el propio autor (no tiene nada de particular; Cañadas es un tipo muy accesible). Eso, unido al tour de presentaciones en las principales ciudades españolas, y a mi innata y malsana curiosidad por la ficción patria, me ha llevado a caer en el hype y he leído la novela.

Quede claro que, a mí, el hype no me parece algo negativo o que se deba menospreciar por su condición popular y efímera. En el caso del género en nuestro país, lo considero un fenómeno necesario, a pesar de las aristas cortantes y engañosas que puede presentar. Me explico: el hype puede interferir en el proceso de deguste de la obra, maximizando la expectativas hacia una obra de manera que sea a veces imposible darles una respuesta satisfactoria. A pesar de ello, sigo defendiendo su interés en el ámbito de la fantasía. Al tratarse de un espacio literario a menudo ninguneado por las editoriales, es necesario como mecanismo para abrir el apetito y llamar la atención del lector potencial. Ya habrá tiempo, cuando el género se asiente en nuestro país, para llamar a la calma y a la mesura. Por eso, desde aquí, llamo a los seguidores del sci-fi –rror a crear y hacer en el hype. Ough Yeagh!

Viajes, misterio y culto a un escritor

Si quieres disfrutar de Los nombres muertos tienes que estar dispuesto a hacer el petate y dejar que te embarquen en una obra de misterio fantástico y de viajes. Cubrirás tres continentes y cuatro países muy diferentes entre sí. La ambientación que ha llevado a cabo Cañadas en cada uno de los escenarios en los que se desarrollan las escenas de la novela es impecable. Se aprecia una sólida labor de documentación escenográfica, histórica y cultural, algo que no es tan extraño si se tiene en cuenta que el gaditano vive en Frankfurt. Estamos ante un autor de mente abierta y viajada, cuanto menos.

El protagonista es H.P. Lovecraft, es decir, uno de los escritores más icónicos del género fantástico, autor de culto para una gran parte de los aficionados. Alrededor de él emergen, y toman parte en el viaje que describe la novela, un puñado de personajes secundarios formados por amigos incondicionales, aliados ocasionales, villanos irredentos o testigos de hechos colaterales que permiten al lector desenredar la historia.

Seleccionar como protagonista de una novela a un escritor real es arriesgado. Elegir a uno tan conocido y del que hay múltiples documentos históricos, es audaz. Apostar por Lovecraft, es temerario. Nada más que por eso, aplaudo la  valentía de Cañadas al no dejarse amedrentar por la dimensión estratosférica del personaje, diseñando a un protagonista confuso y “verborreico”, lleno de contradicciones y complejos, alguien capaz de drenar la energía de cualquiera que se mantuviera a su lado. Me gusta especialmente el hecho de que el escritor dude de sí mismo y lo manifieste en numerosas ocasiones. El mito se desmitifica.

Los personajes secundarios están a la altura del retrato que el autor gaditano realiza sobre el norteamericano y le dan la réplica en diálogos ágiles y bien conseguidos. Los escenarios de la acción son tan distintos entre sí como sugerentes, repletos de posibilidades y encajan perfectamente con la historia. La trama, que comienza con cierta timidez, se va acelerando hasta convertirse en una sucesión de escenas de acción, mientras que el final es un pulso que Cañadas le echa al lector, sorprendiéndolo con un giro argumental efectista.

También hay aspectos cuestionables, bajo mi punto de vista, en la novela. La prosa de Cañadas se está depurando con respecto a otros trabajos suyos que he leído, aunque aún adolece de un barroquismo en el que hay demasiadas comparaciones, demasiados tropos altisonantes. Esta es una apreciación totalmente subjetiva en un momento en el que creo estar pasando por una fase minimalista, y en el que valoro la efectividad de líneas más sobrias. No es una crítica al estilo del autor, que tiene todo el derecho a inventar las figuras retóricas que desee, sino una opinión basada en mis gustos actuales. De hecho, ninguna comparación, imagen o metáfora está mal conseguida. Sin  embargo, abundan de tal manera que espesan el flujo de la historia.

En cuanto a la estructura del libro, creo que sobran los fragmentos en primera persona y la coda del final. Ésta última me extrañó, viniendo de Cañadas, que es capaz de dejar cabos sin atar en el argumento. Sinceramente, creo que no hacía falta y que es prerrogativa del lector sacar conclusiones realizando un ejercicio de interpretación e interacción con el texto. Por otro lado, también es privilegio del autor escribir lo que le venga en gana, yo no soy nadie para juzgar su elección, pero la cuestiono.

Lo que menos me ha atraído de esta obra es el recurso a la fatalidad, inminente y sobrenatural, de manera constante. Comprendo que pueda ser una manera de mantener: a) las riendas de la narración; b) la atención del lector. Sobre todo en el episodio portugués, sentí que era un efecto sobre-actuado que no aportaba nada congruente a la trama.

Colocar en el centro de la trama a la personalidad narcisista, excéntrica y depresiva de Lovecraft es, sin duda, el gran acierto de esta novela. Otros dirán que el protagonista en realidad son sus escritos y, más concretamente, el famosísimo Necronomicón, libro maldito y codiciado aunque nunca se aclare la naturaleza de su condición maldita (es cierto que se hace referencia a ella en múltiples ocasiones, pero no se esclarece de forma contundente por lo que no sabemos qué sucede si el libro se lee).

Uno debe estar dispuesto a tomar su pasaporte y su maleta para deleitarse con Los nombres muertos. Se trata de una obra que apela a cualquier lector en busca de historias aventureras, no se limita a la audiencia de lo fantástico. Yo he disfrutado, aunque cuestione ciertas elecciones de Cañadas. Es su libro, después de todo.

Tengo a Cthulhu metido en casa: El blog se ha tatuado un pulpo. ¿Debo sentir miedo ante cada rincón oscuro, cada bocadillo de calamares, cada ventosa de la que cuelgue una prenda? Ya os iré contando.

«La Costilla de Dios y Otros Relatos del Final» de Miguel Santander

“Y dijo el Hombre: “Hagamos a Dios a nuestra imagen y semejanza, y mande en los peces del mar y en las aves del cielo, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todos los reptiles que se arrastran por la tierra”. Creó, pues, el Hombre a Dios a imagen suya, a imagen del Hombre lo creó.”

La Costilla de Dios, Miguel Santander

Confieso que tengo debilidad por la ciencia ficción hard, aunque no llegue a entender todas las implicaciones de la ciencia que se insinúan o que, simplemente, no pueda seguir las teorías, fórmulas y proposiciones presentadas. Ejemplo: Greg Egan, del que probablemente comprenda un 10% (siendo generosa) de lo que expone científicamente en sus textos. ¿Eso me descalifica para disfrutar este sub-género? Creo que no, contrariamente a lo que opina el blog. El susodicho dice que deje de mentirme a mí misma, que si no me entero ni del 1% de la física gravitacional de Incandescence de Egan, no puedo ni seguirlo ni apreciarlo. Le contesto que se equivoca: tampoco sé italiano y me gusta la ópera.

El blog se ríe con esa voz que parece llevar meses ensayando, burlona y altiva, y me deja escuchando los ecos de su risa digital, que no duele menos que la emitida por una garganta de carne. Y todo porque me ha visto leer Costilla de Dios y Otros Relatos del Final de Miguel Santander, que acaba de salir publicada en nuestro país por Iniciativa Mercurio. Al final, la que se ríe soy yo por varios motivos:

  1. Llevo siguiendo al autor desde que leí El Legado de Prometeo y esperaba con muchas ganas este libro. Mi alegría por verlo ya publicado se transforma en risa. Sé que Miguel ha pasado por momentos complicados en los que no podía responder a la pregunta de cuándo se editaría esta obra: el destino, que se va de maniobras de vez en cuando.
  2. La Costilla de Dios no puede encuadrarse solo en ciencia ficción (dejo en un aparte los relatos) sino que se mueve en la intersección de varios conjuntos: la ciencia ficción, el terror, la fantasía y el Divinepunk. Cualquier trabajo que beba de tantas fuentes, suele atraer mi atención, sobre todo en lo que respecta al Divinepunk, un término que acabo de sacarme de la manga. Con él designo aquellos trabajo de ficción especulativa que utilizan elementos de la fantasía, el terror y la ciencia ficción para explorar la temática religiosa sin hacer proselitismo. Evito conscientemente la denominación “ciencia ficción religiosa” porque para mí tiene connotaciones catequistas que deseo sortear, si puedo. Si os interesa el tema en http://www.tor.com/blogs/2011/01/religious-science-fiction se habla extensamente sobre “religious science fiction” (a los anglosajones les da lo mismo las connotaciones, por lo que parece).
  3. La novela corta aparece aderezada de varios relatos de temáticas variadas –“Apocalipsis”, “Eva”, “Anomalía”, “El Gen Olvidado”, “La Última Huella” y “Fin”, todos ellos con temáticas que abarcan desde el biopunk al terror psicológico, sin olvidarnos del hard. Este último es un subgénero en el que Miguel se mueve con comodidad, supongo que será en parte gracias a su formación como astrofísico, que es su profesión. Cada cuento viene avalado por haber sido publicado en revistas de largo recorrido como Axxón o por haber quedado finalista en diversos certámenes literarios relacionados con el género.

La Costilla de Dios representa a la perfección lo que yo llamo el Divinepunk. Tiene como protagonista a un dios, evitando mencionar religiones actuales quizás para evitar suspicacias, aunque sospecho que es más bien porque el objetivo es profundizar en los mecanismos de la creencia en seres transcendentes. ¿Hay algo más fantástico que creer en la existencia de estos seres, estas criaturas con poderes que son capaces de realizar prodigios? Siempre he pensado que el concepto de dios moderno – entidad omnisciente, omnipresente y omnipotente que han popularizado las religiones monoteístas- es lo más fantástico que ha inventado la psique humana. Lo mismo opino de las deidades en los panteones egipcio, griego, romano, nórdico, hindú, etc, pero que, como luchan por obtener protagonismo en medio del politeísmo en el que habitan, resultan mucho más cercanas a la realidad humana. El dios monoteísta es infinitamente más misterioso y atractivo, como personaje fantástico.

El Divinepunk, y esto es una opinión totalmente intuitiva por mi parte,  explora el hecho religioso (por “hecho religioso” entiendo el conjunto formado por la deidad, su comunidad de creyentes, las prácticas religiosas que se efectúan como muestra de adoración, los textos sagrados que recogen dichas prácticas, y la comunidad de especialistas que interpretar dichos textos y oficia los rituales) desde el punto de vista de la fantasía y la ciencia ficción.  Y precisamente abordando la religión desde esa perspectiva, el Divinepunk consigue desmontar la deidad como artefacto medular de la fé religiosa, descubriendo y denunciando la función ideológica de las creencias que encarna. A pesar de su nombre, veo al Divinepunk como un sub-género subversivo que cuestiona los mecanismos utilizados por la religión para controlar las masas. Digo “cuestiona” y no “denuncia” porque la gracia está en sugerir sin censurar abiertamente. Y que cada uno crea en lo que quiera.

El dios de esta novela corta encarna la esperanza para el pueblo que lo adora pero, a diferencia de las divinidades de las religiones existentes en la actualidad, es un ser físico y no metafísico. Su presencia material es esencial para los creyentes que lo veneran y el proceso de generación del cuerpo divino forma parte de la liturgia religiosa. No desvelaré más sobre dicha creación, pero puedo decir que hace un guiño evidente al Frankenstein de Mary Shelley.

El narrador omnisciente recorre junto con la criatura divina el camino desde su nacimiento hasta su desaparición (que no muerte), llevando de la mano al lector. Si no fuera por los elementos de ciencia ficción que aparecen brevemente al principio y al final, podríamos decir que se trata de una obra de fantasía con tintes teológicos. Creo humildemente que la historia no necesitaba del bastidor de la ciencia ficción para funcionar, sobre todo la referencia del comienzo. Sin ese impuesto que pagar, hubiera quedado mucho más original y se hubieran podido evitar ciertos infodumps.

La soledad es una de las constantes en las historias de Miguel Santander. En El Legado de Prometeo se abordaba como el aislamiento que las sustancias psicotrópicas pueden producir en las mentes trastornadas. En La Costilla de Dios la deidad es un ser solitario, sin nombre siquiera, que sueña fantasías procedentes de otras vidas, que se siente siempre fuera de contexto y que busca un fin a su vida, elegido por él mismo y no impuesto. El dios de Miguel Santander no es un ser libre, vive apresado por la imagen y la función que sus fieles le otorgan en un cuerpo que se la sido otorgado. Por lo tanto, es un reflejo en negativo del dios monoteísta que monopoliza la espiritualidad de la mayor parte del planeta.

La soledad se asoma a los relatos que Santander incluye en esta recopilación. En Apocalipsis, finalista del III concurso “Monstruo de la razón”, se trata de la soledad del enfermo de una enfermedad degenerativa que se va aislando del mundo. En Eva, Finalista del I Premio TerBi temático sobre “Mutaciones”, encontramos una historia de biopunk contada a dos velocidades en la que un ser único debe elegir continuar o no su especie. Anomalía ofrece una visión de la soledad desde la locura provocada por el conocimiento del destino inexorable. El Gen Olvidado, Finalista del II Premio TerBi temático sobre “Inmortalidad”, ofrece una visión de la soledad desde el Divinepunk y el biopunk y los viajes en el tiempo: ¿qué puede haber más solitario que un viajero del tiempo? En La Última Huella, ganador del III Premio TerBi temático sobre “Viaje sin retorno”, la soledad es el factor desencadenante del desenlace. Fin, es un relato más breve que muestra la soledad como única compañera de un conocimiento extraordinario. Siempre, la soledad.

Advierto en Miguel una evolución de su prosa hacia textos más editados en los que se mide el valor de adjetivos y adverbios, más frecuentes en sus obras previas. Me alegro de que exista en él un ánimo por depurar la forma en la que cuenta sus historias, tramas en las que el elemento científico siempre está presente pero que permanece muchas veces en los ángulos de visión del lector. Me encantaría que alguna vez se atreviera con la fantasía, aunque comprendo que su querencia e interés estén en la ciencia ficción. Pienso que sus personajes están mejor delineados y sus voces mejor conseguidas, aunque a veces tengo la sensación de que las historias se alargan de manera un tanto innecesaria y que se hubieran beneficiado de una edición menos conservadora.

Recomiendo esta obra a quien disfrute de la ciencia ficción hard, a quien le interese descubrir el Divinepunk y, en definitiva, a quien tenga ganas de sorprenderse con lo que se está cociendo en el panorama nacional. Seguiremos de cerca la labor literaria de Miguel, deseando que siga escribiendo y deleitándonos con su buen hacer. Siempre es de agradecer que existan voces que reivindiquen el género hard en España.

Todo lo que siempre quiso saber sobre los VerdHugos y nunca se atrevió a preguntarles

Existe en el vasto mundo de Internet un podcast de amantes de la literatura de fantasía y ciencia ficción que se hacen llamar a sí mismos los VerdHugos nominados a los premios Ignotus 2013 (concedidos por la AEFCFT) a la mejor producción audiovisual. Seguro que os suena el nombre y, si no, quedáis informados. Tras escuchar el podcast, que adopta el nombre de sus creadores, no consigue evitar que las preguntas se amontonen en nuestro cerebro después de degustarlo unas cuantas veces. ¿Son realmente cuatro los miembros de esta secta agrupación? ¿Son siempre los mismos, o hay miembros móviles (prohibido pensar mal)? ¿Cuáles son sus aviesas intenciones ondeando en las ondas digitales sus hachas afiladas cual opiniones?

Después de un análisis exhaustivo de la web del podcast, hemos aprendido que el podcast  nació el 29 de marzo de 2012. Lleva “recorridos” 30 post en su blog oficial, con tres temporadas de las cuales sea han grabado 3 emisiones en la primera, 4 en la segunda y 1 en la tercera temporada que podéis disfrutar en el enlace anterior . Hay que decir que desde el mes de julio han lanzado la iniciativa Sello VerdHugos para destacar aquellos libros del presente o pasado que, pertenecientes al género, sean considerados por sus cuatro miembros como excepcionales por su calidad. El podcast cuenta con logotipo propio diseñado por Javier Hansard que podéis descargar aquí  para personalizar el merchandising que sabemos estáis deseando conseguir.

Noches sin dormir, diazepam a granel, comprar a informantes, pagar sobornos y mover todos los hilos posibles para llegar hasta el meollo de la cuestión, han dado como resultado que identificáramos, localizáramos y emboscáramos a los miembros de esta pandilla.

Quiénes son los VerdHugos y qué hacen en su podcast

Elías Combarro, conocido en Internet como @odo, es profesor del Departamento de Informática, aunque imparte cursos a caballo entre esa asignatura y las matemáticas en la Universidad de Oviedo, la misma ciudad en la que reside. “Siempre me han gustado las matemáticas y la informática y, desde que tuve mi primer ordenador (un Spectrum) supe de algún modo que quería dedicarme a algo relacionado con la computación. Pero antes de eso quería ser escritor (mi amor por los libros es anterior, incluso, a mi amor por los ordenadores). Además, en la adolescencia, tuve una etapa en la que me olvidé un poco de lo de la informática y lo que quería ser era guitarrista de Heavy Metal. Hasta llegué tener un grupo (extremadamente amateur) del que luego salió gente que sí se dedicó a la música profesionalmente. Afortunadamente, pronto me di cuenta de mi escaso talento artístico y volví a mi idea inicial de dedicarme a las matemáticas. El mundo puede estar agradecido.”

Elías dirige con cerebro positrónico el blog Sense of Wonder (con versiones en inglés y español) porque “me apasiona hablar de libros y en mi entorno habitual apenas tengo posibilidades para ello. El blog me ofrece una oportunidad de compartir mi afición con otra gente que tiene intereses parecidos.” 

Sobre el podcast de los VerdHugos afirma que es “una tertulia entre amigos en la que hablamos, fundamentalmente, de literatura fantástica y de ciencia ficción, especialmente de obras recientes. Ah, y además lo grabamos y lo colgamos en Internet por si a alguien le interesa escuchar nuestras paranoias. Así que el principal objetivo es charlar sobre nuestro hobby común, que es la literatura fantástica, y pasar un buen rato haciéndolo. Como vivimos a muchos kilómetros unos de otros, no nos queda más remedio que hacerlo por Internet, así que aprovechamos para dejarlo grabado y compartirlo con otros que puedan tener las mismas inquietudes. El objetivo principal, pues, es divertirnos hablando de lo que nos gusta. El secundario, por supuesto, es la dominación mundial.”

Josep María Oriol @jm_oriol trabaja por cuenta ajena y vive en un pequeño pueblo de la Catalunya Central, Cervera. De no dedicarse a su profesión (cualquiera que sea) dice que “Tengo un problema, y es que me gustan demasiadas cosas, pero puestos a elegir yo preferiría ser millonario para poder dedicarme a mis hobbys a tiempo completo.” Él también ha caído en la fiebre bloguera y desde hace unos meses publica sus reseñas en Voracilector. “Me obligaron”, afirma al respecto, “yo no quería; dijeron que no daba trabajo. ¡Malditos mentirosos!”. Para Josep María el podcast “es un grupo de amigos, a los que les encantan los libros, especialmente la ciencia ficción y la fantasía, y nos lo pasamos de miedo hablando de ellos. Aunque lo hayamos centrado algo en los premios Hugo, en realidad es una simple excusa para charlar de libros.”

Miquel Codony @qdony se autodefine como un “culo inquieto”. Vive en Montcada i Reixac, es médico por formación aunque jamás ha tratado a ningún paciente y desarrolla su profesión en el Área de Salud Pública de la Generalitat, además de colaborar con una editorial (RBA) y realizar traducciones de libros y revistas relacionadas con la psiquiatría. Si tuviese que elegir otra profesión sería “Editor. Lo tengo clarísimo. Si volviera a nacer lo intentaría. De hecho, si volviera a nacer sería de letras.” Podéis conocer la opinión de Miquel sobre las últimas novedades del género en su blog La biblioteca de Ilium Cuando le preguntamos por dicho espacio nos contestó que “Lo cierto es que mi primer blog (Codonyades) es de 2007. También era de reseñas, en catalán, pero de cualquier cosa: libros, series de anime, películas, teatro… Lo mantuve un par de años, creo, me lo pasé muy bien y fue mi primer contacto con la blogosfera. Básicamente me sirvió para estrenarme y para acostumbrarme a escribir sobre lo que me interesaba, pero a día de hoy no puedo leer lo que allí escribí sin estremecerme. Eso es algo que me pasa mucho, cambiar de piel como las serpientes y no reconocerme en los restos de antes. Me harté, lo abandoné, y abrí la primera versión de La Biblioteca de Ilium, también en catalán y en Tumblr. Allí ya lo centré en la literatura fantástica pero era un sitio bastante caótico. Tumblr se me quedó pequeño, o mejor dicho no era lo más adecuado para un blog como el que yo quería mantener. Todavía, de vez en cuando, lo uso para recuperar alguna reseña antigua traduciéndola y actualizándola. Entonces pasó algo curioso. Yo siempre he dicho que una de las cosas que más me gustan del blog es la gente que me ha permitido conocer, los amigos y amigas que he podido hacer. Gracias a las redes sociales os fui conociendo a todos vosotros y me encontré que tenía que traducir mis reseñas para poder hablar de ellas. La red social que no conseguí hacer en catalán la hice en castellano, con lo cual me pareció lógico pasar a escribir en este idioma. Hacerlo en el mismo lugar me parecía raro, así que pensé trasladar la biblioteca a un nuevo lugar, cambiarle el nombre al Tumblr (ahora es La Ludoteca de Ilium) y empezar de nuevo. Me compré un dominio jugando con mi apellido e inauguré la nueva Biblioteca. Y me gusta mucho, me siento muy cómodo en ella. Ahora solo hablo de libros, especialmente de literatura fantástica, y me sirve para satisfacer un ansia que en mi vida “extrabloguera” tiene mala resolución. Sí me gustaría aclarar que la literatura fantástica es la que me hace sentir más implicado y la que me interesa más como género a trabajar, pero como lector me gusta leer (casi) de todo. De hecho, creo que mi top 10 de autores casi no entran en el género.”

Miquel define los VerdHugos como “es un podcast dedicado a la literatura fantástica y por el otro el nombre de un supergrupo, una de mis pandillas en este mundillo del género. No sé si lo saben, pero los cuento entre mis mejores amigos y pueden contar conmigo para lo que sea. Me refiero a la vida real. Siempre digo que el podcast es el programa que a mí me gustaría escuchar, no sé si los otros lo ven exactamente así. No me refiero a su calidad, sino a un podcast en castellano dedicado exclusivamente a la literatura fantástica. Hay otros, estupendos y con más solera que el nuestro, que tratan el género, pero siempre de una forma más amplia y dedicada no sólo a libros. Siempre había querido hacer un podcast y la verdad es que me gusta mucho la experiencia, espero que dure muchos, muchos años y que podamos hacerlo evolucionar a medida que aprendemos. El objetivo principal es pasar un buen rato hablando de libros. Como la logística de quedar en un bar es complicada lo hacemos vía Skype y, ya puestos, lo grabamos y lo compartimos. Vamos, que el principal objetivo es interno, disfrutar. Vamos, lo mismo que en el blog pero más divertido porque podemos hablar.”

Pedro Román @leemaslibros, el guapo de los VerdHugos según sus propias palabras, trabaja de informático y vive en Valdemoro. De no dedicarse a la informática, confiesa que le hubiera gustado ser “Rico. Catador de whisky. Doble de Peter North, o mitad. Escritor. Cualquier combinación de las anteriores.” Administra con mano templada el blog Leemaslibros que, según dice, es “un buen espacio para poder trabajar las propias ideas y airearlas antes de que se pudran o caduquen. Genera cierta obligación, pero también muchas recompensas.” Pedro define los VerdHugos como Verdhugo. (De or. inc.). m. Tuitero aficionado a la ciencia ficción y la fantasía. || 2. Cada uno de los episodios o podcast grabados en ocasión de los premios Hugo y que más tarde derivaron en todo tipo de grabaciones referentes a libros, novelas, historias cortas,etc. (véase entrada Primer verdhugo) || 3. Blog creado para la ocasión (véase también http://verdhugos.blogspot.com/). || 4. @qdony. || 5. @odo. || 6. @jm_oriol. || 7. @leemaslibros. El propósito del podcast es “Pasar un buen rato hablando de libros. Esperamos que nuestros santos oyentes, ante todo, disfruten y se diviertan. Si además logramos que conozcan algún buen libro, el objetivo estará más que cubierto.”

La génesis

Después de definir el objeto de estudio, o sea el podcast, nos empeñamos por tratar de averiguar la génesis de tan singular fenómeno comunicacional. Sospechosamente, todas las fuentes daban la misma versión de los hechos, lo cual no deja de ser inquietante cuanto menos.

Dice Josep María que coincidió con Elías y Miquel en una red social, aNobii, a principios de 2011 y, como no podía ser de otra forma, sus gustos los llevaron a la amistad.  Elías elabora y va más allá “al primero que conocía fue a Josep María Oriol, a través de la red social literaria aNobii. Me mandó un mensaje privado interesándose por saber dónde compraba yo los libros en inglés y fue un amor a primera vista 🙂 A Miquel Codony fui yo quien le mandó un mensaje, también en Anobii, para avisarle que unos libros de Elizabeth Bear que le interesaban (recordaba que él lo había escrito en un comentario de un post de Literatura Prospectiva) habían sido publicados en ebook. En cambio, a Pedro Román lo conocí en Twitter, precisamente por mi impía asociación con los otros dos proto-VerdHugos.”

Pedro reconoce que conoció al resto “A través de Twitter. Miquel fue el enlace. Los otros tres VerdHugos ya se conocían, pero yo sólo tenía contacto (singular) con Miquel. En algún momento de la prehistoria, Miquel y yo comentábamos nuestra opinión sobre un libro (cuyo título no recuerdo). Creo que estábamos más o menos de acuerdo en nuestra valoración, pero me refirió a dos personajes que él conocía y cuyo análisis de la novela era bastante distinto. Ese día descubrí lo que ya todos sabéis: que de libros no tienen ni idea, pero son muy simpáticos. El resto es historia.”

Miquel corrobora las versiones anteriores: “Tengo muy mala memoria para estas cosas… diría que al primero que conocí fue a Elías en aNobii, la red social de libros que usaba antes de pasar a Goodreads. Me envío un mensaje diciendo ‘he visto que dejabas un comentario en Literatura Prospectiva’ avisándome de como conseguir el New Amsterdam de Elizabeth Bear, creo, y en seguida pasamos al correo electrónico. Acabo de recuperar esos mensajes y eran largos y me encantan. Jo, me he emocionado. A Josep María le conocí a través de Elías, vía twitter, y recuerdo que me impresionaba lo mucho y lo bien que leía. Y a Pedro le conocí en twitter gracias a los libros de La Canción de Hielo y Fuego. Diría que fue mientras esperaba que saliera A Dance With Dragons, y que él me envió sus resúmenes. Pensé que había que estar muy colgado para preparar esos resúmenes.”

El nombre: la leyenda

Sobre a quién se le ocurrió el nombre del grupo y podcast, Elías dice que “aunque pudiera parecer que fue a Miquel, tengo que confesar que fue a mí. La idea del podcast surgió a raíz de nuestra participación como votantes en los premios Hugo. Cuando estábamos dándole vueltas a la idea, se me ocurrió el juego de palabras, se lo propuse a los demás y cuajó.”

Josep María respondió, algo azorado “Me pones en un compromiso, creo recordar que fue Elías”. 

Por su parte Miquel cuenta que Pues podría equivocarme, pero diría que a Elías. El éxito fue inmediato. Nos encantó el nombre. Poco más puedo decir. Bueno, podría hablar del poder de un nombre: puede parecer idiota pero me siento VerdHugo y visto su camiseta con gran orgullo. Y no estoy bromeando. Y me gusta la connotación de que no dejamos títere con cabeza, aunque digan las malas buenas que soy el VerdHugo bueno. Injurias.”

Pedro disiente y ofrece una versión distinta sobre el padre del célebre nombre: “Creo que fue Miquel. Ignoraron mi grandísima propuesta bilingüe (Los Hugonotes) como si fuera un tuit promocionado.”

Si ustedes piensan que las cuatro cabezas pensantes de los VerdHugos se conocen personalmente, están en un error. Pudimos saber que algunos de ellos aún no se han desvirtualizado. Pedro conoce: ¡A todos! En Barcelona conocí a Josep María y a Miquel; a Elías en el Celsius. Lástima de distancias.”

Elías cuenta que “Curiosamente los he ido conociendo en persona en orden inverso a como los conocí en el mundo virtual. El año pasado conocí a Pedro y este verano a Miquel, en ambas ocasiones en el Festival Celsius 232 de Avilés. Como Josep María aún no se ha animado a venir, aún tengo pendiente conocerlo.”

Josep María reconoce que a tenido la ocasión de ver en persona: “A Miquel y a Pedro, y ya hace demasiado tiempo que tengo pendiente conocer a Elías.”

Miquel tiene la suerte de conocer: A todos. A Josep María lo encontré, gracias a un ‘check in’ casual en Foursquare, comiendo en el puerto de Mahon durante unas vacaciones. Fue alucinante poder tomar un café con él allí. A Pedro le conocí cuando visitó Barcelona en su faceta de conferenciante y ya tengo ganas de que vuelva o de volver yo a Madrid o a donde sea y tomar unas cervezas en persona. Lo de Barcelona fue especial porque Josep también vino, fue un día alucinante. A Elías le he conocido este verano durante el Celsius 232 en Avilés. De hecho, era el motivo por el que más ilusión me hacía visitar el Festival y, retrospectivamente, sigue siendo lo mejor que pasó allí. Y no es poca cosa, porque todo fue alucinante.”

Para probar la veracidad de su estrecha relación, les fuimos preguntando por los gustos literarios de alguno de sus compañeros.

Para PedroJosep María se define por el nombre de su propio blog: voracilector. Lee a un ritmo mayor del que la industria editorial es capaz de publicar, así que tiene en su haber varios miles de lecturas.  Creo que esa misma velocidad de consumo le hace ser bastante abierto en cuanto al ámbito de sus lecturas, pues de centrarse en un sólo género acabaría con él en cuestión de semanas. Sus valores literarios son de amplio espectro, aunque si tuviera que apostar diría que para Josep María lo que prima en un texto es su peso específico: ya sea una novela, un ensayo o una biografía, el factor clave es que la historia sea sustancial, que la trama esté trabajada, que no se desmigue al abrirla. Todo lo demás cuenta para él, y mucho, pero ése es el peso que más hará inclinar su balanza.”

A Miquel le preguntamos por las preferencias literarias de Pedro: “Diría que cada uno de nosotros cojea de un pie dado —y el que más me costaría describir es el mío por ese principio humano de  vigas y pajas en ojos propios y ajenos— y Pedro no es una excepción. El de Pedro es el ojo del escritor y eso condiciona su forma de leer. Para él la Literatura es algo serio que se escribe con mayúscula y valora la sofisticación, la lírica y la pericia técnica más que otros aspectos vinculados con el argumento propiamente dicho. No estoy convencido al cien por cien de lo que acabo de decir, sobre todo si pienso en su profunda aversión, que raya la fobia, a los spoilers. Es esclavo del lenguaje, indefenso ante un buen giro de frase, en busca eterna del párrafo perfecto. Es impaciente ante los defectos de estilo, que para él pueden destruir por completo la viabilidad de una obra. Es tan duro (esto es importante) con los libros de los demás cómo con las cosas que él mismo escribe. Es un escritor, vaya, El Escritor del grupo, y el que más puede enseñar de cómo se escribe. El suyo es uno de los criterios lectores que más respeto y que con más atención atiendo, aunque creo que nuestras ponderaciones de las virtudes o defectos de muchos libros son diferentes.”

Para Elías: Miquel es un lector intersticial. No se ata a ningún género, pero le gusta un poco de todos. Además, tiene la capacidad de sacar algo bueno de (casi) cada libro y disfrutar con ello, algo que admiro. Algunos de sus autores favoritos de literatura fantástica son Elizabeth Bear, Patrick Ness y China Miéville, pero es difícil decir sólo unos pocos, porque tiene un abanico muy amplio.”

Cuando interrogamos a Josep María por los gustos de Elías, nos contestó que Elías quizás es el que tiene los gustos más definidos. Le gusta especialmente la ciencia ficción dura, como por ejemplo Greg Egan o Peter Watts, aunque no sólo eso también le gusta la fantasía, pero ésta tiene que ser muy consecuente con los planteamientos que ha elegido el autor, aquí creo que Tim Pratt y Brandon Sanderson son de sus favoritos.”

Ropa sucia y demonios en el armario

Nuestro ansia por profundizar en los secretos mejor escondidos del podcast nos llevó a proponer a los cuatro miembros de este grupo que recordaran situaciones memorables de las grabaciones.

Elías respondió que hay muchos momentos divertidos. “Si habéis escuchado los teasers que publicamos de vez en cuando, habréis podido comprobar que nos lo pasamos muuuuuuuuuuuy bien grabando. Pero en concreto recuerdo un momento en el que cierto comentario de Pedro nos tuvo riendo sin parar cosa de diez minutos. Había una cierta frase en el guión que tenía que leer Miquel que pensamos que no podríamos grabar, porque cada vez que llegaba a ella nos daba la risa floja. Pero en general lo pasamos muy bien, tanto en la charla que tenemos antes de grabar un episodio como en la grabación en sí. Y creo que se nota.” 

Aunque nos cueste creerle, Josep María afirma que “No hay momentos bochornosos en el podcast. Somos muy profesionales, como mucho alguna vez que te despistas y no sabes de qué están hablando los demás cuando te toca entrar; sí, queda un poco mal, pero luego lo cortamos y nos quedamos tan anchos.”

Miquel se queda sin palabras, por una vez y sin que sirva de precedente, y confiesa que “Lamento el desengaño pero… no hay ningún momento embarazoso”.

Por último, Pedro cuenta que lo más inesperado que le ha sucedido en el podcast es Que me hagan una entrevista está bastante arriba en la lista, pero lo más inesperado para mí fue la colaboración como lector editorial para RBA.”

Quiero agradecer a Elías, Josep María, Miquel y Pedro (riguroso orden alfabético) su disponibilidad a la hora de contestar a las insidiosas preguntas de esta bloguera. Su presencia habitual en las redes sociales, su buen humor y facilidad para encajar bromas y chistes, y sus conocimientos tan diversificados sobre la literatura de género son los que hacen que para servidora y para el blog sea una gozada interactuar con ellos. Me da igual si parezco más pelota de lo habitual: es un talento natural del que me jacto (¡siempre quise utilizar el verbo “jactar” en una frase!). Lo cierto es que tenemos la enorme fortuna de conocerlos virtualmente y esperamos, algún día, poder decirles en persona lo mucho que admiramos su saber y su apoyo al género. Eso, y compartir unas birras…

Una colección muy “Sui Genesis” del sello Fata Libelli

El desembarco en el panorama editorial español del sello Fata Libelli http://fatalibelli.com es una de las mejores noticias que se han dado en el sector en las últimas semanas. Utilizando un modelo de suscripciones, publica títulos en formato digital -sin DRM- pertenecientes a la ciencia ficción y la fantasía, proponiendo compilaciones a buen precio de relatos traducidos del inglés. Susana y Silvia son las fundadoras, promotoras, gestoras, traductoras, blogueras, editoras y almas mater de esta iniciativa que comenzó su andadura oficialmente hace ahora unas semanas con la publicación de Sui Generis una colección de relatos weird que os recomendamos desde aquí. En concreto este libro recoge los cuentos “La señora Medianoche” de Reggie Oliver, y “THYXXOLQU” de Mark Samuels, además de la novella “Ynys-y-Plag” de Quentin S. Crisp.

Lo extraño que se cuela por las grietas de la realidad

Sui Generis comienza con “La señora Medianoche”, el relato de Reggie Oliver que actualiza las historias de fantasmas con un estilo que a mí me ha recordado a la prosa macarra e incisiva de Martin Amis. En realidad es una imagen panorámica de los vicios de la sociedad actual –el materialismo, la superficialidad, el individualismo maximizado- encarnados en la figura de un protagonista que es hombre de éxito en decadencia y que caerá en las garras de una demencia de regusto proteico, si se me permite. Oliver consigue deslizar en la existencia completamente insustancial y banal del personaje principal suficientes elementos perturbadores como para que el final resulte verosímil, dentro del género fantástico-terrorífico en el que se enmarca. Para un análisis eficaz y completo de las referencias del cuento, os animamos a leer este post del blog El Almohadón de Plumas.

Después de abrir boca con Oliver, un hor d´ouvres muy apetecible, llegamos a los entremeses con “THYXXOLQU” de Mark Samuels. Uno de los aspectos más encantadores de este texto es que utilice la publicidad (soy Publicista, por si no lo habíais adivinado) como vehículo maligno de una extraña enfermedad que sacude a la sociedad. De nuevo nos hallamos ante uno de los aspectos más interesantes para mí del género weird: la utilización de elementos fantásticos como forma de crítica social. Es llamativo que sea precisamente la capacidad de comunicación la que se vea en peligro, en un momento en que se han disparado los medios a través de los cuáles podemos relacionarnos directamente con otras personas. El cuento incide sobre ese aspecto y sobre el peligro a la sobre-exposición comunicativa, aunque lo haga de una manera sutil, casi velada, utilizando la enfermedad idiomática que el protagonista primero observa y luego adquiere.

Terror esencial

Hay sensaciones que uno guarda para sí mismo porque son tan estremecedoras y privadas que exponerlas sería algo así como mancillarlas. Eso es lo que a mí me sucede con la soledad, que tiene una dimensión íntima que hace que contar cualquier cosa relacionada con ella resulte casi impúdico. El cuento de Quentin S. Crisp es perturbador porque describe de una manera metódica y precisa esa dimensión privada de la que hablaba. Mientras lo leía, no podía parar de horrorizarme. Es tan exacto en sus descripciones de los estados de ánimo asociados con el aislamiento y la introversión que asusta… por lo menos, lo consiguió conmigo en unas pocas páginas, como si el tal Crisp me conociera de una manera que ni yo mismo lo hiciera y lograra narrar emociones enterradas y vigiladas para que no remontasen a la superficie. Os parecerá que estoy exagerando, pero os aseguro que estoy más cuerda que nunca.

La historia del fotógrafo que permanece unos días en el pueblo galés de Ynys-y-Plag, el título del relato, para tomar imágenes de la naturaleza está escrita en su comienzo como si fuera una especie de diario, aunque enseguida descubrimos que se trata del prólogo a una nueva edición de un libro de instantáneas. Lo que comienza como una explicación del trabajo realizado se convierte en una historia donde la mitología local, aquella formada por seres medulares que poco tienen que ver con otros panteones populares. Me refiero a criaturas que representan los temores esenciales del ser humano como son la locura y la alienación y que se presenta en forma de maldad sin aditivos ni colorantes. Lo más inquietante de esta novela corta es el contraste entre un estilo pulcro de descripciones minuciosas con una trama que no arranca hasta la mitad de la historia. La manera en la que el narrador, en primera persona, parece distanciarse de lo narrado resulta a veces sobrecogedora. Su falsa frialdad y aparente objetividad se oponen, en mi opinión, de manera intolerable –entiéndase como “intolerable” como “extremo”- con la profundidad de las emociones descritas.

Decir que “Ynys-y-Plag” me gustó sería faltar a la verdad porque mi deleite va más allá. Me atrajo desde las primeras líneas, me repelió en otros momentos y fui leyendo a trompicones, con la extraña sensación de que era el autor el que estaba leyendo dentro de mí. En realidad, creo que podría definir mi relación con este relato como el de una ventana abierta desde el otro lado que yo ya no soy capaz de cerrar por mucho que lo intente, para evitar esa corriente aire gélido que penetra. Ojalá haya otros textos capaces de removerme las entrañas, como mi amigo Miquel dice, de esta manera. Lo recomiendo vivamente pero advierto que puede tener efectos secundarios si el lector es sensible. Yo, desde que la leí, no salgo sola al jardín.

Creo que la labor de los traductores Silvia Schettin y Raúl García Campos ha servido no solo para hacer justicia a la calidad de los textos sino para, si cabe, acentuarla. En cuanto a la elección de las historias que componen esta recopilación, su acierto estriba en la variedad de temas, en la intensidad de la inquietud que provocan y en la aptitud literaria de los autores, grandes desconocidos para mí hasta el momento que no lo serán más, si puedo evitarlo.

Fata Libelli apuesta fuerte con Sui Generis y creo que sale ganando al ofrecer textos diferentes, poco conocidos para el público de habla española, tratados con mimo desde el punto de vista editorial y de la traducción. Esperamos con ansia Hic sunt dracones: ‘Sueños imposibles’ y otras historias de Tim Pratt, el  próximo título de esta editorial que tiene prevista su salida este mismo mes.