“La Costilla de Dios y Otros Relatos del Final” de Miguel Santander

“Y dijo el Hombre: “Hagamos a Dios a nuestra imagen y semejanza, y mande en los peces del mar y en las aves del cielo, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todos los reptiles que se arrastran por la tierra”. Creó, pues, el Hombre a Dios a imagen suya, a imagen del Hombre lo creó.”

La Costilla de Dios, Miguel Santander

Confieso que tengo debilidad por la ciencia ficción hard, aunque no llegue a entender todas las implicaciones de la ciencia que se insinúan o que, simplemente, no pueda seguir las teorías, fórmulas y proposiciones presentadas. Ejemplo: Greg Egan, del que probablemente comprenda un 10% (siendo generosa) de lo que expone científicamente en sus textos. ¿Eso me descalifica para disfrutar este sub-género? Creo que no, contrariamente a lo que opina el blog. El susodicho dice que deje de mentirme a mí misma, que si no me entero ni del 1% de la física gravitacional de Incandescence de Egan, no puedo ni seguirlo ni apreciarlo. Le contesto que se equivoca: tampoco sé italiano y me gusta la ópera.

El blog se ríe con esa voz que parece llevar meses ensayando, burlona y altiva, y me deja escuchando los ecos de su risa digital, que no duele menos que la emitida por una garganta de carne. Y todo porque me ha visto leer Costilla de Dios y Otros Relatos del Final de Miguel Santander, que acaba de salir publicada en nuestro país por Iniciativa Mercurio. Al final, la que se ríe soy yo por varios motivos:

  1. Llevo siguiendo al autor desde que leí El Legado de Prometeo y esperaba con muchas ganas este libro. Mi alegría por verlo ya publicado se transforma en risa. Sé que Miguel ha pasado por momentos complicados en los que no podía responder a la pregunta de cuándo se editaría esta obra: el destino, que se va de maniobras de vez en cuando.
  2. La Costilla de Dios no puede encuadrarse solo en ciencia ficción (dejo en un aparte los relatos) sino que se mueve en la intersección de varios conjuntos: la ciencia ficción, el terror, la fantasía y el Divinepunk. Cualquier trabajo que beba de tantas fuentes, suele atraer mi atención, sobre todo en lo que respecta al Divinepunk, un término que acabo de sacarme de la manga. Con él designo aquellos trabajo de ficción especulativa que utilizan elementos de la fantasía, el terror y la ciencia ficción para explorar la temática religiosa sin hacer proselitismo. Evito conscientemente la denominación “ciencia ficción religiosa” porque para mí tiene connotaciones catequistas que deseo sortear, si puedo. Si os interesa el tema en http://www.tor.com/blogs/2011/01/religious-science-fiction se habla extensamente sobre “religious science fiction” (a los anglosajones les da lo mismo las connotaciones, por lo que parece).
  3. La novela corta aparece aderezada de varios relatos de temáticas variadas –“Apocalipsis”, “Eva”, “Anomalía”, “El Gen Olvidado”, “La Última Huella” y “Fin”, todos ellos con temáticas que abarcan desde el biopunk al terror psicológico, sin olvidarnos del hard. Este último es un subgénero en el que Miguel se mueve con comodidad, supongo que será en parte gracias a su formación como astrofísico, que es su profesión. Cada cuento viene avalado por haber sido publicado en revistas de largo recorrido como Axxón o por haber quedado finalista en diversos certámenes literarios relacionados con el género.

La Costilla de Dios representa a la perfección lo que yo llamo el Divinepunk. Tiene como protagonista a un dios, evitando mencionar religiones actuales quizás para evitar suspicacias, aunque sospecho que es más bien porque el objetivo es profundizar en los mecanismos de la creencia en seres transcendentes. ¿Hay algo más fantástico que creer en la existencia de estos seres, estas criaturas con poderes que son capaces de realizar prodigios? Siempre he pensado que el concepto de dios moderno – entidad omnisciente, omnipresente y omnipotente que han popularizado las religiones monoteístas- es lo más fantástico que ha inventado la psique humana. Lo mismo opino de las deidades en los panteones egipcio, griego, romano, nórdico, hindú, etc, pero que, como luchan por obtener protagonismo en medio del politeísmo en el que habitan, resultan mucho más cercanas a la realidad humana. El dios monoteísta es infinitamente más misterioso y atractivo, como personaje fantástico.

El Divinepunk, y esto es una opinión totalmente intuitiva por mi parte,  explora el hecho religioso (por “hecho religioso” entiendo el conjunto formado por la deidad, su comunidad de creyentes, las prácticas religiosas que se efectúan como muestra de adoración, los textos sagrados que recogen dichas prácticas, y la comunidad de especialistas que interpretar dichos textos y oficia los rituales) desde el punto de vista de la fantasía y la ciencia ficción.  Y precisamente abordando la religión desde esa perspectiva, el Divinepunk consigue desmontar la deidad como artefacto medular de la fé religiosa, descubriendo y denunciando la función ideológica de las creencias que encarna. A pesar de su nombre, veo al Divinepunk como un sub-género subversivo que cuestiona los mecanismos utilizados por la religión para controlar las masas. Digo “cuestiona” y no “denuncia” porque la gracia está en sugerir sin censurar abiertamente. Y que cada uno crea en lo que quiera.

El dios de esta novela corta encarna la esperanza para el pueblo que lo adora pero, a diferencia de las divinidades de las religiones existentes en la actualidad, es un ser físico y no metafísico. Su presencia material es esencial para los creyentes que lo veneran y el proceso de generación del cuerpo divino forma parte de la liturgia religiosa. No desvelaré más sobre dicha creación, pero puedo decir que hace un guiño evidente al Frankenstein de Mary Shelley.

El narrador omnisciente recorre junto con la criatura divina el camino desde su nacimiento hasta su desaparición (que no muerte), llevando de la mano al lector. Si no fuera por los elementos de ciencia ficción que aparecen brevemente al principio y al final, podríamos decir que se trata de una obra de fantasía con tintes teológicos. Creo humildemente que la historia no necesitaba del bastidor de la ciencia ficción para funcionar, sobre todo la referencia del comienzo. Sin ese impuesto que pagar, hubiera quedado mucho más original y se hubieran podido evitar ciertos infodumps.

La soledad es una de las constantes en las historias de Miguel Santander. En El Legado de Prometeo se abordaba como el aislamiento que las sustancias psicotrópicas pueden producir en las mentes trastornadas. En La Costilla de Dios la deidad es un ser solitario, sin nombre siquiera, que sueña fantasías procedentes de otras vidas, que se siente siempre fuera de contexto y que busca un fin a su vida, elegido por él mismo y no impuesto. El dios de Miguel Santander no es un ser libre, vive apresado por la imagen y la función que sus fieles le otorgan en un cuerpo que se la sido otorgado. Por lo tanto, es un reflejo en negativo del dios monoteísta que monopoliza la espiritualidad de la mayor parte del planeta.

La soledad se asoma a los relatos que Santander incluye en esta recopilación. En Apocalipsis, finalista del III concurso “Monstruo de la razón”, se trata de la soledad del enfermo de una enfermedad degenerativa que se va aislando del mundo. En Eva, Finalista del I Premio TerBi temático sobre “Mutaciones”, encontramos una historia de biopunk contada a dos velocidades en la que un ser único debe elegir continuar o no su especie. Anomalía ofrece una visión de la soledad desde la locura provocada por el conocimiento del destino inexorable. El Gen Olvidado, Finalista del II Premio TerBi temático sobre “Inmortalidad”, ofrece una visión de la soledad desde el Divinepunk y el biopunk y los viajes en el tiempo: ¿qué puede haber más solitario que un viajero del tiempo? En La Última Huella, ganador del III Premio TerBi temático sobre “Viaje sin retorno”, la soledad es el factor desencadenante del desenlace. Fin, es un relato más breve que muestra la soledad como única compañera de un conocimiento extraordinario. Siempre, la soledad.

Advierto en Miguel una evolución de su prosa hacia textos más editados en los que se mide el valor de adjetivos y adverbios, más frecuentes en sus obras previas. Me alegro de que exista en él un ánimo por depurar la forma en la que cuenta sus historias, tramas en las que el elemento científico siempre está presente pero que permanece muchas veces en los ángulos de visión del lector. Me encantaría que alguna vez se atreviera con la fantasía, aunque comprendo que su querencia e interés estén en la ciencia ficción. Pienso que sus personajes están mejor delineados y sus voces mejor conseguidas, aunque a veces tengo la sensación de que las historias se alargan de manera un tanto innecesaria y que se hubieran beneficiado de una edición menos conservadora.

Recomiendo esta obra a quien disfrute de la ciencia ficción hard, a quien le interese descubrir el Divinepunk y, en definitiva, a quien tenga ganas de sorprenderse con lo que se está cociendo en el panorama nacional. Seguiremos de cerca la labor literaria de Miguel, deseando que siga escribiendo y deleitándonos con su buen hacer. Siempre es de agradecer que existan voces que reivindiquen el género hard en España.

El legado de Prometeo de Miguel Santander: domesticando agujeros negros

¿Qué tienen que ver los libros con los agujeros negros? Eso es lo que le pregunto al blog que anda más raro de lo normal. Porque “raro” es su estado “normal”, solo que ahora está “más raro”. Me contesta que ambos, libros y agujeros negros, poseen una extraordinaria fuerza de atracción: una vez que te atrapan, no puedes resistirte a su influjo. Le digo que esa es una comparación fácil. Me mira de reojo con aire de autosuficiencia y me contesta que, además, comparten secretos. Insisto en que me aclare este punto. Dice que está muy claro, que se trata de objetos que dan paso a otras realidades. Me quedo pensando, intentando procesar esta última reflexión.

El blog me deja pensativo mientras se pasea enfundado en una camiseta que dice “Lo que sucede en el horizonte de sucesos, se queda en el horizonte de sucesos”. Lleva unos días que no para. Ha decidido abrir un negocio. Lo habéis oído bien: el  blog es emprendedor. Eso callará muchas bocas, creo yo. A los que aún dudan de su existencia, tengo que decirles que darse de alta en autónomos y conseguir la tarjeta de la seguridad social es la fórmula para dotar de realidad a cualquier ente en este Universo.

El negocio online que el blog ha montado tiene que ver con la moda, dice él. Por “moda” se entiende la venta a través de su página web de camisetas con mensajes relacionados con las ciencias. Vende modelos para señora y caballero, tiene una colección dedicada a los más pequeños y su serie “estrella”, nunca mejor dicho, es la dedicada a los agujeros negros. Mensajes como “Déjate arrastrar” o “Recuerdo de mi visita a un agujero negro” junto con imágenes de esta singularidad espacial hacen furor en las redes sociales.

Le pregunto cómo se le ocurrió la idea de hacerse empresario. Me mira de arriba abajo y deposita en mis manos una copia del libro El legado de Prometeo del vallisoletano Miguel Santander. Me recomienda que lo lea porque es una continua fuente de inspiración para él. Suspiro y le hago caso.

Un astro-thriller

En nuestro país la novela está editada por Iniciativa Mercurio y puede adquirirse a través de Amazon España tanto en formato tradicional http://www.amazon.es/Legado-Prometeo-Miguel-Santander-Garc%C3%ADa/dp/8415511108/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1338301120&sr=8-1 como en e-book http://www.amazon.es/Legado-Prometeo-Letras-Apócrifas-ebook/dp/B0083UU1L2/ref=sr_1_2?ie=UTF8&qid=1338301172&sr=8-2

Me sumerjo en un mundo que me resulta a la vez familiar y extraño. Me parece familiar el entorno de los personajes principales, Daniel y Marco. Estos padre e hijo presentan los problemas existentes en muchas relaciones paterno-filiales y, además, son españoles. Se agradece que una historia de estas características, un auténtico thriller de ciencia ficción “hardcore”, tenga raíces españolas y se aleje de los habituales escenarios anglófonos.

Lo extraño, entendido aquí como “lo diferente”, proviene de las novedosas premisas en las que se basa la narración. El descubrimiento de un agujero negro en las “inmediaciones” del sistema solar pone en marcha una cadena de acontecimientos que cambiará el rumbo de la historia de la Tierra. La misión ‘Prometeo’ se organiza para lanzar una macro-nave espacial, la ‘Éxodo’, con el objetivo de llegar hasta las proximidades del agujero negro y extraer energía virtualmente inagotable y sostenible. El precio a pagar es viajar durante cuarenta años en un espacio limitado para obtener una esperanza de cara al futuro energético de la humanidad.

Los protagonistas, Daniel y Marco, se presentan casi como un único personaje que parece desdoblarse durante el trascurso del viaje espacial, que los encierra juntos en una nave de 150 metros de diámetro. Si Daniel es un astrofísico brillante con un interés obsesivo por los agujeros negros, Marco se decanta por las ciencias sociales y nunca se deja dominar por su trabajo. Si el padre deja que el sentimiento de culpabilidad destruya su vida, el hijo despliega un desdén hacia la misma ante un proyecto de vida impuesto. Es como si el mismo personaje apareciera en dos versiones distintas procedentes de dimensiones paralelas. Cuando leemos las andanzas de Marco, tenemos la impresión de que se trata de la vida que Daniel hubiera elegido si hubiese conocido de antemano su propio destino.

El blog dice que me estoy enredando en marañas espacio-temporales. Le respondo impaciente que se meta en sus propios asuntos. Me gustaría preguntar a Miguel, el autor de El legado de Prometeo, cuánto hay de él mismo en este complejo personaje dual… pero supongo que todo el mundo se lo debe preguntar, así que me morderé la lengua. Porque tenemos previsto acribillar a preguntas a este astrofísico que no para de ganar premios literarios. En 2009, su novela La costilla de Dios acabó finalista en el XXI Certamen Alberto Magno y hace unos días La epopeya de los amantes ganó el Premio UPC 2012 de novela corta. Y eso que el chico es de ciencias.

Se ve que Santander está empeñado en romper todas las leyes físicas y lógicas porque, además de su carrera científica como oteador profesional de cuerpos celestes, hay que sumarle una interesante andadura literaria y divulgativa. Mantiene un blog llamado, como no, “Tras el horizonte de sucesos” (http://miguelsantander.com) en el que hace cosas tan difíciles como explicar de una manera sencilla y entretenida complejos conceptos astronómicos. Además, colabora regularmente con la web Amazings (www.amazings.es), parada obligatoria para los que quieran estar al tanto de los últimos contenidos científicos que pululan por la red.

Quienes busquen una novela de intriga en la que los intereses económicos e ideológicos luchan por monopolizar el poder, han dado con la historia adecuada. Rica en personajes con personalidades trabajadas, la trama se desarrolla durante los años que llevan a la ‘Éxodo’ a encontrarse con el agujero negro. La dinámica social que se desarrolla en la nave y los acontecimientos que tienen lugar de manera paralela en nuestro planeta, ofrecen una propuesta narrativa innovadora, en la que el relato en tercera persona se ve salpicado de “alucinaciones” inteligentemente escritas en primera persona. Cada uno de los cuarenta y cuatro capítulos divididos en tres partes comienza con un extracto de un documento o entrevista, elaborados ex profeso por Santander como si se tratase de citas verdaderas.

El autor intenta en todo momento ser fiel a las premisas científicas que sostendrían una misión tan ambiciosa como la ‘Prometeo’: desde la estructura y funcionamiento de la nave; el proceso de selección de la tripulación; y el desarrollo de la misión en todos sus aspectos, hasta la tecnología que controla y sostiene la vida en dicho ecosistema artificial. Sentimos una especial fascinación por ‘Trinity’, la inteligencia artificial tricéfala que gestiona los procesos de la ’Éxodo’, pero nos resistimos a hablar de ella, no vaya a ser que desvelemos demasiado de la trama.

Se podría decir que el propio agujero negro, ‘Némesis’, es un personaje en sí mismo cuya ausencia influye en la vida de los habitantes de la nave. Ansiado pero inalcanzable, destructivo pero útil, lejano pero muy presente, este fenómeno dirige en cierto modo y sin saberlo la existencia de todos y cada uno de los tripulantes de la ‘Éxodo’.

Lo mejor de la novela es que a pesar de la fidelidad científica que rezuma, es muy entretenida gracias a un ritmo que aumenta de intensidad, como si estuviéramos en un acelerador de partículas. Este verano merece la pena embarcarse en la ‘Éxodo’ y conocer su tripulación porque la historia combina acción, amor, erotismo, aventuras, suspense, ciencia ficción, conspiraciones, relaciones disfuncionales y tecnología punta.

El blog sigue muy ocupado gestionando su incipiente empresa online. Si ya era difícil controlarlo antes, ahora que empiece a ser un empresario de éxito no habrá quién le tosa.

Consulto mi e-mail y me sorprendo. Acaba de llegarme una factura de un pedido que no recuerdo haber hecho por un importe considerable.

La sombra de la sospecha se cierne sobre mí. Llamo a voces al blog. Se presenta ante mí desafiante. Le pido explicaciones. Me responde que se ha tomado la libertad de realizar en mi nombre el pedido inaugural de su negocio. ¿Cómo no va a apoyar un padre a su hijo?

No tengo palabras.