Del hype a “Los nombres muertos” de Jesús Cañadas

El blog está hyped. Si se habla de un determinado libro durante el tiempo suficiente, hará todo lo posible por leerlo o hacer que yo lo lea. No sé si le interesa más disfrutar de las últimas novedades literarias o no quedarse atrás en ese movimiento existente en el fandom que persigue despertar un máximo de interés por ciertas obras. Crear hype sirve para impulsar la promoción de un producto literario en el mercado y para desarrollar un grupo de seguidores de un estilo o autor, buscando su rentabilidad económica.

“Hypeando”

Más allá de cualquier consideración comercial, el hype no es un fenómeno nuevo ni aparece solo en el mundo de la literatura. Aparece junto con los medios de comunicación de masas como herramienta mercadotécnica para dar a conocer canciones (pensemos en la machacona repetición de la radio-fórmula y de los canales de video-clips musicales), artistas de la pequeña y gran pantalla (pensemos en el Super-pop y otras revistas “juvenoides” así como en los clubs de fans), libros, películas y videojuegos (pensemos en los book-trailers, en los tráiler cinematográficos y en los foros de gamers y de fandom), o productos tecnológicos (pensemos en las últimas convenciones de Apple y en los foros de “maqueros’).

Añadamos el efecto de las redes sociales al conjunto anterior de elementos y veremos potenciado el fenómeno: el hype se dirige a dar a conocer un producto al mayor número de personas posible, tiene un ciclo de vida relativamente limitado que suele acabar (aunque no siempre) poco después de que el producto en cuestión salga al mercado y crea expectativas muy elevadas que son difíciles de satisfacer. Se trata de un fenómeno popular y, al menos en el caso de la literatura fantástica, asociado al fandom, ese cuerpo indefinido de seguidores de la ciencia ficción, la fantasía y el terror que gasta energías y dineros en hacerse con las obras de sus autores favoritos, que va a presentaciones de libros y convenciones del género y que lee/escucha y/o escribe blogs/podcasts alusivos. O sea, tú mismo.

 

La aparición del sello Fantascy de Random Mondadori de Los nombres muertos, la última novela de Jesús Cañadas, viene precedida por el aparato promocional de la editorial, que acaba de abrir sus puertas para atender la creciente demanda en nuestro país de historias fantásticas (quiero pensar que hay una demanda y que ésta se acrecienta). En foros, en Twitter y Facebook, en blogs y podcasts, he oído hablar mucho de este trabajo. Además, he tenido la oportunidad de interactuar directamente con el propio autor (no tiene nada de particular; Cañadas es un tipo muy accesible). Eso, unido al tour de presentaciones en las principales ciudades españolas, y a mi innata y malsana curiosidad por la ficción patria, me ha llevado a caer en el hype y he leído la novela.

Quede claro que, a mí, el hype no me parece algo negativo o que se deba menospreciar por su condición popular y efímera. En el caso del género en nuestro país, lo considero un fenómeno necesario, a pesar de las aristas cortantes y engañosas que puede presentar. Me explico: el hype puede interferir en el proceso de deguste de la obra, maximizando la expectativas hacia una obra de manera que sea a veces imposible darles una respuesta satisfactoria. A pesar de ello, sigo defendiendo su interés en el ámbito de la fantasía. Al tratarse de un espacio literario a menudo ninguneado por las editoriales, es necesario como mecanismo para abrir el apetito y llamar la atención del lector potencial. Ya habrá tiempo, cuando el género se asiente en nuestro país, para llamar a la calma y a la mesura. Por eso, desde aquí, llamo a los seguidores del sci-fi –rror a crear y hacer en el hype. Ough Yeagh!

Viajes, misterio y culto a un escritor

Si quieres disfrutar de Los nombres muertos tienes que estar dispuesto a hacer el petate y dejar que te embarquen en una obra de misterio fantástico y de viajes. Cubrirás tres continentes y cuatro países muy diferentes entre sí. La ambientación que ha llevado a cabo Cañadas en cada uno de los escenarios en los que se desarrollan las escenas de la novela es impecable. Se aprecia una sólida labor de documentación escenográfica, histórica y cultural, algo que no es tan extraño si se tiene en cuenta que el gaditano vive en Frankfurt. Estamos ante un autor de mente abierta y viajada, cuanto menos.

El protagonista es H.P. Lovecraft, es decir, uno de los escritores más icónicos del género fantástico, autor de culto para una gran parte de los aficionados. Alrededor de él emergen, y toman parte en el viaje que describe la novela, un puñado de personajes secundarios formados por amigos incondicionales, aliados ocasionales, villanos irredentos o testigos de hechos colaterales que permiten al lector desenredar la historia.

Seleccionar como protagonista de una novela a un escritor real es arriesgado. Elegir a uno tan conocido y del que hay múltiples documentos históricos, es audaz. Apostar por Lovecraft, es temerario. Nada más que por eso, aplaudo la  valentía de Cañadas al no dejarse amedrentar por la dimensión estratosférica del personaje, diseñando a un protagonista confuso y “verborreico”, lleno de contradicciones y complejos, alguien capaz de drenar la energía de cualquiera que se mantuviera a su lado. Me gusta especialmente el hecho de que el escritor dude de sí mismo y lo manifieste en numerosas ocasiones. El mito se desmitifica.

Los personajes secundarios están a la altura del retrato que el autor gaditano realiza sobre el norteamericano y le dan la réplica en diálogos ágiles y bien conseguidos. Los escenarios de la acción son tan distintos entre sí como sugerentes, repletos de posibilidades y encajan perfectamente con la historia. La trama, que comienza con cierta timidez, se va acelerando hasta convertirse en una sucesión de escenas de acción, mientras que el final es un pulso que Cañadas le echa al lector, sorprendiéndolo con un giro argumental efectista.

También hay aspectos cuestionables, bajo mi punto de vista, en la novela. La prosa de Cañadas se está depurando con respecto a otros trabajos suyos que he leído, aunque aún adolece de un barroquismo en el que hay demasiadas comparaciones, demasiados tropos altisonantes. Esta es una apreciación totalmente subjetiva en un momento en el que creo estar pasando por una fase minimalista, y en el que valoro la efectividad de líneas más sobrias. No es una crítica al estilo del autor, que tiene todo el derecho a inventar las figuras retóricas que desee, sino una opinión basada en mis gustos actuales. De hecho, ninguna comparación, imagen o metáfora está mal conseguida. Sin  embargo, abundan de tal manera que espesan el flujo de la historia.

En cuanto a la estructura del libro, creo que sobran los fragmentos en primera persona y la coda del final. Ésta última me extrañó, viniendo de Cañadas, que es capaz de dejar cabos sin atar en el argumento. Sinceramente, creo que no hacía falta y que es prerrogativa del lector sacar conclusiones realizando un ejercicio de interpretación e interacción con el texto. Por otro lado, también es privilegio del autor escribir lo que le venga en gana, yo no soy nadie para juzgar su elección, pero la cuestiono.

Lo que menos me ha atraído de esta obra es el recurso a la fatalidad, inminente y sobrenatural, de manera constante. Comprendo que pueda ser una manera de mantener: a) las riendas de la narración; b) la atención del lector. Sobre todo en el episodio portugués, sentí que era un efecto sobre-actuado que no aportaba nada congruente a la trama.

Colocar en el centro de la trama a la personalidad narcisista, excéntrica y depresiva de Lovecraft es, sin duda, el gran acierto de esta novela. Otros dirán que el protagonista en realidad son sus escritos y, más concretamente, el famosísimo Necronomicón, libro maldito y codiciado aunque nunca se aclare la naturaleza de su condición maldita (es cierto que se hace referencia a ella en múltiples ocasiones, pero no se esclarece de forma contundente por lo que no sabemos qué sucede si el libro se lee).

Uno debe estar dispuesto a tomar su pasaporte y su maleta para deleitarse con Los nombres muertos. Se trata de una obra que apela a cualquier lector en busca de historias aventureras, no se limita a la audiencia de lo fantástico. Yo he disfrutado, aunque cuestione ciertas elecciones de Cañadas. Es su libro, después de todo.

Tengo a Cthulhu metido en casa: El blog se ha tatuado un pulpo. ¿Debo sentir miedo ante cada rincón oscuro, cada bocadillo de calamares, cada ventosa de la que cuelgue una prenda? Ya os iré contando.

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2 pensamientos en “Del hype a “Los nombres muertos” de Jesús Cañadas

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