«Matter» de Iain M. Banks: el arte de la referencia

Matter es la octava obra de la saga de la Cultura de Iain M. Banks y la primera que he leído. Antes, me da vergüenza confesarlo, apenas conocía nada del escocés, tan solo estaba familiarizada con algunos títulos de sus obras, especialmente con una de las últimas, The Hydrogen Sonata, que sonaba con fuerza entre los amantes del género en diversos premios internacionales. Su desaparición hace unos meses me hizo caer en la cuenta de que nunca había disfrutado de ninguna de sus novelas mientras estuvo entre nosotros. Tampoco hubiera cambiado nada que lo hubiera hecho, pero desde entonces, no he dejado de repetirme que debía hacer algo para terminar con mi ignorancia. Gracias a la iniciativa propuesta y organizada por Leti del blog Fantástica Ficción, y compañera de fatigas en El Fantascopio, he tenido la ocasión de leer la ficción de Banks. Nunca es tarde.

Temática escatológica

La novela es, por una parte, un guiño a la fantasía épica que Banks enmarca en la  extraordinaria invención que nos regaló, llamada la Cultura. De hecho, hay momentos al inicio de la obra que uno se pregunta si no está leyendo un spin-off de Juego de Tronos, la versión televisiva de Canción de Hielo y Fuego de G.R.R. Martín, no por el estilo sino por la temática. Matter es la historia de cuatro hermanos destinados a una vida para la que no fueron educados. Procedentes de Susarmen, una nación que permanece inmersa en una etapa histórica medieval, conocen la existencia de la Cultura, pero viven sus vidas en unos de los niveles de un Mundo Concha –fuera de la federación-, haciendo lo que a las naciones de estas características se les da mejor: luchar entre ellas.

  • Elime, el mayor de los hijos del Rey Hausk “El Conquistador” muere asesinado por lo que nunca llegará a suceder a su padre. En realidad, nunca aparece en la historia y es precisamente su ausencia la que desencadena gran parte de los sucesos de la trama.
  • Ferbin, el mediano, desaparece en extrañas circunstancias en el campo de batalla y comienza una vida de proscrito porque es conocedor de un secreto que amenaza su seguridad. Instruido en la política y la diplomacia, desconoce el arte de la guerra. Cuando es enviado a asistir a su padre sobre el terreno se verá sobrepasado por los acontecimientos.
  • Oramen, el hermano menor, es una rata de biblioteca destinado a convertirse en erudito. Obligado a adoptar el papel de heredero a la corona en un momento en que aún no ha alcanzado la mayoría de edad y no puede asumir el papel de rey, son  precisamente sus conocimientos en historia y literatura los que le dotan de las herramientas necesarias para bregar en las complicadas intrigas palaciegas.
  • La hermana, Anaplian, fue elegida en su niñez para viajar a la Cultura y para ser educada en su seno, pasando a engrosar la sección de Circunstancias Especiales en vez de formar parte de la corte ocupando su lugar como princesa.

La novela se abre con la muerte del rey Hausk y la historia se estructura en tres sub-tramas que siguen los pasos de cada uno de sus tres hijos vivos. Si en el caso de Oramen y Ferbin el escenario es medievaloide, en el de Anaplian conocemos a fondo la Cultura, esa federación galáctica utópica y anarquista que, a pesar de su inmensidad, funciona con precisión matemática. Anaplian retorna a Susarmen con motivo de las exequias de su padre y debe adaptarse a volver a vivir en un lugar de horizontes limitados.

Uno de los principales temas abordado por Banks en Matter es el destino del ser humano.  Si bien existen una serie de predisposiciones familiares y educacionales que empujan al individuo a tomar un camino en su vida, acontecimientos inesperados pueden cambiar la dirección de esa ruta. Lo que reivindica el autor es que el destino nunca está escrito del todo, solo está bosquejado por las influencias familiares y la presión social, y es la voluntad del individuo el verdadero motor de la experiencia vital.

Sin embargo, y como no puede ser de otra manera tratándose de un escocés con un sentido del humor enormemente autocrítico, uno nunca acaba de tenerlo del todo claro. La intención es evidente, pero siempre queda la duda de que Banks esté jugando en realidad con el lector y, a pesar de que defendiendo al ser humano como capitán de su barco vital, quizás esté riéndose de él, sugiriendo que fuerzas ocultas rigen los destinos de las personas desde un intrincado modelo orquestado por las Mentes de la Cultura.

Banks, el rey de la referencia

Una de los aspectos más atractivos de la obra de este autor es la maestría con la que hace uso constante de la referencia. Ya mencionamos el asombroso parecido del comienzo de la novela con un episodio de Juego de Tronos. ¿Por qué la referencia a la versión televisiva y no a las novelas de G.R.R. Martin? Por su teatralidad visual. La muerte del rey Nerieth Hausk, nada más comenzar la historia, es una escena de manual de cualquier serie de televisión. Si fuera una comedia, hasta podríamos oír las risas enlatadas.

Hay una referencia constante a la relación entre el señor y el sirviente astuto, que me hace pensar inmediatamente en Don Quijote y Sancho Panza. En cada uno de los hilos argumentales en los que se vertebra la historia, los tres hijos del rey Nerieth Hausk inician una andadura personal acompañados por un “escudero”, una entidad que les protege y ayuda: en el caso de Ferbin y Oramen se trata de los sirvientes Choubris Holse y Tove respectivamente, mientras que Anaplian cuenta con el drone Turminder Xuss. Mientras que los descendientes del rey representan al noble educado en los conocimientos más exquisitos de la época, y criado en la comodidad de palacio, el escudero/ayudante representa al sentido común y a la sabiduría popular que surge de la dura vida fuera de la corte. El diálogo entre Ferbin y Holse en uno de los primeros capítulos, es una delicia de inteligencia y melodrama:

“Still,” Ferbin said nitterly, “even if I were alone in knowing what happened, I know it still”.

 

Choubris scratched behind one ear. “If the whole world thinks differently, sir, is that even wise?”

Hay quienes colocan a la space opera -como dice Félix sobre la novela El uso de las armas en el blog Almohadón de Plumas– en la misma categoría que la literatura épica, una tradición literaria que nacería con las epopeyas griegas, pasando por los cantares de gesta y novelas de caballería de la Edad Media, o a la fantasía de capa y espada del siglo XX. En realidad, siempre nos encontramos con héroes que sufren una profunda transformación personal, a menudo con un final trágico, en el que el resto de los personajes encaja en roles bien definidos según su función en la historia: el ayudante/sirviente/confidente/compañero/amigo; el villano malvado/ambicioso/destructivo; el propio héroe sometido a pruebas/aventuras/desafíos/calamidades. Las andanzas se suceden en este caso en un escenario muy generoso, la Cultura, que permite a Banks utilizar diferentes recursos –escenarios, personajes, épocas históricas- para resaltar ciertos aspectos del argumento.

Una heroína en un universo masculino

En el caso de Matter, aunque las tres tramas cuentan la misma historia desde puntos de vista distintos, la heroína Anaplian destaca por ser el contrapunto a la historia épica que viven sus hermanos. Ella, una mujer que se vería relegada a servir como moneda de cambio en alguna alianza política de su pueblo, desarrolla una carrera interesante e independiente en “Contacto” uno de los departamentos más activos de la Cultura. Armada de conocimiento, mejoras genéticas y herramientas tecnológicas, toma la determinación de retornar a su país. Es decir, es capaz de ejercer sobre su propia existencia un tipo de control que ninguna dama de la corte de Susarmen podría soñar. Por su parte, Ferbin y Oramen no pueden elegir, por su sentido del deber o porque no conocen ninguna opción mejor, y se ven abocados a adoptar papeles que nunca hubieran querido asumir.

Anaplian, uno de los personajes principales de «Matter»

Anaplian es ciudadana de una federación galáctica y utópica, la Cultura, en las que las necesidades básicas están cubiertas y la gente trabaja por el placer de sentirse útil. Hay otras excepciones. Miquel en su reseña sobre la novela El jugador, publicada en el blog La Biblioteca de Ilium, analiza en profundidad cómo un Imperio fuera de la Federación basa su estructura social en la práctica de Azad, un juego sofisticado que vertebra todos los aspectos de la vida.

Sin embargo, Susarmen no es un Imperio, no dispone de una actividad lúdica que dé sentido a su sociedad, ni pertenece a la Cultura. La vida es dura, la tecnología permanece anclada en el pasado, existe el hambre, las enfermedades y la guerra, y cada uno ocupa el puesto que el rígido sistema social le impone. No hay juegos que desvíen la atención de los problemas cotidianos. A pesar de que se conoce la existencia de la Cultura y de otras civilizaciones muy avanzadas, hay un cierto  orgullo nacionalista basado en la creencia de que una sociedad limpia de influencias tecnológicas es más libre, como señala en propio rey Nerieth Hausk:

“But they, the people of the Eighth, this Little race of men, they and their like were free to pander to their natures and indulge in their disputes untrammelled. They could do, in effect, and within the limits of their technologies, as they liked! Was that not a fine feeling?”

Las palabras del rey cobran fuerza cuando una amenaza tecnológica muy poderosa pone en peligro la integridad física de Susarmen y del resto de mundos concéntricos del Mundo Concha que lo aloja. Banks reprocha de manera implícita el uso abusivo de la tecnología, más que la carrera tecnológica en sí. La crítica social, inherente a toda la saga, pone de manifiesto las limitaciones de una sociedad medieval rígidamente estructurada en contraste con las libertades que predominan en la Cultura, en la que cualquier ser consciente –sea humanoide o máquina- cuenta con los mismos derechos.

El estilo de Banks es directo y claro, desprovisto de artificios, aunque sabe utilizar el humor como nadie. Sus descripciones son minuciosas sin llegar a aburrir, sus diálogos son ágiles e intuitivos, los escenarios ofrecen un impresionante abanico de contextos y los personajes están bien delimitados, aunque quizás los secundarios puedan confundirse a veces entre sí. Creo que la historia se alarga demasiado en algunos momentos, pero lo achaco al interés del autor por introducir y/o profundizar en aspectos de la Cultura.

Ésta reseña solo pretende ser una pequeña ventana al universo creado por Banks, un inmenso teatro de posibilidades infinitas fruto de su inteligente y fecunda imaginación. Ha sido un placer leer Matter aunque debo confesar que el final me decepcionó, pues una historia escrita con tanto mimo termina de manera bastante convencional, en mi humilde opinión. He aprendido mucho del escocés. Aprecio su maestría a la hora de impulsar la acción en todo momento y a aderezarla con los elementos justos para hacer que el texto sea entretenido y apetitoso. Sin duda, Matter no es lo último que leeré de Banks.

Soy bloguera porque el mundo me ha hecho así

El blog me pide una declaración de intenciones. Yo le pregunto que con qué objeto. Dice que necesita reafirmar su personalidad y que una declaración sobre mi naturaleza bloguera le ayudaría a dar sentido a su «yo». Sabe que accederé, porque lo contrario sería negarlo a él, así que aquí os paso esta declaración de intenciones de una bloguera:

Inteligente visión sobre los blogueros

  1. Soy bloguera (sobre literatura de fantasía, ciencia ficción y terror), no crítica literaria.
  2. Para un bloguero, leer es como respirar. Es respirar.
  3. Mi opinión es solo mía. No represento a ningún colectivo.
  4. Asumo que formo parte del fandom aunque, como digo en el punto 3), no lo represento.
  5. No soy una escritora frustrada. Escribo, lo cual no me convierte automáticamente en escritora, pero no me siento frustrada. Solo lo estaría si albergase expectativas de cierta fama y fortuna que, por el momento, no existen.
  6. No soy más benévola con las obras de mis amigos, soy más paciente.
  7. Puedo cambiar de opinión, porque es eso, una opinión, que no es una verdad inmutable. Está basada en mi gusto subjetivo y puede evolucionar.
  8. Con respecto al punto 7), lo normal y saludable es que la opinión evolucione.
  9. Con respecto al punto 8), eso no se aplica a Borges y a una lista de grandes escritores que no voy a incluir, no porque por falta de espacio, sino porque no quiero aburrir al lector.
  10. La fantasía, la ciencia ficción y el terror nos hace más libres, comprensivos y sabios porque nos incita a aceptar lo diferente, lo extraño, lo monstruoso que hay en la realidad. Bloguear sin tolerancia, no es bloguear.

Todos estos puntos se encierran en dos: Amarás al Libro sobre todas las cosas y a las Redes Sociales como a ti mismo.

Solo me queda que añadir: ¡Ough Yeagh!

Iain M. Banks: ciencia ficción «on the rocks»

Hace unos meses tuvimos que lamentar la desaparición de un escritor con mucho talento, Iain M. Banks, cuya saga de la Cultura es una de las más conocidas dentro de la ciencia ficción. El escocés también escribió otras obras dentro del género y, como Iain Banks, firmó otros trabajos fuera de él.

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Este mes de diciembre, los frikazos de El Fantascopio -ese grupo de fandomitas de Facebook de dudoso gusto y peor reputación- se van a dedicar a publicar reseñas y artículos sobre Banks. Os emplazamos a seguirlas de cerca para avisarnos, a mí o al blog, sobre :

1) Cualquier contradicción en la que incurran.

2) Cualquier polémica que inicien.

3) Imprecisiones, juicios erróneos, argumentos defectuosos.

4) Cualquier cosa que pueda ser utilizada en su contra.

Muchas gracias de antemano por vuestra colaboración. Sois los guardianes del legado de Banks, así que ¡contamos con vosotros!

 

Entrevista a Jesús Cañadas: domando a Lovecraft

El escritor Jesús Cañadas tiene en su web una sección dedicada a su biografía muy bien escrita y detallada. Demasiado, diría yo. Huele poco, más bien a servicio de prensa, y eso no tiene nada de malo solo que a mí me gustan los olores fuertes, fíjese usted. Olfatear a la gente es conocer de qué van, darse cuenta de qué pie cojean y descubrir qué los hace especiales. Personalmente, prefiero conocer a los autores en un mano a mano epistolar o interactuando a través de las redes.

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Jesús Cañadas y su interpretación de una mirada penetrante

De @canadasjesus sé que vive en Alemania y que sus relatos cuelgan de las páginas de revistas como Asimov Magazine, Lovecraft Magazine, Miasma o Aurora Bitzine y de antologías como Visiones 2008, Errores de Percepción, Calabazas en el Trastero, Ácronos, Fantasmagoria o la más reciente Charco Negro. El Baile de los Secretos, su primera novela, fue publicada por AJEC en 2011, llegando a ser finalista a Mejor Novela en los Premios Scifiworld.

También sé que es un tipo accesible  y que su segunda novela Los nombres muertos es uno de los grandes lanzamientos de Fantascy, el sello de literatura fantástica de Random Mondadori, de cara a este otoño. Esta entrevista fue realizada durante los calurosos meses del verano pasado (de ahí las referencias en tiempo futuro sobre la novela) para ser publicada en la revista digital de los breve y lo fantástico miNatura. Los anglófonos pueden disfrutar de esta charla en inglés en nuestro blog amigo Sense of Wonder, que su artífice Elías Combarro nos presta cada vez que realizamos una entrevista. Quiero agradecer sinceramente la enorme paciencia y el entusiasmo de Jesús, que, sin dudarlo, se prestó a contestar mis preguntas a lo largo de varios días.

“La fantasía es un género muy insistente y muy pesado”

Cristina Jurado: Antes de empezar, quiero agradecerte que accedas a esta entrevista tan poco ortodoxa. Creo que las charlas son más productivas que los cuestionarios asépticos, aunque no tengo nada en contra de ellos tampoco… a veces son la única manera para obtener un interacción eficaz.

Andaluz, de Cádiz por más señas, vives lejos de tu país. Mi teoría sobre el talento de nuestra tierra (yo soy medio andaluza por parte de padre) tiene que ver con el talante de su gente ante la vida: siempre intentar que las circunstancias de la vida no nos controlen. Además, creo que hay una sensibilidad mestiza y una actitud auto-irónica que se refleja claramente en el humor, pero también en todas las ramas de arte. No voy a ser tan indiscreta como preguntarte por qué te dedicas a escribir pero ¿por qué la fantasía? ¿la elegiste tú o te buscó ella? ¿de verdad es tan insistente como dicen?

Jesús Cañadas: Muy insistente y muy pesada. No hay quien se libre de las ganas de escribir. Ahora en serio, la mejor respuesta que he oído en mi vida a la pregunta “¿Por qué escribes?” se la escuché a Oscar Gual en el FantastiCS de Castellón: “escribo porque tengo tiempo y ganas.”

Para mí es así. Me apetece escribir. Y a veces no me apetece, pero sé que me espera algo bueno escribiendo y lo hago igualmente. Me gusta la fantasía porque soy un frikazo, no lo puedo evitar. Desde pequeño he consumido literatura fantástica y no creo que a estas alturas eso vaya a cambiar. No es lo único que leo, ni mucho menos, pero es lo que más me gusta. Las ideas que se me ocurren tienen siempre un punto fantástico. Para reclamaciones, habla con quien sea que las pone en mi cabeza.

CJ: Me interesa mucho la labor de escritor, sus secretos, los túneles subterráneos del oficio, ya me entiendes. Me gustaría saber cómo afrontas tú el desarrollo de una novela: si haces esquemas y croquis, si tienes fichas de los personajes (no sé, si les atribuyes el físico de alguien que conoces, por ejemplo), si editas mucho o poco… Cuéntame hasta donde te sientas cómodo compartir con los demás.

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«Los nombres muertos» del sello Fantascy

JC: Depende de lo que te pida cada historia. Yo aún estoy empezando, así que no estoy en posición de hacer teoría de mis cosas. Casi siempre tengo un planteamiento, un puñado de escenas y una escena final muy clara. El rollo (y lo difícil) es construir el camino que las une.

En mi primera novela, El baile de los secretos, todo fue casi a tientas, o así lo sentí yo. Tenía veintisiete años y ni idea de si iba a ser capaz. Pero salió, y ahora releyéndola veo que tuvo una estructura muy clara y unos pasos muy marcados para seguir el ritmo. Aunque yo no me di ni cuenta.

Los nombres muertos, que sale en Octubre, es mi segunda novela, y la he tenido que meditar mucho. No te diré que he hecho escaleta, porque no soy de medirlo todo. Pero como la etapa de documentación ha sido tan intensa y tan larga, sí que he tenido que darle vueltas y más vueltas a cómo sería.

Si quieres que te cuente una anécdota tonta, la mayor parte de la novela la escribí en el metro de Londres. No me refiero a la novela en sí, sino a lo que iba a pasar, lo más parecido a un esquema que he hecho en mi vida. Hay una parte de Los Nombres Muertos que transcurre en el Museo Británico, y en 2010 me fui un par de días allí para investigar. Fue de los viajes más absurdos de mi vida, pero eso es otra historia. El caso es que estaba tomando notas de camino a High Gate, donde también quería que sucediera una escena, cuando se me encendió la bombilla. Empecé a anotar un montón de cosas de lo que iba a pasar a continuación. Y anotando, anotando, me pasé la parada y llegué hasta el final de la línea. No sé si has estado en Londres, pero el final de una línea significa como mínimo horita y media de camino. Lo bueno es que tuve el mismo tiempo de vuelta para seguir anotando ideas. Y que no me multaron.

Con mi tercera novela, que estoy finiquitando estos días, ha sido más o menos distinto. Sí que he intentado hacer una escaleta, pero he terminado arrugándola y mandándola al carajo. ¿Por qué? Porque me aburro si sé todo lo que va a pasar. Y si te aburres escribiendo algo, ten por seguro que el lector se va a aburrir leyéndolo.

Mi método de trabajo es muy chapucero: salgo de trabajar, me voy a hacer deporte, se me ocurre lo que voy a hacer ese día, voy a casa, lo escribo, me pongo a leer, se me ocurren correcciones. Al menos, es así en condiciones ideales. Condiciones ideales significa que no me llama mi pareja, que no tengo que ir al supermercado, que no me toca limpiar la cocina… que no se me cuele la vida en medio, vamos. Pero en fin, el que algo quiere…

También intento dedicar el mismo tiempo del día a leer que a escribir, aproximadamente unas dos horas a cada actividad. Me encantaría disponer de más tiempo, pero tengo una manía extraña: me gusta comer caliente todos los días. Y para eso hace falta un trabajo.

CJ: ¿Qué significa “ser un frikazo”? Porque de alguna manera en tu primera respuesta implicas que ser fan de la literatura fantástica tiene algo que ver con ello…

JC: Un amigo mío que hace cómic se resiste a llamar a “cómic” a su trabajo. Prefiere el término “arte secuencial”. Tengo otro amigo al que no le gusta la palabra friki por despectiva, prefiere “coleccionista”.

Las cosas claras y el chocolate espeso. Yo consumo productos de género fantástico en múltiples formatos, desde cortometrajes a juegos de rol, desde libros a tebeos. Dedico tiempo a investigar novedades, incluso en otros idiomas, a comparar, a leer reseñas. Me gasto una pasta en viajes a convenciones y otros encuentros. Llevo camisetas con dibujos meta-literarios. Entro en discusiones absurdas en redes sociales, critico lo que no me gusta y alabo lo que me gusta. A veces al contrario. Aparte de eso, tengo una vertiente creativa que me hace comerme la cabeza para hacer mis propias historias para que, si tengo suerte, la gente las critique, las odie o las quiera, pero sobre todo las consuma. A veces hasta cae la breva y me entrevistan en un blog.

Lo puedes llamar “ser un frikazo” o lo puedes llamar José Luis, pero es lo que soy. Lo que somos. Apasionados de un género.

“Lovecraft era un maestro de la referencia”

CJ: ¿Por qué Lovecraft? ¿Qué tiene su biografía, su obra, su legado que atrae a tantos autores y aficionados anos después de su muerte? ¿Dónde crees que empieza el mito asociado con él?

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Un posado robado del autor

JC: Eso es un tema super-complicado. La pregunta que repito siempre en las charlas es: ¿cómo pasas de un desconocido muriendo de cáncer de páncreas a los 47 sin que apenas nadie se haya leído su obra a camisetas con «Cthulhu for President»? Yo he hablado con mucha gente del tema en las convenciones que te comentaba arriba, he cambiado emails con gente que sale en este documental, me he leído todas las biografías, artículos y ensayos que han pasado por mis manos, y no tengo una respuesta clara. Tengo ideas que van en una dirección, pero nada que lo explique del todo.

El caso es que, como he comentado varias veces con mis editores, hoy por hoy no hay historia que uno escriba que no gane enteros si metes un elemento lovecraftiano. Eso es porque el propio Lovecraft era un maestro de la referencia. De ahí el misterio que rodeó tanto tiempo al Necronomicón. El amigo Howard consiguió que tantos otros escritores referenciaran su obra, que simplemente se convirtió en algo demasiado extenso como para no ser real. El primer bibliotecario cachondo que hizo una ficha de biblioteca del Necronomicón y la metió en su catálogo no tenía ni idea de lo que estaba creando.

La primera vez que me di cuenta de esto fue leyendo La Tienda, de King. En una escena de la novela, uno de los personajes le da cocaína a otro. Cuando le pregunta de dónde la ha sacado, el primero le responde: “De la Meseta de Leng”. ¿Ves lo que ha hecho ahí? Acaba de expandir el universo de lo que está proponiendo en su novela, diciéndote que su novela pertenece a algo más grande que una simple historia sobrenatural de envidias entre vecinos. Ese es el secreto del éxito de Lovecraft. Todos nos sumamos a los Mitos porque sumarte a los Mitos, en última instancia, mola. Te puedes inventar todas las disquisiciones que quieras para que suene más a “alta cultura”, pero en esencia, Lovecraft mola. «Cthulhu for president».

CJ: Sin spoilear ¿qué es Los Nombres Muertos?

JC: Félix Palma la definió hace poco así en su blog: una historia trepidante que se apunta a la moda Moore de juntar una liga de escritores extraordinarios en una aventura poblada de guiños a sus novelas.

Nada más que añadir, en realidad. ¿Para qué? Es una historia que sigue las desventuras de tres escritores de género en un viaje a través de tres continentes. Los escritores son Howard Phillips, Lovecraft, Frank Belknap Long y Robert E. Howard. Los continentes son América, Europa y Asia. El motivo del viaje es el Necronomicón. Y hasta aquí puedo leer. El resto en Octubre.

CJ: He leído El baile de los secretos y para mí es evidente que hay una clara necesidad de experimentar con las posibilidades del lenguaje, ahondando en los significados y enhebrándolos en imágenes poderosas. Tus descripciones pueden resultar a veces muy densas en cuanto a figuras retóricas. ¿Qué les dirías a quienes critican esa forma de entender la prosa?

JC: Les digo lo siguiente: gracias por leerla, me apunto vuestra crítica y espero mejorar en la siguiente. Yo no lo definiría como “necesidad”. Más bien fue una decisión consciente. Algo que me pedía la historia, pero también me lo pedían mis lecturas de cabecera: Bradbury, Pennac, Palahniuk, el propio Lovecraft, King, Gaiman. Me sirvió para saber qué hacer y qué no hacer, hasta dónde puedo llegar y adónde es mejor no ir. Para ir aprendiendo, vamos. Veremos qué aprendo esta vez con Los nombres muertos. Las críticas siguen siendo muy bien recibidas, cuando más directas y más constructivas mejor.

CJ: Entonces Los nombres muertos ¿es una novela de especulación viajera y literaria?

JC: Una vez leí una reflexión muy buena en el blog de César Mallorquí. Si no recuerdo mal, era una especie de mensaje a su yo joven, al escritor que “tenía algo que contarle al mundo”. El mensaje era algo así como: no te molestes, guapo, al mundo no le hace falta que vengas a contarle nada. Ya sabe muchas cosas él solo. Conténtate con hacer una buena historia, lo más honesta que puedas.

No podría estar más de acuerdo. No sabría decirte qué es una novela de especulación viajera y literaria. Yo no soy quien para especular sobre nada. La idea detrás de Los nombres muertos es recrear un estilo, un tipo de novela que me gusta leer, y acercarme a través de ella a un personaje que me fascina. Y divertirme, coño, divertirme escribiendo. Nada más.

Es verdad que la novela juega con los códigos del pulp, de la weird menace y de la novela de aventuras clásica. También es verdad que está plagada de guiños a la época, a sus protagonistas, a su, digamos, legado. Pero solo porque eso es porque me lo pedía el cuerpo. No hace falta entrar a jugar el juego de las referencias si no quieres. Te puedes sentar tranquilo en el sofá y leerte la novela de aventuras de entreguerras que plantea a priori.

Mira, en las primeras fases de la novela, cuando todavía estaba planeando qué debía pasar, hablé con un buen amigo mío, Albo López. Le dije: “estoy trabajando en una novela que tiene de protagonista a Lovecraft. Es una historia como si todo lo que hubiera escrito fuera real.” Albo puso los ojos en blanco y me contestó: “Wow, cuidado con Jesús, qué originalidad.” Primero me acordé de su madre, pero luego me di cuenta de que tenía razón: pastiches lovecraftianos hay a puñados. Y yo quería hacer otra cosa. Del montón que no quiere ser del montón, que decía Quino. Así que me fui por otros derroteros. ¿Por cuáles? En Octubre te lo cuento.

 

“Quiero que nominen a un español al Hugo”

 CJ: ¿Cómo ves el panorama de la fantasía en nuestro país?

 JC: Nos gusta decir mucho que el panorama está estupendamente, y yo soy el primero en afirmarlo, pero últimamente estoy pensando que es contraproducente. Dormirse en los laureles y tal. Es como decir “por lo menos tengo trabajo” aunque te paguen 800 euros brutos y tengas que costearte la seguridad social tú.

Yo, por suerte o por desgracia, vivo fuera de España, y veo que aquí hay gente moviéndose una barbaridad. También la hay en España, pero decir que el género está muy bien es acercarse a la resignación. “Por lo menos tenemos calidad”. Ya, cojones, pues más tenemos que tener. Y más difusión. Y más tirada. Y más lectores. Mientras se te rían en la cara cuando dices que haces fantástico, el género no está bien.

Más claro: quiero que nominen a un español al Hugo. Ea, ya lo he dicho. Que se jodan Saladin Ahmed y Aliette de Broddard o como carajo se escriba.

Lo que pasa es que de momento, quienes nos jodemos somos nosotros.

Aun así, me resisto a decir que el panorama esté muy mal. Hay proyectos partiéndose la cara para sacar cosas decentes. Cuando yo era pequeño, a finales de los ochenta y principios de los noventa, me acercaba a la Librería Jaime en Cádiz y allí sólo había Dragonlance y Tolkien. Puedes decir lo que quieras de la calidad, pero ahora hay un montón de oferta. ¿Por qué va a ser eso malo? Si no te gustan los zombies, no compres libros de zombies. Pero no te enfades si tantísima gente los compra. Y, por lo que tú más quieras, no montes en cólera porque Albert Espinosa vende tanto. La gente que lee a Espinosa vomitará con la primera página de tu novela. Lo siento, campeón.

Lo que sí hay, aunque no sabría enjuiciarlo, es mucha ambición. Muchas ganas de llegar a lo más alto. A veces esas ganas son llegar a lo más alto antes que nadie, o antes que otro, o antes que tú. Eso ya no mola tanto. Santiago García-Clairac me dijo una vez que era estimulante, que esta competitividad incentiva la creatividad. Yo no puedo decir que esté de acuerdo.

Total, para resumirlo: creo que el panorama de la fantasía en nuestro país progresa, pero necesitamos seguir diciendo que está mal. Que tiene que mejorar. Lo estamos intentando entre todos pero hay que seguir empujando. Los frentes a trabajar, desde mi punto de vista, son tres: autores, editoriales, público. ¿Cómo se consiguen autores de calidad, editoriales que apuesten fuerte por ellos y un público que los respalde? Ah, amiga. Yo qué carajo sé. Yo solo intento hacer historias lo más honestas posible.

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Cañadas, firmando en la librería Gigamesh

CJ: ¿Qué te parecen las nuevas fórmulas de la industria editorial como el crowfunding, la auto-publicación o la co-publicación?

JC: Chuck Wendig, un autor que me gusta mucho, dice que no hay que poner todos los huevos en la misma cesta. Si te das un garbeo por su web , verás que el nota tiene cosas en crowdfunding, auto-publicadas en Amazon, auto-publicadas en Kobo, novelas con Angry Robot, y yo qué sé cuántas cosas más.

Me parece muy respetable, pero yo personalmente tengo un problema con estos  nuevos modelos: soy un puto vago. Wendig se levanta, escribe tres horas y luego se pasa todo el puto día en twitter, en facebook y en el coño de su hermana promocionándose. A mí eso no me gusta, o más que no gustarme, me da muchísima pereza. Te pareceré un señorito, pero es lo que hay: yo quiero que me cuiden, que me den mimos, que alguien que se dedique a esto me maquete el libro y que me busquen las faltas de ortografía y que llamen ellos a los blogs para que hagan reseñas. Y mientras yo, trabajando para comer y escribiendo para vivir.

¿Qué le voy a hacer? No tengo ganas de aprender a maquetar, tengo más ganas de aprender a escribir, que todavía me queda un trecho. Recuerdo que hace tiempo compartí mesa sobre la autoedición con Fernando Trujillo, y me pareció un mamarracho. El anti-escritor. Un tío que se dedica todo el tiempo a inventarse fórmulas para que sus libros se vendan en Amazon. Ahora le cambio la portada, ahora le cambio la sinopsis, ahora quito el no-se-qué y ahora le pongo el no-sé-cuanto. Lo siento en el alma, cariño mío, pero soy incapaz de respetar ese modo de trabajo, porque me parece la antítesis de lo que tiene que ser un escritor.

Toni Hill, que de tonto no tiene un pelo, me dijo una gran verdad hace relativamente poco: “¿Dónde coño se ha visto que un escritor tenga que vender su libro? Quienes se dedican a vender libros son las editoriales. Los escritores los escriben.” Y es verdad. Me puedes venir con que los tiempos han cambiado, con eliminar intermediarios, con lo mal que tratan las editoriales a los autores, blablablablabla. Te doy la razón en todo, pero como buen vago que soy, prefiero que me lo den todo hecho.

“El género fantástico se dirige hacia la fragmentación”

 CJ: Se habla últimamente en los foros del género sobre la influencia o no del fandom en el mercado editorial (digo “mercado” porque parece que solo se habla de su influencia o falta de ella en cuanto a ventas) ¿Qué opinas sobre el fandom en España?

JC: Es que hay tantos fandoms, hija, que no sabría ni por dónde empezar. ¿De qué fandom te hablo? ¿De los que se vuelven loco con cualquier libro que saque la editorial de su amigo? ¿De los más viejunos que dicen que lo mejor era lo de antes y que todo, todo, absolutamente todo lo de ahora es una mierda? ¿El fandom de las niñas que sí, leen fantasía, pero también leen a Blue Jeans y no tienen ni puta idea de qué es Salto de Página, ni falta que les hace? ¿El fandom de lo que gusta en El Fantascopio? ¿Los que van a la Semana Negra y no les sale del carajo ir a nada más porque el resto de citas es una puta mierda? Porque todos los anteriores tienen puntos donde coinciden y puntos irreconciliables.

Al final todos somos fandom, todo el mundo tiene su grupo de autores que vale y lo demás es una porquería. Citando a Albert Einstein: “La literatura fantástica es lo que a mí me sale de los cojones”. No estoy muy seguro de si lo dijo Einstein, pero pongamos que sí.

No sé en qué blogs has leído esas conversaciones sobre la influencia de la crítica especializada en el mercado editorial, y eso basta para responder a tu pregunta. No te ofendas, pero en El Fantascopio comentais siempre los mismos cinco. Vale, a lo mejor sois ocho. Pero ocho lectores que se leen entre ellos no salvan una edición, ni media, ni nada. Admito que puedo estar equivocado, pero hasta que no me muestres un gráfico de ventas donde se vea esa influencia de la crítica especializada, no me la creo.

 

CJ: No te pido que hagas una predicción del futuro pero, en tu opinión, ¿hacia dónde crees que viaja el género fantástico?

JC: Esto podría estar relacionado con la pregunta de antes: fragmentación. A lo mejor Salto seguirá con sus fans acérrimos, Blue Jeans con las suyas y dentro de treinta años seguís peleándoos en El Fantascopio por ver cuáles son las cinco mejores novelas de ciencia ficción de los últimos treinta años. A lo mejor no. A lo mejor mis niños crecen pensando que la fantasía es un género como otro cualquiera.

Por pedir, yo pediría seguir escribiendo, y si no se puede, algo que necesito mucho más: poder seguir leyendo género.

CJ: Este es el momento en el que rematamos la faena con una ensalada de preguntas rápidas a las que pedimos brevedad en la respuesta. ¿Star Wars o Star Trek?

JC: Star Wars, sin duda. A Star Trek llegué tarde y jamás consiguió emocionarme como la primera.

 

CJ: ¿Comida rápida o casera?

JC: Casera, y si me dejas cocinar a mí, mejor.

 

CJ: Si tuvieras que ser el personaje de una película ¿cuál elegirías?

JC: El prota de una adaptación digna de Lovecraft.

 

CJ:¿Puedes decirnos el título del peor libro que hayas leído?

JC: Te puedo decir que no conecto casi nunca con Juan Manuel de Prada. ¿Te vale?

 

CJ: ¿Cuál es el mejor libro que has leído?

JC: Está por llegar.

 

CJ: ¿Qué tipo de música sueles escuchar?

JC: Para escribir, música de cine, ambiente y rock progresivo. Música balcánica y ska para bailar. Para degustar, música étnica, de África, hebrea, flamenco…

 

CJ: Cine 3D ¿sí o no?

JC: No. Pelis en el cine Avenida de Cádiz, en el antiguo, con moqueta roja y asientos incómodos.

 

CJ: Si tuviera que elegir poseer un súper-poder ¿cuál elegirías? 

JC: No es un super-poder, pero me gustaría tener la capacidad de leer libros enteros en cinco minutos, como esa editora americana de cuyo nombre no quiero acordarme.

¡Cuéntame un cuento, Carmen Moreno!

-Oh perdone, soy principito. Madre me puso este nombre por…

-Por el cuento del francés. Conozco ese libro, señorito.

Principito debe morir, Carmen Moreno, Sportula 2013

Todo el mundo debería leer Momo, o la extraña historia de los ladrones de tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres de Michael Ende. Cuando digo todo el mundo me refiero a niños, adultos, blogs y demás criaturas virtuales. Esta historia, que apareció en 1973 y se conoce simplemente por Momo, se ha convertido en una de las más enternecedoras, inteligentes, simbólicas y entretenidas de la literatura infantil. Habla de las obsesiones que dominan a la sociedad moderna de una forma crítica y penetrante, pero a la vez sencilla, sin perder la oportunidad de maravillar al lector con personajes tan mágicos como la propia “Momo” o su tortuga “Casiopea”.

Las mismas referencias evocadoras que siento cada vez que releo Momo me asaltaron cuando disfrutaba de Principito debe morir de la gaditana Carmen Moreno, editado por Sportula. La portada ya revela que la historia recurre a uno de los personajes icónicos de la literatura, no ya infantil sino universal: Le petit prince de Antoine de SaintExupéry. Es complicado apropiarse de un personaje ajeno para desarrollar una idea propia. Si el personaje es uno de los más conocidos de todos los tiempos, la tarea puede ser casi suicida.

A mí me gusta la gente que, en general, apuesta fuerte. Lo he dicho en otras ocasiones y lo reitero. Hay que correr riesgos, alejarse de las zonas de confort e intentar proyectos que desafíen nuestra creatividad. Eso es lo que hace que las cosas avancen, en mi humilde opinión. Carmen Moreno podía no haber partido del príncipe-niño inventado por SaintExupéry para contar su historia de ciencia ficción sobre el engaño, el amor paterno-filial, la ciencia como instrumento de control de las masas o el abuso de poder. Tiene hechuras suficientes, forjadas en la poesía, como para inventar otro personaje, pero el efecto no hubiera sido el mismo.

Reconozco que no sabía qué esperar de esta historia, aunque algunas claves empezaron a hacerse evidentes con el prólogo de Elia Barceló. Este cuento con aromas infantiles es una reflexión para los adultos que un día fueron niños, de la misma manera que puede ser considerada como una ventana para los jóvenes al mundo de los mayores.

Principito debe morir se inicia con un episodio extremadamente violento y es precisamente la violencia la que actúa como hilo conductor de un argumento, vertebrado en la complejidad de las relaciones sociales. ¿Es posible que una sociedad tecnocrática pueda prosperar estructurándose en castas con diferentes capacidades? La diferencia en las facultades de cada grupo de individuos ¿legitima al poder para exigir distintos grados de responsabilidad? Y ¿de qué manera se gestionan los derechos de los individuos y su contribución a la sociedad en un marco como ese?

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Carmen Moreno, genio y figura

La distopía que retrata el libro Carmen Moreno ha avanzado espectacularmente desde el punto de vista tecno-científico pero no desde la mirada en lo social y político. El poder se acumula en una sola persona, el Gobernador, que lo ejerce con total impunidad al apoyarse en los monos Timothy, humanoides sin escrúpulos que actúan como el brazo militar del poder. La oposición a batir, los Walker, es reprimida sin piedad, mediante la tortura, la experimentación genética  y el destierro. En medio de este panorama desolador, la figura de un niño sin padre, con una misión demasiado pesada para sus pequeños hombros, ofrece un mirador ideal para analizar por contraste el mundo que lo rodea.

Principito debe morir reinterpreta y actualiza un icono de la literatura infantil para contar una historia que logra interesar a grandes y pequeños. Eso, gentes que amáis los libros, es muy complicado. Y más difícil es hacerlo con una prosa aparentemente sencilla pero llena de simbolismo, de sentidos ocultos y de introspección. Para ejemplo, una frase que resume lo que encierra la historia:

“No somos importantes, pero podemos hacer algo importante”

Parece una afirmación tan banal y peregrina, sobre todo cuando la dice el protagonista con solo ocho años, que su verdadero significado se nos escapa entre los dedos. Frases así, simples y al mismo tiempo repletas de sentido, no son fáciles de encontrar, y menos en una obra de estas características.

Porque hay mucha crítica implícita en la novela de Carmen Moreno, y mucho humor fino, inteligente, que se cuela en los diálogos y las descripciones para agilizar una trama dramática. No sabría decir si el final es feliz sin destripar el argumento. En todo caso es agridulce, como la vida misma y, en ese sentido, la novela es una ficción que brinca desde las páginas y atrapa al lector. Lo explica bien Rafael Marín en el epílogo: desde Mowgli o Ender, pasando por Anakin o Atreyu, hasta llegar a Momo, los niños aventureros representan a los chavales que fuimos y que seguimos siendo, capaces de poner de manifiesto las contradicciones de un mundo que nos viene grande.

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La autora, en la presentación del libro el pasado 23 de Noviembre en Madrid

Los personajes sirven para reconstruir la historia de una represión, pues cada una de sus experiencias vitales aporta los datos que el lector necesita para comprender una situación insostenible y el camino amargo del protagonista. Carmen juega con el nombre de los adultos que gravitan en torno a “Principito”; “León Werth” y “Santo Suxpéry”, están basados en los amigos y escritores franceses León Werth y Antoine de SaintExupéry. Éste ultimo dedicó precisamente El principito a su amigo. Por otro lado, la madre del niño se llama Sarah Connor, en clara referencia a Terminator, unos de los personajes femeninos más celebrados de la ciencia ficción, y un guiño a la cultura popular y al fandom por parte de la autora.

En mi opinión, es más sencillo acudir a la frase altisonante, a las expresiones hormonadas como yo las llamo, para tratar de crear efectos especiales en el lector. Las buenas ideas, a menudo, no lo necesitan. Pueden despertar sensaciones y sentimientos profundos con un lenguaje depurado que sugiere mucho más de lo que manifiesta. Carmen Moreno vale más por lo que calla.

Confieso que me gustó esta apuesta de la gaditana, aunque entiendo que es un envite que algunos cuestionen. La autora toca varios géneros de manera sutil, de manera que los que esperen una novela de ciencia ficción hard, o obra infantil o una distopía, no se encontrarán ninguna de ellas por sí sola, sino todas conectadas, como las caras de una piedra multifacética. Solo los que estén dispuestos a renunciar a una etiqueta, podrán disfrutar de esta obra que, desde mi punto de vista, merece la pena. Un informador me hace saber  que la presentación de la gaditana en la Fnac de la Castellana de Madrid fue un éxito de asistencia y ventas, y que la primera edición de la novela está a punto de agotarse.

El blog dice que chocheo, que debería leer cosas con más enjundia.

Yo me rio.

A menudo, la enjundia se encuentra en lo más insospechado.