¡Cuéntame un cuento, Carmen Moreno!

-Oh perdone, soy principito. Madre me puso este nombre por…

-Por el cuento del francés. Conozco ese libro, señorito.

Principito debe morir, Carmen Moreno, Sportula 2013

Todo el mundo debería leer Momo, o la extraña historia de los ladrones de tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres de Michael Ende. Cuando digo todo el mundo me refiero a niños, adultos, blogs y demás criaturas virtuales. Esta historia, que apareció en 1973 y se conoce simplemente por Momo, se ha convertido en una de las más enternecedoras, inteligentes, simbólicas y entretenidas de la literatura infantil. Habla de las obsesiones que dominan a la sociedad moderna de una forma crítica y penetrante, pero a la vez sencilla, sin perder la oportunidad de maravillar al lector con personajes tan mágicos como la propia “Momo” o su tortuga “Casiopea”.

Las mismas referencias evocadoras que siento cada vez que releo Momo me asaltaron cuando disfrutaba de Principito debe morir de la gaditana Carmen Moreno, editado por Sportula. La portada ya revela que la historia recurre a uno de los personajes icónicos de la literatura, no ya infantil sino universal: Le petit prince de Antoine de SaintExupéry. Es complicado apropiarse de un personaje ajeno para desarrollar una idea propia. Si el personaje es uno de los más conocidos de todos los tiempos, la tarea puede ser casi suicida.

A mí me gusta la gente que, en general, apuesta fuerte. Lo he dicho en otras ocasiones y lo reitero. Hay que correr riesgos, alejarse de las zonas de confort e intentar proyectos que desafíen nuestra creatividad. Eso es lo que hace que las cosas avancen, en mi humilde opinión. Carmen Moreno podía no haber partido del príncipe-niño inventado por SaintExupéry para contar su historia de ciencia ficción sobre el engaño, el amor paterno-filial, la ciencia como instrumento de control de las masas o el abuso de poder. Tiene hechuras suficientes, forjadas en la poesía, como para inventar otro personaje, pero el efecto no hubiera sido el mismo.

Reconozco que no sabía qué esperar de esta historia, aunque algunas claves empezaron a hacerse evidentes con el prólogo de Elia Barceló. Este cuento con aromas infantiles es una reflexión para los adultos que un día fueron niños, de la misma manera que puede ser considerada como una ventana para los jóvenes al mundo de los mayores.

Principito debe morir se inicia con un episodio extremadamente violento y es precisamente la violencia la que actúa como hilo conductor de un argumento, vertebrado en la complejidad de las relaciones sociales. ¿Es posible que una sociedad tecnocrática pueda prosperar estructurándose en castas con diferentes capacidades? La diferencia en las facultades de cada grupo de individuos ¿legitima al poder para exigir distintos grados de responsabilidad? Y ¿de qué manera se gestionan los derechos de los individuos y su contribución a la sociedad en un marco como ese?

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Carmen Moreno, genio y figura

La distopía que retrata el libro Carmen Moreno ha avanzado espectacularmente desde el punto de vista tecno-científico pero no desde la mirada en lo social y político. El poder se acumula en una sola persona, el Gobernador, que lo ejerce con total impunidad al apoyarse en los monos Timothy, humanoides sin escrúpulos que actúan como el brazo militar del poder. La oposición a batir, los Walker, es reprimida sin piedad, mediante la tortura, la experimentación genética  y el destierro. En medio de este panorama desolador, la figura de un niño sin padre, con una misión demasiado pesada para sus pequeños hombros, ofrece un mirador ideal para analizar por contraste el mundo que lo rodea.

Principito debe morir reinterpreta y actualiza un icono de la literatura infantil para contar una historia que logra interesar a grandes y pequeños. Eso, gentes que amáis los libros, es muy complicado. Y más difícil es hacerlo con una prosa aparentemente sencilla pero llena de simbolismo, de sentidos ocultos y de introspección. Para ejemplo, una frase que resume lo que encierra la historia:

“No somos importantes, pero podemos hacer algo importante”

Parece una afirmación tan banal y peregrina, sobre todo cuando la dice el protagonista con solo ocho años, que su verdadero significado se nos escapa entre los dedos. Frases así, simples y al mismo tiempo repletas de sentido, no son fáciles de encontrar, y menos en una obra de estas características.

Porque hay mucha crítica implícita en la novela de Carmen Moreno, y mucho humor fino, inteligente, que se cuela en los diálogos y las descripciones para agilizar una trama dramática. No sabría decir si el final es feliz sin destripar el argumento. En todo caso es agridulce, como la vida misma y, en ese sentido, la novela es una ficción que brinca desde las páginas y atrapa al lector. Lo explica bien Rafael Marín en el epílogo: desde Mowgli o Ender, pasando por Anakin o Atreyu, hasta llegar a Momo, los niños aventureros representan a los chavales que fuimos y que seguimos siendo, capaces de poner de manifiesto las contradicciones de un mundo que nos viene grande.

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La autora, en la presentación del libro el pasado 23 de Noviembre en Madrid

Los personajes sirven para reconstruir la historia de una represión, pues cada una de sus experiencias vitales aporta los datos que el lector necesita para comprender una situación insostenible y el camino amargo del protagonista. Carmen juega con el nombre de los adultos que gravitan en torno a “Principito”; “León Werth” y “Santo Suxpéry”, están basados en los amigos y escritores franceses León Werth y Antoine de SaintExupéry. Éste ultimo dedicó precisamente El principito a su amigo. Por otro lado, la madre del niño se llama Sarah Connor, en clara referencia a Terminator, unos de los personajes femeninos más celebrados de la ciencia ficción, y un guiño a la cultura popular y al fandom por parte de la autora.

En mi opinión, es más sencillo acudir a la frase altisonante, a las expresiones hormonadas como yo las llamo, para tratar de crear efectos especiales en el lector. Las buenas ideas, a menudo, no lo necesitan. Pueden despertar sensaciones y sentimientos profundos con un lenguaje depurado que sugiere mucho más de lo que manifiesta. Carmen Moreno vale más por lo que calla.

Confieso que me gustó esta apuesta de la gaditana, aunque entiendo que es un envite que algunos cuestionen. La autora toca varios géneros de manera sutil, de manera que los que esperen una novela de ciencia ficción hard, o obra infantil o una distopía, no se encontrarán ninguna de ellas por sí sola, sino todas conectadas, como las caras de una piedra multifacética. Solo los que estén dispuestos a renunciar a una etiqueta, podrán disfrutar de esta obra que, desde mi punto de vista, merece la pena. Un informador me hace saber  que la presentación de la gaditana en la Fnac de la Castellana de Madrid fue un éxito de asistencia y ventas, y que la primera edición de la novela está a punto de agotarse.

El blog dice que chocheo, que debería leer cosas con más enjundia.

Yo me rio.

A menudo, la enjundia se encuentra en lo más insospechado.

 

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