El poder del olvido en la última novela de José Antonio Cotrina

Este pasado verano me he dedicado casi exclusivamente a leer y comentar obras de autores españoles. La culpa, como siempre, es del blog, que dice estar pasando por una fase en la que solo se interesa en descubrir escritores de género en nuestro país y yo, por una vez y sin que sirva de precedente, me he unido a su proyecto.

Después de digerir La chica zombie de Laura Fernández, Diástole y Cenital de Emilio Bueso, y Danza de Tinieblas y Memoria de Tinieblas de Eduardo Vaquerizo, nos hemos topado con La canción secreta del mundo de José Antonio Cotrina. ¿Una novela juvenil? os preguntaréis patidifusos. Bueno, la propuesta de Laura Fernández también lo era en cierta forma y me gustó mucho.

Tengo que reconocer que inicié la lectura de La canción secreta del mundo (Hidra Editorial) con muchas reticencias porque la premisa inicial estaba muy trillada: la adolescente inteligente pero atractiva que vive en un entorno protegido, con una familia cariñosa y optimista que la apoya incondicionalmente y un novio enamorado hasta las trancas.

Me imaginé Crepúsculos, Sin Límites, Cazadores de Sombras y demás obras enmarcadas en el subgénero conocido como “romance paranormal para jóvenes”. Me pregunto si la diferencia con el romance paranormal para adultos estriba en la edad de la protagonista. Fijaos que digo “la protagonista”, que suele ser uno de los axiomas de este tipo de literatura.

Ariadna, el personaje principal, no se diferencia de las Bellas, Noras o Clarys de turno que, tras encuentros con mozuelos extraordinariamente atractivos, se dan cuenta de que son de todo menos normales. Detrás de sus vidas corrientes y molientes se esconden oscuros secretos sobre su verdadera identidad. En las primeras páginas de La canción secreta del mundo me preguntaba yo qué demonios hacía leyendo una historia así, repleta aparentemente de todos los estereotipos del género. Un blog amigo, Sense of Wonder, me convenció de que no me dejara impresionar por el comienzo y me animó a seguir leyendo.

Entonces llegaron las primeras muertes y me di cuenta de que ésta no era una novela que se pareciera a las otras sagas juveniles edulcoradas. Esta obra trata del poder del olvido como terapia para sobrevivir a una de las peores maldiciones que un ser puede padecer. Cuanto más leía sobre Ariadna (atención con los spoilers) más me acordaba de los einherjar de la mitología nórdica, aquellos guerreros que tras morir en el campo de batalla resucitaban en el Valhalla y servían como ejército de los dioses, reviviendo tras cada muerte.

El viaje de Ariadna por su propia memoria hasta recuperar su verdadera identidad es una bajada sin paracaídas a los infiernos, pero en el caso de Cotrina, no hay lugar para los finales felices, ni siquiera para los desenlaces amables en las escenas. Aparte de la profusión de seres mágicos que habitan el mundo paralelo al cotidiano, reflejo lunar de nuestra realidad, me ha llamado la atención la prosa envolvente y cautivadora del autor, capaz de transmitir sentimientos y sensaciones de manera atractiva y entretenida sin forzar el lenguaje con juegos de palabras gratuitos.

La desesperación es otro de los temas que se tratan en la novela. Cotrina es capaz de describir la riqueza tonal de esta emoción, muy bien anclada en una protagonista adolescente, puesto que esa época de la vida es rica en sentimientos exaltados y melancólicos. Los personajes son totalmente atípicos pues presentan matices que los alejan de los malvados o justos a los que estamos acostumbrados, aunque haya villanos del tamaño de continentes. Y es que se podría decir que los juicios morales se suspenden ante las personalidades que Cotrina modela, porque hay motivos para que cada uno actúe de acuerdo a su naturaleza, que diría Aristóteles.

En realidad esta obra es la suma de una serie de mentiras muy bien contadas:

1)   No se trata de una novela juvenil o, por lo menos, yo no la calificaría de “juvenil” a pesar de que la protagonista sea adolescente. Es como si dijéramos que Entre Extraños de Jo Walton está dirigida a un público joven. Creo que se trata de una obra dirigida a una audiencia más madura, aunque los jóvenes puedan disfrutarla.

2)   Nadie canta. A pesar del título, no encontraréis escenas de karaokes, Eurovisiones o concursos de talentos musicales.

3)   No existe “el mundo”. En esta novela hay al menos dos y, en el mundo mágico, las reglas del juego no se pliegan a la lógica.

4)   Todas las casas tienen ventanas. En esta novela, hay una que no las tiene. Procurad no entrar nunca en ella, aunque os inviten.

Yo definiría La canción secreta del mundo como una novela atípica que no es lo que parece, pero que tampoco engaña en ningún momento al lector. Simplemente se sale de los cánones establecidos en el sub-género en el que se la enmarcaría, si no fuera tan sui géneris. Cotrina lo hace con un estilo propio, sin concesiones, pero evitando confundir a la audiencia. Personalmente, he disfrutado enormemente con una historia muy diferente a la que se planteaba en las primeras páginas y que, además, está bien escrita. Solo deseo que no tengamos que esperar mucho tiempo para leer la continuación y que Ariadna nos siga enredando en su historia.

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