Cenitando

Antes de que el blog suplante mi personalidad de nuevo -últimamente se ha aficionado a ello- escribo estas líneas por si, finalmente, la impostura de mi vástago digital se hace permanente. Cuando una criatura virtual, que una misma ha creado, te toma por el pito del sereno, la cosa se complica. Antes pensaba que el blog era inmaduro. Ahora estoy convencida de que, además, es peligroso.

Yo de vosotros, no me fiaría de él pues sus parlamentos pueden sonar muy convincentes, y hasta bien argumentados, pero os aseguro que tras sus aparentemente inofensivas palabras se esconde una personalidad manipuladora, ególatra y narcisista. Me recuerda al protagonista de una novela que he leído este verano. Quizás os suene: se trata de Cenital, editada por Salto de Página, de Emilio Bueso.

El tipo que lleva el peso de la historia en Cenital se llama Destral y parece cortado por con el mismo patrón que el blog. Pienso que Destral es más inteligente que el blog, pero seguro que éste se ofende cuando lea esto que escribo: su soberbia es infinita.

La novela de Bueso ha cosechado el premio Celsius a la mejor novela de ciencia ficción, fantasía y terror, algo que no es nuevo para su autor, que ya consiguió ese reconocimiento con Diástole. Se podría decir que Cenital tiene tantos detractores como admiradores. He leído tanto reseñas que la cuestionaban en muchos aspectos como opiniones que la defendían con pasión. El sentido común dicta que cada uno saque sus conclusiones una vez realizada la oportuna lectura.

Teniendo en cuenta que no soy ni docta en la materia, ni experta ni perito ni demasiado leída, ni conocedora de los secretos más profundos del género -¿alguien lo es?- sino una mera “comentadora”, carne de corrala “fandomera”, lectora imprevisible e inestable, escritora más imprevisible e inestable, mente débil y espíritu frágil, Cenital me ha gustado en líneas generales. Pero voy a hablar primero de lo que no me ha gustado, porque yo soy así: temeraria como una invidente al volante de un F1.

Algunos de vosotros quizás sabréis que tengo una especial predilección por las distopias post-apocalípticas (os libraré de hablar sobre mi propia novela, no os preocupéis). Cenital se enmarca en la tradición de situaciones precarias que acontecen cuando algún desastre se cierne sobre la humanidad. En este caso se trata de las reservas de hidrocarburos del planeta que, en un corto plazo de tiempo, desaparecen para dejar sumida a la población mundial en el caos y la desesperación. La ecoaldea en la que se desarrolla la historia, o el conjunto de historias como veremos después, es la respuesta de un puñado de idealistas para sobrevivir ante tamaña adversidad. Y Destral es el líder, el que parte la pana, el dueño del cortijo, el que hace y deshace, el mastermind, un tipo con un carisma arrollador cuya inteligencia haría palidecer al mismísimo Einstein.

La novela se estructura en tres vertientes: las historias de los moradores de Cenital, tal es el nombre de la aldea; las entradas de Destral en su blog arengando a las masas a unirse a su iniciativa de vida alternativa, mucho antes de que el desastre se desencadene; y una serie de fragmentos de artículos-alegatos procedentes de diversos autores que cuestionan la dependencia de la sociedad con respecto a los hidrocarburos y las políticas de los gobiernos al respecto. Interesante estructura que en mi opinión funciona solo a medias: Frederik Pohl ya insertaba material fragmentario en Pórtico con gran acierto; siento decir que el material incorporado por Bueso –que no es original sino que procede de intervenciones de varios autores -, me parece repetitivo y que no aporta nada nuevo al texto. Es como si el autor quisiera justificar su historia basándose en documentos existentes que apoyarían sus tesis. Yo sostengo que no hay necesidad. Es elección del escritor, por supuesto, pero sobraba para mí.

Según Bueso -gracias Emilio por contestarme sobre esto-  el personaje principal es un remedo del Unabomber, David Koresh, Tyler Durden y el Morpheo de Matrix … Destral acaba traicionando sus principios para convertirse en otro desarrollista expansivo, porque quiere hacer historia, porque quiere ser recordado como un mesías, porque lo suyo con su pareja no funciona. Es un ególatra prepotente con mal historial familiar y que toma muchas decisiones irresponsables. Que no se le vaya la olla ni se derrumbe lo hace más peligroso todavía.”

Como dice el científico y pensador norteamericano Sam Harris, cualquier líder ideológico tan sectario (como Destral) no se diferencia de un líder religioso. Las sectas ideológicas son constructos dogmáticos, generalmente abono para cultos a la personalidad, indistinguibles de los propios cultos religiosos. Entiendo a dónde quiere llegar el escritor con este personaje, aunque me parezca que no tiene del todo éxito porque me resulta una personalidad poco creíble, sin fisuras, ni vulnerabilidades. Quizás me han resultado mucho más atractivos los personajes secundarios y la forma en la que Bueso desmadeja sus historias personales, tan diferentes, pero todas confluyentes. Uno de los grandes aciertos de la novela -ahora llegamos a la parte en la que empiezo a decir qué me ha gustado- es la riqueza de secundarios con personalidades realmente trabajadas y diferenciadas. Narrar la historia de la ecoaldea a través de las de sus habitantes es sin duda una manera original, interesante y entretenida de estructurar la trama.

El propio funcionamiento interno del asentamiento y sus relaciones con los grupos externos de supervivientes también me han seducido. Creo que Bueso se ha documentado extensamente sobre ingeniería agraria para describir los problemas que podrían aparecer en un suelo sobre-explotado, así como en lo que respecta a los cultivos. O tal vez no lo haya hecho. A mí, de todas maneras, me ha parecido bastante convincente su apuesta.

Cenital es entretenida, exceptuando la parte de los artículos pesimistas y la de las entradas del blog de Destral que son demasiado repetitivas para mi gusto. Ofrece una visión un tanto sesgada de una tragedia planetaria verosímil,  porque se centra en los aspectos más negativos. No hay cabida a otras soluciones para el destino de la humanidad tales como el desarrollo e implementación de energías renovables. Soy una idealista empedernida, lo sé, pero yo creo que la humanidad es deliciosamente resistente a las catástrofes y que otras respuestas se impondrían a la tan pesimista planteada por Bueso.

Encuentro la prosa ambiciosa por cuanto desea ofrecer al lector frases contundentes y rotundas, aunque a veces creo que adolece de poca naturalidad. En los diálogos, por ejemplo, hecho en falta intervenciones menos estereotipadas: algunas parecen sacadas de un spaguetti-western (conste que a mí me encantan). Este aspecto desmerece la construcción de los personajes y el escenario de la acción que se hubieran beneficiado –creo yo- de menos punch lines y frases altisonantes. Personalmente, me gusta la prosa que con sencillez evoca y sugiere emociones sin tanto aparato pirotécnico, pero ésta es una apreciación muy personal.

Quienes ponen en duda que Cenital mereciese el Celsius, supongo que están cuestionando implícitamente su calidad. Honestamente, me parece bien que opinen, faltaría más, pero no estoy de acuerdo con ellos. Tal vez no sea una novela redonda pero es ambiciosa y entretenida con un escenario y unos personajes interesantes. Quizás la prosa de Emilio pueda provocar opiniones enfrentadas porque apuesta por las frases rotundas, de las que ya he hablado. Ese es, creo yo, su punto débil. En cuanto al planteamiento general de la novela, tengo la ligera sensación de que apuestas similares encontrarían más apoyo si se desarrollasen en el mercado anglosajón. Es un pálpito. Y no, no tengo argumentos que soporten esta afirmación porque es la impresión de quien cree que se mira con lupa de mil aumentos lo patrio.

Quiero agradecer a Emilio Bueso que contestara a mis preguntas con mucha disposición y buen humor. Sé que acaba de publicar Esta noche arderá el cielo con Salto de Página y le deseo, desde este humilde espacio, mucha suerte en su carrera literaria. La novela fue un regalo que me hicieron en mi última visita a Barcelona (gracias a Antonio Torrubia de Gigamesh) y tengo que decir que la terminé rápidamente y me divirtió tanto como esperaba, aunque me sorprendiese menos de lo que anticipaba. Me voy con viento fresco después de haber “cenitado”.

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