Hablando con Miguel Santander, cazador de estrellas y otros cuerpos celestes

Que el blog sea real no quiere decir que sea normal. Yo diría que uno de sus principales atributos es esa falta de normalidad, que él insiste en destacar como uno de sus encantos. El psicólogo me dice que todos los adolescentes se comportan de manera que a los adultos nos puede parecer extraña. Tuve que acudir a un médico de la mente virtual cuando descubrí al blog vestido de negro correteando por la casa. Inmediatamente pensé que estaba pasando por su fase gótica, por lo que me preparé para verlo pálido leyendo a Poe o a Bécquer por las esquinas.

No me hubiera parecido extraño que se hubiera convertido en gótico. Lo verdaderamente raro es que no lo es, como acabo de descubrir. Su semblante sonrosado y saludable por el ejercicio, el silbato que lleva colgado al cuello y las numerosas veces que me pita fuera de juego cuando ambos nos abalanzamos sobre el mando a distancia confirman mis sospechas: el blog quiere ser árbitro de fútbol.

Creo que ha contraído la fiebre futbolera que se siente en el ambiente estos días. Ahora, en vez de pasarme las cosas a la mano, me las lanza y, como mis reflejos no son los que eran, suceden dos cosas: 1) lo lanzado siempre acaba en el suelo y 2) soy enviada a lanzar un córner. En serio, así no se puede vivir.

El blog no deja de pensar en la alineación perfecta de un equipo imaginario. De hecho, ya tiene pensado al primer centrocampista, que resulta ser un conocido de todos nosotros porque acabamos de hablar de su primera novela. Nos referimos a Miguel Santander, por supuesto.

Si en el anterior post descubrimos El Legado de Prometeo, en esta entrada el blog no se ha podido resistir a entrevistar a su autor. Si no recordáis que Miguel es astrofísico y escritor, que nació en Valladolid hace 33 años, que ha sido finalista en numerosos premios literarios, que su novela corta La costilla de Dios impresionó tanto al Jurado del XXI certamen Alberto Magno que casi gana, y que con La epopeya de los amantes acaba de obtener el premio UPC 2012 de novela corta de ciencia-ficción, podéis acudir a su blog (http://miguelsantander.com). En este espacio, llamado Tras el horizonte de sucesos, podréis conocer más a fondo a este autor para el que la divulgación científica no está en absoluto reñida con la literatura.

Cristina: Antes que nada, muchas gracias por aceptar contestar nuestras preguntas. Hay quien dice que poner etiquetas es inevitable. ¿En qué sub-categoría del género de la ciencia ficción incluirías El Legado de Prometeo y por qué?

Miguel Santander: Antes que nada, gracias al blog y a ti por hacerlas, un placer. Si me tengo que quedar con una de las inevitables etiquetas, entonces El Legado de Prometeoes de ciencia-ficción dura. El motivo es que, a pesar de que la novela tiene muchas más cosas —como bien decís en la reseña—, pone especial énfasis en que la ciencia y la tecnología que aparecen sean verosímiles, y se permite especular con el “¿Qué pasaría si…?”

C: Como cazador de estrellas y otros cuerpos celestes –Miguel es astrofísico-, es obvio que te fascina el dinamismo del Universo. ¿Cómo se te ocurrió la historia de la novela? ¿Cuánto tiempo tardaste en escribirla? ¿Cómo se desarrolló el proceso de creación, desde que empezaste a reunir notas hasta que finalizaste el manuscrito?

MS: Todo empezó en clase, durante la carrera, cuando abordábamos la curiosa manera que tienen los agujeros negros de enredar con el tiempo, que transcurre a velocidad diferente según orbitemos más cerca o más lejos de ellos. Pensé que cierto efecto podría suponer una triquiñuela legal en un juicio, y escribí un relato, “Caída hacia la eternidad”, donde las leyes humanas chocaban frontalmente con las leyes de la física. Pero aquello no bastó: la idea se había apoderado de mí y no dejó de dar vueltas hasta que construí una novela a su alrededor.

Me llevó cuatro años y medio escribirla. El primero lo dediqué fundamentalmente a documentarme y esbozar a grandes rasgos personajes, trama principal y sub-tramas. Y el resto, a escribirla, sabiendo a grandes rasgos qué era lo que quería contar en cada capítulo, pero permitiéndome en todo momento saltarme el guión si la acción o los personajes así me lo pedían.

C: El blog no me perdonaría que no te hiciera esta pregunta: ¿De dónde crees que procede esa fascinación del ser humano por los agujeros negros?

MS: Imagino que de la fascinación que nos produce siempre lo desconocido, potenciada en este caso por unas características únicas que nos revela la  teoría de la relatividad general y que suponen un auténtico revulsivo para la imaginación: proceden de la muerte explosiva de estrellas gigantescas; ni siquiera la luz puede escapar de su interior; distorsionan el tejido del espacio-tiempo a su alrededor hasta el punto de llegar a intercambiar el papel del uno con el del otro… En resumen, ¡son una auténtica mina para la imaginación!

C: Creemos apreciar una miríada de influencias en la novela: la conexión entre los agujeros negros y la culpabilidad de Pórtico de Pohl; la tecnología de 2001: Odisea Espacial de Clarke;  la física aplicada a las ciencias sociales en alusión a Asimov; referencias mitológicas a los Argonautas y a Prometeo; alusiones a Shakespeare. ¿Puedes comentar las fuentes de inspiración de la novela?

MS: Hay un poco de todo, sí. Suelo echar mano del imaginario popular que nos dan la mitología y la religión para establecer analogías con la narración: desde el título, que alude a Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres, hasta el nombre de la nave, pasando por Trinidad, la IA de la nave, y las tres partes que la componen. La ventaja de estas referencias es que, cuando están bien escogidas, tocan una fibra de la mente del lector y crean una resonancia entre el mito y la narración, dándole cierta coherencia.

Mi mayor influencia en esta novela es —al menos a nivel consciente—, Arthur C. Clarke. De este autor envidio, sobre todo, su tremenda capacidad para imaginar e incorporar soluciones brillantes y realistas a muchos problemas de ingeniería espacial, algunos de los cuales tienen cabida en la novela.

Por supuesto, seguro que me dejo muchas otras influencias totalmente inconscientes. Pórtico de Pohl, por ejemplo. Recuerdo haberme enfadado tanto con el protagonista cuando la leí hace muchos años, que la exilié de mi mente y me negué a leer la segunda parte —error que enmendaré en breve. Pero, ahora que lo dices, es evidente que jamás se fue del todo…

C: Se trata de una novela dividida en tres partes, con un total de cuarenta y cuatro capítulos. Cada capítulo comienza con una breve cita procedente de textos conocidos –como el mito de los Argonautas o Romeo y Julieta de Shakespeare– aunque la mayoría son extractos de conversaciones, entrevistas, conferencias o artículos ficticios -como La Biblia del Ecologista-. ¿A qué se debe la estructura del libro? ¿Qué te llevó a incluir las citas?

MS: La estructura en tres partes responde al clásico “planteamiento, nudo y desenlace”. Con las citas intenté dar un contexto a los capítulos —siempre están estrechamente relacionadas con algún aspecto del mismo— y algo más de solidez al mundo en el que transcurre la narración. De ahí que se mezclen sin compasión citas de libros ficticios y reales, para crear cierto aire de “realidad”.

En el caso de las citas de Romeo y Julieta, me venían tan bien para lo que pretendía ilustrar que no pude resistirme a incluirlas  —una irreverencia por mi parte, sin duda.

C: En cuanto al estilo de El Legado de Prometeo, creemos que eres muy valiente al utilizar la primera persona cuando Daniel tiene visiones/alucinaciones provocadas por la Mnemosina, otro invento tuyo que nos apasiona. ¿Cuál es tu objetivo mezclando la narración principal en tercera persona con los pseudo flash-backs en primera?

MS: La primera persona permite un acercamiento mayor al personaje al convertirlo en narrador, es mucho más íntima, si se quiere. Ese aspecto la hacía perfecta para narrar un “viaje” de Mnemosina, en el que el usuario revive recuerdos tan intensamente como si estuviesen ocurriendo ante él… hasta que el abuso o la falta de concentración distorsionan los recuerdos o los borran, convirtiendo la experiencia en una pesadilla y al usuario en un ser taciturno y desmemoriado. Una droga aterradora y un vehículo eficaz para ahondar en lo más profundo del personaje en cuestión.

C: Una de las cosas más apasionantes de esta novela, desde nuestro modesto punto de vista, es la cuidada labor de creación de conceptos nuevos. Este es el caso de la termosociología que, como ya hemos mencionado, recuerda a la psicohistoria de la saga Fundación de Asimov. ¿Cómo se te ocurrió la termosociología?

MS: Como muchas otras ideas que hay en la novela, surgió de una conversación entre amigos. En este caso hablábamos de antropología, de la corriente materialista de Marvin Harris, entre otros. De cómo una cultura podía ser reducida a una serie de parámetros objetivos y medibles que representaran el conjunto de la misma y permitieran, hasta cierto punto, predecir su devenir. Y de ahí saltamos a la termodinámica, donde ocurre lo mismo pero con gases: el movimiento de cada átomo es impredecible, pero el conjunto sigue unas pautas muy claras determinadas por la presión, la temperatura, etc. El resto fue tirar del hilo y hasta que salió algo parecido a la psicohistoria de Asimov, pero con un cariz más físico que matemático.

C: Desde el blog no nos cansamos de defender la idea de que las buenas historias de ciencia ficción son aquellas en las que los personajes están trabajados y no son meras excusas para contar una trama especulativa. En El Legado de Prometeo hay una interesante colección de personajes ¿Qué proceso sigues a la hora de desarrollar un personaje?

MS: No sigo ningún proceso de manera metódica. A veces mezclo rasgos de amigos o conocidos hasta moldear una personalidad única; otras es la trama la que pide a un personaje más fuerte o más débil, más cínico o más comprometido; algunos personajes, incluso, se resisten a ser moldeados y hacen lo contrario de lo que tenías previsto para ellos, como Marco y Ioanna, quizá los dos más rebeldes.

Si bien hago una ficha de cada personaje resumiendo sus características, historial y personalidad, jamás están completos si no los entiendo, si no soy capaz de ponerme en su pellejo, comprender sus emociones y motivaciones en cada momento, y encontrarles la voz. Es sólo entonces cuando “cobran vida” y parece que se escriban solos, que es una de las sensaciones más maravillosas que he tenido escribiendo. (Luego ocurre que tus propios personajes te acaban despertando profundas simpatías o antipatías, pero eso es otro cantar.)

C: El blog quiere ser una ventana abierta al género, intentando dar a conocer obras de diversos países. Nos preocupa el aplastante anglo centrismo existente, lo cual no quiere decir que nos gusten -y mucho- títulos en ese idioma. El Legado de Prometeo es un propuesta más cercana: sus principales personajes son españoles, la gente en la nave Éxodo brinda con cava, hay referencias a lo que un día fue Castilla. ¿Cómo ves el panorama del género a nivel nacional en particular y en español el general?

MS: Creo que, al menos en España, siempre hemos tenido cierto complejo de inferioridad que nos lleva a menospreciar lo nuestro. Nos ocurre con el cine, cuando hay auténticas joyas y, si bien no es el caso de toda nuestra literatura, ocurre también en el género de la ciencia-ficción. Conozco autores que usan un seudónimo anglófono en un intento de sortear este escollo.

Eso, sumado a la dificultad de destacar en una librería frente a la garantía que supone cualquiera de los grandes —casi todos del ámbito anglosajón—, hace muy difícil despegar en un mundillo tan reducido como es el de la ciencia-ficción en España.

A pesar de eso, hay muy buenos autores y obras en español, e iniciativas loables en forma de editoriales pequeñas que promueven y difunden activamente la ciencia-ficción en español. Espiral y Grupo AJEC son dos ejemplos dignos de mención.

C: Al final de la novela aclaras las premisas en las que te has basado para elaborar la trama científica. Para ti mantener una cierta coherencia científica es una tarea clave en la novela. De hecho, no podríamos entender el género sin su vertiente científica, pero ¿en qué medida crees que la ciencia ficción –literatura y cine- influye en la ciencia?

MS: La relación entre ciencia y ciencia-ficción es una autovía de doble sentido. Ambas tratan de imaginar y especular sobre lo que sería posible a partir de lo que sabemos que es posible, y se retroalimentan mutuamente: no somos pocos los científicos e ingenieros que en nuestra infancia quedamos fascinados por los extraños planetas, la exploración espacial, las inteligencias artificiales o las redes cibernéticas de realidad virtual descritas en las historias de ciencia-ficción, que estimularon nuestra imaginación y ayudaron a despertar nuestra vocación científica.

El escritor de ciencia-ficción —al menos en su vertiente dura— toma conocimientos y tecnología que el científico ha puesto en el horizonte lejano y nos los acerca, nos los hace plenamente palpables. Julio Verne nos llevó a la Luna más de un siglo antes de que Neil Armstrong dejara allí su huella, y Clarke y Kubrick nos hicieron volver un año antes con sorprendente realismo. Es indudable que este proceso de acercar lo lejano cuando aún no es factible estimula a generaciones de científicos e ingenieros a dejarse la piel por hacerlo posible. No tengo cifras, pero apostaría a que la mayoría de los investigadores que trabajan en proyectos serios de construcción de un ascensor espacial han leído —y quedado impresionados por— novelas como Las Fuentes del Paraíso de Arthur C. Clarke o la Trilogía de Marte de Kim Stanley Robinson.

C: Antes te hemos preguntado por el proceso de escritura. La novela ha sido editad por la Iniciativa Mercurio http://www.imercurio.com/es/prometeo.html y está disponible a través de Amazon España tanto en libro tradicional como en e-book. ¿Cómo se desarrolló el proceso de edición? ¿Qué opinión tienes del e-book? ¿Cómo ver el mercado editorial español?

MS: Soy algo fetichista del libro en papel, me gusta su tacto, el rumor del papel al pasar la página, lo bien que decora una estantería, la rapidez con la que uno busca esa escena que quiere releer… ¡me gusta hasta su olor! Pero reconozco que el e-book es el futuro, y acabaré pasando por el aro y comprándome un lector. Bien mirado, no me costará tanto: mi profesión me obliga a mudarme cada par de años, y cada mudanza es más infernal que la anterior por culpa de los libros que se van acumulando.

En cuanto al proceso de edición, estoy muy contento con la forma de trabajar de la editorial. La edición ha sido muy fluida y ha habido mucha comunicación, sobre todo con la portada, donde me han dejado total libertad creativa para llevar a cabo la idea que yo tenía —la Éxodo frente a una visión realista de un agujero negro— y que Pablo Bonet ha plasmado tan magníficamente.

Y, por encima de todo, estoy muy contento con la política de la editorial acerca del precio del e-book, 4 veces más barato que la edición en papel. Me parece una declaración de intenciones en un mundo donde muchas editoriales quieren aprovecharse inflando artificialmente el precio de una obra en su edición electrónica. No se a ti, pero si a mí me dicen que un libro en papel vale 20€ y en e-book 16€, me parece que me están tomando el pelo, simple y llanamente. Y ese no es ni de lejos, creo yo, el camino ni la actitud para solucionar el problema de las descargas, para el cual todos —tanto industria como consumidores— debemos estar dispuestos a cambiar de mentalidad y ponernos en la piel del otro. Sin eso, el diálogo jamás será posible y la batalla estará perdida para todos los bandos.

C: Para terminar y parafraseando a un personaje de la novela: ¿es cierto que “Prometeo es el solista de tu orquesta”?

MS: Jaja, no, ni mucho menos. Hay mucho que vivir, y muchas otras historias en el horizonte.

C: Mil gracias, Miguel, por dedicarnos tu tiempo. Podríamos hablar horas, pero sabemos lo ocupado que estás no solo en tu trabajo sino en la promoción de la novela. No queremos robarte más tiempo aunque… bien mirado, como estamos tan cerca de un agujero negro… el tiempo pasa más despacio ¿no? ¡Jajaja! Un saludo muy cordial.

MS: Jeje, otro para vosotros.

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