Efectos, mentiras y cine 4D

¿Por qué lo llaman cine 4D si se trata de películas en 3D con sillón de masaje incorporado? Esta es la pregunta que el blog y yo nos hacemos después de ver un cortometraje de animación en un parque temático del sur de España. Porque a las criaturas digitales también les gusta entretenerse. El blog literalmente me arrastró a ver la dichosa película y yo, que no valgo para negarle un pequeño placer, accedí.

Se trataba de un cortometraje familiar, concebido para entretener a pequeños y grandes, o sea, perfecto para nosotros dos. Nos pusimos las gafas bicolores, nos reímos el uno del otro al vernos con esas pintas colorístico-intelectuales y procedimos a visualizar la película con ganas de sentir emociones fuertes. La cinta no era nada del otro mundo desde el punto de vista narrativo: una desigual pelea de boxeadores en la que el débil y torpe acaba venciendo -como no- al fuerte. Tengo que reconocer que las sacudidas de los sillones en los que estábamos sentados nos tomaron por sorpresa. Hubo unos cuantos flashes de luz que se dispararon delante de nuestros ojos y sentimos alguna corriente de aire que otra en plena cara.

La experiencia tuvo su gracia, todo hay que decirlo, y pareció saciar la sed de nuevas emociones del blog… hasta que vio la monstruosa montaña rusa que te gira 360˚ al tiempo que te impulsa vertiginosamente sobre railes suspendidos a gran altura… pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Nos pusimos a pensar, el blog y yo, sobre la actual oferta de cine 4D, una fórmula de entretenimiento consagrada hasta hace relativamente poco tiempo y con algunas excepciones a los parques temáticos o de atracciones. El Sidney Tower Eye propone visitar la ciudad australiana en 3D sintiendo el movimiento de las olas rompiendo contra las rocas gracias a su suelo vibratorio. Asimismo, en su webhttp://www.sydneytowereye.com.au/explore/4D-cinema promete al espectador que podrá sentir los efectos del viento, las burbujas o el fuego (no quiero pensar qué hacen para sugerir esta sensación). Idéntica es la propuesta del famoso London Eye http://www.londoneye.com/Static/TheNew4DExperience.htm (¿será porque la empresa encarga de ofrecer la visita 4D a Londres es la misma que en Sidney?). Al menos en la web británica reconocen que se trata de una película en 3D con efectos añadidos. En Movie World http://movieworld.myfun.com.au/Rides-and-Attractions/Family-Entertainment/Journey-to-the-Center-of-the-Earth-4D.aspx se proyecta Viaje al Centro de la Tierra en este nuevo formato. En el mercado anglosajón se está extendiendo la instalación de los asientos D-BOX http://www.d-box.com/ en algunas salas de cine, de manera que el público pueda sentirse lo suficientemente zarandeado durante la proyección. Se trata de unir la tecnología propia de un simulador de juegos con la experiencia audiovisual inherente a los productos cinematográficos. La compañía ha firmado acuerdos con estudios, como Universal Pictures o Warner Bros., en virtud del cuales los principales estrenos de cara al 2012 podrán visualizarse en formato 4D en los cines que cuenten con el equipamiento necesario.

En 2009 los coreanos ya pudieron disfrutar de Avatar en esta nueva fórmula con “solo” abonar el doble del precio de una entrada normal. Actualmente es la India la que parece desbancar a otros mercados como consumidores del cine más avant-gardetecnológicamente hablando. La compañía que proporciona la tecnología necesaria afirma en su web http://modern5d.com/5d-theater-4d-theater-products-services/turnkey-solution-for-4d-5d-theater/ que el público podrá sentir en el cine: burbujas, viento, nieve, humo y/o niebla, lluvia, aromas, relámpagos y flashes. Por su parte los asientos proporcionan: cosquilleo en las piernas, pinchazos en la espalda -y allá donde ésta pierde su nombre-, vibración, chorros de agua o golpes de aire.

También hay tecnología israelí http://www.simnoa.com/ que propone cine en 4D, 5D, 6D o incluso 7D, dependiendo de las experiencias sensoriales que se ponen a disposición del público. Esta empresa en concreto suministra el equipamiento necesario para ofrecer este tipo de cine “hormonado” a audiencias de Chipre, Rumanía, Turkía, Polonia o EE.UU en parques temáticos, centros comerciales, cines, museos, planetariums, centros educativos y exposiciones.

El año pasado ya se estrenaron Piratas del Caribe: Navegando Aguas MisteriosasSuper 8,  Rápidos y Furiosos: 5in ControlSpy kids 4: todo el tiempo del mundo oHarry Potter: Las Reliquias de la Muerte, Parte 2 aderezados con los efectos añadidos en determinados cines de América, Asia y Europa, aunque en España las salas acondicionadas son aún escasas y suelen limitarse a espacios museísticos o centros de entretenimiento muy contados.

El cine siempre ha sido en 3D

Parece claro que, al final, lo que se denomina tecnología 4D no es más que el mismo cine 3D que ahora tanto está de moda unido a una serie de efectos especiales que acentúan las supuestas sensaciones producidas por la película. Nos lo venden como una experiencia multi-sensorial. Pero entonces ¿dónde están las dimensiones añadidas que prometen?

El blog me dice que el cine tradicional siempre fue en 3D y yo le entiendo. Si la realidad está compuesta por 4 dimensiones –ancho, alto, largo y el tiempo-, entonces la invención de los hermanos Lumière ya proponía tres de ellas: las tres últimas que hemos citado. Porque las películas se proyectan en tres dimensiones: las dos físicas que nos permiten interpretar las imágenes en movimiento sobre la pantalla y la dimensión temporal que nos hace consumirlas desde su principio a su fin, flash-backs incluidos.

Añade el blog que la tan celebrada tecnología 3D que se está apoderando de la industria cinematográfica (hay quienes comparan la jugada con la aparición del sonido), es en realidad 4D, porque ahora podemos disfrutar de la dimensión que garantiza la percepción de la profundidad. A menos que existan dimensiones ocultas en nuestra realidad física –todo es posible, oiga- no entiende este blog que se utilicen términos como 5D o 6D para nombrar los efectos con los que se quieren adornar las películas. La propia industria que respalda con su tecnología estas nuevas experiencias audiovisuales reconoce la utilización arbitraria de esta terminología pluri-dimensional ante la falta de una normalización internacional al respecto.

Amigos comunes que han visto últimamente largometrajes de gran popularidad comercial con la mal llamada, según el blog, tecnología 4D hablan maravillas de la experiencia. El blog sospecha que los efectos especiales in-situ intensifican la percepción de la obra audiovisual. Si la película gusta, los efectos actúan como amplificadores de la opinión favorable. Si la cinta decepciona, no sirven para otra cosa sino para confirmar el desengaño.

Para resumir, el 4D es una experiencia audiovisual que reúne cine, tecnología de simuladores de vuelo, aromaterapia e hidroterapia. Algunos apuestan por un cine aún más interactivo en el que el espectador pueda participar activamente en el desarrollo narrativo a través de interfaces que recuerdan al mundo de los videojuegos. El concepto no es algo novedoso. La Invención de Morel de Adolfo Bioy Casares se publica en 1940 anticipando una sociedad holográfica en la que los avatares de personas ya desmaterializadas conviven en una isla. En el pabellón checo de la Expo ´67 el director Raduz Cincera presentó la comedia negra interactiva Kinoautomat, en la que hasta en 9 ocasiones se pedía al público decidir entre dos posibles escenas. 40 años más tarde, la cinta canadiense Late Fragment se convirtió en el primer largometraje interactivo estrenado en Norteamérica. Hay mucho que contar sobre la interactividad en el medio cinematográfico ya que han surgido numerosas iniciativas dirigidas a investigar las posibilidades participativas que pueden ofrecer las nuevas tecnologías, pero esa también es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Si el futuro de la industria, aunque sea a medio plazo, está en las nuevas formas de cine interactivo, quizás entonces el blog pueda encontrar las emociones fuertes que tanto persigue. No tiene miedo, doy fe, lo que no sé si lo hace más temerario… o más peligroso.

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