Querida Ursula:

(Editorial de SuperSonic #11 Especial Ursula K. Le Guin, disponible en Lektu)

 

“He de confesar que empecé esta carta al menos una docena de veces para borrar lo escrito otras tantas. Después de todo, una no tiene todos los día la oportunidad de hablar directamente con quien le ha iluminado tanto, enseñándole a vadear las distancias temporales y espaciales. Porque lo he descubierto, Ursula, y quería compartirlo contigo. ¡He encontrado el ansible! Estuvo siempre delante de mí todos estos años y has tenido que marcharte para que, finalmente, lo encontrara.

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El artefacto tecnológico que permite comunicarnos, que atraviesa los tejidos más densos de la realidad, son las ficciones, ingenios capaces de acercarnos fábulas del pasado, hacernos reflexionar sobre nuestro presente y especular sobre nuestro futuro. ¿De qué otra manea es posible que nos comuniquemos, tú que estás ahora en Terramar, o en Gueden, o en Athshe o en Anarres o en Urras, y yo, perdida en extrañas latitudes terrestres? Me ha llevado décadas darme cuenta de que ellas son las que nos transportan instantáneamente, las que nos permiten habitar otros cuerpos y transformar el rumbo de la historia ya escrita. No era cuestión de inventar una fórmula nueva o un aparato de compleja tecnología, ¡qué majaderos fuimos!: era cuestión de utilizar la creatividad para imaginar situaciones, personas y tramas.

Sospecho que otras personas, algunas de las cuales han colaborado para elaborar este número especial que te está dedicado, atesoran este conocimiento. No tienes más que planear por estas páginas y admirar cómo alumbran civilizaciones, engendran criaturas asombrosas o paren revoluciones. Tal vez aún no son del todo conscientes del poder que tienen al alcance de la mano pero ¿ves cómo recorren los senderos de la imaginación? Porque no he hecho el descubrimiento sola: supe buscarme una embarcación que surcara cualquier medio sin temor a las tormentas; La Nave Invisible.

Para quienes escribimos y leemos, tu nombre suena a leyenda y tus historias huelen a tierra húmeda y a clorofila fresca, Ursula, especialmente para nosotras, las escritoras que tuvimos que llamar a puertas de hormigón y a las que enseñaste, con tus historias-artefactos-ansibles, a derribarlas.

Dijiste que leemos libros para comprender quiénes somos. Entonces, somos palabras ligadas a recuerdos, a sensaciones y costumbres, a portentos y a expectativas, organismos lingüísticos ávidos de experiencias, y tú conoces los mecanismos que las activan.

Ahora que he hallado el ansible, podremos hablar con más asiduidad, así que no hace falta que nos despidamos por lo que te dejo con un simple ¡Cambio y corto!

Una amiga”

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