Arte, Tiempo y Manipulación

Fragmento del prólogo al relato “Aquí, allí, en todas partes” incluido en la antología Dados Cargados de Rodolfo Martínez, publicado por Cazador de Ratas

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Una de las facultades más notables de la literatura es su asombrosa capacidad para doblegar las leyes de la física conocida. Si no me creen, les invito a que lean el texto que sucede a estas líneas [de Rodolfo Martínez]. Se trata de un claro ejemplo de lo que yo llamo un AAMET, un “Artefacto Artístico Manipulador del Espacio-Tiempo”. Su autor, incomprensiblemente, se empeña en llamarlo “relato” y hasta le ha otorgado un título: “Aquí, allí, en todas partes”.

Todo AAMET es un objeto singular, un mecanismo que actúa a nivel cognoscitivo para sacar a relucir la plasticidad de una de las dimensiones más fascinantes y menos conocidas de nuestro universo. El AAMET utiliza el poder simbólico de las distintas manifestaciones en las que se materializa el arte y reconfigura el aquí y el ahora. Este, en concreto, se vale de la fuerza representativa de las palabras y nos permite realizar unas comprobaciones asombrosas que no pueden dejar indiferente a ninguna mente científica: El autor, Rodolfo Martínez, emplea 3.161 palabras en describir los 3 minutos de agonía de una mujer víctima de violencia de género a manos de un hombre que fue su ex pareja. Aunque el AMEET se centra en esos 3 minutos, en realidad ofrece una panorámica de una situación que se prolonga durante 7 años en la vida de los protagonistas. Se tarda una media 8 minutos y 28 segundos en leer este AAMET, es decir, el autor consigue comprimir los 7 años de una relación obsesiva en poco más de 3.000 palabras que se consumen en varios minutos. Para ello se vale de una serie de hábiles recursos, como la utilización de ciertas palabras cuya carga simbólica permite amplificar la capacidad compresora del texto. El término “minuto” se repite 13 veces, “tiempo” aparece 4 ocasiones y “vez” en 18, “reloj” se menciona en 3 ocasiones y “año” en 6. Estas palabras remiten inmediatamente al lector al campo semántico de la cuantificación del tiempo desde un punto de vista cronométrico, no solo en lo que respecta a las unidades creadas por el ser humano para medirlo, sino también en la herramienta que le permite hacerlo.

[…]

No me digan que no es poderoso reducir 7 años en 3 minutos que se leen en poco más de 8. Este AAMET lo logra utilizando, además, el recurso de la segunda persona que implica forzosamente al lector, convirtiéndolo en una extensión de la víctima, haciéndole saborear la muerte y la injusticia. Involucrar al lector permite, si cabe, asegurar la fuerza proyectiva del artefacto, algo que Rodolfo Martínez sabe realizar con asombrosa precisión.

Esta reflexión solo pretende ser una pequeña aproximación a la naturaleza y comportamiento de los AAMETS, aunque aún queda mucho por estudiar. Para más información, remitimos al resto de la obra de Rodolfo Martínez, así como a los manuales La física del arte (Editorial SoW), Perspectivas artísticas del tiempo (Libros Voracilector), Artemporalidad: cuestiones críticas para el nuevo milenio (JNP Editores) o la imprescindible Guía artística de los artefactos temporales (Ilium Books).

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