“Simetrías rotas” de Steve Redwood

Queridos lector-nautas:

Soy el blog, no Cristina. He dado vacaciones a la Jurado porque últimamente me preocupa bastante su salud mental, así que seré yo el que asuma la responsabilidad de escribir esta entrada. Por si lo desconocíais Sense of Wonder, gran amigo y mejor blog de ciencia ficción y fantasía, se dedica estos días a analizar algunas obras de la editorial Sportula. Nos hemos puesto de acuerdo para que este post aparezca de manera simultánea en nuestros ciber-rincones y, aprovechando la coyuntura, también publicaremos una versión en inglés en http://sentidodelamaravilla.blogspot.com/2013/05/cristina-jurado-reviews-broken.html. Veréis que el nivel de profundidad analítica alcanza nuevas cotas gracias a mi profunda preparación multidisciplinar. No me deis las gracias, tan solo disfrutad.

Un saludo,

“The Blog”

La fuerza del humor

El humor es un recurso difícil de emplear con acierto en literatura.  El escritor, a diferencia del actor o del monologuista, no dispone de la gestualidad ni de la entonación de la voz para acentuar la comicidad de su texto. Solo cuenta como aliadas: la habilidad de su propia pluma; y la imaginación del lector, aunque ésta última es un hueso duro de roer que necesita una adecuada masticación. En realidad, el autor solo puede controlar su capacidad evocativa de risas porque nunca se puede dar por sentada la predisposición del lector.

Definir Simetrías Rotas de Steve Redwood, editada en España por Sportula a un precio muy asequible, como una colección de cuentos humorísticos de fantasía y ciencia ficción sería simplificar la obra. De hecho, de los veinte relatos, el que más me ha gustado es uno de los pocos que no presentan atisbo alguno de humor. “Hasta la última generación” es perturbador y hermoso a partes iguales porque habla del amor constreñido por las normas de una civilización. La denuncia de las prácticas socialmente aceptadas es una constante en todos los textos del británico, aunque en esta historia adquiere tintes de lamento lírico que a mí me han cautivado particularmente.

Por otro lado el cuento que menos he disfrutado, “De Madrid al infierno”, es una caricatura corrosiva del panorama político en España. En ella hay auto-referencias, alusiones a los políticos de un lado del espectro, e insinuaciones irreverentes hacia la religión. En mi opinión, es una historia demasiado larga que abusa de la sátira y de la parodia, aunque contenga elementos que te arranquen ocasionalmente la sonrisa. Prefiero la ironía y el sarcasmo como fórmulas destinadas a la crítica, pero seguro que hay una audiencia para este tipo de historias.

“La mutación de Heisenberg” es una deliciosa historia con aires kafkianos que examina la condición humana desde una vertiente surrealista. Al igual que “Nariz Trek”, los protagonistas sufren transformaciones que reflejan sus cualidades psicológicas. En el primer cuento se critica con vigor los estamentos opulentos de la sociedad, mientras que “Nariz Trek” es un retrato caustico de las verdades fundacionales de la religión.

En Simetrías Rotas destaca el bloque de cuentos dedicado principalmente a cuestionar la moral católica, como “La venganza es su perdón”, “El dilema de San Pedro” y “El cebo”. La crítica a la religión es otro tema recurrente en las historias de Redwood, pero en éstas conforman el núcleo de la narración, denunciando las contradicciones de sus tradiciones y la hipocresía de sus prácticas cotidianas y revistiéndolas, en el caso del tercer relato mencionado, de un velo de terror.

“Durante algún tiempo, en el Medioevo temprano, si la religión era el opio del pueblo, la leche de la Virgen era su Coca Cola.” (“El Cebo”)

Creo que la religión no deja de ser un blanco fácil pero hay que saber colocar los comentarios jocosos y la ironía para que el texto no se pierda en el tono burlesco, y Redwood es capaz de hacerlo con aparente facilidad. Digo “aparente” porque gestionar con eficacia el recurso del humor es más complicado de lo que parece, requiriendo un control del ritmo y de la intensidad de los chistes y juegos de palabras para no caer en la payasada. Otro objeto de fácil cuestionamiento son las corridas de toros que, en “Santuario”, alcanzan el nivel de espectáculos de gladiadores de la tercera edad. Desde un ruedo sustentado por la codicia y la deslealtad, la sociedad se ve reflejada como realmente es, con un guiño claro hacia el título de la colección.

Los límites de la clonación humana se exploran en cuentos como “La Edad no la marchitará”, “Sacrificio” y “En Familia” en las que el quebrantamiento de las normas éticas se aborda de una manera melancólica en el caso de las dos primeras, y de forma terrorífica y el cínica en el caso de la última. Y es que, a veces, la broma encierra referencias al terror psicológico que consiguen perturbar al lector.

Una de las cosas que sorprende de Redwood es su habilidad para resaltar lo fantástico que se esconde en cada grieta de la realidad cotidiana. La mayor parte de sus historias revelan esos espacios extraños. Un buen ejemplo es el cuento “Ciberalma”, que merece una mención aparte ya que mezcla ciberpunk con un toque de biopunk en una historia de premisas aparentemente sencillas resuelta con inteligencia y agilidad. La tienda especializada en la inmersión en realidades virtuales actúa como escenario de la interacción entre el encargado y un cliente potencial, que recibirá un extra inesperado en los servicios recibidos: una situación tópica con desenlace insospechado.

El autor británico se descubre como un auténtico voyeur de la vida en sus relatos, a juzgar por su mirada crítica que profundiza en las heridas existenciales abiertas por la hipocresía y los juegos sociales. El ya mencionado “La Edad no la marchitará” acude al voyeurismo para justificar una obsesión que desafiará las leyes de la genética. En “El honor de Nastassja”, un homenaje al clásico del celuloide La mujer pantera y a su protagonista femenina, el voyeurismo estructura literalmente la narración. El lector se sumerge en una atmósfera surrealista que destaca la alienación del ser humano moderno. Esto diría un reseñador serio. Yo digo que Redwood está muy tocado.

Otro de los cuentos que me han parecido más interesantes es “El nido” ya que consigue reunir a Kafka y a Nabokov en una ficción con tintes entomólogos y de hebefilia. Investigando un poco me entero de que el escritor ruso-americano era también aficionado a la entomología y me pregunto si Steve Redwood lo sabía. La historia no solo recuerda a la novela Lolita sino a esa película perturbadora e insinuante titulada El coleccionista, dirigida por William Wyler en 1965. La obsesión como amor taxonómico es una interesante manera de sondear la frontera entre la realidad y la locura.

En Simetrías Rotas se abordan los estragos del sentimiento de culpa a través de los viajes en el tiempo en “Vuelta atrás”. La culpa es un extraordinario motor de conflictos que puede dar lugar a la inacción o a la acción trasgresora. La tranquilidad de la conciencia solo puede ser alcanzada si se fuerza el karma, según propone Redwood.

“La decisión de Circe” es un relato complejo donde los distintos puntos de vista dificultan el disfrute de una historia atractiva por su trasfondo mitológico. Tengo que reconocer que no la he entendido y no sabría decir cuál es su objetivo. He disfrutado con algunos de sus monólogos interiores pero no he podido vislumbrar el destino que el británico marca.

En Simetrías Rotas hay cabida para la sátira con respecto al género, como en “Dos piernas, malo”, una visión disfuncional de la integración alienígena. Mientras que Burroughs o Bradbury narraban las aventuras de los seres humanos en el planeta rojo, Redwood se trae a los marcianos a la Tierra y los convierte en seres más convencionales que los propios terrícolas.

He dejado para el final a propósito varios de los relatos que más me han gustado. “El peso del pecado” actualiza la película Los Inmortales y hace una reverencia cómplice hacia el cuento cuasi-homónimo de BorgesRedwood se atreve a contar la historia en clave cómica sorprendiendo al lector en el giro final. El texto está salpicado de referencias humorísticas relacionadas con los múltiples viajes del autor. Para una nómada como yo, esas alusiones adquieren un significado especial, sobre todo el escenario de la acción final. Todos los becados Erasmus sabemos que nuestro destino (en mi caso Escocia) imprime un antes y un después a tu vida.

“Cuando desplegaron la bandera rusa en Marte, ésta advertía a los marcianos, en especial a los marcianos rusoparlantes, para sorpresa de los astronautas, de que yo era una apestosa pelusa sobre el pubis del Universo, que vomitaba de asco por mi sola presencia.” (“El peso del pecado”)

La narración en primera persona retrata una situación absurda que pone de manifiesto el cinismo de muchas costumbres sociales a lo largo de la Historia. Me he reído hasta con las referencias más escatológicas (no os perdáis el pasaje sobre los zurullos de la India), y eso que es difícil ser original con esta temática.

Concluyo con los dos primeros cuentos de la antología. Así soy yo: terminando las cosas por el principio. “María 8” y “Virus” retratan las relaciones entre hombres y mujeres desde puntos de vista enfrentados. Si la mujer es una mercancía en el primer cuento, en el segundo es la dueña de Universo,  quedando el hombre relegado a una curiosa atracción de feria.

“Ve esos bultos de carne tan curiosos que cuelgan entre sus piernas? A esas dos cosas que son como dos albaricoques secos, los polípodos los llaman ‘palotis’. No parecen tener otra utilidad que ser rascados con violencia, pero esa otra cosa (yo lo llamo el “meneíto”), tiene algunas propiedades muy llamativas, puedo asegurárselo.” (“Virus”)

En el caso de este cuento, el humor araña la costra de las convenciones sobre el género y descubre las contradicciones que dormitan bajo su superficie. El hombre puede ser cosificado de la misma manera que la mujer, y los chistes con aires naif adquieren proporciones de crítica profunda camuflados en la burla y el absurdo.

Esta visión dual de una misma temática, ese reflejo contrapuesto, funciona en estos dos relatos al nivel que el título revela: la mujer es objeto en una historia y sujeto en otra. De esa manera, quizá no tan explícita en el resto de cuentos, encadena visiones simétricas sobre la clonación, la religión, el voyeurismo, la política, la mitología o la identidad humana.

La versión española de la antología no incluye todas las historias de su homóloga inglesa, publicada en 2009. Redwood añadió cuentos más cercanos a la realidad española para completar la colección, cosa que le agradecemos porque somos capaces de disfrutar de textos adaptados a la idiosincrasia nacional.

Simetrías rotas gustará a los lectores que aprecian la capacidad del humor para destapar cajas de vientos, desenterrar ataúdes abarrotados, entrar en armarios forrados de cuchillos afilados o torear a la buena suerte. Se trata de una interesante arma de construcción masiva no apta para cerebros poligonales y que no apela a todos los paladares. A pesar de que algunas historias me resultaron algo insípidas, la mayoría abrieron mi apetito y me saciaron. Reconozco que las menos humorísticas colmaron mis expectativas e incluso las sobrepasaron.  Y en todo momento las ramas me dejaron ver los bosques rojos.

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