“La Carrera” de Nina Allan: jugando con espejos

La Carrera de Nina Allan, traducido al español por Carmen Torres y Laura Naranjo para Ediciones Nevsky, no es un libro, sino un juego de espejos.61617

Las cuatro narraciones que componen la novela presentan realidades que se superponen, de manera que tenemos cuatros historias con protagonistas diferentes que algunas veces se confunden entre sí, otras se tocan levemente, pero siempre conservan un punto de conexión. Cada historia nos permite adentrarnos en una de las imágenes del espejo, aunque no sepamos nunca a ciencia cierta cuál es reflejo y cuál es realidad. Y esa, creo yo, es la genialidad de la autora: desdoblar las historias manteniendo cierto suspense, enredar con la mente del lector.

“Christy”, la segunda historia, me hizo creer que estaba ante la realidad. En la narración más dura de las cuatro, por la violencia a la que es sometida la protagonista, y es en la que encuentro una voz muy cercana a la propia autora. Nos encontramos con una joven que se convertirá en escritora y para la que las ausencias se convierten en uno de los aspectos que vertebran su vida: la ausencia evidente de la madre que los abandona, la ausencia de cariño filial por un hermano que la agrede, la ausencia del padre que se desentiende, la ausencia de relaciones personales significativas porque la realidad se siente como un reflejo…

“Jenna” es la historia con la que se abre la novela pero luego conocemos que es una de las ficciones escritas por Christy. La protagonista es artista también, pero se dedica a diseñar guantes para los controladores de unos perros de carreras, modificados para tener un vínculo telepático con las personas que los controlan. Algunas de las ausencias de la historia posterior ya están presentes en esta (la madre que huye, el hermano agresivo, el padre invisible, los amigos escasos) promoviendo una atmósfera entre nostálgica y emocionalmente distante.

Las dos historias mencionadas están contadas en primera persona y se desarrollan en dos versiones especulares de un Reino Unido sumido en una decadencia medioambiental evidente.

“Alex” es una novella narrada en tercera persona y muestra otro reflejo de la historia anterior. Uno ya no sabe si se encuentra ante la verdadera realidad aunque empieza a pensar que quizás “realidad” y “reflejo” no sean términos absolutos y lo que verdaderamente importe sean las conexiones entre los distintos reflejos. “Maree”, también narrada en tercera persona, enseña al lector un cuarto reflejo, conectando la primera historia con un futuro cercano en el que la empatía con otros seres vivos lleva a la humanidad a contactar con otras civilizaciones.

De alguna manera, cada reflejo distorsiona las historias que lo preceden y, al mismo tiempo, las dota de sentido. Hay un interés inherente en Allan por las realidades alternativas, los doppelgängers, los dobles, los gemelos, las dimensiones paralelas que se manifiesta a través del juego especular y plantea preguntas existenciales sobre la identidad y la toma de decisiones. Parece como si una decisión tomada en este universo pudiera tener consecuencias en otros, y que fuera un hilo de ficcionalidad, sutil e invisible (el hilo de la araña de Tejedora, otra de su obras), con toda su aparente fragilidad, lo que aporta coherencia y sentido a la existencia.

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Nina Allan

El juego de espejos propuesto por Allan utiliza este tema para que reflexionemos sobre lo que yo llamo la ontología de la ficción. Porque ¿hasta qué punto podemos afirmar que una historia es más verdadera que las otras? Su mayor o menos credibilidad, ¿estriba en que se parezca a la realidad en la que vivimos?

Si las ficciones, las historias inventadas, poseen existencia en un mundo lógico, carecen de existencia en el mundo físico, pero eso no implica que no sean verdaderas. Esto no lo digo yo sino Jesús G. Maestro en su obra «Ontología de la ficción literaria: la ficción es una (parte formal y material de la) realidad». Las historias de La Carrera son, al final, igualmente verdaderas al existir y provocar reacciones en el lector, empleando la ausencia casi como un personaje. Porque cualquier ficción en la que se explore el doppelgänger o el gemelo como medio para acercarnos al tema de la identidad se hace desde la ausencia del Otro, que es uno mismo desdoblado, un sujeto y objeto de la acción, un observador y un protagonista. Esa dualidad en la que uno está desaparecido, oculto, proscrito del mundo del otro pero atado a él, es anhelo de pertenencia, de encontrarse a uno mismo en el Otro idéntico.

He tenido la suerte de leer esta novela con mi querida amiga María Leticia Lara Palomino, que la reseña  en su blog y que me ha hecho dos preguntas al respecto. Primero me pregunta por qué creo que esta novela se titula La Carrera. La respuesta más evidente sería porque la carrera de perros modificados que aparece en la primera historia es el desencadenante del principal conflicto que afectará al resto de historias. Pero creo que también podría ser porque se trata de una pugna de varias versiones de una realidad, varios reflejos, pertenecientes a varias realidades o dimensiones por imponerse ante el lector.

Leti me pregunta también por qué creo que debería leerse esta novela. Partiendo de la base de que me ha gustado mucho, yo se la recomendaría a todo el mundo que ansía dejarse sorprender. Es uno de esos libros que tiene un poco de todo: la prosa está muy cuidada, mostrando el buen hacer de la autora que es una de las narradoras más capaces en el actual panorama de la literatura de género; los temas que se tratan son relevantes, y no me refiero solo al de las identidades sino al cambio climático, al tema de la responsabilidad en la toma de decisiones, el posible contacto con seres inteligentes de otros planetas, la tecnología que puede llegar a vincularnos con otros mamíferos, etc… A mí me ha interesado particularmente un tema pero soy consciente de que hay ciencia ficción, fantasía, y un poco de new weird que puede atraer a lectores de muy diversos tipos.

No quiero dejar de aplaudir a Ediciones Nevsky por verter al español esta obra tan interesante. Me parece una apuesta valiente que hará las delicias de muchos lectores, estoy segura. En cuanto a la traducción, me ha parecido muy cuidada y fluida y quiero dar la enhorabuena a Carmen Torres y a Laura Naranjo por su labor y al equipo de Nevksy por su trabajo de revisión. Creo que han sabido capturar la esencia “English” de la prosa de una forma muy acertada. Si no la tenéis, no dudéis en apostar por esta novela.

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